Las cuatro hermanas March —Meg, Amy, Jo y Beth— son tan perfectas que dan rabia. Aquellos que no leyeron Mujercitas cuando se debe leer, es decir, a los trece o catorce años, leerán la novela de Louisa May Alcott como se leen las antiguas páginas de un diario adolescente. Sí, son cuatro muchachas ingenuas, sensibles, responsables y sensatas hasta la locura. No hay mala acción que no corrijan ni conducta dudosa que no sea puesta en cuarentena por algún personaje secundario. Tendría que haber caído en las redes de esta familia cuando aún podía confiar en el futuro de Jo March o haberme enternecido con su hermana Beth, un ángel; pero me han inquietado porque la bondad pura, a mí, me perturba.
Aun así, leer la novela demasiado tarde te hace fijarla en lugares que en una primera lectura adolescente no tendrían cabida: el feminismo, por ejemplo. Es cierto que todas las mujeres de esta historia son repugnantemente dóciles y respetables socialmente; no solo en su época, también en la nuestra. La mojigatería femenina está más que premiada y presente en la casa de los March, pero Lou May Alcott tenía un personaje y ciertas actitudes reservadas para el feminismo y la pequeña revolución que su época le permitía. No, no solo Jo March, con su masculinidad y su rebeldía, combate el estado normalizado del sistema patriarcal: también la madre tiene actitudes elogiables. No es ninguna casualidad ni un ejercicio que ha hecho la crítica posteriormente, puesto que la autora participó en movimientos reformistas que defendían la abolición de la esclavitud y apoyaba causas como los derechos de la mujer y la reforma educativa.
Pero Alcott no solo era menospreciada por ser una escritora en un mundo en que la literatura era un espacio solo permitido a los hombres, también debía defenderse de escribir relatos o literatura juvenil. Ciertos prejuicios todavía hoy existen. Escribir una novela como Mujercitas es, muchas veces, un trabajo poco serio. Sin embargo, Lou May Alcott escribió cuentos para adultos en los que había asesinatos, misterio, narcóticos y luchas de poder —en las que, por supuesto aunque inusual para la época, la mujer siempre ganaba. La mayoría de ellos, claro, bajo seudónimo. Su feminismo personal, el de la Alcott individual, era mucho más notorio en las obras que no firmaba con su nombre. En cambio, cuando no se refugiaba en el anonimato, tenía más dificultades para mostrar sus ideas, de modo que aparecen veladas —como en Mujercitas. Alguien que deseaba la alfabetización femenina, la solicitud de divorcio por parte de las esposas, la disminución de la tasa de natalidad y defendía la igualdad intelectual entre hombres y mujeres, por fuerza debía dejar huella feminista en lo que escribía.
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«Marmee es una mujer obediente, servicial, buena. Un sueño para el patriarcado.»
La ficción está repleta de personajes masculinos también serviciales y buenos, véase los que interpretaba James Stewart. ¿Son entonces un sueño para el matriarcado?
No lo intentes, amigo. A mí poco me faltó para ser linchado por hordas feministas cuando se m ocurrió mencionar que no sólo hay hombres ( capullos sin duda ) que manipulan a sus parejas y las apartan de sus amistades, sino que también las mujeres lo hacen. Pero aaah… se siente, si eres hombre eres culpable
Parece mentira que sigais sin entenderlo Nadie os culpa directamente. Solo soys culpables de tener el poder, ver las injusticias i no hacer nada, de normalizar que la mujer tenga la carga de tener que encargarse de cuidar la casa i los niños cuando trabaja igual que vosotros.
Y no, no lo digo porque si, lo digo porque la sociedad en la que estamos me ha dicho desde pequeña que no puedo contestarle a mi padre cuando no tiene la razón, porque nadie ha dicho que todas seamos Marmee ni que ella sea perfecta, pero tengo muy claro que todos soñais con una esposa así.
Ademas estoy segura de que alguna vez os ha cabreado que vuestra pareja se quejase mientras ella recogia la mesa despues de haber cocinado ella.
Te das cuenta que solo he enumerado dos cositas de nada? ahora imaginate vivir toda la vida asi, preocupandote de si lo que dices es correcto para una señorita o si vas a ofender a algún victimista (como vosotros por ejemplo) o si te estas teniendo un comportamiento adecuado para no parecer una maleducada.
Imaginate esto, a que no es divertido, a mi tampoco me lo parece. Y no te quejes que solo he hablado de la presion psicologuca que sufrimos y no me he metido en la violencia fisica i verbal. Asi que porfabor, la proxima vez que vayas a dar tu opunion sobre algo asi, estaria bien que te pusieras en la piel de una mujer.
Y no, no te culpamos por tener el comportamiento que se deveria tener, te culpamos porque sin hacer nada malo, si no te quejas y manifiestas, estas peprtuando a los que realmente son unos capullos.
Porfa disculpar las faltas de ortografia, soy dislexica y me dava pereza pasar el texto por el corrector. sorry
No, ellos son un sueño para el capitalismo. Los personajes buenos y serviciales masculinos no están sometidos a las mujeres sino a otros hombres.
Bola, set y partido. Nada más que decir.
Una verdad del porte de una casa.
De eso nada. La guerra de sexos continuará durante siglos y siglos. A pesar de que hombres y mujeres son igual de patéticos.
Yo les recomiendo la desconocida novela ‘Cándida’, de Isabel Lizarraga, para saber algo sobre el feminismo en España.
Es al contrario de lo que describe el artículo. La entrada de las máquinas no deja fuera de juego a mujeres ni hombres, sólo produjo un enorme cambio durante un periodo de transición, que por cierto afectó más a los hombres, que eran fundamentalmente los trabajadores. La prosperidad económica del capitalismo, el extraordinario crecimiento que supone con respecto a épocas anteriores (la diferencia es abismal), es el principal factor que desemboca en la igualdad, sólo posible en estados desarrollados y ricos, es decir, en muy pocos y sólo recientemente. Por otra parte, el desarrollo de la educación está ligado a este crecimiento indisolublemente, no es que hubiese detrás una conspiración masculina para obtener buenas esposas, conspiración equivocada ya que, según el artículo, los hombres yerran quedando «fuera de juego». Ay, señor, es que establecer la igualdad en estos términos de guerra inexistente no va a ningún sitio, salvo a la caricatura.
Me gusta el análisis, pero se centra sólo en el principio de la novela. Los personajes crecen y maduran a lo largo de los años que transcurren. Yo leí la novela cuando era aún más pequeña de lo que dices, creo que tenía unos 8 años (era una lectora voraz).
Me encantó y lloré como loca, con todas las desventuras de las hermanas. Pero siempre me ha gustado releer y he leído esa novela muchas veces en distintos momentos. Tienes razón en que hay un cierto feminismo algo contradictorio, pero no es menos cierto que se va amortiguando a medida que las «Mujercitas» se transforman en mujeres, cuando vuelve el padre felicita a Jo por ser más femenina y haberse «dulcificado». Lo único que queda de la rebelde Jo es casarse con el profesor pobre en vez de hacerlo con el rico vecino. Por otra parte, y en eso me recuerda las novelas de Austen, el mundo masculino es completamente ajeno a la narración, se habla de la guerra, pero nunca se menciona una batalla, los motivos de la guerra ni hay una sóla mención a la esclavitud o al sur. Quizás eso sea lo más feminista, reflejar un mundo casi exclusivamente femenino, con sus contradicciones y sus limitaciones.
Pero Jo no se corta el pelo cuando vuelve su padre. Se lo corta cuando su padre cae enfermo en el frente y hay que enviarle dinero. Me gusta mucho cómo has analizado el libro, pero no has comentado nada de mi personaje favorito: Amy. Amy no es nada convencional, de hecho encarna muchas características negativas. Es vanidosa, egoísta, caprichosa, sabelotodo y ambiciosa, y aún así le va relativamente bien en la historia y alcanza todos sus objetivos ¿no es también un poco revolucionario?
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Echaría de menos una comparativa entre Jo y Lizzie Bennet.Lizzie es claramente precursora de Jo, ocupando el mismo papel en la estructura argumental: la hermana rebelde, menos guapa que la mayor pero más inteligente.
Sin embargo, el rupturismo de Lizzie es superficial y abarca sólo la defensa del ingenio frente a la ñoñería. Más allá de eso, su concepción de la mujer en el contexto social, educativo, matrimonio,etc, es absolutamente convencional. Jo va mucho más allá, mostrando a una mujer culta, con ambiciones intelectuales, capaz de cuestionar (y cuestionarse) su feminidad, y que elige pareja siguiendo sus exigencias intelectuales
Me parece un signo muy interesante de la profundización en las reivindicaciones feministas, teniendo en cuenta el tiempo que pasa entre la publicación de una y otra novela ( Orgullo y prejuicio-1813, Mujercitas-1868)
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