
El desenlace de la serie Perdidos se convirtió en su momento en un acontecimiento inusual. Ante la expectación que provocaba la serie, y las hordas de fans que deseaban afrontar el final de la última temporada con los orificios completamente vírgenes de cualquier tipo de spoiler, sus responsables planearon y llevaron a cabo el estreno simultáneo a nivel mundial de una pareja de capítulos titulados «The end», el decimoséptimo y el decimoctavo de la sexta temporada, que marcaban el punto y final del fenómeno: el 23 de mayo de 2010 el desenlace de la serie fue emitido en la zona este de los Estados Unidos (donde fue necesario remover la parrilla televisiva para adelantar la emisión del telediario previo) y la zona este de Canadá. A continuación se estrenaría de manera sincronizada en el oeste de Estados Unidos y Canadá, y también en Portugal, España (donde los fans tuvieron que pegarse un bonito madrugón), el Reino Unido, Irlanda, Turquía, Italia e Israel. A lo largo de las horas posteriores el mismo doble capítulo final se emitiría en el resto de países interesados en conocer el destino de los tripulantes del vuelo 815 de las Oceanic Airlines. Eso sí, los australianos se pasaron unas cuantas horas echando humo negro por las orejas: medio planeta había arrancado la semana devorando los dos últimos capítulos de Perdidos pero ellos se veían obligados a esperar hasta el miércoles con internet desconectado por miedo a sentarse sobre algún spoiler.
La creación de Jeffrey Lieber, J. J. Abrams y Damon Lindelof se había desvelado durante los años anteriores como un rotundo éxito de público, un drama de ciencia ficción que mordía bocados del género fantástico centrado en los supervivientes de un accidente de avión que acababan con el culo varado en una isla donde ocurrían movidas bastante extrañas. En 2009, tras batir récords de reproducciones en la página web del canal ABC, Perdidos se coronó en el podio de serie más vista en internet y sus temporadas en la pequeña pantalla lograban grapar a la pantalla a millones de telespectadores, aunque el número de estos parecía decrecer según se alargaba el show. Y entonces ocurrió: se estrenó su capítulo final. Y tras su emisión la audiencia se polarizó bruscamente como si se hubiese imantado de golpe: aquella meta alcanzada tras seis años de emisión era para una mitad del público una conclusión totalmente satisfactoria mientras que para la otra era una mierda de tricerators. Los primeros consideraban que aquel episodio final hacía bien en centrarse en los personajes que habían vivido la historia y evitar dar explicaciones a todas las cuestiones que se habían plantado durante seis temporadas. Los segundos consideraban que lo de dejar tantos cabos sueltos después de ciento veinte episodios no era una estrategia premeditada sino la confirmación de lo mucho que se rascaban la entrepierna en la sala de guionistas, y la evidencia de que el método de escritura se había basado en tretas baratas para atrapar al espectador. En el fondo los papás de perdidos habían sido listísimos: no habían parado de arrojar a la cara del público cliffhangers y todo tipo de elementos fantásticos sin explicación que invitaban a los seguidores del show a tratar de adivinar su verdadero significado y elaborar teorías diversas. El problema era que su verdadero significado podría no haber existido nunca.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






Aún recuerdo a J.J. Abrams, en una entrevista en la primera temporada de Perdidos, diciendo que todo lo que ocurría en la serie tenía una base científica.
Menudo trolazo.
Sí, científicamente demostró que la gente se creía lo que fuera.
*SPOILERS*
En serio, al principio de la serie, todavía tenía su aquel, porque tampoco salía nada más raro de los osos polares y el tipo al que se le cura la parálisis. Pero ya en la última temporada, cuando el humo negro es un hecho y no una imaginación de la gente, ha habido viajes en el tiempo, la isla se ha movido, el monstruo ha adoptado la identidad de gente, hay allá un canario que lleva viviendo 200 años, otros dos hermanos que se llevan peleando desde hace saber cuántos miles… Lo realmente increíble es que aún había una buena cantidad de gente esperando que todo cobrase una explicación lógica en las últimas dos horas, y que esa explicación no fuese el purgatorio ni tampoco un sueño de Resines.
Sal de mi cabeza XD En serio, parece que me copiaste el argumento que le digo a la gente que tiene orgasmos con Perdidos. Lo del canario del Socorro cabalgando entre palmerales fue ya el súmmun -se notó que saben lo que es el Socorro –
No, si a mí me encanta «Perdidos», pero creo que durante toda la última temporada tomaron la decisión de darle a la serie un giro más religioso que científico para no tener que dar todas las explicaciones. Y me parece una decisión acertadísima: cualquier intento de explicación lógica llegados a ese punto habría quedado ridícula (¿alguien dijo «Hola, soy el Arquitecto, soy el creador de Matrix…»?).
Lo que me sorprende es que antes del último capítulo aún hubiera tantísima gente esperando la revelación final, lógica y científica, que diera sentido a todo. Por soñar…
Vosotros porque sois más jóvenes, pero para mi es el efecto Chris Claremont, el guionista de los tebeos de la Patrulla-X… Fue el recuerdo de esto lo que hizo que evitase Perdidos tras la primera temporada y que evite las series hasta que están concluidas.
Totalmente de acuerdo. Claremont hizo una muy buena etapa, pero al final se veía que no sabía muy bien a dónde quería ir y había dejado tantos cabos sueltos que ya ni se acordaba de todo.
A mi también me echó para atrás eso para seguir Perdidos.
Muy buen artículo y buena analogía con el efecto Chris Carter. Desde luego yo lo sufrí con Lost. Vaya peñazo de serie. Creo que hay tres tipos de series/películas: las que no pretenden ser más que puro entretenimiento, las que pretenden ser arte pero acaban siendo bastante simplonas (Perdidas, por ejemplo) y luego las que son obras maestras.
Muchos dicen que no puedes esperar nada más de Lost salvo puro entretenimiento, pero a mí lo que me molesta son las triquiñuelas argumentales que utilizan una vez detrás de otra para mantener enganchado al espectador. Una vez te das cuenta de que son sólo eso, burdos trucos, la serie pierde todo interés y credibilidad.
Desde luego el efecto Chris Carter fué muy notorio en Perdidos especialmente a partir de la tercera temporada, donde cada final de temporada tenía que soltar un Cliffchanger de tal tamaño, que el final de temporada previo quedara como una minucía.
Otro efecto importante que no se comenta y destruye a la mayoría de series es el efecto del Supervillano. Series que encuentran un actor que hace de villano tan carismático que suele cambiar las tramas de las series. Y estas acaban convirtiendose en un Ping-Pong de ahora soy bueno ahora soy malo, no importa la trama que yo debo permanecer en la serie…
Ben en Perdidos, Sylar en Heroes, o la Madre de Sons of Anarchy son casos claros de como la creación de personajes superinteresantes acaba matando la serie.
Y bueno lo de final dedicado a los personajes… en lo único que se puede coincidir es que lo mejor del último capítulo (y en general de la serie) es la BSO de Michael GIacchino. Creando la tensión exacta para que momentos sin ningún tipo de sentido se conviertan en momentos «épicos». Porque el final no fue de personajes, el final fué de emparejarlos a todos… ver a Said pasarse 6 temporadas buscando a Nadia y encontrarse en la otra vida con Shannon… o los coreanos y Claire que ni se acuerdan que había un par de bebés por allí… lo dejo aquí y no hablo de Locke porque me enciendo…
Más que una decepción el final de Perdidos es una estafa, ya que la serie cambia las reglas del juego sobre la marcha. Lo que empezó siendo una serie atrapante y realmente misteriosa acabó siendo una tremebunda gilipollez esotérica digna de Paulo Coelho.
Totalmente en desacuerdo: las 3 ó 4 primeras temporadas de «24» son pura adrenalina y altamente adictivas.
La pregunta que me ronda ahora es… ¿»Juego de Tronos» terminará con el mismo tipo de efecto, o se revelará por fin como un acierto?
Lost me dio «The constant» y michael cimino,.. ademas de algunos otros buenos momentos. solo por eso a mi me mereció la pena.
Lo mismo que juego de tronos, el final podra ser un truño pero mira, se disfruta, .. excelente producción, tramas, personajes, grandes capitulos.. y no esta inventado sobre la marcha.. bueno ahora si, estaba basado en una novela que (como todas) se inventan sobre la marcha jajajaa
Las novelas rara vez se inventan sobre la marcha. Para escribir una novela, según casi el cien por cien de escritores, lo importante es tener claro el final. Luego lo que escribe sobre la marcha es todo lo que va en el medio (aunque sean siete libros, como en Harry Potter o Canción de fuego y hielo). :D
Me parece muy buen artículo en general aunque en mi opinión falta citar a David Lynch y Twin Peaks, quizás la primera serie cuyo final sufrió el «efecto Chris Carter». No quiero ser malo y pensar que, de ser cierta mi opinión, ningún articulista hubiera tenido valor para llamar a lo hablado en este artículo como «efecto David Lynch». Al fin y al cabo Chris Carter es alguien del medio televisivo al que se puede vilipendiar. Para hacer lo mismo con David Lynch hay que ir en contra del «establishment» crítico de medio mundo.
No puedo estar más de acuerdo con tu comentario. Es el efecto David Lynch total, pasó en Twin Peaks y también en Mullholland Drive, creando espectación al máximo para luego quedarse en un sueño con suerte con enanos……..
¡Qué maravilla en la televisión de los 90 ese aire fresco y sorprendente que supuso Expediente X! Es el comienzo de la TV como la entendemos hoy en día. Una pena que Fox Entertainment España ningunee al cliente español y no la edite en nuestro país como sí ha hecho en el resto del mundo en blu-ray. Podéis seguir la petición abierta aquí: https://www.change.org/p/fox-entertainment-espa%C3%B1a-p-expedara-que-se-publique-expediente-x-en-blu-ray-en-espa%C3%B1a?recruiter=77886233&utm_source=share_for_starters&utm_medium=copyLink
Pero, hombre, si precisamente que se vayan construyendo sobre la marcha es uno de los grandes alicientes de la narrativa serial (no de toda, es verdad). Esto se puede hacer con más o menos ingenio (Lost bien, Battlestar mal), pero es lo singular de este tipo de relatos. Por supuesto, casi nadie es capaz de mantener el truco durante años y el cansancio y la falta de imaginación (o el exceso) hacen acto de presencia, y el cansancio del propio espectador, que se aburre de personajes y situaciones. Lost fue grande, muy grande, un hito en la historia de las series a la hora de dejar al espectador «pegado». Un gran truco de ilusionismo sostenido durante un período insólitamente largo, pero, como ya dije una vez, viendo la encerrona en la que se estaban metiendo, lo mejor hubiera sido cerrar la serie con el final de la temporada 5ª: esa explosión y ese fundido que clausuraban la ficción como algo imposible, algo que nunca había tenido lugar, tal vez solo en nuestos sueños o en nuestra imaginación.
Respecto a «Perdidos», que nos fueran a dejar «a dos velas» ya se veía venir a partir de la segunda temporada. Cada 2×3 se abrían nuevas incógnitas que se acumulaban a las anteriores, sin que se diesen respuesta a preguntas importantes y sin cerrar tramas. Sí, la serie entretuvo mucho, pero el argumento hacía aguas por todos lados.
Pingback: Guía monstruosa del videojuego en PlayStation One (7) - Jot Down Cultural Magazine