
¿Qué clase de organización es esta donde el asesinato es un método para ascender? (fiscal Diane Giacalone, alegato inicial del juicio RICO de 1986).
La única familia que el señor Gotti conoce es la de su mujer, hijos y nietos (abogado defensor Bruce Cutler, alegato inicial en el juicio RICO de 1986).
John Gotti… supuesto… presunto… jefe del crimen organizado. Empiezo a pensar que es una persona maravillosa y que probablemente haya sido gravemente malentendido. Me gustaría ser su amigo algún día. (David Letterman, presentador televisivo, ironizando durante un programa de 1988 sobre las continuas absoluciones de Gotti en los tribunales).
Lo decíamos en la primera parte: ser ciudadano de Nueva York a mediados de los ochenta podía conllevar algunos serios inconvenientes. Por ejemplo, que lo seleccionasen a uno como parte de los doce miembros del jurado que se encargaría de dilucidar la culpabilidad o inocencia de John Gotti en los tribunales. Imaginen las noches sin dormir, aguardando una posible llamada intimidatoria de la Cosa Nostra… o algo peor. De poco serviría saber que las autoridades vigilaban muy de cerca al entorno de la familia Gambino para evitar contactos con el jurado porque el miedo, como suele decirse, es libre. Pero no todos los seleccionados para el jurado se lo tomaron como una maldición. George Pape, residente del barrio neoyorquino de Hell’s Kitchen («La cocina del Infierno», cuna del heroico campeón mundial de boxeo Jim Braddock), no solamente fue inmune al miedo, sino que sintió que le había tocado la lotería.
Pape era un peón de la construcción cuya vida no tenía nada de particular excepto una persistente adicción al alcohol. En cuanto recibió la nominación para el jurado, supo exactamente qué hacer. Años atrás, trabajando en la obra, había conocido a Bosko Radonjic, un emigrante yugoslavo que tras una etapa en la cárcel por haber ejercido como terrorista nacionalista serbio —atentando contra la embajada yugoslava en Nueva York y cosas parecidas— había conseguido auparse a la cúspide de la banda criminal irlandesa con más solera de la Cocina del Infierno, llamada The Westies. George Pape sabía de las relaciones entre Radonjic y los mafiosos italoamericanos: los entonces todopoderosos Gambino ayudaban a los Westies a mantener a raya su competencia local y estos, a cambio, cuidaban los intereses de los Gambino en el barrio e incluso ejercían puntualmente como brazo armado de alquiler. Pape visitó a su antiguo conocido con una oferta en firme: si le pagaban sesenta mil dólares, estaría dispuesto a vender su voto en el jurado y hacer lo posible para que no hubiese un voto mayoritario en favor de la culpabilidad de Gotti.
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No solo la historia es genial sino también el texto, ahora esperar el desenlace.
Yo sólo pido, por favor, que esta vez la espera no sea tan larga… ¡me tenéis en ascuas!
La cuarta parte promete ser épica: antes de convertirse en alcalde de Nueva York, Rudy Giuliani fue el fiscal encargado de acabar con las Cinco Familias que controlaban el crimen organizado de la ciudad, y John Gotti estaba el primero de su lista… De hecho, la mafia le tenía tantas ganas que incluso llegaron a considerar su asesinato, pero desecharon la idea por miedo a desatar las iras del gobierno estadounidense. Gotti fue uno de los capos que votó a favor del plan.
Me he leído las tres partes de un tirón y no puedo esperar por el desenlace! Excelente artículo y la narración es de primera.
De las pocas veces que he visto escribir correctamente en un medio, la expresión «motu proprio».
Excelente!!!
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