
Imagínese que un número cada vez mayor y más influyente de personas pasan a considerar el color amarillo moralmente condenable, el origen de todas nuestras desgracias. Difunden airados libelos en los que muestran —de forma más o menos rebuscada, exagerando unos aspectos y minimizando otros— cómo a lo largo de la historia y en el presente el color amarillo está vinculado a una indecible cantidad de horrores y exigirían que se enseñe en las escuelas lo malo que es y que los medios de comunicación sensibilicen sobre ello, así como leyes para prohibirlo y mayor presupuesto estatal para combatirlo. Por supuesto sus intenciones son nobles, solo quieren «liberarnos» del amarillo y que así todos seamos más felices. Si alguien les criticase o mostrase algún tipo de oposición es porque se trata de un partidario del amarillo (aunque lo niegue) y una vez identificado así ya no importa qué argumente, seguro que solo son mentiras. O con nosotros o contra nosotros. De forma que ser tachado de «amarillista» pasaría a convertirse en el peor estigma, lo que iría allanando cualquier oposición y, por otra parte, incrementando el número de partidarios en las propias filas, pues las personas tienden a considerar que lo correcto es aquello que la gente de su entorno considera correcto.
Paul Graham tiene un excelente artículo al respecto en el que habla de todo esto que les estoy contando y señala que los tabúes, blasfemias y herejías siempre han estado presentes en todas las épocas y lugares, lo que varía es su apariencia y la virulencia con la que se padecen en cada sociedad. Pero igual que el pez no es capaz de percibir que está rodeado de agua, cuando una idea o un valor está suficientemente establecido a nuestro alrededor a menudo no somos capaces de ver lo nocivo o erróneo que puede resultar. Nos falta perspectiva. Solo una vez que pasa de moda podemos verlo con claridad y sorprendernos por cómo algo tan absurdo fue tomado tan en serio por tanta gente. No obstante, hay excepciones y algunos sí son capaces de reconocer que algo rechina en el paisaje, por intensa que sea la propaganda o severo el castigo al disidente. Quizá porque han vivido en diferentes lugares, tienen la edad suficiente para haber conocido otras modas morales, han leído lo suficiente o simplemente cuentan con las gafas de Están vivos y a la manera de Montaigne pueden relativizar lo que ven: «como no tenemos otro criterio para distinguir la verdad y la razón más que los ejemplos que observamos y las opiniones y costumbres del país en que vivimos, para nosotros allí se encuentra la religión perfecta, el gobierno perfecto y el más perfecto e insuperable uso de las cosas».
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Gracias, Jotdown
Insuperable, hierba de la buena. Me encanta pastar por Jotdown.
Querer comparar a Miller con mediocres que cobraban por venderse barato al poder resulta simplemente patético.
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Me ha hecho gracia lo del color amarillo… sobre todo teniendo en cuenta que aún hay personas mayores en este país, que automáticamente y sin pensar llaman «colorado» al color rojo, por las connotaciones negativas que durante años estuvieron asociadas a ese color.
Los tabúes cambian, pero siempre estarán ahí. Y el humor (y el progreso, añadiría) consiste justamente en romperlos. Nada es sagrado, nada es intocable.
Llaman «colorado» al color rojo porque así es como se le ha llamado desde tiempo inmemorial, y así está sancionado en el diccionario.
Quizá seas tú quien va con tabúes y habla sin pensar.
LE LLAMAN «COLORADO», PARA NO DECIR «ROJO», QUE TENIA UNA CLARA CONNOTACION DE COMUNISTA.—– CREO QUE HAY QUE ENTENDER LOS MATICES DEL IDIOMA
«De ahí que ciertos análisis semióticos sobre supuestos mensajes políticos en películas de Disney entren dentro de la magufería.»
Acaba de describir en una línea el 60% de la obra de Slavoj Zizek.
«Bastantes lectores de Orwell o Miller pudieron haber disfrutado de sus obras y a continuación defender sin inmutarse posturas que hubieran horrorizado a dichos autores.»
Respecto a esto recuerdo una anécdota que contaba Tom Morello, guitarra de «Rage Against The Machine», que decía que había muchos republicanos fans del grupo, cosa que si analizas las letras del grupo no tiene sentido.
La primera parte del color amarillo y los «amarillistas» me parece similar a la del cambio climático y los «negacionistas». Food for thought, únicamente.
Muy buen artículo, por otro lado.
Charlie Hebdo siempre. Y a blasfemar mucho, a blasfemar todos: al islamismo, que le den
Las metáforas sirven para hablar de lo que está prohibido y también de lo que se pretende inculcar, tanto si proviene de una ideología o de otra completamente opuesta.
Los asesinatos de París son una atrocidad injustificable. Pero eso no significa ni que tuvieran que gustarte los contenidos de su revista (que fueran de mal gusto tampoco lo veo como justificación para una salvajada así) ni que tengan que criminalizarse a nadie por el mero hecho de compartir religión con esos chalados ejecutores (de hecho, dos de las víctimas eran musulmanas, incluido uno de los tres policías). En 2011, con los atentados y asesinatos de Oslo y Utoya, nadie culpó al cristianismo ni a los conservadores europeos (así se definía el asesino en su página de Facebook).
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