Alfredo’s Barbacoa

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C/ Lagasca 5, Madrid – 915 766 271

C/ Juan Hurtado de Mendoza 11, Madrid – 913 451 639

Las mejores hamburguesas de Madrid. Ese es el mantra recurrente cuando se menciona Alfredo’s Barbacoa. Una mayor que no negaría ni sometido a las más delicadas atenciones de la Inquisición, pero que trataré de matizar en este análisis llegado el momento.

Lo primero que ha de saber el amante de las calorías que desee adentrarse en el universo gastronómico de Alfredo es que, para conseguir mesa, debe reservar. Con mucha antelación. Quizá pidiendo ayuda a la NASA para que con sus superordenadores puedan cuadrar la agenda de un mortal con las demenciales listas de espera de sus dos locales. Al lector de provincias puede asombrarle que comer en una hamburguesería precise de reserva. Pero así con las cosas en Alfredo’s: es tal la fama de sus delicias que resulta menos desesperante conseguir cita con un especialista en el desastroso sistema de salud público madrileño. Tras muchas gestiones y el establecimiento de turnos de un equipo de Jot Down para llamar cansinamente a su local de la calle Lagasca, conseguimos una mesa el día y la hora que a ellos les dio la gana.

Adentrarse en el restaurante representa otra aventura: uno debe nadar entre el gentío que en la puerta se acumula para encontrar al camarero que se ocupa de las reservas, como quien buscara a don César Vidal en una manifestación profamilia contabilizada por la presidencia de la Comunidad de Madrid para fotografiarse con él haciendo cuernos con gesto solemne y presumir de ella en Facebook. Y más vale encontrarlo rápido (al camarero, no a don César), pues cualquier distracción puede resultar en que algún espabilado se adelante y termine comiendo a tu nombre. Se han dado casos. Alfredo, por cierto, posee otro local en la calle Juan Hurtado de Mendoza, pero a los efectos que nos interesan, esto es, los gastronómicos, no existe diferencia. Solo que ese otro local es más amplio y allí tenemos más posibilidades de encontrarlo a él, el gran hombre, ese neoyorkino que vino a Madrid a cebarnos, Alfredo. El hierofante de la carne, el sacerdote del colesterol, el mago de la hamburguesa, el ayatolá del rock and roll. Bueno, de esto último no. Una de las características de sus restaurantes, junto a una decoración de memorabilia norteamericana que podríamos situar justo al extremo contrario del concepto minimal, es la continua exhibición de vídeos musicales facturados por la industria country de Nashville. Garth Brooks, Debby Ryan, el padre de Hannah Montana… ya saben. Un country comercial, popero e infumable, que a los amantes de la música americana de raíces nos arrasa el ánimo como a un abonado al Auditorio Nacional la ejecución de las nueve sinfonías de Beethoven por la banda de cornetas y tambores de mi pueblo bajo la batuta de Luis Cobos. Para que se hagan una idea. A esto hay que sumarle el volumen absurdo del soniquete y la atronadora cacofonía del resto de comensales, quienes como buenos españoles no saben hablar de forma que no sea a grandes voces. Así que podríamos decir que comer en la barbacoa de Alfredo no es una experiencia sublime para todos los sentidos.

Pero vayamos al del gusto, y trataré de convencerles de que compensa. Una vez acomodados en la mesa, nos enfrentamos a la carta. Poca variedad, no nos vamos a engañar. Si de algo adolece Alfredo’s es de la escasa variedad y calidad que hallamos fuera de las hamburguesas. Como entrantes, nos encontramos sorprendidos con un buffet libre de ensaladas. Venimos aquí a endurecer nuestras arterias y esto es lo primero que vemos. No importa las veces que haya comido aquí, siempre que me topo con el sano color de las putas hortalizas experimento un arrebato de indignación. Pero indignación de verdad, justa y poderosa, de padre de familia castellano que golpea con el puño la mesa y suelta una fuerte interjección al ver en el telediario a la hora de comer que Bildu toma posesión de un ayuntamiento. Adormecido el trauma gracias a unas cuantas cervezas, podemos estudiar el resto de la carta. Los entrantes son típicos y de calidad mediocre: patatas fritas, aros de cebolla, mazorcas de maíz y la excepción: el chili. El chili de Alfredo es delicioso, pero entraña ciertos riesgos. Pedirlo es una apuesta a muerte que en mi círculo más cercano hemos dado en llamar la Ruleta Tex Mex. Y esto se debe a que su ingesta ofrece dos resultados: o no te pasa nada o te sienta como un tiro. Suave y ligero en boca, no muy picante —aunque esta apreciación es muy subjetiva y se la ofrece un sujeto acostumbrado desde su infancia a comer cosas que harían expeler fuego a una cabra por ambos extremos de su aparato digestivo—, con aromas complejos y afrutados a jugo de trementina y un retrogusto que evoca barricas de madera noble con una serpiente de cascabel muerta en el fondo. Su camino hasta el estómago deja una agradable calidez. Pero a partir de ahí se pueden torcer las cosas si no has tenido suerte. Horas después, en el recorrido por el tracto intestinal, se convierte en magma radiactivo que implica pasar una noche toledana en duras y largas negociaciones con el señor Roca, mientras con lágrimas en los ojos agitas el puño hacia el techo del cuarto de baño poniendo a Dios por testigo de que nunca volverás a comer chili. Quien seguramente te escucha descojonado, pues qué falsas promesas le vas a hacer a Él de las que no conozca el resultado.

Bien, una vez tomada la dura decisión de no arriesgarse —pues tenemos que escribir la crítica y no estamos para grandes emociones—, nos saltamos el chili y pedimos dos hamburguesas. Hablo en plural porque mi volumen corporal después de engullir así lo exige. La primera elección es la inexcusable: la superhamburguesa Alfredo’s, sencilla como mandan los cánones: carne, queso cheddar, bacon y salsa barbacoa. La segunda, la superhamburguesa BLT. Carne, tomate, lechuga y mayonesa. Aquí tenemos el primer argumento que podría desmontar la fama de las mejores hamburguesas de Madrid. El bocadillo en sí es simple y mediocre. Pan industrial, ningún ingrediente especial y la maldita lechuga iceberg. Qué menos podría hacer Alfredo que servir su carne entre dos panecillos artesanales, como hacen otras hamburgueserías delicatessen, y ponerte encima una colección de hierbajos con nombres inverosímiles como rúcula o canónigos, en lugar de ese trozo de cartón verde e insípido. Pero es en la carne donde está el secreto y habita la leyenda. Carne de cebón de calidad insuperable cocinada con amor en la barbacoa y al punto justo que solicites. Como amante de la carne, recomiendo pedirla en ese punto que exige la presencia de un picador y un banderillero que te la desbraven en la mesa antes de hincarle el diente. Para ser justos, hay que señalar otro de los puntos en los que se apoya la magia de Alfredo y que nos encontramos en la clásica y ortodoxa hamburguesa Alfredo’s: la salsa barbacoa. Receta secreta e inmutable a lo largo de los años, sospecho que uno de los ingredientes es heroína. Solo unas horas después de probarla experimentas temblores, sudores fríos, convulsiones y la certeza de que prostituirías a tus abuelas por tener un poco más de eso en la boca. O peor, que te prostituirías con abuelas. Se dice que muchos de los sujetos con aspecto enfermizo y cetrino que deambulan por los trenes de cercanías portando misteriosas bolsas de plástico que parecen contener batidos o bebidas dulces, pidiendo unas monedas, no mienten al explicar que lo que les den —la voluntad, por lo que más quieran— es para comer. Pero para comer salsa barbacoa de Alfredo.

Estos dos factores, la carne y la salsa, por encima de los handicaps que he enumerado, son los que convierten las hamburguesas de Alfredo en la experiencia única que son, el súmum de la gastronomía yanqui, el non plus ultra de la carne picada y la brasa, la poesía directa al paladar de este hombre que por no ser menos que Vallejo morirá en Brooklyn con aguacero. Porque morder una de sus hamburguesas es dejar pasar un trocito del paraíso en tu boca. Un viaje orgásmico que te obliga a dar gracias por estar vivo y por que la expresión sea una metáfora, pues si las papilas gustativas eyacularan podrías verte inmerso en una situación incómoda para tu heterosexualidad.

Tras esta experiencia, como quien se fumara un cigarro cogiendo fuerzas para la siguiente, solo resta desengrasar con un postre antes de pedir otras dos hamburguesas. Brownie con helado de vainilla o cookie gigante, ambos platos caseros, son las elecciones acertadas. El colofón necesario para quien no se atreva con la segunda ronda. Y ya podemos ir en paz.

Fotografía: Bárbara de Bragaza

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32 comentarios

  1. Rafa Valdemar

    Coño, este artículo ha sido como una madalena proustiana para mí. Conocí a Alfredo hace unos (ejem) 30 años, cuando estaba empezando y era un tipo pintoresco entre los moteros de mi barrio. Cuando evoco sus costillas asadas me viene una especie de escalofrío que me recorre desde la punta del cimbel hasta el neocortex…
    Yo diría que este sabroso artículo habría que leerlo sobre un fondo Willy DeVille…

    • Ricardo J.

      Sueño con verlo incluido como nota a pie de página en vuestra próxima edición de A la busca del tiempo perdido.

  2. No hay nada peor que intentar hacerse el Muñoz Molina escribiendo una crítica gastronómica. Lo más triste/infumable que he leído en Jot Down.

    • Vicente Cabras

      Yo creo que dices eso porque todavía no has atacado la entrevista a la Nothomb… mira, mira, esto dice el autor al final de la entradilla que da pie a la entrevista «…Yo, no menos silencioso, buscando sin encontrar un lápiz, un bolígrafo o algo así, cuya búsqueda prolongo no sin cierta coquetería…» Luego el coqueto del autor ya se lanza a preguntar, pero mejor no te lo cuento y lo disfrutas tú.

    • Tolquimete

      Vaya un artículo ñorder!

    • No puedo estar más de acuerdo contigo

  3. Al final no sabemos si son las mejores hamburguesas o no, pero que risas.

  4. Sismica

    «dar gracias por estar vivo y por que la expresión sea una metáfora, pues si las papilas gustativas eyacularan podrías verte inmerso en una situación incómoda para tu heterosexualidad»

    XDDDDDDDDDDDDDDDD

  5. He disfrutado mucho este artículo, da gusto encontrar algo que se sale de lo normal y aburrido. Ya tienes otro fan.

  6. Ricardo J.

    Desde esta atalaya del muñozmolinismo de la crónica gastronómica os agradezco las palabras de aliento.

  7. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | David Gistau: “El trauma del periodista es pasar desapercibido”

  8. Me ha encantado. Enhorabuena!

  9. Eduado

    Not sure at all…
    Hay sitios muy, muy buenos en Madrid.

  10. Pingback: Anónimo

  11. Campoamor

    No las probé la verdad, y supongo que sera muy cool, incluso será mas cool decir que son las mas cool. Pero como las hamburguesas del Donoso…nada en Madrid. Y si en algun momento de tu (tu, generico) vida no has pensado asi, no has sido joven en Madrid.

    • hamburgrueso

      La carne de las hamburguesas del Donoso ha bajado mucho de calidad, ahora son puro nervio. Pero las sigo comiendo por una extraña morriña. Hace (muchos) años las zampaba cuando iba de copas universitarias. Ahora, cuando voy con el niño al pediatra de la Jiménez Díaz. La edad…

    • BCJensen

      Campoamor con todo el respeto del mundo; deberias hacerte mirar lo que estas diciendo.. Comparar una hamburguesa del Alfredo´s con una del Donoso es como comparar un Dacia con BMW

      Hay muchisimos argumentos pero el principal es la carne de ambos (materia prima por excelencia en una hamburguesa) La carne de Alfredo´s sabe como si te comieses un chuleton en el Frontón y en el Donoso la carne parece la tipica hamburguesa preparada de supermercado.

      Un saludo!

  12. Una sandez tras otra, empezando por lo de conseguir mesa. Es conveniente reservar, pero basta llamar media hora antes.
    La carne es buena, pero para que te la sirvan como quieres hace falta un milagro.
    Sigue siendo un buen sitio, pero hace mucho que dejó de ser el local con mejores hamburguesas de Madrid.

    • Clemen

      Totalmente de acuerdo con Jay. Lo que decís de reservar con todos mis respetos es mentira: yo llamé un miércoles y me dieron hora a elegir para cenar el sábado en mesa para cinco. Y en cuanto a las hamburguesas, qué queréis que os diga, una decepción: se pasaron con la barbacoa y la carne de todos los comensales tenía un desagradable regusto a quemado. No sé si volveré

  13. Minipunto positivo: da gusto leer cosas así de buenas, y que encima te hacen reír.
    Minipunto negativo: no puedes escribir una cosa así y esperar a que la NASA te consiga mesa…¡que hambre por Dios!

  14. chybarra

    sólo digo: patatas congeladas.

  15. Carlos Borges

    ¿DIEZ EUROS una hamburguesa? ¿Estáis absolutamente majaras en Madrid?

  16. Estoy un poco cansado de todas las referencias a las hamburgueserías de madrid como esas repetitivas listas del top 10 de filete ruso… eso si, me gustan las hamburguesas de Alfredo.

    En cuanto al estilo «muñozmolina» parece ser común en las criticas gastronómicas que leo por aquí y un poco excesivo. Sin embargo, en esta en concreto los guiños y el sentido del humor me han parecido muy divertidas.

    Quizas demasiada letra para una hamburguesería. Salvo en lo de reservar (quizas haya sido una hipérbole a la que ha recurrido «Ronald Molina») estoy de acuerdo en todo.

    http://dadaistagastronomico.blogspot.com.es/

  17. ninive

    pretencioso a más no poder…

  18. Me parece un artículo de muy baja calidad para lo que me tiene acostumbrado Jot Down. Yo he probado los dos lugares del Alfredos, tanto en Retiro como en Cuzco y me parece un restaurante normal tirando a mediocre, no veo la calidad por ninguna parte, me parece simple y pura publicidad. Además que un restaurante de hamburguesas no es gran cosa, pasen por el Asador Donostiarra y disfruten de la carne, eso es un restaurante.

  19. Kombú

    Pues yo me he deshuevado como nunca en esta página. Felicidades.

  20. Buenísimo el artículo. Me he reído como nunca! Una de las mejores reseñas que e leído. Y si. Las hamburguesas de alfredos son orgasmicas.

  21. Alberto

    Yo también me he reído lo suyo. Cuánto snob hay por aquí…

  22. chamitome

    Me encantaría poder alabar tanto la forma como, sobre todo, el fondo del artículo, pero soy incapaz. Bajo mi punto de vista, Alfredo’s es uno de las hamburgueserías de Madrid más sobrevalorados en la actualidad. Exceptuando la carne (que es muy buena, pero ya está), el restaurante no ofrece absolutamente nada innovador. El tamaño de las hamburguesas tiende al raquitismo, el resto de ingredientes resultan anodinos y, como bien comenta el autor, el resto de la carta es gris y aburrido.

    Siempre me sorprende ver a Alfredo’s en la lista de las mejores hamburgueserías de Madrid. Y lo peor de todo es que ese exceso de buena prensa no les hace, ni por un momento, considerar algunas mejoras necesarias en su propuesta.

  23. Artículo espectacular, siempre hay algun idiota con ganas de criticar…
    Te has dejado la Alfredos Philadelphia, la verdadera joya de la corona!!

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