«Cease to Exist», la canción de Charles Manson de la que se apropiaron los Beach Boys

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Charles Manson, 1989. Foto: Cordon.

Cuando Dennis Wilson conoció a Charles Manson en 1968, The Beach Boys ya eran una de la bandas más famosas del mundo y, con mucha diferencia, la de mayor éxito comercial de Estados Unidos. Ni siquiera The Doors, The Byrds, Simon & Garfunkel o The Monkees se les acercaban. Habían sido, quizá junto a The Mamas & The Papas, los únicos capaces de resistir la british invasion. Eran el paradigma del californian myth. Gozaban del favor del público y el aplauso de la crítica. Si además tenemos en cuenta que en junio de 1969, al finalizar su contrato con Capitol Records, el grupo había vendido en apenas siete años sesenta y cinco millones de álbumes en todo el mundo, podría decirse que, a semejanza de lo ocurrido con The Beatles en Inglaterra, la década de los sesenta había pertenecido en Estados Unidos a The Beach Boys.

Por eso, cuando en la primavera de 1968 un coche se detuvo delante de Patricia Dianne Krenwinkel y Ella Jo Bailey mientras hacían autoestop en una carretera de Malibú, las dos chicas se dieron cuenta enseguida de que aquel muchacho de aspecto hippie que conducía el vehículo y se estaba ofreciendo a llevarlas era el mismísimo Dennis Wilson, batería de los Beach Boys. El grupo había cosechado un éxito tan grande y de un modo tan vertiginoso desde su primer disco, Surfin’ Safari (1962), que en el año 1968 ya había comenzado su declive, pero eso no significaba que la fama de Mike Love, Al Jardine y, sobre todo, los hermanos Wilson hubiese decaído lo más mínimo. Todo lo contrario.

Dennis era el único de los Beach Boys que se correspondía con el estereotipo de joven californiano del que hablaban las canciones del grupo. Practicaba el surf, no entendía cómo el resto de los miembros de la banda podían vivir alejados de la playa, llevaba una vida bohemia y relajada y era un devoto seguidor de los principios éticos y estéticos que un año antes habían cristalizado en el Verano del Amor. Especialmente, el amor libre. Una actitud con respecto a la libertad sexual con la que también estaban de acuerdo Patricia y Ella, las jóvenes autoestopistas de Malibú, por lo que Dennis las invitó a su casa en Pacific Palisades y los tres disfrutaron de un entretenido y placentero día de sexo.

A última hora de la tarde, Dennis tuvo que acudir al estudio para realizar una sesión de grabación con los Beach Boys. Una tarea que, finalmente, terminaría llevándole toda la noche. Cuando regresó a su casa a la mañana siguiente pensando en reunirse con sus dos invitadas, lo que se encontró fue a un hombre extraño que lo estaba esperando en la puerta. «¿Vas a hacerme daño?», preguntó el músico un tanto asustado. El hombre le contestó que no debía tener miedo, se arrodilló y comenzó a besarle los zapatos. Dennis se apartó, abrió la puerta de la casa y se encontró en su interior a una docena de chicas que escuchaban música y bailaban desnudas en su salón. Comprendió entonces que aquel «hombrecillo que actuaba como si fuese el dueño de la mansión» era el gurú del que le habían estado hablando Patricia y Ella la tarde anterior: Charles Manson.

Dennis se quedó fascinado con la personalidad de Manson y el grupo de personas que lo seguían, a quienes él llamaba «La Familia». De Charles le maravillaban sus ideas sobre ecologismo, sus charlas filosóficas y sus poemas, muchos de los cuales había convertido en canciones. Con los integrantes de La Familia, la mayoría de ellos mujeres, se sentía además especialmente cómodo. Formar parte de aquel grupo de gente le proporcionaba una cierta sensación de pertenencia; de confraternidad. Tal vez hubiese algo sombrío en la forma en que adoraban a Manson, a quien consideraban una especie de mesías, pero para un adicto el desenfreno como Dennis la posibilidad de mantener relaciones sexuales libremente y a todas horas así como el acceso sin límite a distintas clases de drogas compensaban cualquier posible recelo que la situación le pudiese causar.

A los pocos días, Manson y parte de La Familia ya se habían mudado a la mansión de Dennis. «Vivo con diecisiete chicas», confesaba el músico en una entrevista que se publicó en la prensa en aquella época con esa frase como titular. Poco a poco había ido desarrollando cierta afinidad con Charles Manson. Cierto entusiasmo por sus ideas y su forma de pensar —Manson había evitado comentarle nada sobre sus prejuicios raciales, ni sobre la profecía que había creído hallar en «Helter Skelter», la canción de los Beatles, ni sobre su obsesión por provocar una lucha racial entre blancos y negros, que él denominaba «el apocalipsis» y que terminó derivando en los terribles asesinatos que cometieron los miembros de La Familia, entre ellos la propia Patricia Dianne Krenwinkel, quien actualmente sigue en prisión—. Pero sobre todo había desarrollado cierta admiración por el talento de Manson como compositor.

«A veces me asusta el Mago, Charlie Manson, un amigo mío que afirma ser Dios y el diablo. Canta, toca y escribe poesía. Tal vez pronto lo fichen en Brother Records», decía en aquel entonces Dennis Wilson, quien se refería al posible fichaje de Manson por la discográfica que habían fundado los Beach Boys. De hecho, y aunque nunca hayan visto la luz, se sabe que Manson llegó a grabar varias maquetas en el estudio casero del propio Dennis. Canciones que fueron producidas por sus hermanos Brian y Carl, ni más ni menos, y que probablemente fuesen la base de Lie: The Love and Terror Cult, el disco que Manson grabaría en agosto de ese mismo año. Dennis comenzó a presentarles a Charles Manson a varios de sus amigos, así como a personas influyentes en el mundo de la música. Entre ellas estaban el mánager Rudi Altobelli, el compositor Gregg Jakobson —especialmente empeñado en el prometedor futuro de Manson— y el productor musical Terry Melcher, descubridor de The Byrds y en cuya antigua casa La Familia asesinaría brutalmente a Wojciech Frykowski, Steven Parent, Abigail Folger, Jay Sebring y Sharon Tate, embarazada de ocho meses. Su marido, Roman Polanski, se hallaba fuera de Estados Unidos en ese momento.

Toda la escena californiana alababa el talento de Manson a mediados de 1968. Incluso Neil Young llegó a elogiarlo como músico y a decir de él que era «un poeta en potencia». Era tal su reputación como compositor que incluso Dennis Wilson le pidió que le escribiese una canción para él. Una canción que se llamaría «Cease to Exist», que Manson se preocuparía de grabar primero y que Dennis incluiría después en el disco de los Beach Boys 20/20 bajo el título «Never Learn Not to Love» tras hacer algunas modificaciones en la letra que, básicamente, se reducían a cambiar la frase «deja de existir» por «deja de resistirte». Y es aquí donde comienzan a diferir las versiones de los implicados.

Según el biógrafo Peter Ames Carlin, autor de Catch a Wave: The Rise, Fall and Redemption of the Beach Boys’ Brian Wilson (Rodale, 2006), Manson escribió esa canción específicamente para los Beach Boys a cambio de una suma determinada de dinero y una motocicleta. Mike Love también se ha referido a «Never Learn Not to Love» tanto en su biografía como en el documental de la cadena ABC Truth and Lies: The Family Manson, en el que dice: «Efectivamente, nosotros grabamos esa canción. Nadie me habló jamás de su origen. Hasta donde yo sé, Dennis la escribió». Pero es el propio Charles Manson quien, ya en prisión, ofrece su versión personal de los hechos en una entrevista para la revista Seconds.

La conversación, tal y como él la recordaba, se había iniciado comentándole a Dennis lo mucho que le gustaba su mansión. El músico le contestó que estaba dispuesto a regalársela si le ayudaba a componer algunas canciones y a interpretarlas a su manera, ya que quería publicar un disco en solitario. Un intercambio al que Manson accedió, preguntando además qué le daría por su canción «Cease to Exist». Sin dudarlo un segundo, Dennis Wilson le ofreció su Rolls-Royce: «Te daré mi Silver Cloud». Las declaraciones de Manson en la entrevista terminan con su queja sobre el comportamiento de Dennis, a quien consideraba un estafador por haber publicado la canción como si fuese de su autoría: «Siempre me daba largas, no quería pagarme. Me debían la casa y el coche, pero no querían… ¡Joder, no me dieron una mierda!».

Cuesta creer que Dennis Wilson considerase un buen trato canjear una mansión en California y un coche de lujo por una canción y algunas lecciones sobre composición musical, pero eso no significa que Manson y él no hubiesen llegado a un acuerdo privado por el que, a cambio de lo que fuese, Dennis no solo se haría con los derechos de «Cease to Exist»sino que podría publicarla como si fuese suya. Desde luego, llama la atención que en el álbum 20/20 se acrediten la letra y la música de la canción a Dennis Wilson cuando existe una grabación anterior de ese mismo tema, aunque con otro título, realizada por Charles Manson y en la que este consta como autor. Lo más lógico es que los Beach Boys hubiesen adquirido los derechos de explotación del tema pero que Manson figurase en los créditos como el compositor del mismo. Salvo que, efectivamente, Manson tuviese razón y hubiese llegado a un acuerdo privado con Dennis.

A la vista de las circunstancias, lo único que podemos asegurar es que Charles Manson falleció reclamando la canción como suya. Acusando a los Beach Boys, y en concreto a Dennis Wilson, de habérsela robado. Y para probar que la canción era de su autoría, disponía de un disco anterior a 20/20 donde la había grabado. Si los Beach Boys fuesen los verdaderos autores del tema o Dennis Wilson hubiese llegado a un acuerdo con Manson por el que este le cedía la canción como si la hubiese escrito él, tuvieron toda la vida para defenderse de la acusación y demostrar que nadie se apropió indebidamente de «Cease to Exist». Pero como eso nunca sucedió ni va a suceder jamás, no nos queda más remedio que pensar que Manson, posiblemente, tenía razón. Todo lo que hizo con su vida a partir de ese momento es historia.

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