Después de cuatro ligas consecutivas, el Barcelona decidió reforzarse con una de las grandes promesas del baloncesto patrio: el base del Joventut de Badalona, José Antonio Montero. Montero había sido el segundo español en ser elegido en el draft de la NBA, tras Fernando Martín, y respondía al canon de lo que se entendía por “base moderno”: superaba el 1,90, era ágil en el contraataque, desbordante en la penetración… y solo presentaba algunos problemas en el tiro de tres puntos.
Hablamos de la época en la que todos los equipos querían tener a Magic Johnson o a Toni Kukoc dirigiendo su juego.
El fichaje de Montero tuvo miga: el jugador decidió irse del Joventut, harto de perder semifinales y finales, y se abrió una puja por él entre Real Madrid y Barcelona. La subasta llegó hasta los 100 millones de ficha anual, una cifra obscena para 1990. No fue una gran elección deportiva: en cuanto Montero dejó Badalona el club entró en una borrachera inédita de triunfos que incluyó dos ligas ACB, una final four perdida in extremis contra el Partizán de Belgrado y otra ganada, también in extremis, contra el Olympiakos.
Mientras, el base, que apenas ganó una Copa del Rey en sus primeros tres años veía, normalmente desde el banquillo, cómo su club pasaba una negrísima nube: no solo perdió aquel año una nueva final europea en París, sino que también cayó eliminado en los play-offs de la liga española precisamente contra el Joventut, en casa, y por culpa de un balón que el propio Montero muy amablemente cedió a Tomás Jofresa a media cancha pocos segundos antes de que terminara el partido.
Lo que suele pasar cuando dejas el equipo de casi toda tu vida para ser campeón en otro lado.
Encajonado en el papel de jugador de equipo, uno más en la rotación, Montero se comió los años duros del barcelonismo que duraron aproximadamente lo que tardó Sabonis en irse a la NBA. A partir de ahí la cosa cambio: llegaron un par de ligas consecutivas, la generación de Solozábal, Epi y Norris dio paso a la de Galilea, Xavi Fernández y Roberto Dueñas… y quiso el destino que seis años después de su sonado fichaje Montero se plantara en una segunda final de la Euroliga frente al Panathinaikos del mismísimo Bozidar Maljkovic, su primer entrenador en Barcelona, y de nuevo en París.
Por entonces, cada final era para el Barça una terapia de grupo. Si la sección de fútbol tuvo que esperar hasta 1992 para ganar su primera Copa de Europa, el palmarés de la de baloncesto aún estaba a cero después de tres finales y unas cuantas Final Fours. Algún día tenía que llegar el gran triunfo. En semifinales dieron cuenta del Real Madrid, vigente campeón, y en la final esperaba un equipo tan conocido por sus fichajes como por sus fracasos europeos.
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Qué pena lo de Montero, uno de esos jugadores (julenguerreros los llamo yo) que prometían muchísimo y se quedó a medio camino. El base del futuro se quedó en escolta decente. Yo creo que lo mató un poco su indefinición entre ser 1 y 2. Nunca lo tuvo claro él y tampoco sus entrenadores. Algo similar le puede ocurrir hoy (esperemos que no) a Llull.
Felicidades por el texto. Genial. Cuántos recuerdos.
Madre mía, me has puesto la piel de gallina, esa fue mi segunda gran decepción deportiva (después de la del mundial de fútbol de EEUU), me acuerdo del subidón enorme en la remontada final y la incredulidad con el tapon de Vrankovic, joder que impotencia y que rabia. Recuerdo que Trecet puso fina a la Fiba y sus favoritismos hacia los griegos y que yo, en mi ingenuidad, no podía creer que semejante injusticia quedara impune. Ya después me ha dado tiempo de aprender.
Siempre me ha quedado la pregunta (absurda, lo se) de que hubiera pasado si Montero llega a fintar el tiro, seguramente Vrankovic hubiera aterrizado en la primera fila de gradas (si no es que rompe el tablero con la cabeza) y Montero hubiera tenido un tirito fácil, pero, ¿Lo hubiera metido?
A mí nunca me pareció tanta injusticia porque Montero efectivamente comete pasos antes de soltar su lamentable bandeja.
Si Montero finta el tiro, Vrankovic cae encima de él para que no suelte el balón. No puedo culparle :-) Gracias por los comentarios!
La culpa fue de Montero: debería haber hecho un mate y romper la canasta.
Pues yo me llevé la alegría del siglo, esa es la verdad.
Yo siempre me acordare de esta final y jugada ya que estaba viendo el partido con dos cules y con la vacilada que estaban ellos en la final y el madrid no, ver lo emocionados que estaban y luego verlos tirados en el suelo llorando gritando que injusticia, como madridista eso no se paga con dinero :)
Buen artículo, pero señalar una serie de puntualizaciones:
1. El Panathinaikos agotó la posesión sin que la mesa lo señalase, por lo que el Barça debía haber iniciado jugada desde banda con poco más de 5 segundos de partido.
2. El tiempo se para cuando el Barça roba el balón, maniobra orquestada -supongo- para dejar más tiempo al Panathinaikos tras la más que posible canasta del Barça.
3. Montero comete pasos, como se ve en una de las tomas de este vídeo: http://www.youtube.com/watch?v=OPz9ddhlxYs&feature=related
4. El crono se vueve a poner en marcha cuando Galilea recibe el balón, con idea desde la mesa de que se acabase el partido cuanto antes, ya que la canasta del Barça ya no era tan factible, como así fue.
En fin, el tapón de Vrankovic fue ilegal, pero antes hubo pasos de Montero, y aún antes el Panathinaikos agotó la posesión sin que se señalase la infracción. Los árbitros miraban para otro lado, la mesa manejaba el crono al antojo de Giannakopoulos… la historia de siempre con los griegos en aquellos años.
Puntualizar el tema de los pasos, eso es pasos hoy y cuando el articulo se escribio, pero eso no eran pasos en la epoca del partido. Se podian dar 2 pasos sin bote