
– Ha llegado el momento de separar a los niños de los hombres.
(Larry Bird, refiriéndose a la Final de la NBA)
Esta noche da comienzo la Final de la NBA, enfrentándose los dos equipos que han llegado en mejor forma a la recta final de temporada: Miami Heat y Dallas Mavericks.
The Beach Boys
En la Conferencia Este, Miami Heat ha llegado hasta donde se había propuesto llegar: a jugar la Final. El pasado verano, en una antológica operación dirigida por Pat Riley en los despachos, el equipo de Florida consiguió fichar a LeBron James y Chris Bosh, lo que unido a la continuidad de Dwyane Wade catapultó las aspiraciones de la franquicia a corto, medio y —por qué no— largo plazo. No debemos olvidar que los tres pertenecen al draft de 2003, uno de los mejores de la historia de la NBA, por lo que aún tienen tiempo para crear una dinastía. Además, respetables jugadores de segunda fila o en el ocaso de su carrera profesional han bajado sus cachés para poder completar la plantilla: dando minutos de descanso a las estrellas, sacando de banda, agitando la toalla desde el banquillo… ese tipo de cosas. Todo parece indicar que estamos en la antesala del primer MVP en las finales de la NBA para LeBron, si Wade —cuya última presencia en las finales se saldó con una de las mayores exhibiciones individuales que se recuerdan— lo permite.
LeBron James, The Chosen One
Dejando de lado la plausible hipótesis de que Dwyane se disfrace de nuevo de Michael Jordan, la consecución del anillo es la meta ansiada y trazada por James desde que a principios de siglo los videos de sus hazañas como jugador de instituto inundaron internet. Por segunda vez está a las puertas de conseguir el título. Con actuaciones individuales sobresalientes estos últimos años (a pesar de la táctica defensiva de sus oponentes basada en medirle el lomo cada vez que se acerca al radio de acción de patadas y manotazos) James debería haber recibido reconocimiento por el gran logro que fue llevar a un equipo atroz, los Cleveland Cavaliers, tan arriba, y no haber necesitado una ambulancia para abandonar los pabellones durante los playoffs. En cambio, este hombre es de los que peor caen al público y prensa. Por ejemplo, el programa de televisión rebosante de vergüenza ajena que fue The Decision (“llevo mi talento a Miami”), es para azotarlo con una vara de avellano mientras se le hace ver un video con los mejores trescientos minutos en cancha de Brian Scalabrine. Aunque tampoco hay que pasarse con los elogios, como hace un par de días hizo Scottie Pippen al sugerir ahora que LeBron podría llegar a ser mejor jugador de baloncesto que Jordan. Podría. Botella medio vacía o medio llena. Ya que sale a colación, parafraseando a Ana Botella (esa gran filósofa de nuestro tiempo), diré que una pera no es una manzana.
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Estupendo artículo, estoy totalmente de acuerdo en todo lo que comentas de Nowiztki, para mi el mejor jugador extranjero en la NBA.
No estoy para nada de acuerdo en uno de los axiomas, el 2, el del tiro perfecto, se trata de un jugador imparable pero pienso que du tiro no es técnicamente perfecto, imparable sí, fiable sí, demoledor también, pero perfecto ( para qué?)…Si Lebrón y compañía pueden controlarle medianamente el anillo se irá a Florida….
pero reitero: tira desde muy arriba y alza en exceso sus codos…
Watanabe, yo opino como el autor. Si es imparable, fiable y demoledor, para mí también es perfecto.
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Pues yo no estoy de acuerdo con ninguno de los axiomas, y me encanta Nowitzki, pero me gustaría saber si hubiera puesto lo mismo de Dirk el año anterior al que consiguió el anillo Dallas…
PD: sus estadísticas medias a día de hoy son 47’5-38-87’8, que ya digo que a mí me encanta Nowitzki y considero que son unos muy buenos porcentajes, pero son estos y no los que dice el artículo.
PD2: se le ha olvidado incluir en la lista de irrisorios al patán de Sabonis y al patético Divac.
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