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Ayrton Senna y Érik Comas, una relación marcada por dos accidentes

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El uno de mayo se cumplieron dieciocho años del fallecimiento de Ayrton Senna. Su figura trascendió las fronteras del automovilismo para convertirlo en una personalidad global. Conflictivo, místico y genial, tuvo a Brasil entero a sus pies. También al mundo del motor. Queremos rendirle un humilde homenaje recordando su figura y la de otras dos personas. Gran piloto, aunque no tan recordado, es Érik Comas, un hombre marcado a fuego por dos accidentes, ambos de los cuales incluyeron a Senna. El segundo hombre es el médico que los atendió a ambos, el doctor Sid Watkins, neurocirujano inglés, delegado médico en pista de la Formula 1 durante veintiséis años y amigo personal de Senna.

Alain Prost: “Senna tiene un pequeño problema y es que cree que no se puede matar, porque cree en Dios y ese tipo de cosas”.

Ayrton Senna: “Por creer en Dios y tener fe en Dios no significa que me crea inmortal o que me considere invulnerable, como se ha estado divulgando. Tengo tanto miedo como cualquier otra persona de hacerme daño, especialmente siendo un piloto de Formula 1. Es un peligro constante”.

28 de agosto de 1992, sesión de calificación, circuito de Spa-Francorchamps, Bélgica

Senna, socorriendo a Comas tras su accidente.

Era el segundo año de Érik Comas en Formula 1, un prometedor piloto francés que si bien había empezado tarde su andadura en la competición, había quemado etapas ganando primero la Formula 3 francesa y posteriormente la Formula 3000, ganándose así un asiento para Ligier en 1991, ya con 27 años, con los que seguiría corriendo el año siguiente.

Ayrton Senna llegó a la Formula 1 en 1984. Ocho años después y ya tricampeón, era uno de los personajes más influyentes del deporte mundial. En 1992 defendía título, pero nada podía hacer su McLaren frente al genial Williams, un coche avanzado a su tiempo gracias a toda una revolución electrónica de creación propia, siendo el aspecto más visible la suspensión activa. De las once carreras anteriores a Spa ese año, Nigel Mansell había ganado ocho con su Williams. Las restantes tres las había ganado Senna con un coche de otra generación.

Viernes por la mañana, sesión de calificación. Érik Comas está en su vuelta lanzada. Al llegar a Blanchimont, una rápida curva de izquierdas, pierde el control del monoplaza a unos 290 kilómetros por hora. El coche vuela sobre la breve escapatoria y golpea secamente contra la barrera. En el momento del impacto, la rueda delantera derecha se suelta, golpeando el casco de Érik y dejándolo inmediatamente inconsciente. Debido a la fuerza del impacto, el coche sale despedido de nuevo hacia la pista. Quiere la fatalidad que el pie de Comas se haya quedado apretando el acelerador a fondo. Con la temperatura del motor subiendo implacable al no recibir entrada de aire alguna, es cuestión de tiempo que el coche prenda fuego con su inmóvil piloto aún dentro.

El primer piloto en llegar es Ayrton Senna, que al pasar por su lado enseguida oye el motor del Ligier rugiendo a siete u ocho mil revoluciones por minuto. Sin perder un segundo, detiene su coche en plena pista, se quita el cinturón, baja del vehículo y corre hacia el Ligier de Comas, donde lo primero que hace es apagar el motor para así evitar que éste ocasione algún incendio. Posteriormente, le sostiene la cabeza hasta que llega la asistencia médica. Senna es el único piloto que se detiene para socorrer al francés.

El doctor Watkins era ya por entonces amigo de Ayrton, y el brasileño había mostrado interés previamente en saber qué hacer en caso de accidente. El doctor le dio unas nociones básicas, y lo recuerda así: “Cuando llegué, Senna estaba de rodillas sostendiendo a cabeza de Comas, de forma correcta, debo añadir. Mientras nos hacíamos cargo, Ayrton me dijo: ‘Me he asegurado de que su respiración estuviera bien, y le he dicho al comisario que no le quite el casco para que tú pudieras examinar los daños’. Era un buen alumno.”

Érik Comas: “Es muy posible que Ayrton me salvara la vida en ese momento“.

1 de mayo de 1994, día de carrera, circuito de Imola, San Marino

Sid Watkins: “Fue un fin de semana fuera de lo normal, en Imola, en 1994. Aparte de lo que les sucedió a los pilotos, hubo mecánicos heridos en el pit lane, personas heridas entre el público… si no recuerdo mal, hubo en total 21 personas heridas”.

Dos años después del suceso, Comas había cambiado Ligier por Larrousse, otra escudería francesa de parrilla media-baja. Imola era la tercera carrera del año y en la anterior, en el Gran Premio del Pacífico, Comas logró llevar su coche hasta la sexta posición consiguiendo un precioso punto. En Imola, sin embargo, partía desde una poco prometedora décimo octava posición, esperando poco de la carrera.

Ayrton había abandonado McLaren el año anterior para pasar a Williams. Tras dos años de superioridad aplastante de la escudería inglesa, en los cuales primero Mansell y después Alain Prost habían ganado con la comodidad que les aportaba un coche superior al resto, Senna consiguió un contrato con ellos. La rivalidad entre Prost y el brasileño era tal que el primero había incluido una cláusula en su contrato según la cual Williams no podía contratar en modo alguno a Senna como piloto mientras él estuviera en el equipo. Sin embargo, esta cláusula sólo tenía vigencia para 1993, de modo que al año siguiente Williams de alguna manera forzó la marcha del profesor contratando al alumno rebelde.

Siendo Senna el mejor piloto y yendo a la mejor escudería, parecía que tenían ambos terreno llano por delante hasta el cuarto título mundial. Sin embargo, la FIA prohibió las ayudas electrónicas, el puntal de la velocidad del Williams, eliminando cualquier superioridad en lo respectivo al coche. De hecho, éste fue peor de lo esperado. Altamente inestable, pasaba del sobreviraje al subviraje sin motivo aparente. A una sola vuelta, Senna podía imponer su genialidad, como demostró el hecho de que consiguiera tres pole positions en las tres calificaciones que pudo completar ese año. Sin embargo, no logró terminar ninguna de esas tres carreras.

Durante el Gran Premio de San Marino, Ayrton nunca se sintió bien. No se le vio sonreír en todo el fin de semana y tenía un permanente aspecto preocupado impropio de él. Todo empeoró ya el viernes, en la primera de las sesiones de calificación, cuando Rubens Barrichello se salió de la pista en Variante Bassa a más de 200 kilómetros por hora. El coche despegó y se estrelló contra las vallas al límite de la barrera de neumáticos. Rubens perdió el conocimiento y su coche dio varias vueltas de campana. Senna se preocupó mucho por su amigo y compatriota y fue a verlo personalmente para comprobar su estado. Afortunadamente, Barrichello salió bien parado al tener solamente la nariz rota y un brazo lastimado y si bien no pudo volver a correr ese fin de semana, no hubo mayores consecuencias. Como posteriormente afirmaría Damon Hill —compañero de equipo de Ayrton Senna por entonces—: “Le restamos importancia y seguimos con la calificación, seguros de que nuestros coches eran fuertes como tanques y que podíamos llevarnos un susto pero no hacernos daño”.

Desgraciadamente, no era así. Al día siguiente, en la segunda calificación, el joven austríaco Roland Ratzenberger, recién llegado a la Formula 1 ese mismo año, colisionó brutalmente contra la barrera en la curva Villeneuve a unos 300 kilómetros por hora al no poder controlar el coche tras una rotura del alerón delantero. Nada más verlo por las pantallas, Senna salió del garaje y le pidió a un comisario que lo llevara hasta el lugar en el que atendían al jovencísimo piloto. Cuando llegó y vio la magnitud del accidente, rompió a llorar. Se llevaron el cuerpo de Ratzenberger y ya desde el hospital anunciaron que Roland había muerto como consecuencia de las lesiones sufridas en el accidente. La noticia cayó como una losa sobre Imola. Era la primera muerte en un Gran Premio de Formula 1 en doce años, desde que Riccardo Paletti falleciera en Canadá en 1982. Sid Watkins lo recuerda así:

“Para la mayoría de los pilotos, por supuesto, fue la primera vez que tuvieron que afrontar una situación así. Incluso teniendo eso en cuenta, la reacción de Ayrton me pareció anormal [cuando se confirmó la muerte, Senna echó a llorar al hombro del doctor, NdR]. Le dije que no tenía por qué correr al día siguiente, y que debería plantearse seriamente volver a pilotar en carreras jamás. Pensó un buen rato antes de responder. Un minuto, o más. Siempre hacía eso; si le preguntabas algo difícil, respondía con un largo silencio. No contestaba algo rápidamente de lo que luego pudiera arrepentirse. Al final dijo que en realidad no podía dejar de correr. No hubo ninguna explicación adicional, pero creo que en ese momento se sentía atrapado por cada uno de los aspectos de su vida. Sinceramente creo que le hubiera gustado echarse atrás; ésa es la impresión que me da”.

De algún modo, siguió adelante. Todo y todos siguieron adelante, forzando un Gran Premio que parecía querer hacer todo lo posible por no continuar. Un sombrío Senna, poseedor de la pole, tomó su posición en la parrilla. Las últimas imágenes de él nos muestran a un Senna de aspecto enfermizo, demasiado taciturno, demasiado callado y como si de algún modo presintiera lo que iba a suceder.

“Cuando soltaron los coches”, recuerda el doctor Watkins, “Ayrton pasó al lado de mi coche médico (aparcado en la chicane, antes del pit lane) cagando leches. No soy dado a las premoniciones pero cuando me pasó le dije a Mario Casoni, mi conductor: ‘Tengo la sensación de que va a haber un accidente jodidamente horrible’… nunca tuve una premonición antes, ni he vuelto a tener una desde entonces. Normalmente soy inútil prediciendo nada. Pero cuando recibimos el mensaje de que había bandera roja [la señal de que se anula la carrera, NdR], de algún modo supe que era Senna”.

En el momento de la salida, el finlandés Lehto caló su Benetton en plena parrilla. Pedro Lamy, que arrancaba de varias posiciones más atrás, vio el Benetton cuando ya era demasiado tarde como para evitarlo y colisionó con él. Su coche pasó por encima del del finlandés y varias piezas saltaron como resultado de la colisión, yendo a parar al público e hiriendo a varios espectadores. Salió el coche de seguridad y todos menos Lehto y Lamy rodaron tras él hasta que retiraron los restos del accidente en la recta de meta. La carrera se relanzó y, dos vueltas después, Ayrton, aún líder, perdía el control del coche en Tamburello a más de 300 kms/h. Chocó casi frontalmente contra la barrera de protección y una barra de la suspensión salió despedida golpeando su casco, otro fragmento de la suspensión atravesó su visera penetrando justo encima de su ojo derecho y la violencia del choque le causó varias fracturas craneales. Lo que quedaba del coche salió despedido quedando en mitad de la escapatoria, rodeado de una nube de polvo, el casco amarillo inerte y caído a un lado. El corazón de un país entero se paralizó y la carrera lo haría 69 segundos después del accidente. Los comisarios rodeaban el coche sin saber qué hacer, mientras la asistencia médica tardaba una infinidad en llegar. Unas imágenes dieron un soplo de cruel esperanza al mostrar cómo Senna movía ligeramente la cabeza. Cuando por fin llegó la asistencia, la conexión desde el helicóptero nos mostraba a un Senna tumbado en el suelo, inmóvil, rodeado de personas la mayoría de las cuales no sabía qué hacer, y la existencia de varios charcos de sangre empezaron a hacer temer lo peor.

Por un error de comunicación, en Larrousse creyeron que se relanzaba la carrera pese a estar todavía atendiendo a Senna, de hecho el helicóptero de emergencia estaba aparcado en medio de la pista. Un piloto subió a su coche y salió a la pista. Dio la casualidad de que ese mismo piloto fuera Érik Comas, al que Senna salvó de una muerte casi segura menos de dos años atrás. Obligado a parar por los comisarios al poco de salir del pit lane, detuvo su coche cerca del helicóptero, bajó y se quedó paralizado a unos metros del cuerpo inerte de su amigo. Comas no pudo hablar del suceso hasta pasados más de diez años, de hecho sigue visiblemente violentado al tratar el tema, como refleja su discurso, que se vuelve entrecortado y nervioso: “Comprendí al llegar… recibí una sensación de… cómo decir… Ayrton era una persona que de algún modo irradiaba algo, y se sintió como si una bomba atómica hubiera estallado en Tamburello. Había verdaderamente una atmósfera muy pesada flotando en la zona y aun sin saber los detalles, supe que era algo muy malo. Me quedé paralizado, porque me encontraba ahí, al lado del hombre que me había salvado la vida dos años antes, y no poder hacer nada por él era algo que me hacía sentir terriblemente mal, porque me salvó la vida pero yo llegué demasiado tarde. No soy un doctor y en cualquier caso él estaba en peores condiciones de lo que estaba yo, su accidente fue distinto del mío, pero encontrarme cerca suyo en ese momento, sintiéndome tan impotente… fue una experiencia tan horrible que pasados diez años a duras penas empiezo a poder hablar de ello. Es algo que enterré dentro de mí durante mucho tiempo”.

Sid Watkins: “Y entonces Ayrton suspiró, y su cuerpo su relajó. Y ése fue el momento —y no soy un hombre religioso— en el que pensé que su espíritu partía”.

Érik Comas condujo su coche de vuelta al garaje y no volvió a la carrera. Al final de esa temporada abandonaría la Formula 1 para no volver.

En el hospital, las enfermeras encontraron entre los efectos personales de Senna una bandera austriaca doblada en uno de los bolsillos de su traje. Ayrton quería entonces haber dedicado su potencial victoria a la memoria de Roland Ratzenberger.

Senna no fue sólo el mejor piloto de todos los tiempos, si no que fue además el piloto con mayor aura de todos los tiempos. Su personalidad desprendía un magnetismo al que muchos sucumbieron, y su forma de entender tanto la competición como la vida lo llevaría a cuestionarse los fundamentos mismos del ser humano, de su razón de ser, y nos hizo partícipes de sus reflexiones. Jamás un piloto ha tenido tanto de místico. Jamás un piloto ha sido tan querido, admirado y respetado. Jamás ha habido un día tan trágico en la historia del automovilismo como el uno de mayo de 1994.

Sid Watkins: “Sigo pensando mucho sobre Ayrton. Sueño mucho con él. Es uno de los problemas de envejecer, ya sabes; sueñas más. Hay dos o tres personas en mi vida que me han afectado profundamente: mi padre, el neurocirujano en Oxford del que aprendí, y Senna, y sueño con ellos constantemente. Y es algo que detesto, porque ahí están vivos y bien, y entonces te despiertas, y tienes que afrontar de nuevo que se han ido. Mi relación con Ayrton era de lejos la más cercana que jamás haya tenido con cualquier otro hombre. Era un tipo excepcional en realidad, ¿verdad?”

21 comentarios

  • Felicidades por el artículo. Muy acertado; redacción impecable.

    Un pequeño detalle: Ratzenberger –como bien apuntáis en el tema de la bandera– era austríaco, no alemán.

    • Un error tonto por mi parte, ya corregido muy diligentemente por los que mueven los hilos de la web. Muchas gracias, Narcís.

  • Simplemente el mejor piloto de F1 de todos los tiempos. Enhorabuena por el articulo.

  • Gran artículo. Felicidades. Piel de gallina.

  • Magnífico. El propio Érik Comas lo reconoce en éste vídeo:

    http://www.youtube.com/watch?v=dUyXHG55xQ8&feature=related

  • Yo siempre he pensado que Prost era de lejos mejor piloto, pero es cierto que Senna tenia un magnetismo que no ha tenido ningun otro piloto… tal vez solo Villeneuve…
    Es una lastima su muerte, pero ese año nadie hubiera parado a Schumacher.

  • Emocionante. Recuerdo aquel domingo comiendo con mis padres en casa. La carrera la daban en la 2 de TVE creo. Recuerdo las dos salidas, el accidente, los planos aéreos, la angustia fruto de las especulaciones. La muerte en directo. Esa cabeza ladeada y caída que se cita, convertida en el símbolo del incidente. La del hombre entregado. Murió para que los responsables del asunto razonaran sobre la potencia (desmedida) y la seguridad (ineficiente).

  • Muy buen articulo, enhorabuena.

    Un pequeño detalle a corregir: mencionas un par de veces que Ratzenberger era un piloto muy joven y, aunque debutaba ese año en la F1 en realidad tenia 33 años.

    un saludo

  • El año pasado se estrenó en cine el documental “Senna”. Muy recomendable para los aficionados de la F1 y los admiradores de Senna. Su rivalidad con Prost y sus problemas con el director de la FIA Jean Marie Balestre, francés se reflejan muy bien.
    Da idea de la dimensión que tuvo el piloto brasileño. No os lo perdáis.
    Saludos.

  • Interesante y buen articulo. Pero se nos olvida que todo piloto al subirse a un auto de carreras es consciente del riego que asume. Cuando un piloto empieza a tener dudas de lo que hace, simplemente deja de ser competitivo y es cuando debe dejarle su lugar a nuevos pilotos. Posiblemente Senna fallo ahi.

    Tuve la oportunidad de ver correr varias veces a Ayrton Senna, y desafortunadamente no comparto las opiniones de la mayoria. Si, fue un muy buen piloto, pero nada mas. Un piloto que sufre un trompo, se baja de su auto y golpea a los oficiales de pista y maldice al publico (Mexico 1986) no puede ser considerado el mejor piloto de la historia.

    • Nadie, repito, nadie, ha sido capaz aún, hoy en día, ni lo fue antes, de hacer lo que hizo Ayrton.
      Desde el año del debut con Toleman (1984), con un segundo puesto y dos terceros con un coche que hoy en día podría compararse a un Caterham; los tres años con Lotus (dos veces cuarto y una tercero en el Campeonato); y los tres campeonatos con McLaren (debieron ser cuatro). Incluso la lucha desigual con los Williams de 1992 y 1993, a los que consiguió hacer sombra y ganar en muchas carreras, con momentos de absoluta genialidad, como la victoria en Brasil o Donington’93.
      Deportivamente hablando, creo que nos encontramos con un auténtico genio. No tuvo la oportunidad de establecer récords (salvo las poles, dificilísimo de superar) debido a la gran competitividad e igualdad de la categoría en aquellos años, y la exigencia de coches, en muchos casos, superiores al suyo.
      Pero por maneras, conducción, talento, agresividad, rapidez, constancia y genialidad, es, ha sido y será durante muchísimos años, el mejor. Con diferencia.

      P.D.: si no manejo datos erróneos, en México’86, con Lotus, hace la pole y queda tercero en carrera…
      Soy un profundo conocedor de la trayectoria de Senna, y no tengo noticia hasta hoy de dicho incidente.

    • Al hilo, además, de lo que escribes en el primer párrafo, debo también contestarte.
      Si ha habido en la historia (junto con Villeneuve, Clark, y muy poquitos más) que ha conseguido llevar la expresión “piloto de carreras” a su máxima expresión, ha sido Senna.
      Para él, nunca bastó un segundo, tercer o séptimo puesto. Si le bastaba un cuarto para ser Campeón del Mundo, quería ganar la carrera para serlo en todo su esplendor, y así demostrárselo a él mismo y a todos.
      Si veía un mínimo hueco y podía adelantar, lo hacía. Y si había un resquicio para creer en la victoria, lo enfilaba. Por eso, la historia lo convirtió en un piloto de leyenda. Y no por su prematura muerte. Eso simplemente lo elevó a la categoría de mito hasta la eternidad. Pero parte de esa condición ya la poseía en vida.

      En ningún momento dejó de ser competitivo. Nunca. En las tres carreras con Williams, hizo pole. Así que no sé exactamente a qué te refieres cuando dices “Cuando un piloto empieza a tener dudas de lo que hace, simplemente deja de ser competitivo y es cuando debe dejarle su lugar a nuevos pilotos. Posiblemente Senna fallo ahi”. No creo que tenga mucha explicación.

  • Gracias por tu aportacion amigo , cuando Senna se fue , se llevo con el , el alma del deporte , nadie ni en sueños podra igualar lo que representaba como deportista y ser humano.

  • WOOOW!
    increible articulo. soy joven y no he llegado a vivir esta historia, solo de oidas…
    la piel completmente de gallina, suerte que la seguridad en la F1 ha evolucionado.

  • No estaba por aquellos años interesado por la formula 1,pero por lo que he oído Ayrton Senna fue un fuera de serie y me hubiera gustado ver sus carreras para poder opinar con más criterio sobre sus actuaciones. Me apena que no esté con nosotros creo que como persona tenía un especial magnetismo. Hoy en día me gusta las carreras de coches y soy fan incondicional de Alonso, este compatriota creo ha demostrado ser un piloto de mucha talla y espero coseche muchos éxitos en los próximos años. Un saludo a todos los entusiastas de la competición.

  • Gran artículo, como siempre, con multitud de detalles que te hacen sentir que lo estas viviendo primera persona.
    Aprovecho para presentaros una entrada que hice en blog sobre Ayrton Senna
    http://deportistasdeleyenda.blogspot.com.es/2013/02/ayrton-senna-la-determinacion-300-kmh.html

  • Sid Watkins murió el año pasado. David Navarro escribe tremendamente bien, consigue que se encoja el alma, te guste la F1 o no.

  • Ya lo he puesto en twitter, yo diría que ha Roland Ratzenberger se le rompió el alerón trasero en plena recta. No el delantero.

  • Excelente artículo! Ojalá todos los deportistas se animaran a imitar a Ayrton en su decisión de ir por más en el deporte, rompiendo límites humanos y respetando a sus colegas deportistas.

  • Lo que más me gustó de Senna fue cómo supo reciclarse y convertirse en el futbolista clave que nos dio la Eurocopa 2008.

  • Aquí uno no tan joven… pero que no llegó a ver a Senna. Empecé a ver las carreras en plena época de gloria de Schumacher, cuando era aburrido de ya tantos títulos que tenía, pero Alonso aún no había llegado ni a Minardi.

    Casualmente me topé hace un par de días con una referencia al documental “Senna”. Desde entonces he absorvido todo lo que me he encontrado, desde la vuelta de clasificación en su debut en Monaco, que fue lo primero que vi y me causó un gran impacto.

    Qué pena de historia… grandísimo piloto, que lo daba todo en todo momento… gran carisma, muy humano… y su mirada me transmite tanto.

    Se me hace raro pensar que veo todo esto casi 20 años después de su muerte, y de hecho tras dejar de seguir la Formula 1 hace ya varios años.

    Sirva esto como mi pequeño homenaje para manifestar mi gran admiración. Definitivamente no olvidaré a esta personalidad para la que ya he hecho un hueco en mi memoria.

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