Jot Down Cultural Magazine – Gonzalo Vázquez: El imbécil digital

Gonzalo Vázquez: El imbécil digital

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Érase un hombre a una pantalla pegado, un hombre dirigido, un hombre conectado.

El iPhone dirige sus manos, el GPS su rumbo, Facebook sus ritmos, Twitter sus ojos, Whatsapp sus dedos, iPod sus oídos, iPad sus deseos, Tuenti sus hormonas y la Play sus ratos libres, los pocos que le deja un teclado.

Un hombre que dice estar conectado. Que no repara dónde ni cuándo ni por qué ni si era necesario. Un hombre que fue conectado sin que nadie le advirtiera que tal vez nadie habría más desconectado. Un hombre que empieza a olvidar oler y ser olido, tocar y ser tocado, lamer y ser lamido, oír y ser oído, ver y ser visto. Un hombre sumergido a cada vez mayor profundidad en un océano invisible. Que se complace en perder la carne y hueso. Un hombre que cree sentir libertad porque ha dejado de ver cables. Un hombre sin tiempo ni espacio. Un hombre igual, antes imbécil que digital.

El imbécil digital es un pececillo que va de red en red, como encantado de su captura y hasta de no salir nunca a la superficie, donde se respira aire y no ancho de banda.

El imbécil digital ignora el reposo. En su impaciente frenesí es anodino y volátil. Y tan rápido cree viajar por la red de redes, por las autopistas donde solo bullen sus iguales, que teme toda detención como a la muerte. Prueba de ello es el ‘tic’ que padece su dedo índice y que le impulsa a no posarse nunca en nada. Hechizado, cree moverse. Y contrario al espermatozoide, que al menos lleva destino, el del imbécil digital no consiste más que en seguir creyendo que está sin saber que en ningún sitio, en correr sin preguntase a dónde.

Curioso parecido domina sus relaciones. El imbécil digital no sabe nada del otro. Cree saberlo. Por eso confunde a otros imbéciles con amigos sorprendiéndose luego de que desaparezcan a la menor ausencia de la red por cualesquiera razones de la vida, vida externa, la vida molesta, la que ya no importa. Y como la soledad le aterra vuelve aprisa a la fiesta, que tiene prohibido abandonar si no quiere dejar de existir.

Desplazó primero el contacto por el teléfono. Luego el teléfono por el correo. Después el correo por el Facebook. Y ahora prefiere tuitear, hacerlo todo allí. Y el lugar de una palmada en la espalda o una confidencia lo ocupa ahora el privado, el grado sumo de cercanía. No dice gran cosa y eso mismo espera del otro. Eso y rapidez. Porque la respuesta importa menos que su retraso y da igual la plataforma. El imbécil digital no da tregua ni comprende otra vida que la vida de pantalla, mejor cuanto más plana, más simple, más ligera.

Y ahí su lenguaje se parece al del indio en el peso y duración de las señales de humo. Y es que este nuevo individuo repudia lo extenso, lo grave, lo grueso, lo que hasta hace nada teníase por importante. Se da que sumergido a gran profundidad nada odia más que ésta. Por eso él ha menguado hasta caber cómodamente en una pizca de caracteres.

Si se diera el caso de cercanía, de cercanía real, de cuerpo a cuerpo en mesa o corrillos, corre a refugiarse en su aparato, que no suelta ni muerto, y sacude y sacude el pulgar hacia abajo. Su mano ya es un ratón, como esos de laboratorio que giran la rueda sin moverse del sitio ni comprender la jaula. Y hasta puede que a unos palmos del otro vaya a decirle algo y no abra la boca. Lo hará también por pantalla.

Al imbécil digital nada incomoda más que el gesto, la mirada, la cercanía del aliento, la gravedad de la palabra que suplica ser desentrañada. Y como se ve libre de aquello, de forjarse a diario en la vida como el actor en escena, siente una gran comodidad en no ver ni ser visto, en hacerse un espectro sin nombre y apellidos, sin voz ni rostro, sin mayor alma que un nick.

Para este tipo de hombre una buena parte de la humanidad ha dejado de existir. Solo percibe a los de su misma especie. Así reduce el mundo no a la aldea global ni al enfoliado de un mapa, sino a la velocidad de descarga.

Como cree que el mundo es natural, que le ha caído del cielo, el imbécil digital no se manifiesta. Cree poder hacerlo desde cualquier sitio donde el artefacto le lleve. Por eso la ciudadanía le suena anticuada. Ya no es ciudadano de pleno derecho. Éste reside ahora en la mera pulsación dactilar, a la que entrega su liviana voluntad de cambiar el mundo sin saber que el mundo, el de ayer y siempre, es todo aquello que la pantalla no es.

Hace tiempo que el imbécil digital abandonó la televisión. Creyó hacerlo por una instancia superior. No imaginó que la televisión se le acabaría colando también allí, que los amos serían los mismos y que ahora le ordenan abreviarse, reducirse, impacientarse. Por eso a este maníaco instantáneo un vídeo de cinco minutos se le hace también largo.

El imbécil digital ignora la humildad, razón por la que no sabe, sí contesta. Por eso se salta veinte, diez o cinco líneas y corre a rellenar de mierda un cajetín que algún otro imbécil, más astuto que él, bautizó con un embuste a título de comentarios. Y como carece de empatía mejor cuanto más daño crea causar. Y da igual su objetivo. Puede concentrarlo en uno o arrojarlo en masa, de madridistas a catalanes, de negros a maricones, de gabachos a tacones.

El imbécil que creó esa herramienta, o peor aquél que la dirige, valora la información no por su peso, su veracidad o su alcance. Sino por el número de imbéciles que ha logrado engañar.

Ese cretino digital sabe, por defecto, lo que es una biblioteca. Nunca pisó una pero se permite arremeter contra no sé qué males del papel. Tal vez piense en árboles y por eso le avergüencen los libros en el metro. Saca entonces su lector electrónico, a no más de dos o tres paradas, tantas como levanta la vista no se sabe si para ser mirado. Ni leía antes ni seguramente ahora. Porque hace con las letras lo mismo que el gorrión con el suelo.

Para el imbécil digital un penalti, un escote o una bronca es información. Y lo demás no le interesa. No le cabe en la pantalla, su encuadre del mundo. Porque este fabuloso progreso de la comunicación acontece cuando más debiera comunicarse sin que nadie predijera que de tan poca entidad.

Al imbécil digital importa mucho su número de seguidores. Ese numerito nunca se ve harto. Y cuantos más tiene, más quiere y más por encima observa a los que le quedan a la zaga. En esa fiesta de disfraces se invita y se ignora en forma de retuit. Y como en toda fiesta pagana arriba se hace por afinidad y abajo por interés, como si estos últimos pudieran sacar algún rédito del famoso al que persiguen dejando el mismo rastro que la babosa en la hierba.

Ese nuevo hombre sabe, también por defecto, lo que es un bolígrafo. Pero no usarlo. Y morirá sin escribir una sola carta. Porque el imbécil digital ni sabe escribir ni ser escrito. Y así tampoco hablar y ser hablado. Ese joven, por ejemplo, ese hijo de la era comunicante, anhela tomar algún día a una chica. Pero no ha llegado a decir algo, ni bonito ni feo, a una sola de ellas. Tal vez espere hacerlo algún día al través de la máquina.

El imbécil digital cree que las nuevas tecnologías le liberan del peso de la edad. Porque ahí dentro la experiencia, el conocimiento o la sabiduría es la jerarquía que menos importa. Le trae al pairo la madurez o la arruga. De hecho en tanto no digitales experimenta un intenso desdén hacia ellas. En esto se parece al imbécil analógico, el imbécil de siempre cuya necedad informa sin descanso todos los órdenes de la vida.

Sorprende que este nuevo imbécil no lo sea en su mayoría por constitución. Solo por esclavitud, que en el fondo él mismo se ha dado. Privarle de pronto de su vida aparatosa sería como hacerle caer de la cuna.

El imbécil digital cuenta entre sus mayores logros desmentir la pareja como último refugio.

No conviene confundir a este hombre que nada en la era digital, que en ella se pega refrescantes chapuzones, con el ahogado. Por eso, pese a insinuarse ya en buen número, este digital imbécil no es aún hombre de nuestro tiempo.

Solo se va echando encima.

 

66 comentarios

  1. Este artículo me recuerda a otra tipología muy extendida:
    El tontolaba ludita apocalíptico…

    • Me interesa el concepto “tontolaba ludita apocalíptico”, podrías explicarlo un poco?

  2. Qué gustazo el ser un imbécil analógico y digital a la vez, como esos peces a medio hacer, con pulmones y branquias.

  3. He sabido de la existencia de esta noticia a través de vuestra página de Facebook y la he leído en mi iPad, mientras en mi casa suena la música que proviene de un iPod. Un amigo me recomendó vuestra web en Twitter, cosa que yo también he hecho varias veces. Gracias por insultarme a mí y a mi colega con este artículo. Es justo lo que necesitamos, que nos vejen por leerles. Les va a volver a visitar su madre, que será analógica. Me imagino que ella disfrutará de sus textos tallados en piedra.

    • Hombre, es sólo la opinión de un columnista no de la revista.

      A mi no me ha gustado el artículo, mucho estereotipo y la impresión que se le queda a uno de que este hombre se toma a sí mismo demasiado en serio.

      Dicho lo cual, también es ciero que le he leído algunas cosas muy buenas sobre baloncesto aquí y en otros sitios (por ejemplo un gran artículo sobre el origen de las gafas de Kareem Abdul Jabar) y el artículo que hizo sobre el día del becario en el periódico digital me encantó.

  4. Pingback: El imbécil digital

  5. Partido irónico, gracias por hacer verdad una parte del artículo. Se agradecen ejemplos tan explícitos.

  6. Pues… ni sí ni no sino todo lo contrario. ¿Existe el imbécil digital? Sin duda. ¿Lo somos la mayoría de los que nos sumergimos en la tecnología? Lo dudo mucho.

    Probablemente el cambio de paradigma de analógico a digital produjo fenómenos parecidos a los descritos en sus inicios, antes de dominar el medio. A estas alturas la mayoría sabe, o eso creo, qué es la inmediatez en la información y las relaciones online y lo que conlleva, y se ha dado cuenta de que el análisis más profundo, ése que por un momento perdimos de vista, sigue siendo necesario.

    Es cuestión de medir los tiempos, separar el grano de la paja, no perder la perspectiva.

    En resumen, el artículo describe una parte de la realidad, pero pequeña.

  7. En mi opinión, comúnmente se olvida que para la inmensa mayoría de la población la obtención de información, el disfrute de productos culturales, etc. sólo son un medio para obtener un fin. Tenemos muchas horas ocupadas en actividades más básicas (trabajar, comer, dormir) y las pocas horas de las cuales disponemos queremos que sean útiles para poder interactuar con nuestros semejantes, así que buscamos las piezas que nos aseguren un mayor rendimiento por inversión.

    Este comportamiento es incompatible con la visión idílica del Periodismo o el Arte. En los medios tradicionales, los periodistas o los creadores de arte aún tenían algo la sartén por el mango, y podían decidir cómo el usuario iba a recibir su producto, pero ahora es el usuario quien dicta las normas del juego. El periodismo o el arte resultantes son una consecuencia de la optimización de la búsqueda de las necesidades del usuario común.

    No creo que el ciudadano común se haga más imbécil, siempre fue así, sólo ha encontrado una forma mejor de desarrollar la imbecilidad reprimida.

  8. Gracias Gonzalo. Durante mis vacaciones pensaba en esto mismo, mientras metía mi móvil en el último bolsillo y en silencio, abrazaba a mi hija y contemplaba la gente pasar a mi lado. “oler y ser olido, tocar y ser tocado, lamer y ser lamido, oír y ser oído, ver y ser visto” Y yo diría: amar y ser amado, con los cinco sentidos. Me gusta la gente tridimensional.

  9. Muy buena Gonzalo! Basicamente es lo mismo que dicen en Portlandia http://www.youtube.com/watch?v=7jT0JT3N47g
    Genial!

  10. No creo que todos los internautas, ni mucho menos, sean así, pero hay.
    Entrar en las webs de diarios deportivos, generales, blogs… y leer los comentarios, se te cae la cara de vergüenza. Sobretodo en los anónimos, a más anonimato mayores estupideces y sandeces, todo regado con insultos y ataques a la lengua.
    Las faltas de ortografía son directamente proporcionales a las imbecilidades que se leen.
    Creo que la mayoría de “imbéciles digitales” no se pasarán por esta página, los artículos son largos, densos y buenos, no entra en su descripción de literatura.

    • “Sobretodo” es incorrecto. Es sobre todo.

      • Cierto, “sobretodo” significa:
        1. m. Prenda de vestir ancha, larga y con mangas, en general más ligera que el gabán, que se lleva sobre el traje ordinario.
        2. m. Am. Abrigo o impermeable que se lleva sobre las demás prendas.
        Mea culpa y gracias por la corrección.

    • Totalmente de acuerdo. Entras a un diario deportivo con cierto prestigio (dado por este tipo de gente que comenta) y te encuentras cada patada al diccionario que se te cae la cara de vergüenza. No soy yo aquí un catedrático en filología hispánica, y por supuesto me equivoco como el que más, pero eso es un insulto al español.

      Por no hablar, claro, de las estúpidas discusiones que acaban en un acalorado enfrentamiento entre varias personas amparadas por el anonimato que no hacen más que ensuciar los artículos. Aunque, bueno, hay algunos que se salvan.

  11. Pingback: Imbécil el que no lo lea | Nevermind.Smile

  12. El idiota analógico…

    Existen personas, que, como antiguamente el “heavy” de rancio abolengo, denigran cualquier novedad catalogándola de comercial y pretenden refugiarse en los antiguos reductos de la antigua normalidad. Es el idiota analógico que, además, acercándolo a un teclado se convierte en un troll con vocación.

    El idiota analógico prefiere esnifar el papel de los libros acumulados por toneladas en las estanterías de los demás, o escondidos en rincones de su cubículo, donde nunca los abrirá. El idiota analógico se rie de todo aquel que encuentra con un movil o comprando por internet, esas cosas no son para él, es preferible hablar a gritos por las esquinas, burlarse de aquellos que usan tarjeta de crédito y buscar el acodado de la barra del bar para libar sus cervezas añejas.

    El idiota analógico sabe en su fuero interno que esta impostura es perjudicial, pero se empeña en su actitud, como el heavy que solo se corta el pelo cuando ya no le queda otra, intentando convencer a otros que su idiotez es mucho mejor que la de los demás, y mientras los otros lo miran como un especimen del pasado, en extinción, intentan no contrariarle y le ríen las gracias, escondiendo sus móviles y diciendo que ellos pasan mucho tiempo en el campo… Pero es mentira.

    El idiota analógico es un idiota digital sin medios, venido a menos y que terminará cayendo por los mismos sitios que dice detestar, pero lo hará a su modo, cuando quiera, y siempre, claro, menospreciando a los idiotas de enfrente….

  13. Realmente no me ha gustado mucho el artículo; podría haberlo escrito en papel y enviado a periódicos ( sin formato digital),por ejemplo y no usar este mundo donde,por otra parte,seguro que lo leerán más “imbéciles digitales” que ¿¿”listos analógicos”?? Y, otra cosa, que revise la acentuación de las palabras y la sintaxis

  14. Este tipo me parece un “sobrao”….tiene la suerte que los demás no le aplicamos su propio rasero..por educación

  15. ¿Creéis que el autor es imbécil y que no escribe para un medio digital? Poned un poco de atención en lo que leéis, hombre, antes de enrabietaros

  16. Recomiendo a los imbeciles digitales que no han sido capaces de leer el articulo entero que al menos se lean las ultimas 4 lineas y quiza ya no noten esa ofensa y esa punzada en su corazoncito animal y caduco.

    No os costara demasiado, deben ocupar unos 140 caracteres ;)

    • Es que es lo que dice el autor, son como el “maníaco instantáneo al que un vídeo de cinco minutos se le hace largo” Pues lo mismo con el texto, que ni se lo terminan.

  17. Enorme artículo que nadie parece haber entendido. No se está criticando a cualquiera que utilice internet sino a esas personas que tienen más vida “virtual” que “real”, constantemente pendientes del móvil para actualizar sus redes sociales. Es decir, gente que más que aprovecharse de las ventajas de la tecnología, es esclava de ellas. Gente que, por lo general, con las redes sociales ha encontrado al fin la manera de dar rienda suelta a su vanidad. Gente pesada con la que no puedes hablar diez minutos seguidos sin que le suene el móvil, y no sólo por trabajo.

    En fin, en esto consiste el plan, en adormecer a la gente todo lo posible y que no piense, que no se haga preguntas, que sólo use su cerebro para actualizar su Twitter con chorradas.

    Bueno, esto es lo que he entendido yo del artículo así que no entiendo que haya tantos comentarios de lectores molestos, salvo que se estén dando por aludidos, claro.

  18. Creo que muchos no han entendido lo que Gonzalo quiere decir, y mira que no es tan dificil.

    • Yo lo que no entiendo es por qué se pasa el artículo hablando del imbécil digital y luego no nos dice quién es.

  19. Leo comentarios sobre el artículo de gente irritada que se da por aludida, y a la vez algunos contraargumentos.
    Yo creo que la imbecilidad es inherente a una buena parte de los humanos.
    Marshall McLuhan en su libro “Divirtámonos hasta morir” loa a las sociedades pre-televisivas per la mayor profundidad de las argumentaciones.
    Sin embargo, yo creo que hasta hace cuatro días el analfabetismo (ha habido muchos analfabetos razonables e inteligentes) era generalizado, y la gente llamada “letrada” podía llegar a ser muy imbécil.
    El autor que menciono afirma que cuando se cableó una conexión telegráfica entre Ohio y Texas, alguien preguntó: ¿Realmente tendran algo que decirse Ohio y Texas?
    La imbecilidad y el conocimiento adquieren nuevas formas con los medios tecnológicos que aparecen y que, a pesar de que se espera substituyan les anteriores medios, acaban solapándose y siendo una opción más.
    Aquí creo que se encuentra el quid del artículo. Puede ser muy sano usar un nick, chatear e intercambiar banalidades, e incluso ser superficial i/o imbécil. Puede ser sano si realmente es una opción que se escoge entre otras. Si no hubiera superficialidad, ¿qué sería de los chistes cortos, los chimes y las chorradas que pueden alegrar muchos momentos?
    Per último, si interpreto bien al articulista, parece que para algunos humanos el ciberespacio y, en concreto, los medios de comunicación simples y superficiales, pueden acabar invadiéndolo todo. Es decir, el cibermundo para algunas personas no se solapa a los otros medios sino que por primera vez en la historia los suplanta a todos. Veremos.

  20. Edito sobre el anterior mensaje: el libro al que hago referencia es de Neil Postman, no de Marshall McLuhan.

  21. Cualquier escrito que este bañado de generalizaciones y sometido a una dialéctica elitista como lo está este, siempre será un artículo carente de profundidad crítica como para embarcarse a un artículo de este tamaño estudio como es la generación actual.

    Es evidente que no está generalizando a todos los usuarios de internet, por la impronta lógica que supone haberlo escrito para un medio digital y es evidente que el propio autor conoce internet. Todos los que se indignan leyendo este artículo forman parte, quieran o no, de lo que este artículo titula.

    Pero no, la empresa a la que el autor se refiere (el estudio de una parte de la sociedad actua) es mucho más profundo que cuatro generalidades sumergidas en clichés en una diléctica de opuestos. La superioridad moral establecida en escrito como este son el tipo de pensamiento que hacen daño al pensamiento y a la sociedad general. Más incluso, que los imbéciles digitales, que evidentemente, existen y el autor acierta en ello.

  22. Un ruego: ampliar el tamaño de letra, que al imprimir las páginas esto es un dolor… Y enhorabuena por la güeb!!!

  23. Una forma más elaborada de decir “Sólo mi forma de usar la tecnología es la correcta, todos los demás son imbéciles”.

    Siempre me ha parecido particularmente absurda la idea de que internet nos quita tiempo para relacionarnos o ligar, cuando precisamente lo que facilita es conocer gente con la que salir de fiesta o follar. A mí me ha sido enormemente útil en ese aspecto.

  24. Black Mirror.

    Es nuestra evolución por lo que parece. Me ha recordado al Líder de V de Vendetta…y a mí. Los mejores días son malos días.

  25. Desde luego hay opiniones de todo tipo y todas son igual de respetables, se supone. Pero visto lo visto, y bastante enlazado con el artículo, la presunta “libertad de expresión” que se ofrece a los usuarios con estos comentarios es a partes iguales enriquecedora y perjudicial. No estaría mal que este fuese un recurso para los que realmente sienten la necesidad de decir algo, con un mínimo de capacidad crítica, y no un acto automático por ver una casilla rellenable.
    Respecto al texto y al autor, como siempre, de quitarse el sombrero.

  26. ¿Como leer el articulo y no sentirse un poco “imbecil digital”? en parte o en totalidad encaja con la gran mayoria del mundo “occidentalizado”. Todos somos un poco imbeciles (tanto analogicos, digitales como a secas) lo importante es el grado. ¿Donde esta el limite a partir del cual la dependencia/uso de todas las opciones que se nos presentan es excesivo? ¿cual es el punto de equilibrio en la actitud frente a ello?. Ni idea. Es posible que llegue un momento que el mundo digital y de las relaciones electronicas sea la manera “normal” y rechazarlo sea una manera de autoaislarse. Al final lo que nos queda es intentar ser lo mas justos con nosotros mismos y saber valorar cada cosa en su justa medida. Al fin y al cabo esa es la vida, no?

  27. Un imbécil siempre será un imbécil, con una blackberry o con un tam-tam. Y un pedante listillo, también.

  28. Bravo por la buena intención desmitificadora. Lástima que le falte sutileza y parezca como de rencoroso que no tiene muchos amigos en el facebook.
    Seguramente el autor si sabe, al contrario que los otros, lo que es una biblioteca e incluso ha leído mucho.
    Pero le pasa como a mí: que no lo ha sabido aprovechar.

  29. Fantástico, Gonzalo.

    Como ha comentado Brancaleona ahí arriba… El que no quiera entender que no entienda.

  30. ¿De verdad es posible no ver que el señor Vázquez no está acusando a todo el mundo de ser un imbécil digital? Si el artículo comienza con “Érase una vez UN hombre”.
    Tantos comentarios ofendidos me parecen ejemplos de esa frase infantil de “las verdades ofenden”.

  31. Alucino con algunos comentarios, el nivel de comprensión lectora de algunos desde luego que es propio del de un imbécil digital.

    Genial Gonzalo, como siempre.

  32. La historia demuestra que el hombre rechaza la evolución. Tan difícil es abrir la mente de un hombre como las piernas de una tía del Opus.

    El texto es volátil, se deshace al paso de las líneas. Mi impresión es que está escrito por escribir algo, no hay pleno convencimiento sobre las palabras reflejadas. Cuando un escritor escribe por escribir se nota, y usted lo sabe.

  33. Un imbécil es un imbécil digitalmente, analógicamente, en Cuenca o en Sebastopol… lo apasionante de los nuevos imbéciles es que no sólo no se tapan sino que alardean constantemente en todos sus soportes para confirmar, posteriormente, que en la vida real también son imbéciles.

  34. voy a proceder a twittear su blog, pasarlo por el facebook y whastapearselo a algun amigo y ya puestos hacer un poco de SPAM perdon de publicidad de mi blog
    http://www.cosasdejordi.com
    Pd.: Le felicito, ha conseguido levantar ampollas en mas de uno, y eso sea uno digital o analogico tiene su merito

  35. No hay nada como el amor, ninguna máquina lo reemplaza…lo demás son entremeses, que uno va degustando para llegar al…amor en todo sentido

  36. Algunos deberían aprender a analizar textos y comprender lo que leen, eso se da en Bachillerato…
    Alucino con algunos comentarios.

  37. Pingback: locos por..o imbeciles de..? « cosasdejordi

  38. Magnífico texto, solo puede ofender al imbécil; la verdad solo hiere a los ignorantes más ignorantes: Los adictos a su propia ignorancia de lo que realmente importa, LA VERDAD.

  39. Todo esto ara decirnos que no te gusta que se metan con Lebrón?

  40. ¿Un imbécil digital llamando imbécil digital a otros imbéciles digitales que escriben comentarios en el mismo sitio donde les están llamándole imbéciles?.¿O es que sois la excepción del imbécil digital? Pa mear y no echar ni chorro.Vaya papillota.

  41. El tema del artículo es muy interesante; pero creo que le falta equilibrio. Si uno escribe de locos, estando en un manicomio, o de “putañeros”,estando en un burdel, hay que poner más cuidado en ver el tema desde más de un ángulo. De lo contrario, los demás pueden pensar que uno es un “sobrao” que está por encima del bien y del mal, o un hipócrita de la variante más farisaica.
    Naturalmente, quiero pensar que el autor no pretende tachar de imbécil a todo el que “pierde” tiempo en Internet, incluso leyendo, y comentando su blog.
    Lo contrario sería tanto como auto llamarse imbécil al tiempo que espantar al potencial visitante. Veo muchos excelentes y agudos comentarios (los leí todos, como siempre) y coincido con los que ponen al imbécil analógico como evidente paralelo. ¿O es que la irracional adicción a hábitos y costumbres variopintas sólo ocurren el espacio-tiempo digital? JOSÉ A. ESPINOSA ha puesto buenos ejemplos. ALCAUDÓN toca un punto interesante: el prurito de los periodistas profesionales. Creo que, de pontificar toda una vida sin réplica, se han visto de repente rodeados, ¡rodeados!, de apostillas, contra argumentos, etc., que cuestionan la tesis de una columna o artículo. O no.
    También es verdad la proliferación de los TROLLS, esa hierba mala que crece junto a hierbas sanas, altas medias o bajas. Pero con la excusa anti-TROLL se cuelan esos pruritos inconfesables. He leído bastantes opiniones o impresiones de periodistas sobre este asunto y todos traslucen –más allá de los argumentos racionales explícitos- ese recelo ambiguo de “amor/odio”, más o menos solapado, hacia los cibernautas de ir por libre. “Dejad que los TROLLS se acerquen a mí…”, decía, entre irónico y sincero, el autor de cierto blog.
    Y todo esto no quita razón, sino que intenta añadir razones a las verdades del artículo. Saludos a todos.

  42. Interesante artículo, como siempre, G. A los de la comprensión lectora, Gonzalo se incluye entre los imbéciles. No es tan difícil darse cuenta. Basta con leer con atención en vez de hacerlo con mala baba.

    Sobre la inquietante realidad que empezamos a vivir, yo incluido, no puedo negarlo, una reflexión:

    ¿Es posible un futuro en el que nos convirtamos todos en seres virtuales? Tipo matrix, pero a plena consciencia. Seres reales unidos a un soporte vital que les mantiene con vida mientras sus mentes viven en un mundo ideal en el que todos los deseos se cumplen. Igual está más cerca de lo que podamos siquiera soñar.

    Un saludo majo, espero que la adaptación sea llevadera. :-)

  43. Pingback: Cuidado con las maquinitas « EL OPIO DEL PUEBLO

  44. La verdad no entiendo a qué se debe tanta molestia frente al artículo. Hace el retrato de un “imbécil digital” de acuerdo a la mirada del autor, con la que podemos estar o no de acuerdo, pero no creo que sea una referencia a personas que usan el internet (que somos todas las que estamos aquí), sino a las que han cortado sus relaciones personales en aras de las digitales.
    Si alguien se siente reflejado probablemente debería preguntarse a si mismo el por qué.

  45. Extraordinario, Gonzalo, extraordinario. Gracias a @Jurdan por enlazarte/me y saber que los dos/tres pensamos exactamente lo mismo.

  46. Menos lobos Gonzalo, menos lobos.

  47. Brillante, Gonzalo, te ha quedado un poco, como diría yo, un poco “reverte”, pero brillante al fin y al cabo. Y veo que ha provocado escozores en más de alguno, eso es francamente bueno. Yo iría incluso aún más lejos, soy así de pesimista, y como Rick Grimes cuando exclama eso de “¡Nosotros somos los muertos vivientes!”, mucho me temo que los imbéciles digitales somos todos ya, nos han atrapado bien con todo esto… lo curioso es que finalmente todas esas profecías orwellianas se han acabado cumpliendo y lo hemos aceptado, hemos vendido gustosamente nuestra libertad, privacidad, individualidad, etc… todo ello por el placer de bajarnos una película por la jeta y no pasar por esos antiguos locales… como se llamaban… sí, salas de cine… recuerdo que antaño se llenaban de risas, lágrimas, y demás “items” de los humanos cuando eran tales. Saludos maestro.

  48. Con todos mis respetos, el comentario de arriba, firmado por “El Tirador Melancólico”, es una sarta de despropósitos.

    ¿Profecías Orwelianas? Ahora somos mucho más libres, pues tenemos a nuestra disposición una infinidad más de medios para acercarnos al conocimiento, que eso sí nos vuelve un rato libres. ¿Y qué dice exactamente de la individualidad? Pero si precisamente Internet ha propiciado que lo antaño conocido como “masa” esté desapareciendo en favor de las personas y sus propias voces. Creo que es todo tan evidente que no hace falta explicarlo. Y respecto a la privacidad, usted sabrá lo que publica en Internet. Yo, desde luego, lo tengo claro y mi Idaho privado sigue intacto.

    Pero lo que me parece el colmo es lo de las salas de cine. Vaya por delante que siempre que puedo las frecuento y que comparto esa nostalgia romántica por las luces que se apagan frente un montón de desconocidos que se reúnen para sentir y bla, bla, bla. Pero, ¿me quiere decir qué problema encuentra en que yo ahora suelte la lagrimita delante de mi iPhone? Sí, amigo, es posible. Y reírse también. Quizá no tenga el encanto de las salas de cine, pero las ferias de monstruos también eran encantadoras y mire, el tiempo las devoró y las excretó y aquí no ha pasado nada.

    En fin, no puedo con este tipo de argumentos, que vienen a coincidir con los del articulista. ¿Saben? Twitter es mágico. Sí, sí. Tan mágico como lo puede ser cualquier libro, si es que se molestan en seguir a las personas adecuadas y comprender el medio. Google le da mil vueltas a cualquier archivo en cuanto a su capacidad para organizar y suministrar información. Facebook es lo mejor que le ha podido pasar a la democracia y así podría seguir, ¿pero para qué?

    Ustedes sigan con esa mentalidad libresca, me los imagino con el pitillo colgando en la boca y la prensa enrollada bajo el brazo, atravesando el Pont des Arts y fijándose en esos pequeños detalles, esas miradas, esos gestos sutiles que al parecer los demás no podemos percibir porque nos hemos vuelto subnormales.

    Pues muy bien. Diviértanse. Y gracias por publicar sus opiniones en Internet y no en la Enciclopedia Británica (edición en piel) en la que seguro, seguro que tendrían tanta cabida como aquí.

    Saludos de un imbécil más.

  49. ¡Un saludo, don José Miguel!, ¿por dónde cae Pont des Arts, a todo esto?

  50. Lo que es curioso, amigo José Miguel, es que con sólo hacer un “click” y poco menos de un minuto he descubierto su nombre, profesión, familia, etc, etc… vamos a dejarlo ahí, sin duda (y usted sabrá la razón), usted quiere que todo el mundo lo sepa, o sea que si usted es feliz y si realmente cree que hoy somos más libres que nunca, aquí Paz Vega y después Gloria Jones…

  51. Pingback: Leticia Prados (jaris) | Pearltrees

  52. Érase un hombre ahogado en lugares comunes. Incoherente por cohecho, presente en medios que critica. Érase el mismo hombre que cuando se inventó el teléfono chillaba que nunca volveríamos a hablar en persona, que cuando se inventó la televisión gritó que desaparecería la radio, que cuando salió la imprenta aulló que no volveríamos a escribir a mano. El mismo hombre de siempre, con aires de estar en contra. Érase un hombre en contra de la ciencia, del progreso, érase un hombre cavernícola mirando las sombras tras la hoguera emboscado en el mito eterno.

  53. después de leer este articulo , escribí lo siguiente; EL INTELIGENTE HOMBRE DIGITAL .

    http://www.quieroquemeleas.com/escritos/113077/el-inteligente-hombre-digital

  54. Estupendo, Gonzalo. Estoy de acuerdo. Fatalista? Radical? Pues sí, por supuesto que sí. Tanta tibieza y tanta leche, ya. Tanta memez pixelada y virtual. Salid a la calle de una puta vez!! y mirda lo que está pasando en las calles, o más bien lo que no pasa… que ya muchos se creen que la vida sucede en Facebook y que desde ahí se cambia el mundo. A tomar por el culo, panda de moñas

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