
Los peligros de aparcar o cómo vivir en Nueva York siendo un anónimo enemigo de la Mafia
Si vivía usted en Nueva York durante los años ochenta, había una cosa segura: mejor no encontrarse por la calle con él, no fuese que tuviesen alguna discusión de consecuencias imprevisibles. Si no, que se lo cuenten a Romual Piecyk, un técnico en reparación de frigoríficos que un buen día de 1984 dejó aparcado su automóvil frente a un restaurante de Queens sin sospechar la pesadilla en que iba a convertirse su vida a causa de ese simple momento. Al regresar a por el coche encontró que otro automóvil aparcado en doble fila le estaba bloqueando la salida. Enfurecido, comenzó a apretar compulsivamente el claxon. Al poco tiempo salió del restaurante el dueño de aquel otro coche. El tipo se dirigió hacia la ventanilla de Piecyk y sin darle tiempo ni a reaccionar le pegó una bofetada y además le quitó la billetera que llevaba visible en el bolsillo de la camisa. Romual Piecyk se puso aún más furioso. 1’87 metros de altura y una complexión fuerte le hacían buen rival en una pelea. Salió del coche para enfrentarse al desconocido. No fue una buena idea.
El agresor en cuestión se llamaba Frank Colletta y era una destacada figura en la familia Gambino, la organización mafiosa más importante de Nueva York. Iba acompañado. Del restaurante salió otro individuo que también se acercó a Piecyk para darle un bofetón. Antes de que el pobre agredido pudiera reaccionar, el segundo tipo se llevó la mano a la cintura dejando entrever que llevaba una pistola: «Será mejor que te vayas a tomar por culo de aquí». Y él, claro, se marchó. Pero buscó a un policía y denunció la agresión, la amenaza con pistola y el robo de la billetera, que contenía trescientos dólares. En los siguientes meses tendría tiempo de arrepentirse de haber interpuesto la denuncia. Mientras se tramitaba y se organizaba el juicio por agresión, el rostro de aquel individuo que le había amenazado con una pistola empezó a aparecer en todas partes: periódicos, televisiones… su nombre era John Gotti. Romual Piecyk supo de repente que se estaba enfrentado a uno de los criminales más peligrosos de los Estados Unidos y que una discusión de tráfico le había convertido en objetivo directo de la Mafia. Y su vida, como decíamos, se convirtió en una pesadilla. Recibía constantes llamadas telefónicas donde le decían que lo iban a matar; incluso escuchaba amenazas de desconocidos con los que se cruzaba por la calle. Un día, los frenos de su furgoneta dejaron de responder; alguien había cortado los cables ya fuese como intento de asesinato o quizá como serio aviso de que no debía declarar en contra de John Gotti.
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Que buen articulo. Me ha recordado un poco a Uno de los nuestros, esta basada la peli en la vida de John Gotti?
Uno de los nuestros está basada en la historia de Henry Hill.
Pingback: John Gotti: el Tony Soprano de los ochenta (I)
«Pese a sus ocasionales chapuzas del pasado, aquel trabajo de organización a nivel de calle sí parecía estar hecho para sus condiciones.»
Parece el reflejo inverso de Christopher Moltisanti, un ejecutor muy competente, un desastre como líder.
Un trabajo muy serio y muy bueno. Felicitaciones
Gran artículo!!!
A John Gotti lo conocía por el homenaje que le hicieron los Fun Lovin’ Criminals con ese temazo ‘(Free John Gotti) King of New York’. Vamos, como icono pop.
https://www.youtube.com/watch?v=Uilg4osWvzI
Por favor, sube la segunda parte ya!!!!
No veo en que se basa la comparación con Tony soprano por ningún lado, no les veo en absoluto parecido
Ese final tan intrigante ha sido muy excesivo. ¡Ahora toca exigir la segunda parte cuanto antes!
Aka «El don de Teflón»
ENHORABUENA por este articulo, hacia tiempo que no leia algo tan digno de leer y releer….
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Excelente articulo, muy bien escrito y entretenido