Ciencias

Café Google: cafeína, ideas libres y Red para salvar el mundo (y II)

Fotografía: Luke Chesser (CC)
Fotografía: Luke Chesser (CC)

(Viene de la primera parte)

Así pues, el secreto de la colaboración entre distintas mentes reside en la arquitectura de esa colaboración. La arquitectura de Wikipedia parece funcionar, al menos tan bien como la Enciclopedia Británica. La masa es estúpida, pero si se conecta correctamente, y el objetivo es el adecuado para extraer los beneficios de la diversidad cognitiva, entonces resulta más ventajosa que un genio o un grupo de genios muy parecidos entre sí. Los genios, además, acostumbran a creerse más geniales de lo que son —o así los perciben sus seguidores—, lo que conduce también a análisis aventurados o directamente suicidas, como el de Thomas Watson, de IBM, cuando afirmó en 1943 que había un mercado mundial para cuatro o cinco ordenadores; o Harry Warner, de la Warner Bros, cuando exclamó en 1927: «¡Quién demonios quiere escuchar a unos actores que hablan!».

No son ejemplos aislados. Los expertos sobreestiman generalmente sus probabilidades de tener razón. Tras un análisis en una gran variedad de sectores, J. Scott Armstrong, profesor de la Wharton School, concluyó: «No se ha encontrado ningún estudio que refleje una ventaja importante a favor del conocimiento experto». Los expertos predicen mejor que los legos, pero no especialmente mejor.

Además, los juicios de muchos expertos ni siquiera guardan coherencia con los de los otros expertos en la misma especialidad: echad un vistazo a una discusión entre dos economistas. O como señala de nuevo James Surowiecki: «Entre 1984 y 1999, por ejemplo, casi el noventa por ciento de los administradores de fondos de inversión mobiliaria obtuvieron rentabilidades inferiores al índice Wiltshire 5000, que no es un listón demasiado alto». El consenso entre expertos en psicología clínica es inferior al 50%. Los expertos tienden a discrepar más que a estar de acuerdo.

Hay expertos que sí aciertan en sus predicciones, pero no sabemos si lo hacen por su condición de experto o por azar. Con todo, en ningún momento se aboga por dar la espalda a los expertos, sino a que cojamos con pinzas sus afirmaciones y las pongamos en un fondo común de opinión, donde también tengan cabida los no expertos o los que no se consideran como tal. Y que todas esas opiniones se conecten de un modo armónico a nivel arquitectónico, permitiendo que las mejores ideas reciban mayor respaldo, sin dejar nunca que dichas ideas sean condenadas u olvidadas por resultar demasiado heterodoxas. Una buena forma de empezar, por ejemplo, sería comparando todas las afirmaciones expertas para hacer un promedio, tal y como sugiere el autor de El cisne negro Nassim Nicholas Taleb: no vamos mal encaminados al tratar de encontrar gente inteligente; el error estriba en querer encontrar al más inteligente.

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10 comentarios

  1. Me ha parecido un artículo interesante, pero no he conseguido extraer la respuesta a una duda fundamental que tengo respecto al tema del copyright.

    Un investigador en una empresa tecnológica, por ejemplo, necesitará meses de trabajo para desarrollar un nuevo algoritmo, o material, o lo que sea. La aplicación de esa innovación en distintos productos generará ingresos que servirán para pagar los meses de trabajo de ese investigador. Si no existiera copyright, cualquier otra empresa podría beneficiarse de esa innovación sin compensar al investigador por el tiempo invertido, lo cual sería injusto.

    Estoy en contra del enriquecimiento desproporcionado de unos pocos gracias al copyright, pero hay gente que efectivamente vive de sus ideas, y si engendrarlas no les da para vivir, dejarán de hacerlo.

    • Tao,
      Hay miles de empresas que innovan y viven de ello sin patentes ni copyright. Yo he tenido ya tres de ellas, y he recibido el premio a la innovación del año.
      Si te interesa el tema, investiga, que la red está llena de excelentes fuentes de información que lo explican detalladamente, y estudios que lo demuestran empíricamente :-)

  2. ¡Excelente artículo!
    Me alegro de haber aportado un granito de arena.

  3. No deja de sorprenderme como de manera recurrente se incide en el tema de los derechos de autor, cuestionando su existencia. Es cierto que el argumentario que se utiliza cada vez es más elaborado; pero no es menos cierto que siempre parte de diversas falacias.

    La que a mí me parece más evidente (y desde la que creo hay mayor interés en erosionar la credibilidad de quienes defienden la existencia de dichos derechos), es aquella que tiene que ver con su consideración como actividad económica. Salvo que nos encaminemos hacia una economía en la que los bienes y servicios estén disponibles para todos los seres humanos gratuitamente, y todas las actividades humanas carezcan de remuneración alguna, se me escapa la razón por la cual una actividad económica concreta debe perder su consideración como tal, por muy líquida que se vuelva…

    Cada vez se acrecientan mis sospechas acerca de que se está fomentando una inquina hacia el sector de los creadores en aras de abaratar costes para la industria. Amén de que que debe molestar en muchos sectores sociales «biempensantes» que los que en antaño eran bufones (inclúyase desde el filósofo a la fulana), haya hoy quien goce de consideración en las altas esferas (consideración económica, claro).

    Que resulta de interés no valorar ni reconocer ciertas actividades económicas se demuestra en la existencia misma en muchas sociedades de la figura del ama de casa. Y que se tiende a precarizar el trabajo, sea el que sea, no creo que tenga que demostrarlo. Pero la deslocalización de empresas a lugares en donde los derechos de los trabajadores son inexistentes, es tan incuestionable como la existencia del valor «colectivo» en todo conocimiento humano. Ahora bien, algo que no desaparece (y que yo creo que cada vez se acentúa más) es el valor de «autoridad». Y a esa autoridad tendemos a darle nombre y apellidos (por mucho que me resulten detestables todos esos sesudos estudios que se apoyan en lo dicho por otros, presuntamente importantes). Un ejemplo en su artículo es el de citar una ley de «un tal» Linus que el refranero popular daba por descontada («cuatro ojos ven más que dos»).

    En suma, es muy posible que haya que replantearse el conocimiento como actividad económica, como forma de relacionarse y como muchas cosas. Pero desde luego no en su reconocimiento y remuneración a aquellos que amplían sus límites. Puestos a cuestionarnos cosas, podíamos empezar por ese tan escurridizo asunto de la propiedad privada a la que nadie de los que creen que tienen algo que perder está dispuesto a poner encima de la mesa. Y ya puestos a entender la propiedad del conocimiento como procomún, dado que vivimos en el mismo planeta, por qué dejamos que las materias primas cada vez estén en manos de menos hombres. O un pasito más allá, ¿por qué permitimos que se patente la secuenciación del ADN de ningún ser vivo? Me parece que hay muchos jugando a ser dios, y no son precisamente los creadores…

    • Bueno, yo no lo veo así y trataré de explicar porque.

      Lo primero de todo es que nadie, NADIE, está obligado a ofrecer su trabajo sin obtener dinero. NADIE. Esa es mi opinión y creo que en el artículo no se dice lo contrario.

      Una vez dicho esto tengo una pregunta que hacerte ¿Por qué todo ha de ser una actividad económica?

      Sinceramente es algo que no entiendo. Te explico mi punto de vista con el caso del «tal Linus».

      Linus torvalds tiene su trabajo por el que le pagan muy bien. Hace décadas, cuando solo era un estudiante, comenzó un proyecto de Software Libre que ha tenido gran impacto sobre nuestra tecnología y que involucra a miles de programadores en todo el mundo. Este proyecto es Linux y sobre el se articula, por ejemplo, Android. Tanto él como todos los que están en este proyecto lo hacen por que les da la real gana, sin que nadie les obligue y sin esperar que nadie les pague, pero lo hacen tan bien que hoy es el corazón que hace andar millones de Smartphones.

      Si quieres otro ejemplo de como aportar al Conocimiento Común es infinitamente más provechoso para el conjunto de la humanidad, que patentar o privatizar dicho conocimiento te sugiero que repases lo que hizo sir Tim Berners-Lee y la WWW.

      Entonces, partimos de estos 2 puntos: No es obligatorio que ofrezcas gratuitamente tu capacidad intelectual, pero si lo haces y lo que ofreces es VERDADERAMENTE bueno se te unirá una legión de iguales que llevaran tus ideas a donde no llegarían nunca si las dejas en el plano de la «actividad económica».

      Respecto a los derechos de autor, no estoy en contra de que los autores cobren. Realmente es el motivo por el que sigo pagando por los libros y los discos pero eso no significa que ignore que la editoriales, musicales y literarias, me están estafando. Cobrando un precio desorbitado por el producto de mala calidad que me dan y pagando a los autores una miseria, pero creo que sobre eso no va el artículo.

  4. Y a pesar de no estar de acuerdo con algunas de las cosas expuestas, muy interesante el artículo.

  5. «Los grandes artistas copian, los genios roban.» – Picasso

  6. ¡Bien por el artículo! Un paseo fascinante desde el café a la noosfera.
    http://es.wikipedia.org/wiki/Noosfera

  7. Pingback: Café Google: cafeína, ideas libres y Red para salvar el mundo (y II)

  8. Pingback: Frankenstein, Crosse y la creación de vida – El Sol Revista de Prensa

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