Ciencias

Puentes colgantes (II): la fabulosa historia del Puente de Brooklyn

Puente de Brooklyn

«Mientras recorro en un sentido y en otro el puente de Brooklyn todo se me aclara perfectamente. Una vez que dejo atrás la torre y me siento en equilibrio sobre el río, todo el pasado encaja. (…) El puente era el arpa de la muerte, la extraña criatura alada sin ojo que me mantenía suspendido entre ambas costas».

 El puente de Brooklyn, de Henry Miller (1891 – 1980), escritor norteamericano

(Viene de la primera parte)

Los puentes colgantes atravesaron una edad de oro en Europa durante la primera mitad del siglo XIX, llegando a su máxima expresión con el puente de Menai, finalizado en 1826, que es considerado el primer puente colgante moderno y sigue en servicio hoy en día. La mayoría de aquellas estructuras contaban con cables principales fabricados con cadenas o con alambres de hierro, que daban lugar a puentes que sí, que unían márgenes o laderas, pero que se ejecutaban con más buena voluntad que conocimientos técnicos. Fuertes vientos o excesivas sobrecargas provocaron diversas catástrofes en Francia y en Gran Bretaña, con cuantiosas pérdidas económicas y humanas, que hicieron que en el viejo continente disminuyera, paulatinamente, la construcción de puentes colgantes durante la segunda mitad de dicho siglo. Por contra, al otro lado del Atlántico se estaba gestando una nueva potencia económica, sobre un terreno prácticamente virgen, que necesitaba crear una red de comunicaciones que facilitara la emergente industria y comercio.

El puente colgante de Menai, con un vano principal de casi 180 m de luz y a 30 m sobre las aguas, ha sido rehabilitado en numerosas ocasiones, pero sigue siendo elegante a punto de cumplir 200 años
El puente colgante de Menai, con un vano principal de casi 180 m de luz y a 30 m sobre las aguas, ha sido rehabilitado en numerosas ocasiones, pero sigue siendo elegante a punto de cumplir 200 años

New York, New York

Durante el siglo XIX, la población de Nueva York experimentó un crecimiento descomunal: los 60.000 habitantes que tenía hacia 1800 los multiplicó por diez en 50 años, y a su vez estos se duplicaron con creces en los treinta siguientes. La inmigración generada alrededor de la actividad económica del puerto se alojaba tanto en la pujante isla de Manhattan como en el, por aquel entonces, municipio independiente de Brooklyn (se integraría en el de Nueva York en 1898), que se frotaba las manos ingenuamente pensando que, una vez ocupados todos los solares de la isla, la expansión demográfica continuaría en su ciudad. En cierto modo, el tiempo daría la razón a quien pensaba así, porque el terreno edificable se acabó… pero no tuvieron en cuenta la tercera dimensión: agotada la planta, la edificación continuó en altura, con el resultado del más famoso skyline del mundo.

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12 comentarios

  1. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Puentes colgantes (I): una introducción

  2. jrsuarezaguirre

    Maravilloso artículo. Estoy por decir que los artículos de Jot Down que más me gustan son los de ingeniería…
    Y en fin, no se si tiene mucho, poco o algo que ver, pero este artículo me trae a la memoria un cuento, leído hace tiempo, de Kipling, sobre la construcción de un puente en la India, con la crecida del monzón…. Lo buscaré y lo releeré.

  3. «…Insultos graves y desproporcionados, como si el diseño de Roebling fuera una vulgar obra de Santiago Calatrava».
    Genial. Pero por absurdo que fuese el diseño, le faltaría ese estúpido y carísimo color blanco.

  4. Buen artículo, pero algo no se puede duplicar con creces. Duplicar es multiplicar por dos. Y puede ser exacto o una aproximación (multiplicar por 1,98 o por 2,05), pero no se puede «duplicar con creces». ;)

    • Otro Rector

      Curioso comentario, señor LironCareto. Es un terreno espinoso. Yo, y perdone la falta de modestia, soy ingeniero y matemático y, por tanto, un maniático de la exactitud y sin embargo no veo problema en decir «duplicar con creces». Que equivaldría a decir «duplicar con holgura» o «doblar con holgura». Por ejemplo, si digo que una persona «duplica con creces» el peso de otra quiero decir que pesa más del doble o incluso bastante más del doble. Evidentemente no es una expresión exacta, pero esto no significa que sea incorrecta. El lenguaje está lleno de frases que no son numéricamente precisas pero no por eso dejan de tener sentido.

      Y si teclea usted en Google «duplica con creces» se encontrará 492.000 entradas. Es decir, hay mucha gente que comparte mi opinión. Esto no significa que científicamente tenga razón, claro, pero la cantidad es suficientemente significativa como para menospreciarla.

  5. Interesantísimo artículo

  6. ¡Qué manera de escribir más divertida! Felicidades por hacer estos artículos tan interesantes.

  7. Pingback: Una historia de perseverencia: El puente de Brooklyn | Usa Protector Solar

  8. Excelente artículo. Siempre los espero porque todo lo que escribe lo hace con gran sentido del humor pero sin perder el rigor en lo que cuenta y son tremendamente ilustrativos

    lluis, no sólo el blanco lo aparta de ser una obra de Calatrava. ¿El presupuesto de obra desviado de 11 a 15 millones de dólares sólo? ¡Intolerable!

  9. «John August Roebling. Si Martin Scorsese hiciera una película sobre el Puente de Brooklyn (ojalá), apuesto por Daniel Day Lewis como John Roebling»

    ya te digo OJALA…el tema da para mucho, el caso hacerla bien y seguro que Scorsese sabria hacerla

    Muy buen articulo

  10. Pingback: La Dirección de Proyectos moderna y el puente de Brooklyn | BPMSAT

  11. Pingback: RT si crees que un puente aguanta muchos coches. FAV si no – El Sol Revista de Prensa

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