Viene de la primera parte
Viajemos al 15 de abril de 1931. El restaurante Nuova Villa Tammaro ocupa la planta baja de una robusta casa de estilo mediterráneo. Se accede al restaurante atravesando una puerta de madera de modestas hechuras y una discreta cristalera que ocupa la mitad de un falso vano rematado por un arco ornamental. Es un adorno que intenta, con cierto éxito, conferirle cierta alcurnia a la fachada.
En el centro del arco se puede ver un adorno tallado en piedra —aunque podría ser escayola; los italianos son hábiles haciendo pasar una por otra—, un grutesco que compensa con sus dignas formas las secuelas inevitables que la puerta padece debido a la humedad del clima local aunque, todo sea dicho, estemos viviendo la primavera más seca y calurosa desde hace más de medio siglo. Las ventanas del restaurante, de vocación gótica como el propio edificio, son estrechas y esconden más de lo que muestran; también están rematadas por un arco y una talla que representa un par de cálices de piedra. La casa tiene dos plantas: el bajo donde está el negocio y la planta primera, donde Gerado Scarpato, el dueño del restaurante, vive junto a su esposa. La planta del domicilio, de ventanas más amplias, es de un ladrillo visto que ya no imita la piedra. También en ella pende un ornamento tallado: el escudo de Angri, el populoso pueblo de la provincia de Salerno donde nació Scarpato.
El restaurante Nuova Villa Tammaro es muy apreciado entre los clientes italianos por la calidad de sus platos; no es un restaurante cualquiera, sino uno de esos locales de cocina casera muy bien cuidada que, con el tiempo, ha terminado convirtiéndose en un mesón de prestigio. Cuando uno se acerca al edificio, la sobria pero noble factura de la construcción ya lo anuncia: no estamos ante un vulgar condominio de apartamentos, sino ante una villa de estilo rural que bien podría haber pertenecido a un médico calabrés o a un sacerdote napolitano. O, por qué no, a un capo de la Mafia. La construcción preside una tranquila calle cercana a la playa, alejada del bullicio de la vida moderna; es un pedazo del viejo mundo que provoca en quien lo contempla la sensación de haber sido repentinamente transportado a Italia. Pero no estamos en Italia. Ni siquiera en Europa. Estamos en un tranquilo rincón de Coney Island, en los márgenes de ese monstruo metropolitano llamado Nueva York. En este restaurante se va a producir algo que tendrá influencia sobre la vida de muchos estadounidenses. Aquella noche, entre esas mismas paredes, va a cambiar la historia de la Mafia.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.







Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Lucky Luciano (I): Érase una vez en Manhattan
Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Lucky Luciano (I): Érase una vez en Manhattan
Así se ha construido gran parte de lo que hace de NY y Chicago 2 ciudades únicas. Da gusto poder leer los hechos con el rigor que requiere este texto. La mafia nunca dejará de tener ese toque místico que hace que la admires a la vez que la repudias…
Me ha encantado el artículo, como siempre un placer leerle señor Rodriguez, consigue que la historia más sencilla, narrada por usted resulte apasionante. Si a esto le unimos el inherente atractivo de la Mafia (y más la neoyorquina) tenemos un artículo redondo.
grandísimo reportaje.
Perfectamente redactado y de muy ameno seguimiento, adictivo. ¡Gran trabajo!
Impecable.
Enhorabuena.
Ameno y didáctico …¿qué mas se puede pedir?
A pesar de ciertas cualidades de gestión organizacional de estos CEOs de la Mafia….que se enfatizan, nunca hay que perder de vista que todos ellos sin excepcion son …pues eso…unos asesinos, unos villanos. Escoria. Ya se que este horizonte no se pierde nunca pero vamos, por si alguien cede a la simpatía en algún momento…
Que bien nos traes y nos llevas…
Muchas gracias. Un placer.
Muy bien,señor Emilio.Gran descripcion de la nueva y vieja mafia.Eso si,la mafia tradicional siciliana duro lo mismo que la americana,por lo tanto sus planteamientos para un entorno italiano no estaban para nada equivocados.Y nunca pierdas de vista el hecho de que todo un Carlo Gambino se desplazo a Palermo a presentar sus respetos al tradicional y ultracatolico Salvatore Riina.
Hola, Vince:
Evidentemente, había actitudes que en en USA no resultaban indicadas pero que en Italia funcionaban a la perfección, como lo de matar a todo el mundo y a sus respectivas familias… diplomática estrategia repleta de sutileza y sensibilidad que utilizaba tu amigo Toto Riina, el hombre que hace que Hannibal Lecter parezca un Teletubbie.
«¿Mafia? No sé qué es eso… algo me suena haber leído en los periódicos».
Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Lucky Luciano (III): Al César lo que es del César
Pingback: JotDown, periodismo del de verdad « Los mundos de []_MoU_[]
Muy bien redactado??
En mi opinión está lleno de incorrecciones pero en fin…
El contenido al menos es aceptable.
Exelente redaccion..sostenida informativa y ejemplar, en la vieja italia era mas cruel ya eran otras vivencias…nueva york genero que el estilo tradicional de la cossa nostra se tuviera que adaptar, el gran «luky» fue el regenerador de un estilo de vida solo para los que lo llevan en la sangre…no todos eran para la cossa nostra, tenias q nacer para ese estilo de vida!
Pingback: Programa de entretenimiento de vacaciones. 2. Segunda semana (del 6 al 12 de agosto) | Español con ritmo
Pingback: Remedios que agravan: la "Ley Seca" norteamericana y sus consecuencias - Lanza Digital - Lanza Digital