Jot Down Cultural Magazine – J.R.R. Tolkien, una mitología viva

J.R.R. Tolkien, una mitología viva

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J.R.R. Tolkien, Oxford, 1968. Fotografía: Cordon.

El origen de un mito

«En un agujero en el suelo vivía un hobbit». Con esta frase arrancaba una novela que ha trascendido la historia de la literatura, y aún seguirá viviendo mucho después de que todos los que la leyeron hayan zarpado de los Puertos Grises. La historia de la Tierra Media no es solo una de las sagas más vendidas y populares de la literatura; es también un mundo vivo que ha seguido creciendo aunque su autor murió hace mucho tiempo. Una historia que podría interpretarse como una mitología que, no por tratarse de ficción, se amilana ante un Génesis.

Nacido en Bloemfontein, Sudáfrica, en 1892 y criado en el seno de una familia humilde que pronto se trasladó a la campiña inglesa, un joven John Ronald Reuel Tolkien creció leyendo los cuentos de hadas y rodeado de la naturaleza: los ríos, los caminos, la vida rural que más tarde inspirarían la Comarca. Sería imposible rastrear en la vida de este autor y profesor de lengua y literatura inglesas las señales que le llevaron a crear una obra tan rica en detalles, tan sorprendente, que varias generaciones se han visto maravilladas por ella. Fue El hobbit, publicado en 1936, la novela que lo empezaría todo, pero fue El Señor de los Anillos la que revolucionaría el mundo. Bajo la bandera del ideal hippie, donde a simple vista se ven orcos, magos y un Señor Oscuro, otros vieron la lucha entre el bien y el mal. Y más allá, vieron la lucha entre la naturaleza y la Revolución Industrial. Si hacemos caso a la biografía de Tolkien que firma Humphrey Carpenter, el joven John Ronald Reuel Tolkien se mudó con su madre y sus hermanos a la zona industrial de Inglaterra, donde los olmos y los ríos fueron sustituidos por las chimeneas, la metalurgia y el comercio. Para un niño cuya imaginación despertaba, la confrontación entre la vida rural que siempre había conocido y la nueva industria debió suponer una decepción tan importante que esta idea se recogería muchos años después en su obra magna. Frente a la dulzura, simplicidad y amor por la naturaleza de los hobbits y los elfos, se encuentra la industria de los orcos. La tala de árboles. El humo que emponzoña los cielos antes azules. Los temas que el movimiento hippie de los años sesentas recogería y abanderaría.

El éxito de El señor de los Anillos puede deberse a esto, o a su germen como contexto mitológico para el desarrollo de la lengua inventada quenya, gran obsesión del profesor Tolkien. O tal vez se debiera a la apología del sentimiento nacional británico y de sus leyendas. Sea como fuere, el éxito que alcanzó superó al buen autor, a su familia y sus descendientes. Hasta el punto de que la mitología sigue creciendo, sin parar. Han pasado ochenta años desde que se escribiera aquella primera frase, pero la Tierra Media siguen en auge.

Un mito expandido

El mito de la Tierra Media siempre ha pugnado por seguir narrándose a sí mismo y, con la llegada de las nuevas artes, no es de extrañar que el cine buscara en la obra de Tolkien inspiración para sus filmes. Pasando por alto las películas dirigidas por Peter Jackson, que ya han hecho correr ríos de tinta, y las más interesantes adaptaciones en películas de animación, obras de Ralph Bakshi, Jules Bass y Arthur Rankin Jr., cuya existencia es ampliamente conocida, hubo otros conatos de que los orcos invadieran el séptimo arte. Ya en 1967 tentó al mundo del cine con nada más y nada menos que Stanley Kubrick, el hombre que todo lo pudo en el celuloide, el maestro en la adaptación de novelas, con el descabellado proyecto de utilizar a los miembros de los Beatles como los aventureros hobbits. Tolkien lo rechazó, por fortuna.

Una segunda tentativa, unos años después, incluía una sola película, escenas de sexo y un presupuesto desorbitado que terminaría con el proyecto por los suelos, y supondría el inicio de la novela dentro del mundo de la animación infantil. Pero el mundo del cine tenía reservada una sorpresa de lo más inquietante. Con la Madre Rusia hemos topado. En 1985, sin atender a las leyes de propiedad intelectual, el director Vladimir Latyshev estrenó una adaptación de más que dudoso gustoso, con un presupuesto modesto y resultados más que discutibles que han dado a la cinta un aire de película de culto. Aunque en sus versiones originales, que fueron emitidas a lo largo de los ochenta y noventa en Lenningrad TV Channel, no se incluían subtítulos, los fans han realizado una traducción a varios idiomas que hoy día puede ser encontrada por la red.

En 1993, con mayor atención a las leyes y un resultado con algo más de calidad, se estrenaba en Finlandia The Hobbits, una suerte de resumen de El hobbit y El Señor de los Anillos en forma de miniserie y centrando el foco de atención en las aventuras de los pequeños seres. Una serie que tuvo escaso éxito y que se puede encontrar en la red como modesta joya para los fans de la saga.

Pasando por alto adaptaciones al cómic, a juegos de mesa, las versiones musicales tanto de El hobbit como de El Señor de los Anillos y las canciones que han inspirado, la expansión más interesante del sueño de Tolkien es la novela El último anillo del autor ruso Kiril Yeskov (Moscú, 1956). En esta reimaginación de la Guerra del Anillo, la tierra de Mordor es un lugar en plena expansión industrial y los orcos pugnan por llevar a la Tierra Media, atascada durante milenios en la barbarie por culpa de los elfos y los hombres, a una nueva edad de avances científicos. Con todos los nombres cambiados (aunque no con demasiadas diferencias), Yeskov nos presenta una suerte de secuela que parte de la premisa de que la historia la escriben los vencedores. El anillo no es más que una distracción para los «simples medianos y los elfos», sin poder ni repercusión, mientras Sauron se dedica a desarrollar la industria, la química y la medicina. Una reimaginación que resulta estimulante, aunque queda muy lejos de la prosa del profesor; muy lejos del gusto literario y la imaginación que dieron vida a los personajes que tanto amamos.

El señor de los anillos: Las dos torres (2002). Imagen: Aurum Producciones / Sony Pictures Home Entertainment.

Un mito digital

Tal vez si el tranquilo profesor Tolkien, que empezó a escribir sus historias como cuentos para sus hijos, levantara la cabeza hoy día y viera cómo ha crecido su mitología, lo consideraría cosa de magia. Sin duda el mérito hay que concedérselo a Peter Jackson, director e ideólogo de la trilogía cinematográfica que revivió la pasión por la Tierra Media. En plena era digital, con el videojuego como medio de producción cultural que se impone con rapidez, la obra de Tolkien no iba a quedar exenta. El primer videojuego basado en la Tierra Media fue The Hobbit de Beam Software, una aventura de texto que recogía una adaptación bastante fiel de la primera novela de Tolkien. Sucesivamente, la Tierra Media se ha visto seducida por el poder digital, con adaptaciones de las obras cumbre y de las películas, usando la aventura, el rol o la estrategia como mecánica de interacción.

Sin embargo, en los últimos años se ha ido un paso más allá. La Tierra Media: Sombras de Mordor y su secuela, La Tierra Media: Sombras de Guerra desarrollado por Monolith Productions, cuentan una historia paralela a la Guerra del Anillo en que Talion, un montaraz errante, se une en la muerte al espíritu de un elfo. La lucha que llevan a cabo contra Sauron pasa por la forja de un nuevo anillo que sea capaz de anular el poder del anillo único. Un guion completamente nuevo que expande aún más el universo del profesor inglés, y que cubre la obra de una pátina violenta, agresiva, más cercana a la fantasía que conocemos hoy día. Cuando los videojuegos basados en el mundo mitológico de los anillos parecía haber tocado techo con algunas mediocres producciones, Warner Bros. Interactive sorprendió a la comunidad con esta saga que ha rendido a la crítica a sus pies. La sorpresa de estos dos videojuegos supuso el resurgir del interés de la Tierra Media dentro del mundo digital, donde los juegos de rol están viviendo una segunda edad dorada que va camino de desbancar el éxito de los juegos de rol de dados y papel de los años noventa.

¿Qué diría el profesor si pudiéramos ponerle un mando en las manos y que jugara a Sombras de Guerra? ¿Qué opinaría de ver su historia expandida, reconvertida, reimaginada, dotada de vida, con el lector convertido en protagonista en un mundo en que, si no participamos de él, no se mueve? Seguro que ni en sus mejores sueños podría haber imaginado lo que iba a ser de su mundo.

El mito de una vida

Aunque la obra de Tolkien no acaba en El Señor de los Anillos, esta es sin duda su obra más importante. Sorprende saber que tuvo que ser convencido para escribirla, pues tras el éxito de El hobbit sus editores insistieron en una continuación directa de las aventuras de Bilbo Bolsón, dando al traste con las aspiraciones de Tolkien de publicar El Silmarillion. Una serie de relatos, Egidio, el granjero de Ham, de ensayos, traducciones y poemas complementan una extensa obra que empezó a principios del siglo XX y terminó a finales, cuando el hijo del profesor, Christopher Tolkien, dio orden y concierto a los legajos de papel que dejó su padre tras su muerte.

La literatura fantástica no sería lo mismo sin la Tierra Media. A estas alturas ya no hay debate sobre esto. Otras grandes sagas han surgido, pero todas beben de la misma fuente. Sin El Señor de los Anillos no tendríamos Canción de Hielo y Fuego. Sin El hobbit no habría nacido El nombre del viento. Ni siquiera Dragones y Mazmorras. En su época Tolkien recibió algunas críticas por centrarse en «cuentos de niños» en lugar de desarrollar su trayectoria literaria en «asuntos más serios». Hoy nos reímos de esos que se atrevieron a poner en duda la labor del profesor, pues creó un mundo y cambió la faz del nuestro. Un lector prematuro de los escritos que compondrían El Silmarillion diría: «se lee como si leyera el Antiguo Testamento». En la historia de la literatura, y aun de la cultura mundial, sobreviven algunas voces. Shakespeare, Cervantes, Borges… Tolkien. Da igual a qué edad y con qué medio; da igual si nunca lees los libros pero te pierdes en sus videojuegos, todo surgió de la mente de un menudo profesor británico que imaginó mundos mágicos donde otros veían solo realidades. La obra de toda una vida. Una labor tan grande para un solo hombre, que Tolkien declaró muchas veces que su obra lo había sobrepasado. Que no tenía la sensación de estar imaginando, sino descubriendo.

En una de sus últimas cartas, fechada en Agosto de 1973, unas pocas semanas antes de fallecer, el profesor Tolkien escribía a su amigo Lord Halsbury:

(…) Cuando se retire, por cierto, necesitaré su ayuda. Sin ella, empiezo a sentir que ya no seguiré progresando en El Silmarillion. Cuando estuvo aquí el 26 de junio, cobré otra vez conciencia del efecto fortalecedor que tiene usted sobre mí: como un fuego cálido llevado a la habitación de un hombre viejo, donde permanece sentado con frío e incapaz de hacerse de coraje para salir a dar un paseo que desea con todo su corazón.

El Silmarillion, la obra cumbre de Tolkien que explicaba la mitología, el nacimiento de la Tierra Media y la lengua quenya, no vería la luz en vida del autor. La obra de una vida que necesitó de varias vidas humanas para verse completada. Y que, tantos años después, sigue creciendo.

5 comentarios

  1. Este gran escritor, un hombre que nació adelantado a su tiempo y que aún así, supo crear una obra que perdurará en el tiempo. Un genio sin duda.

  2. Es El Señor de los Anillos la obra cumbre de J. R. R. Tolkien, sin duda. Pero es en El Silmarillion donde reside su corazón.
    Nunca comprendí —defecto mío, obviamente— a aquellos amantes de ESDLA que renegaban de El Silmarillion. Siempre supuse que eran fans de la acción, de la trama, de los personajes… pero no de la Tierra Media, su historia y paisajes, la verdadera creación del autor.
    Guardo en casa, como el tesoro que es, un volumen titulado “Bestiario de Tolkien”, firmado por David Day; lo leí poco después del Silmarillion (hace ya veintidós años, madre mía), y en sus páginas, trufadas de bellísimas ilustraciones, descubrí la verdadera magia de John Ronald Reuel Tolkien: TODA su creación.

  3. Tolkien es un grandísimo filólogo y, gracias en buena parte a ello, un grandísimo escritor. Para mí es probablemente la mayor influencia literaria que he tenido en mi vida, y numerosos intereses y vocaciones que me han encaminado vital y profesionalmenre se los atribuyo a sus libros: los de ficción, los ensayos, las cartas e incluso alguna de las biografías que otros escibieron sobre él me han inspirado.
    He seguido con interés las producciones audiovisuales y los comics inspirados en él (no, sin embargo, los videojuegos, que no han logrado interesarme nunca en exceso, salvo quizá aquel primitivo Hobbit que se jugaba en el Spectrum). Y aunque lo he disfrutado todo, nada supera la emoción de volver a los escritos del maestro. Desde el Silmarillion a los cuentos inconclusos y los apéndices.

  4. A Peter Jackson le debo que descubriera el universo Tolkien, pero una vez descubierto no le puedo perdonar ciertas películas. En concreto aborrezco “Las dos torres” y todas las del Hobbit. Ojalá en el futuro alguien vuelva a hacerlas y esta vez sean mucho más fieles a los libros.

    • En mi casa el Señor de los anillos ha estado muy presente en la vida de 4 de los 5 miembros de mi familia desde que tengo memoria.
      Mi hermano jugaba al juego de rol con los amigotes. Se hizo con un atlas de la tierra media, que recorria las 3 edades de Aman documentadas por Tolkien. Tambien con una obra ilustrada cuyo nombre no recuerdo en el que se daban detalles del nivel de los personajes y descripciones de los mismos (entre ellos Akhorahil, Angmar el rey brujo, Galadriel, Gandalf el gris, y Gandalf el blanco, Saruman, toda la comunidad del anillo, un tumulario o Smaug) El silmarilion, el hobbit y el señor de los anillos aun reposan en las estanterias de mi casa, y de la de mis padres y de la de mi hermano.
      Cuando salio la película, lamente que no nos hubieran caso en la eleccion del reparto, nosotros queriamos a Sir Anthony Hopkins haciendo de Gandalf, y a Sean Connery haciendo de Saruman.
      Las elecciones de Sir Ian Mcellen y Christopher Lee fueron sendos aciertos.
      Las 3 peliculas que Peter Jackson creo para adaptar el señor de los anillos son obras redondas y maestras con muy pocos fallos.
      Paso a desgranarlos y a señalar las diferencias entre pelicula y libro.

      En la comunidad del anillo literaria no alcanzamos a ver morir a Boromir, si lo hace en la pelicula. Esto fue un acierto de Peter Jackson, Tolkien deja en el aire lo que ha ocurrido con Boromir en el libro, pero el 90% de los espectadores sabian lo que iba a pasar con Boromir al ver la pelicula asi que cerrar la primera pelicula con una batalla epica y el emotivo sacrificio de un redimido Boromir era lo mejor. Conclusión pedazo acierto, por mucho que hubiera sido muy epico empezar las dos torres con una batalla entre el numeroneano de gondor, el heredero de Isildur, Gimli, Legolas y una piara de orcos.
      En la novela se pone mucho mas enfasis en la desconfianza que Aragorn inspira al principio en Frodo, en la pelicula las dudas son mas bien exclusivas de Sam, es un matiz menor, pero admisible.
      En la novela Tom Bombadil salva a los hobbits del viejo arbol. En la pelicula Tom Bombadil, para muchos la representación de Tolkien en la novela desaparece, es un acierto, pues pese a ser un personaje entrañable, tambien hubiera ocupado 20 minutos de una trama secundaria.
      En la novela es Frodo quien se agarra los machos y cruza los vados para huir de los espectros del anillo, es Glorfindel y sutilmente el poder de Elrond quienes salvan a Frodo. En la pelicula, para darle empaque a la relación de Arwen y Aragorn, es Arwen y el poder de Elrond lo que salva a Frodo. Esto es un fallito a mis ojos, Arwen no me da mas, el romance entre Aragorn y Arwen se refuerza si, pero nunca me entusiasmo como sub trama, deberia haber sido implicito como en el libro. El heroismo de Frodo queda bastante desdibujado y me pierdo a Glorfindel. Una pequeña tragedia.
      Todo cuanto ocurre tras el concilio de Elrond es absolutamente fiel a la novela, los problemas en el Caradhras, la presión de Boromir para ir hacia el sur, la de Gimli para visitar Moria, los recelos de Gandalf, el acertijo de la puerta, el Kraken en la laguna la tenebrosa travesia de Moria. la huida y la lucha en el puente.
      La visita a Galadriel y la transmisión de los miedos de personajes clave como Boromir y Frodo tambien es clave en la novela, lo mismo puede decirse de la disolución de la comunidad.
      En referencia a las 2 torres. el cambio en el arranque ya ha sido comentado y a mi gusto es quiza la mejor de las 3, mas epica que la primera, y menos eterna que la tercera. Pese a todo tambien diría que es la que comete el mayor error de la saga.
      En las 2 torres todo sigue el curso natural, el fallido cruce de la cienaga de los muertos por 2 hobbits y Gollum, la persecución de Pippin y Merry por parte de Gimli Legolas y Aragorn, los diferentes encuentros y entcuentros y frikadas varias en el entorno (que bien traida la palabra) de Fangorn el viaje a Edoras la captura de los hobbits y Gollum por los hombres de Gondor. TODO sigue fielmente la novela hasta aqui, y ahi se acumulan algunos errores.
      1º) En la novela se explica que Faramir era la opción que Gandalf habia recomendado para viajar al concilio en lugar de Boromir, y en la novela se ve claramente que era la mejor opción posible, aqui Faramir es mas humano y el personaje pierde ese aura de “grande” que le daba la novela. Para mi es el gran error ya que cambia y mucho a un personaje que aunque secundario era magnifico en la novela.
      2º) Jackson la lia un poco en el abismo de Helm, son errorcillos, pero sumados son un error, la aparición de los elfos es muy emotiva,pero destruye toda la epica de Rohan resistiendo sola a Saruman, la ausencia de Eomer impide consolidar a un personaje que con Karl Urban tenia su potencial, este aparece para salvar el día con Gandalf, ocupando el lugar de Erkenbrand, como en el caso de Glorfindel es la idea darle mayor relevancia a un personaje secundario sacrificando a otro decorativo, pero esta vez yo creo que es un error, aunque pequeño.
      3º) La muerte de Saruman a manos de una certera flecha de Legolas al final de la pelicula se carga toda la subtrama de la vuelta a la comarca, lo entiendo porque habria sido el anticlimax en la tercera pelicula. Pero Saruman merecia otro final, un Maiar como el tendría que haber vivido un proceso de degradación antes de tener una muerte tan patetica.
      En El retorno del rey, todo queda condicionado por un final muy distinto. Denethor, un heroe derrotado pero relativamente carismatico en la novela queda tocadisimo en la pelicula. No se entiende su orden de intentar recuperar Osgiliath, en la novela se mostraba como un hombre poderoso y sabio, aunque acosado por el miedo, aqui se le ve como un cinico cruel e incapaz. se sacrifica a Beregond como a Erkenbrand y Glorfindel, siendo un personaje mas importante, tampoco se le echa demasiado de menos. Aunque hay pequeñas diferencias (la ausencia de los hombres de los bosques, la llegada de los muertos al embarcadero) todos esos cambios son tolerables salvo a mis ojos el enfrentamiento entre Angmar y Gandalf, que se resuelve a favor del primero, mientras que en la novela no quedaba nada claro que habria pasado.
      Del cierre decir que siendo muy distinto al original, es mas cinematografico, que reuniones en las que se anunca que el Reino unificado ocupara toda la tierra conocida, que a los Ents se les da fangorn, Rohan sera independiente y la comarca mantendra una Autonomia que ni en España.
      A mis ojos se puede discutir si se quiere la calidad de las peliculas.
      Pero que son fieles a las novelas es, teniendo en cuenta que he enumerado casi todas las variaciones en mas de 9 horas de metraje, indiscutible.

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