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Amor embotellado

recorte3«Probablemente, este mensaje no será encontrado nunca. Si, por coincidencia, alguien lo encuentra, me gustaría que me respondieran. Tengo 21 años. Viajo a bordo del SS Jane, un barco Liberty. Volvemos a casa con soldados que lucharon en la guerra. Pero el mar está revuelto, así que no llegaremos a tiempo y celebraremos la Navidad en el Pacífico. Solo soy un simple americano que aprecia la vida y la felicidad. La amistad es lo único que prometo a cambio. Dios bendiga a quien encuentre esta carta. Frank Hayostek».

El mensaje, garabateado en un trozo de papel dentro de un bote de aspirinas, fue lanzado al mar en 1945. Aquellas palabras huérfanas surcaron tempestades y cielos abiertos hasta que, una mañana de agosto, el diminuto bote se encalló entre las rocas de la Bahía de Dingle, en el condado de Kerry (Irlanda). Breda O’Sullivan, de grandes ojos azules y familia de rastrillos y granjeros, caminaba cerca de la costa, cuando su perro divisó un tesoro medio hundido en la arena. Breda era demasiado joven como para no creer en los milagros, lo suficientemente adulta como para alimentar los sueños.

«Querido Señor Hayostek. He encontrado su nota. Vivo en una granja, en la dirección que figura arriba de esta carta. En la mañana del día 23, fui a dar una vuelta por la playa. Vi que mi perro desenterraba un frasco. Al principio no me lo creía. Pero le diré algo sobre mí. Cumpliré 19 años el próximo noviembre. Soy alta, delgada y tengo ojos azul oscuro de irlandesa. Yo no quiero ninguna recompensa porque fue una grata sorpresa. Le deseo mucha suerte. Su cariñosa amiga, Breda».

Breda y Frank se escribieron cartas durante 13 años. Aquellos completos desconocidos estiraban las palabras hasta casi tocarse con los dedos, pero el momento de conocerse se atrasaba. El año pasado, los periodistas Peter Mulryan y Liam O’Brien, de la radio irlandesa RTÉ, viajaron hasta Philadelphia para conocer a la familia de Frank Hayostek. Allí, su hijo Terry les enseñó una amarillenta pila de papeles atados: más de 70 cartas que Breda mandó a Frank.

«Octubre de 1946. Te mando una foto, no es muy buena. No soy una actriz de cine, pero no estoy mal. Junio de 1947. Querido Frank, mencionaste la posibilidad de trabajar del otro lado del océano. ¿Por qué no Irlanda? Febrero de 1948. He recibido tu regalo, no se cómo agradecértelo».

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16 comentarios

  1. Pingback: Amor embotellado

  2. «Ambos volvieron a casarse». ¿Ella se había casado antes de 1959?

    Por lo demás, curiosa historia.

  3. Gratuitísimos palos al gremio periodístico. Debe ser que ahora está de moda.

    Salvo ese «los americanos sorbían a sorbos» (?), apañado relato.

  4. L&M, lo que está de moda es la crítica por la crítica.
    La envidia española, vamos.
    Supongo que usted sea Shakespeare.
    Fijarse en ese insignificante fallo de nada, es absurdo. La cosa es criticar.
    Gran relato y gran mano izquierda para contarlo.
    Enhorabuena.

  5. La historia es bonita y en mi opinión, está muy bien contada. La crítica al periodismo es necesaria, como a cualquier otra profesión. Si no, al final, uno/a acaba creyendose demasiado perfecto e importante que llega a pensar que él/ella nunca comete errores. Enhorabuena por encontrar una historia tan bonita y original y por contarla con la suficiente calidad como para que muy pocos se fijen en los errores.

  6. Me ha encantado la historia. A pesar del final, creo es muy romántica.

  7. Si no hubiesen periodistas en la historia, quizás habría final feliz…

  8. Pingback: Una recomendación personal: | Vidapixelada

  9. Lo que me ha dejado en el sitio… ahí tirado y releyendo una y otra vez hasta grabarlas «…estiraban las palabras hasta casi tocarse con los dedos…».
    Que recuerdos mios guardo en esa frase… de cuando mi mujer y yo, hace ya 18 años y de novios nos escribíamos casi todos los días… me ha gustado la historia… mucho.

  10. McGleanwayne

    No creo que la culpa de que no acabasen comiendo perdices fuera de los periodistas. Más bien parece que Frank era un poco pulpo y a Breda le apetecía algo más reposadito. Eso es lo que cuenta María en su estupendo relato. Y lo de sorber es un fallo muy menor, típico de las facilidades de revisión que proporciona el procesador de texto, que sólo puede importarle a un buscador de minucias.

  11. La última frase es un orgasmo literario.

  12. Pingback: Amor desenamorado - Anexa Consultoría

  13. Pingback: Las corrientes marinas – Jot Down Kids

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