
Uno encuentra en las tiendas libros sobre vidas de santos, de políticos, tanto comunistas como nazis e incluso democristianos, además de biografías de rockeros y estrellas pop de caprichosas sensibilidades, hasta hay libros sobre la vida de presentadores de la tele y nunca faltan los de futbolistas. ¿Pero libros de vidas de animales? Nada. O poca cosa. Sí que recuerdo leer de crío Lad, un perro, sobre un collie estadounidense, pero eran relatos heroicos, era casi un perro superhéroe, no el chucho torpe y adorable que solemos tener en casa. No había realismo soviético. Porque no es habitual que alguien se dedique a glosar el paso por este mundo de los bichos que nos acompañan. Sus manías, sus desvelos o los objetos absurdos que se convierten en sus juguetes favoritos. ¿Tiene más que enseñarnos Churchill con sus guerras y aforismos que un gato con su cojín favorito para tomar el sol y sus ronroneos? Permítanme que lo dude.
Es por esto que desde el año pasado hemos recibido con sorpresa la agradable presencia en las librerías de Lo que aprendemos de los gatos, de Paloma Díaz-Mas (Anagrama, 2014). Es un libro que cuenta la vida de sus compañeros peludos, sin más, que no es poco. La de la desgraciadamente fallecida Tris-Tras y las de los dos que vinieron después, Tris y Tras. Y es emocionante, porque cualquier persona que tenga el privilegio de vivir con gatos reconocerá en cada línea a sus amigos y, también, porque comienza recordando los últimos minutos de vida de Tris-Tras en el veterinario y se te nubla la vista cuando lo lees. Pero lo que prima de la obra es lo mucho que pueden alegrarte la vida estos bichos, cómo te lo dan todo pidiendo prácticamente nada a cambio. «Y ahora cuando volvemos a casa después de un día de trabajo, los dos, Tris y Tras, acuden a recibirnos tan pronto como oyen el ruido de la llave en la cerradura; llegan con un trotecillo alegre y, cariñosos, pasan alternativamente sus lomos (blanco y negro, negro y blanco) por nuestras piernas, nos exigen caricias a grandes voces felinas y se desploman en el suelo mostrándonos sus tripillas de seda para que las rasquemos suavemente».
Yo entré en el mundo gatuno por casualidad. Me encontré uno de pocos meses en la calle hecho un cristo, me lo subí a casa, puse en Google «gato» y ahí empezó todo. Una aventura que ha durado siete años y que ya me empieza a dar dolor de tripa cuando pienso que me quedan entre otros siete u otros diez como mucho. O algo peor, como se pregunta Paloma en su libro: ¿quién cuidará de ellos cuando nosotros ya no estemos? Eso sí que me da pánico. Si ocurriera una desgracia ¿en manos de quién quedarían? ¿Será capaz quienquiera que sea de entenderlos, de saber tratarlos como son, como merecen?
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Pues la experiencia de convivir con gatas hembras, su celo y amor casi en el mismo momento, es mágico. Y esa personalidad que cada una tiene, las habilidades que desarrollan individualmente (abrir puertas, traerte juguetes con la boca para que se los tires), hace que cada día sea único.
http://casaquerida.com/2015/04/04/pater-publiequitas/
Pues otra gran lectura, novela de fantasía en este caso es La canción de Cazarrabo. Protagonizada por gatos.
Pingback: Tres lecturas sobre gatos para amantes de los mismos
Algunas recomendaciones que me hicieron para un regalo:
http://www.playgroundmag.net/noticias/actualidad/gatos-reconocen-espejo-misterios-gatunos_0_1289871012.html
Las historietas de Jeffrey Brown.
Y esto: http://www.diaboloediciones.com/?s=miau
Os habéis dejado «No hay mejor vida que la del gato» de Timun Mas. Yo tengo dos gatas y me reí de lo lindo leyendo las aventuras de Misifú y el Dr. Pawlove! Han clavado a mis felinas :)
A mí me encantaría tener gatos o perros, o ambos animales, pero de momento no he tenido oportunidad por distintas cuestiones. El caso es que siempre me he preguntado -ya que se pone a los gatos como animal idóneos para tener en casa si no tienes tiempo para la atención ,mayor que requiere el perro- si realmente no sufren las consecuencias de estar siempre encerrados en pisos.
Quizá por eso, como comenta Álvaro, sea indispensable tener dos gatos.
Si alguien sabe de estas cosas que se manifieste.
Es mejor tener dos gatos que uno, idealmente que sean hermanos o de la misma edad y que los hayas tenido muy jóvenes, de esta manera hay menos conflictos entre ellos, aunque en algún momento los abran, no dejan de ser animales y muy territoriales.
De chiquitos, hasta año y medio o dos años son muy activos, juguetones y divertidos, luego se calman y se vuelven menos activos.
Los gatos tienen maneras de hacerte sentir bien con ellos, son agradecidos con el buen cuidado y te lo devuelven con cariño.
Es importante aprender a cortarles las uñas, cada 15 días como mínimo, de esta manera no te arañan tanto jugando y hacen menos daño.
Hay que aprender a convivir con ellos, pero el resultado es espectacular!
Se me habia pasado la idea de tener un gato en casa…y tras leer este articulo vuelvo a rondar con la puñetera idea…quien me mandaria leerlo :D
Un saludo
Los gatos son un regalo de la vida. Tu artículo, por gatuno, también. ;)
A Bigote Prusiano:
Yo tengo dos gatas, las dos recogidas en las calles de Madrid. A veces es cierto que me da penita que esten todo el dia en casa, pero desde luego en la calle eatarian mil veces peor. En mi caso, se entretienen mucho mirando lo que sucede en la calle desde la ventana o la terraza, y cuando puedo, las llevo a una parcela que tienen mis padres donde pueden esparcirse un poco (yo tambien me siento alli mejor que en un piso). Tambien disfrutan mucho cuando juego con ellas. Y si se aburren, siempre pueden jugar a cazarse la una a la otra.
Luego, hay gatos que son extremadamente caseros de caracter y que por nada del mundo plantarian una patita en la calle. Otros, por el contrario siguen siendo unos felinos salvajes.
….y tres breves citas sobre gatos para amantes de la arquitectura:
http://bailarsobrearquitectura.com/2012/09/27/arquitectos-y-gatos/
Saludos,
Iago López
Yo tengo un gato de 13 años al que recogí en las calles de Madrid con tan solo dos mesecillos. Al principio no quería quedármelo porque pensaba que el pobre animal se volvería loco en un piso, pero mis intentos de buscarle otra familia fueron infructuosos y al final me quedé con él. Cada día que pasa le doy gracias por estar a mi lado y maravillarme con esa carita de cielo y ese carácter tan impredecible, tan dulce como fiero, tan cariñoso como borde y faltón. Por supuesto que sería estupendo tener un patio con árboles donde pudiera subirse, pero de momento no puedo ofrecérselo y creo que él es bastante feliz.
Yo también tengo dos gatas, son hembras, pero no se parecen en nada más… Una es proletaria, de pelo blanco y negro y muy arisca, eso que se ha criado a biberón, se llama Gyn pero yo la llamo cariñosamente mi bucanera porque parece un pirata con su parche en un ojo y una especie de perilla negra alrededor de la boca. La otra es una gata pija, muy pija (tanto que solo come jamón si es pata negra) y muy cotilla, se mete en todos los eventos, quiere saberlo todo… Tiene el pelo negro, largo y brillante y unos ojos y una cabeza inigualables en belleza y en expresividad… Se llama Nunca, y ese nombre le va como anillo al dedo, pues nunca conocí un animal tan adorable y cautivador. A Ginebra la quiero, es hosca y agresiva, es una asceta, pero a veces se me acerca y me da unas caricias y unos besos indescriptibles. Nunca, a pesar de ser una gata bien, es mucho más prosaica, va más a lo suyo, comer y pasarlo bien, básicamente, y pedir y pedir por esa boca… La quiero de otra forma: Diría que la primera es una rebelde sin causa a la que no le gusta el mundo, pero de vez en cuando siente el deseo o la necesidad de comunicarse y entonces se transmuta en un romántico animal de sensual ronroneo, que es capaz de ponerte el vello de punta con su sensibilidad y su tacto exquisitos y con esa mirada tan profunda… mientras que la segunda está encantada con la vida, tal cual es, y todo se le vuelve pedir atenciones de manera más bien impulsiva y algo torpe, como si se le fuera a acabar en cualquier momento, yo creo que porque pasó necesidades de pequeña, antes de conocerme, y estuvo casi muerta porque alguien la abandono no obstante ser una gatita de buena familia.
Las dos duermen muchas horas al día, viven como marquesas en mi casa, se hacen compañía cuando no estoy y llenan mi vida cuando vuelvo de pelos y de amor, cada una a su manera.
Yo también tengo dos gatas, son hembras, pero no se parecen en nada más… Una es proletaria, de pelo blanco y negro y muy arisca, eso que se ha criado a biberón, se llama Gyn pero yo la llamo cariñosamente mi bucanera porque parece un pirata con su parche en un ojo y una especie de perilla negra alrededor de la boca. La otra es una gata pija, muy pija (tanto que solo come jamón si es pata negra) y muy cotilla, se mete en todos los eventos, quiere saberlo todo… Tiene el pelo negro, largo y brillante y unos ojos y una cabeza inigualables en belleza y en expresividad. Se llama Nunca, y ese nombre le va como anillo al dedo, pues nunca conocí un animal tan adorable y cautivador.
A Ginebra la quiero, es hosca y agresiva, es una asceta, pero a veces se me acerca y me da unas caricias y unos besos indescriptibles. Nunca, a pesar de ser una gata bien, es mucho más prosaica, va más a lo suyo, comer y pasarlo bien, básicamente, y pedir y pedir por esa boca… La quiero de otra forma: Diría que la primera es una rebelde sin causa a la que no le gusta el mundo, pero de vez en cuando siente el deseo o la necesidad de comunicarse y entonces se transmuta en un romántico animal de sensual ronroneo, que es capaz de ponerte el vello de punta con su sensibilidad y su tacto exquisitos y con esa mirada tan profunda… mientras que la segunda está encantada con la vida, tal cual es, y todo se le vuelve pedir atenciones de manera más bien impulsiva y algo torpe, como si se le fuera a acabar en cualquier momento, yo creo que porque pasó necesidades de pequeña, antes de conocerme, y estuvo casi muerta porque alguien la abandono no obstante ser una gatita de buena familia.
Las dos duermen muchas horas al día, viven como marquesas en mi casa, se hacen compañía cuando no estoy y llenan mi vida cuando vuelvo de pelos y de amor, cada una a su manera.
Qué bella historia…
Gracias, Marius, me encanta que te guste… He disfrutado mucho escribiéndola, porque son mis gatas, sabes? Tal cual.
Gracias por estos comentarios tan chulos.
Precioso texto. Otra lectura recomendada: Cat getting out of a bag.
Lo que sí se ha notado en los últimos años, con la crisis, es el abandono de gatos. Hace un par de años empezaron a aparecer en mi calle y manzanas de alrededor un buen puñado, claramente caseros. Había uno, que ha desaparecidos recientemente, espero que por adopción, que se sentaba a tomar el sol en los asiento de las motos tan campante. O en mitad de la acera, importándole un bledo que viniesen perros, que luego misteriosamente no le hacían ni caso. Hay otros muchos ahora por todos lados, pero tienen a una legión de cuidadores que les dejan comida y agua.
La lástima es que poco antes se había ido enriqueciendo bastante, no sé por qué motivos, la población de aves de la zona. Se empezaban a ver mucho especies que no aparecían antes con esa profusión, como mirlos (de pronto empezaron a ser muy frecuentes), currucas, carboneros, verdecillos, verderones, palomas torcaces etc. Pero ahora con tanto gato se han vuelto más precavidas y han disminuido su presencia.
Soy nuevo en esto y al pequeño Mimo le está creciendo una uña dentro de la pata, ¡que puto horror!
Supongo que habrá querido dejar a Sánchez, Dragón, para la segunda entrega…
Por cierto, Álvaro, en el caso que nos ocupa no pueden ser tarzanetes, que faltan lianas…
Al hilo de esto y para amantes de muchas cosas (gatos entre ellas) me gustaría recomendar un número en concreto de la alucinante novela gráfica The Sandman; El sueño de mil gatos. Ahí queda.
Falto un libro: Soy Gato, de Natsume Soseki, escritor japonés de principios de s.XX.
Es un libro extraordinario que cuenta la vida de una familia japonesa vista desde la óptica de un gato recogido hasta su muerte.
Muy recomendable.