Arte y Letras Historia

Las grietas de la perfección

John Humphrey Noyes con la comunidad Oneida

Solo un teólogo perturbado se atrevería a declarar la guerra al amor. Lo curioso es que John Humphrey Noyes venció varias batallas en su cruzada contra los sentimientos románticos. En la segunda mitad del XIX, este iluminado de barba nívea, mirada abisal y palpitante magnetismo erótico fundó en Oneida, Nueva York, la más ilustre comuna en la historia de EEUU. A lo largo de casi cuatro décadas sus fieles convivieron bajo un mismo techo, compartiendo ropa, alimento y compañeros de sábanas. El fervor religioso, la eyaculación con marcha atrás y un delirante programa de reproducción selectiva eran los puntos cardinales de una utopía cuyo recuerdo pervive gracias a una mansión convertida en atracción turística y a una de las mayores empresas del mundo de menaje del hogar, Oneida Limited.

Noyes, natural de Vermont, fue un hereje precoz. Cursaba estudios en la Escuela Teológica de Yale cuando comenzó a moldear su polémica teoría del Perfeccionismo, según la cual solo eran verdaderos cristianos quienes estuviesen libres de pecado y observasen una conducta virtuosa. Para escándalo de compañeros y profesores, semejante tesis no solo rebatía el dogma del pecado original, sino que postulaba un vasallaje a Dios por vía directa, cancelando las deudas de los creyentes con la Iglesia, con la moralidad imperante y en general con toda convención social.

Cómo no, la definición de perfección propuesta por Noyes estaba hecha a medida. Argumentando que había sometido su voluntad a la de Él, afirmó que sus acciones eran reflejo de los designios divinos y por tanto irreprochables. Así que en 1834 se autoproclamó puro y perfecto. Y del Atleti, si me apuran.

Gracias a un razonamiento endeble pero efectista, Noyes acababa de reclutar a Padre, Hijo y Espíritu Santo como coartada para sus caprichos y para hacer lo que le diera la real gana. Practicar el amor libre reservándose a las nínfulas era según Noyes una conducta aprobada por el Jefe.

«Amaos los unos a los otros, pero no por parejas, sino en masa»

John Humphrey NoyesEl Perfeccionismo encontró en sus primeros compases un feroz rechazo. Cuando le expulsaron de Yale, Noyes regresó a Vermont y en el pueblo de Putney fundó una primera comuna donde comenzó a divulgar su controvertido pensamiento sobre una sociedad más igualitaria, justa y racional. Un Edén en la Tierra. Noyes predicaba que en el Cielo no existía el matrimonio y que atar a un hombre exclusivamente a una mujer —o viceversa— rayaba en el esclavismo. «El nuevo mandamiento es que nos amemos los unos a los otros, pero no por parejas, sino en masa», fueron las palabras textuales con las que instauró el sistema del matrimonio complejo. Sobre el papel, cualquier varón de la comunidad podía mantener relaciones sexuales con cualquier hembra, pero el amor por una persona concreta se interpretaba como un sentimiento egoísta y degradante. Para garantizar que las emociones románticas no corrompían la armonía se fomentaba la alternancia, y si una pareja mostraba síntomas de excesiva complicidad la dirección de la comuna les prohibía verse. Se trataba de un engranaje social similar al que un siglo más tarde describiría Aldous Huxley en Un mundo feliz.

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3 comentarios

  1. Pingback: Las grietas de la perfección

  2. ThrashJazzAssassin

    Muy interesante, la verdad. Quizás lo más malrollero de los métodos del tipo fuera la educación de los niños, que anticipa experiencias muy chungas del siglo XX…

  3. Pingback: En qué sociedad utópica se viviría mejor

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