Editorial

Elvira Lindo y el cementerio prisásico de elefantes

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Fotografía de Roberto Ortiz. 2011

Últimamente la escritora y comisaria cultural Elvira Lindo viene mostrando en público y en privado una hostilidad poco común hacia Jot Down que me resulta desconcertante. Lo digo sin asomo de ironía y con sincera estupefacción, porque por más que repaso nuestra hemeroteca no doy con el agravio. En cierta emisora ha vuelto a desempolvar el venerable reproche de que la revista no pagaba a sus colaboradores, y ha hablado de nosotros en un cariñoso pasado, con esa ternura entomológica que se reserva a los especímenes ya disecados, una rareza simpática de aquellos años convulsos. Escribo, por lo tanto, con la conciencia muy tranquila, porque como difuntos que somos estas líneas no va a leerlas nadie, y me puedo permitir toda la franqueza del mundo al hablar desde la ultratumba de los magacines extintos.

Como decía, mi desconcierto aparece al recordar que en 2011 esta misma autora se sentó frente a Manuel Jabois en una de nuestras largas entrevistas, de las de complicidad y fotógrafo, y tuvo la amabilidad de explicarnos, entre otras cosas sensatas, lo importante que es que los periodistas estén bien pagados. La pieza sigue ahí, intacta, con una Elvira radiante emitiendo esa luz que dan ciertos momentos vitales, ya me entienden. Jabois, dicho sea de paso, cobró religiosamente su factura. En 2020, Elvira regresó a estas páginas, y les aseguro que, sin coacción, sin rescate humanitario y sin que nadie la sacara a rastras de ningún sótano. Conservo, es más, los correos en los que se nos rogaba que aquella conversación se publicara precisamente aquí. Cuesta imaginar a alguien volviendo por su propio pie, y por partida doble, a la escena de su explotación, para luego recordarla con nostalgia.

Algo ha ocurrido, entonces, entre aquellos encuentros y este desaire. Y no ha ocurrido en la revista, que sigue exactamente donde estaba, sino en el mirador desde el que ahora se la observa. Existe en la sabana mediática española un paraje al que acuden a pastar los grandes paquidermos cuando intuyen que su estación declina. Un lugar tranquilo, climatizado, de prestigio antiguo y aire acondicionado, donde la manada se entrega a su ocupación favorita, que es la de certificarse mutuamente. Así, el mismo Jabois que la entrevistó aquí con tanto brillo firma hoy un encendido elogio con el que se promociona un libro reciente, que nos dedica un desprecio sin matices, y ella estampa el suyo justo encima, como la vaquera de las letras que es. Yee-haw!!

El volumen lo escribe un redactor del mismo periódico en el que ella y su santo llevan décadas firmando. Un periódico, conste, que leo cada día y en el que admiro a muchísimos profesionales, lo que hace aún más llamativo que se permita que esta cofradía política de la que se dice, medio en broma, que no conoce sexo porque todos son familia, ande a sus anchas linchando medios pequeños e independientes. Otra casualidad: Manuel Jabois y el autor publican en el mismo sello editorial. También lo hace el miniyo de Elvira en El País, pero de este último y su obsesión por hacerse con la estupenda Babelia de Jordi Amat hablaremos mucho más extensamente. Como dicen los matemáticos, perdonen que me derivo.

A mi modo de ver resulta entrañable el espectáculo de toda esta manada embistiendo a coro contra una revista pequeña, independiente y gestionada en cooperativa desde la comodidad de un accionariado tejido con fondos de inversión y grandes fortunas. Ese capital, todo sea dicho, rara vez se acumula para difundir el humanismo de las letras. Se acumula para tener voz en quién gobierna y quién deja de gobernar. Produce una ternura singular que quienes responden ante semejantes mecenas y tras venderse a Meta, se erijan en aduaneros de la pureza cultural y vengan a explicarnos, precisamente a nosotros, en qué consiste hacer las cosas con limpieza.

No escribo esto por ella, conste, sino porque su caso ilustra con nitidez meridiana el comportamiento de toda hegemonía cultural que se resiste a reconocer el instante exacto en que la conversación ha continuado sin ella. La reacción ante semejante hallazgo rara vez es el silencio elegante de quien acepta el relevo. Suele ser la clásica, e inútil, maniobra de volver al centro declarando ilegítimo cuanto lo ocupa durante su decadencia, y empieza, cómo no, por el tiempo verbal. Lo que estorba se conjuga en pretérito. El imperfecto es el arma más educada del mundo, porque no afirma nada que pueda rebatirse y lo entierra todo a la vez. Quien dice «aquello fue» se ahorra la molestia de demostrar que aquello ha dejado de ser. Le basta con repetirlo desde una tribuna lo bastante amplia, a ser posible con buena música de fondo.

Cuando el pasado no basta, llega el descrédito, de repertorio corto y eficacísimo. En nuestro caso el mantra es que no pagábamos a nadie. Curioso, porque al amigo que la entrevistó le abonamos su factura, y a cierto novelista muy próximo a ella, también, y eso en el arranque del proyecto, cuando empezamos sin padrinos y sin un euro. Basta asomarse a las redes para encontrar la nómina de colaboradores que desmienten, uno tras otro y con nombres y apellidos, lo que con tanto retintín repite quienes están tan escocidos que la irritación les habita de la cabeza a los pies.

Qué ha ocurrido, en suma, con Elvira Lindo desde aquel estupendo encuentro. Nada que no le suceda a cualquier proboscídeo ilustre. Ha alcanzado esa edad del prestigio en que uno deja de mirar hacia la llanura, donde siguen pasando cosas, para contemplar el camposanto donde reposa su manada, confundiéndolo con el centro del universo. Desde esa quietud, cualquier criatura que insista en correr por el llano con gracia e ingenio resulta una impertinencia, casi una falta de respeto hacia los difuntos, que todavía no saben que lo son. La conversación cultural, para desgracia de estos paquidermos, no es un cementerio sino una pradera salvaje, competitiva y rebosante de vida.

Una revista que aparece cada día, que no se deja comprar por las multinacionales, que planta cara a las instituciones en defensa de los derechos de autor y que se empeña en que la gente lea, es sencillamente el espejo en el que ninguno de ellos quiere mirarse.

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31 comentarios

  1. Son una mafia. En la charla que tuvo Javier del Pino con corresponsales extranjeros al final de la conversación sobre el libro y entre risitas les preguntó ¿Y Jot Down todavía existe? Por suerte, Mathew Talliac que es un señor le contestó: no solo existe sino que es de lo poco decente que se puede leer.

    Ánimo Jot Down. Estamos con vosotros.

  2. Ozymandias

    De esta señora se tiene que hablar. Espero que este artículo de pie a otros donde se de cuenta de la calaña que es.

  3. Demasiadas líneas consagradas a una escritora tan insignificante como Elvira Lindo.

  4. Dicen que los autores nos vamos confundiendo, o fusionando, poco a poco con nuestros personajes, y que por eso los autores de novela negra nos volvemos lentamente asesinos, o quizás víctimas.
    En el caso de Elvira Lindo no cabe duda alguna de con cual de sus personajes se empieza a mimetizar. No te lo tomes a mal, Ángel: es la llamada del Destino.

  5. No sabéis con quién os habéis metido. Hoy mismo acudirá a sus contactos para que os quiten toda la publicidad. Esta mujer es el mal, es agresivo-pasiva y hará todo lo posible por quitaros del mapa. Yo la he tratado con relativa cercanía y era capaz de fulminarte con la mirada y al segundo siguiente mutar a una pose angelical de cara a la galería. Suerte.

    • También he tenido la desgracia de cruzarme con ella en el ámbito profesional. Por sus inseguridades machaca a quienes cree que pueden destacar frente a ella, que tiene que ser siempre la protagonista. No le escucharás ningún elogio a alguien con más talento que ella. Y si considera que alguien no le rinde pleitesía, o la pleitesía que ella cree que merece, lo convierte en su enemigo; no tiene escrúpulos en atacar y poner zancadillas, aunque se trate de alguien en una situación mucho menos privilegiada que ella.

  6. Sergio del Molino, calienta que sales. Este beef entre la Jot y lopais me está dando la vida.

  7. El País ha perdido toda credibilidad con el caso del fiscal general y con la defensa a ultranza de lo que no deja de ser una dictadura del ejecutivo, gobernando por decreto y corrompiendo todo lo que tocan. Van a cargarse la justicia, que era de lo poco sano que quedaba. Da igual si les condenan o no. El PSOE es moralmente inaceptable. Si el PP hubiera hecho una décima parte de lo que ha hecho el PSOE habrían ardido las calles con los de Prisa repartiendo gasolina casa por casa. Gente como Lindo o su santo no son hoy más que comisarios políticos. Tuvieron su momento, al principio, pero hoy son parte de un sistema totalmente podrido. De cultura, nada. Política para el líder. Todo al servicio del poder. Por eso les escuece tanto Jot Down, porque no se vende a nadie y tiene voces diversas y divergentes. Gran hallazgo linguistico lo de cementerio prisásico, por cierto.

    • No sabía que ejemplares oligos como tú podrían pastar por Jot Down. Así que la democracia eres tú,eh?

    • Otro lector

      La cuestión es que todavía no se ha demostrado que hayan hecho nada…
      Cómo puedes ver, Tomás el escéptico, la justicia ya estaba rota si no se respeta la presunción de inocencia

  8. Silvia Plaf

    Relacionada: https://www.eldiario.es/opinion/mar-marchis-arte-anonimato_129_13316061.html

    Artículo emotivo y cariñoso de Montero Glez dónde textualmente dice: « A mí me ayudó en un tiempo difícil, además me pagó mejor que nadie hasta entonces. A veces pienso que cosas así, azares como el que me llevaron a escuchar su silbido, sólo pasan una vez en la vida. Y yo tuve esa suerte. Hoy lo recuerdo mientras buceo con el oxígeno contado bajo las heladas aguas del cálculo egoísta, ahí donde fueron a parar tantos sueños.»

  9. Berto Buscapina

    ¿Seguro que se sentó frente a Jabois y no sobre Jabois? Tengo mis dudas. Yee-haw!!!!!!

  10. Exacto.

  11. Muy bueno Ángel, tienes toda la razón.
    Yo ya no estoy en las RRSS pero para quien lea esto, solo quería decir que a mí me pagaron todo lo que escribí (poco) y eso que era (y soy) una doñanadie.

  12. Tuve la muy mala suerte de compartir mesa con ella en unas jornadas. Yo era, por entonces, una joven profesora. Han pasado más de veinte años. Encadenó una serie de preguntas cuya virtud consistía en superar en machismo y espíritu rancio a la anterior. Habrá que contarlo en detalle en algún momento. Ahora no, porque está con su guerra corporativa. Pero a ella, que tanto le gustan los dichos, también le llegará su San Martín.

  13. Jesus Zapatero

    Vuestras cuitas personales no son, ni mucho menos, de interés para los lectores. Ni las de unos ni las de otros.
    La inmensa mayoría pasamos de vuestras rencillas/odios/envidias, creo. Al menos yo sí qwue paso de toda esta basurilla
    .

    • ¡Oye!, yo también pasaba; mira que lo he dicho en voz alta en los comentarios de este, nuestro amado panfleto. Pero… me está pasando lo mismo que cuando iba al mediodía a comer a casa de mi madre y tenía el culebrón puesto: de a poco a poco, sin querer, comencé a interesarme por los personajes aquellos del Benet i Jornet. Pues ahora se me está pasando por la cabeza escribir un ensayo, o un quién es quién o «El perquè de tot plegat «de la historia numantina esta. Aunque me había prohibido volver a escribir sobre corruptelas, envidias, pis y mocos.
      Es que no aprendo. Saludos.

    • No pasará tanto cuando ha tenido que escribir el comentario.
      Quien pasa no pierde el tiempo.
      Quien odia vuelca sus miserias en otro, que muy seguramente se encuentra con el asedio del odiador y tiene que defenderse.
      Ponerse de perfil, Jesús Zapatero, también es adoptar un ángulo.
      No venga a los comentarios de la parte asediada a hacerse el digno. No hace otra cosa que retratarse.

      • ¿De qué eres profesora?, ¿de ganchillo? Porque la frase: «Quien odia vuelca sus miserias en otro, que muy seguramente se encuentra con el asedio del odiador y tiene que defenderse» se las trae. Supongo que significa: «Vale, me tienes ojeriza, ya lo he pillado, pero achanta de una vez que al final me encontrarás». La de «Ponerse de perfil, J* Z*, también es adoptar un ángulo», esa la interpreto como: «O conmigo, o contra mí», lo que es… bueno, paso de adjetivarlo. De todas maneras estoy interesado en saber: ¿quién es asediada?, ¿y el asediador?, ¿en qué manera se produce el asedio?, ¿dónde?, ¿cuándo? y, sobre todo, ¿por qué?

        Una cosa más: si alguna vez te tienes que meter en un lío de billetes y oyes por ahí que quien sea no es de fiar, el que alguien diga «a mí me pagaron todo» no debe ser un dato que te decida a sentarte a la mesa. La base de muchas estafas es esta: si puedes joder a diez, solo jodes a seis, y los otros cuatro tenderán a disculparte, a defenderte ante desconocidos. Que no digo que sea el caso, pero decirlo es algo que suena fatal, tanto como decir de alguien que «también le llegará su San Martín»: le llamas cerdo y le deseas la muerte en una frase. A mí me gusta más: «and in the end the love you take is equal to the love you make»; de últimas lo gasto mucho. Saludos.

  14. Cómo se nota que Jot Down tiene una audiencia residual, aunque mayor que su relevancia cultural actual, y por eso mismo va a saltar a cualquier comentario sobre el libro, buscando que se hable de ellos.

  15. Pues a mí me parecería lógico que Jot Down no pagara un duro por colaboraciones como esta . Bastante tiene el autor con ver su desahogo publicado .

  16. Juan Gálvez

    «Produce una ternura singular que quienes responden ante semejantes mecenas y tras venderse a Meta, se erijan en aduaneros de la pureza cultural y vengan a explicarnos, precisamente a nosotros, en qué consiste hacer las cosas con limpieza.»

    «Una revista que aparece cada día, que no se deja comprar por las multinacionales, que planta cara a las instituciones en defensa de los derechos de autor y que se empeña en que la gente lea, es sencillamente el espejo en el que ninguno de ellos quiere mirarse.»

    Bueno bueno, tampoco nos pongamos flamencos. Ellos se han vendido a Meta y a las multinacionales, y vosotros con vuestra publicidad a los casinos online. Gente que pueda tirar la primera piedra, queda poca.

  17. COMENTARIO SOBRE LA LINDO, et al

  18. Intro. TÍTULO: LOS MAREADOS*. El domingo pdo., un más que mediocre colega entrevistó a un idem. El primero era y es el sr. Jorge Fontevecchia**, a la sazón director de un semanario porteño: PERFIL. El 2º era un par. Otro desorientado. Otro confundido. Presa de una embriaguez que comenzó cuando alguien como él, quien creía heredar con su apellido la -exagerada por los poco dotados intelectualmente- agudeza intelectual de su abuelo. Sí, se trata de uno de esos fenómenos, abortos de la naturaleza que hacen que un individuo de ordinariez intelectual preocupante aparezca en la escena, la misma que describe la fábula del asno y la flauta del acertado Iriarte…
    Sí, el sr. J.L. Cebrián se la creyó. Y ello, esa embriaguez, fue aumentando. Hasta el punto de hacerle creer que podía escribir una novela!! Rediós!! En sus declaraciones va mostrando su ramplona visión de la realidad. No menciona-cómo podría hacerlo: habrá, realmente, terminado el bachillerato?!!- a ningún pensador que se haya destacado en el siglo pdo., o en éste. A ambos se les nota la gracia-apenas reprimida-que les causa saberse pícaros, suficientemente astutos como para haber detentado y seguir haciéndolo un lugar privilegiado, de una talla, de un tenor absolutamente fuera del alcance de sus propias misérrimas preparaciones académicas. La entrevista, pues, podría resumirse en los guiños que ambos se dedican… como buenos, avezados coleguis, que ha sabido apañárselas para colar, para intruirse en cenáculos ajenos a sus capacidades…
    Echando mano a los útiles y prácticos revulsivos, me aboqué -estos actos de autoflagelación forman parte de mi autopunición, tratando con ello purgar la larga lista de pecados heterogéneos…- a leer la entrevista de estos dos mediocres, y, por ende, que describe sendos seres-en-el-mundo, tal que definiría M.Heidegger… Que son, como ya he señalado, bastante parecidos. Puro y liso extravío, ambos creyéndose una mezcla del Citizen Kane con Hearst y Hemingway y la Fallaci. Abanderados de la información, en aras de la verdad. Pura, deleznable impostura. Caballeros de la rotativa, mezcla de guevaras y teresas de Calcutta. Iluminados. Responsables de desasnar a las masas ignaras, quemando incienso en loor de la recién parida democracia española y argentina, respectivamente.
    Y ya entrando en tema. Mismo síndrome afecta a la Sra. R. Montero. Se ha creído los aplausos que le proporcionaban aquellos aún más carenciados que ellos. Esa babosa masa, paupérrima intelectualmente.
    A ella, en el año 1983 envié una nota, rogándole la incluyera en el periódico, sí, en EL PAÍS. La nota refería a una injusticia que seguía existiendo en la Argentina, país donde nací y viví hasta mis 30 años. Amén de que un jurado hubiera juzgado y condenado a los miembros de criminal junta militar, había presos, detenidos por haber sido -falsamente- acusados de intervenciones militares irregulares, léase guerrilla, urbana o rural. Por citar un solo caso, el de Hernán Invernizzi. Padeció 12 años de -injusta-prisión. Quien debía decidir su liberación era el condenable fiscal Strassera, vedette del juicio al que aludo ut supra. No lo hizo con la inmediatez que se imponía. Qué va!! Por ello es que, junto con quien fue mi esposa-qepd-y en ocasión de que este deleznable individuo vino a dar la vuelta al ruedo a Madrid, fui a increparlo, a exigirle procediera a actuar como debía hacerlo. Dos veces, y lo hubiéramos hecho tantas como hubiéramos podido.
    A esta irresuelta injusticia refería mi nota, mi ruego, que enviamos a la Sra. Montero. Y harto execrablemente hubo de replicarme que no encontraba la manera de… darle via, de… organizar tal información en las páginas de ese matutino que, claro, las dedicaba a las giras artísticas de Karol Charlie Wojtyla.
    Ésa era, y estoy más que seguro que seguirá siendo la Sra. Montero.
    (he leído lo que un colega comenta respecto a la Sra. Lindo. Referirse, críticamene a alguien que pergeño un texto intitulado Manolito Gafotas, sería… fútil… Bastante condena purga, la condenada, manteniendo una relación sentimental con el pluscuamperfectamente plúmbeo Muñoz Molina… Respecto a sendas obras, me permitiré añadir este comentario, especie de bonus(?)-track. Carlos Perciavalle, inspirado actor uruguayo, de larga cuan exitosa trayectoria en Argentina, particularmente en B.As., en un monólogo, una vez declaró lo siguiente. Cuando joven yo albergaba veleidades de cantante. Y cómo serían los festivales en los que yo participaba que, en uno de ellos ofrecían, como primer premio, disfrutar de una semana de paseo y alojamiento en Asunción del Paraguay. El 2º premio era disfrutar del mismo paquete durante 2 semanas en la capital paraguaya… Ídem respecto a las obras de sendos autores…)
    Y ello sería todo. Para muestra, baste un botón. Y sigo digo esto es porque podría extenderme respecto a lo que supuso y sigue suponiendo un medio como el diario que fundó Ortega Spottorno… Al cual, al arribar yo a Madrid, en el ´80, hallé… loablemente parecido a Le Monde… Pero, y citando, parafraseando al tango Los mareados… tan grande ha sido nuestro amor, y sin embargo, ya, mirá lo que quedó!!!
    *LOS MAREADOS, tango con letra y música de Enrique Cadícamo y J.C.Cobián.
    **A este tirifilo, a este-y es poquísimo decir- petimetre, hijo de un editor de publicaciones de poca calidad, fundó el semanario LA SEMANA (en el que rotuló como terrorista a alguien abducido por las bandas paramilitares, parapoliciales en las instalaciones de la ESCUELA DE MECÁNICA de la Armada argentina, el aparato represor de la dictadura militar que asoló Argentina durante 7 años, decretó el secuestro de la publicación, hasta procedió a privarlo de su libertad-sin la menor legalidad mediante). Como no tenían importancia sus -supuestos- errores, lo liberaron. Este estúpido episodio le ha servido a este individuo para presentarse como lo que no es, y, a la vez confundirlo, haciéndole creer que es lo que no es, ése quien debe diferenciar con dificultad si un libro está cabeza abajo… Ése, quien, si terminó la secundaria, lo disimula con loable maestría…

  19. Bravo. Elvira es un personajillo siniestro. Mente progre, vida de derechas.

  20. Manuel Queimaliños Rivera

    ¡ Cuánta inquina ! Un horror de artículo y de comentarios. Algunos de ellos, por supuesto. Patitieso me quedé de tanto odio hacia una persona.

  21. Igual tiene más que ver con las llamadas incesantes que María Jesús le hizo a Elvira diciéndole que había una periodista que sabía cosas íntimas de ella y las iba propagando por ahí y que hasta ella se había enterado. Luego Elvira descubrió que era todo mentira. Simplemente se lo inventó para amedrentar a Elvira y para joder a la periodista en cuestión. Bonus track para cafeteros: vuestra querida jefa de la revista también propagó la vida sexual de dicha periodista. Supongo que esta historia no queda muy bien en vuestra canonización de mierda.

  22. Mariano López

    Le doy la razón al amigo Manuel Queimaliños. No conozco personalmente a Elvira Lindo ni a Muñoz Molina, como tampoco al presente articulista ni a los comentaristas, pero creo que cada uno se retrata en lo que escribe. Hasta hoy disfrutaba leyendo tanto unos artículos de Jot Down como otros de El País, pero está visto que era un descerebrado sin una pizca de espíritu crítico. Mi único consuelo es recordar que, si aborrecible es El País, peor aún es el Frente Judaico Popular (¡¡¡disidentes!!!)

  23. La persona y el personaje de Elvira Lindo me dan igual. Sus libros no me gustan y algunas de sus columnas sí, bastante. Nada más leerlo me ha hecho gracia lo del «cementerio prisásico», luego, troncos… esta tía está escribiendo columnas, como otros prisásicos, porque la gente los lee: todo es cuestión de clicks y anuncios. Así que los comentarios acerca de la calidad personal de esta señora, y el aire de ofendidito que atufa el artículo, ante la mínima crítica, cuando en la Jot os despacháis bien a gustito contra el medio que os plazca, no suenan a otra cosa que a snob gruñón.

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