Jot Down Cultural Magazine – David Gistau: “El trauma del periodista es pasar desapercibido”

David Gistau: “El trauma del periodista es pasar desapercibido”

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Finales de septiembre de 2011 d.C., todo Madrid está ocupado por bares que expenden bebidas alcohólicas a los ciudadanos que deciden salir a torrarse en las calles. ¿Todo? No. Un pequeño bar en el Paseo de la Castellana resiste ahora y siempre al embate de los sedientos, y nos lo encontramos cerrado. Precisamente aquel en el que nos habíamos citado con David Gistau (Madrid, 1970) con la esperanza de emborracharle para que se prestara a posar desnudo en un reportaje fotográfico. Con nuestro plan arruinado por elementos a los que no contábamos enfrentarnos decidimos sentarnos con él en el muy decente y señorial Embassy, rodeados por señoras del barrio de Salamanca que toman el té con el meñique estirado mientras conversan con nietos que lucen un corte de pelo a la manera del casco de Darth Vader. Si no existe un grupo de Facebook de esto, debería. En este contexto se nos antoja difícil ejecutar nuestra idea inicial, así que le arrancamos la promesa de un futuro posado integral y aprovechamos la trayectoria profesional de Gistau para hablar sobre ella. Corresponsal, reportero de viajes, guionista de televisión, recaló en La Razón muy joven, donde empezó a distinguirse por su estilo humorístico, polémico y desacomplejado. Desde 2005 trabaja en El Mundo como cronista, reportero y columnista. Con esta fructífera carrera en mente iniciamos con este gran escritor, excelente periodista y mejor conversador una larga entrevista en la que dialogaremos sobre periodismo, literatura, fútbol, política, boxeo, zoofilia, sodomía y rock and roll.

Cuando empezaste, al hacerlo tan joven, te consideraban un columnista prodigio. Ahora, ya pasados los años, ¿cómo definirías una columna?

No es fácil, porque la columna es muy flexible. Aparte, cada autor tiende a inventarse el género. Lo que ha fijado más la columna en los últimos años es el argumento político. Además, este género, la columna española, creo que es propio de nuestra prensa, no lo he visto en ninguna otra parte. Es una suerte de género híbrido entre literatura y actualidad. Y esa es la decisión que tienes que tomar de entrada: si la columna va a bascular más hacia la literatura o hacia el periodismo. Por decirlo en breve, creo que es un acercamiento muy personal a la actualidad con licencias literarias que no tiene ningún otro género del periódico. Es un descenso del escritor al periodismo, o al revés: el tránsito y ascenso del periodista a la literatura. En mi caso, prefiero que sean periodísticas.

Las columnas periodísticas tienen tanto de ejercicio literario como de tribuna de opinión. ¿No hay algunos columnistas que pecan de hablar demasiado de sí mismos en lugar de aquello que ven?

Para mí eso no es un defecto. La criba la hacen los lectores, y cada uno se queda con los que consigue convencer. A mí no me parece mal lo que haga nadie. Mi columna es ajustada a lo que pretendo o soy. Hay otras que son “yoístas”, hay pajas literarias, o líricas, basadas en ti mismo. Se caen las torres gemelas y tú haces una columna sobre el grano que te ha salido en la frente. Eso ocurre, pero uno de mis columnistas preferidos era Francisco Umbral y él hacía eso. Y si él lo hacía, está bien.

Ahora que con Internet la información circula con mucha rapidez, casi en tiempo real y desde muchos puntos de vista, ¿no te parece que la columna es el último refugio que le queda a la prensa tradicional?

Absolutamente. Los periódicos van a desaparecer como formato papel y van a recuperar urgencia cuando estén en el soporte de Internet. Pero los periódicos han perdido completamente la premura, la urgencia de la información. Y cuando no tienen exclusivas, lo que los puede distinguir de la televisión y la radio, aparte del prestigio del papel, que se conserva, es la interpretación. Eso ya lo dijo Montanelli hace muchos años: el periódico va a quedar para los cuatro gatos a los que les gusta leer la interpretación y establecer complicidad con un autor, mientras que la información llegará por otros cauces más urgentes. Lo que tiene el periodismo escrito es la capacidad de hacer con la escritura tanto la interpretación como el puro placer de escribir o leer. Es la única ventaja que tiene sobre un picadillo radiofónico o un informativo de televisión. Y eso a mí me beneficia, porque como soy del género opinativo-interpretativo-pseudoliterario, encontraré siempre hueco en un periódico.

¿Crees que el lector de opinión es más crítico o prefiere una interpretación masticada de la actualidad?

Supongo que hay de todo, aunque a veces también me lo pregunto porque he conocido lectores de columnas que buscan que amplifiquen sus propias opiniones, sintiéndose prolongados por una firma con la que establecen una complicidad por decir lo mismo; hay otra gente que está dispuesta a confrontarse con un columnista que desafía sus propias convicciones y luego, por último, gente que disfruta del talento sin importarle tanto si el columnista prolonga o no sus propias convicciones. Lo que está clarísimo es que, cuando el lector establece una complicidad con la columna a diferencia de lo que ha leído en la parte de información, donde dominan la actualidad y los hechos, cuando busca ese cuadradito del periódico donde está esa firma lo que busca es, precisamente, esa firma; el acontecimiento le importa menos. Los que me leen me van a leer igual escriba de Gadafi o del Real Madrid. Esa es la gran diferencia con el lector de información, que lo que quiere es comprender cómo es el mundo, quiere saber los hechos, mientras que el lector de una columna lo que quiere es renovar esa pequeña complicidad que tiene cada mañana. Aunque, como ya he dicho, no sé si la gente lo lee para sentirse prolongada o confrontada.

¿Queda información en los grandes medios o ya es todo opinión?

Claro que hay información. El director de mi periódico, por ejemplo, se cabrea muchísimo las mañanas que no tiene información y saca a la gente a buscarla. Si no le traes información se enfada, se desespera. Es como un tiburón, necesita seguir nadando para respirar. Un periódico no se nutre solamente de información o de opinión, está calibrado para que haya de todo. No conozco un solo periodista que no dé importancia a la información, me parecería una barbaridad. Lo que sí conozco son periodistas-columnistas que no se la dan, que creen que con el hecho de acumular unas cuantas firmas se salva el día. Pero editores, directores, redactores-jefe o jefes de sección, que tienen una imagen mucho más real de lo que es de verdad un columnista, saben que sin información estás muerto.

Hablando de tu director, entrevistamos a Juan Pedro Quiñonero y lo definió como “inquietante, temible y siniestro”. ¿Coincides con él en algo?

Siniestro no. Hay un mito que rodea a Pedro J, como a toda la gente con poder y con éxito. Parece que cuando sale de su despacho va a sonar la Marcha Imperial, como cuando Darth Vader pasa por el puente de mando de la nave. Es una persona complicada de trato, es muy complicado establecer con él una relación más allá de la profesional, no es el típico coleguita que te da una palmada en la espalda, pero no es siniestro. Temible sí lo es, porque cualquier periodista capaz de crear opinión y que tenga un periódico tan influyente en la vida social por supuesto que es temible, pero tan temible como el propio periodismo cuando es trascendente. ¿Y lo otro qué era?

Inquietante.

Eso ya parece una interpretación casi sexual (risas). De todas formas, como le veo todos los días, tengo una imagen de él mucho menos espectacular, no lo tengo convertido en una especie de personaje mitológico.

Entonces, ¿no te imaginas la respiración de Darth Vader cuando pasa?

Bueno, reconozco que no es un tipo de trato fácil. Pero me parece que es, con sus defectos, el último de una estirpe de periodistas: el periodismo de autor, el gran estimulador y motivador de una redacción, el gran hacedor de periódicos antes de que se conviertan en una gran corporación y una mera cabecera… para bien y para mal, porque el periódico nunca se emancipará de Pedro J. y el día que decida jubilarse el periódico desaparecerá. Pero es una gran personalidad de nuestro periodismo y de nuestra cultura, con todos los defectos y esa parte poco empática que tenga. Y con la aceptación de que no se puede estar en la gran vida de la influencia siendo Heidi. No he conocido a un solo hombre poderoso que sea absolutamente bueno, no existe. Dicho esto, creo que Quiñonero exageró un poco, no es para tanto.

Hace unas semanas Arcadi Espada arremetía contra Juan José Millás por un artículo que éste escribió en abril cuando Zapatero declaró que no se presentaría como candidato. ¿Ahí ves opinión, un intento de desmontar la imagen positiva de Zapatero que quiere transmitir Millás o un ataque personal?

Esto en particular no lo recuerdo, pero lo que sí está claro es que Arcadi ha decidido que tiene que patrullar la profesión para repartir o negar permisos de circulación. No sé quién le ha investido con ese poder; que lo haga, que nos masacre o nos autorice. Pero este caso en concreto no lo he leído. Millás, muy crítico con Zapatero no suele ser, no sé si iba por ahí la cosa.

Más bien todo lo contrario. Escribió un artículo en abril sobre la despedida de Zapatero en el que enumeraba las acciones positivas de su gobierno y Arcadi, bastante tiempo después, lo desmonta punto por punto.

Sí, un “Deconstructing Millás”. Como ya te digo, no lo vi, pero lo que está claro es que el personaje de Arcadi es eso: el gran gurú y patrulla profesional que nos tiene a todos vigilados. Bueno, si le gusta… Además, Pedro J en eso fue muy cabrón porque le dio un blog que consiste no sólo en vigilar la profesión, sino en vigilar a los propios compañeros. Todo el que escriba un artículo en El Mundo, que sepa que Arcadi está mirando desde su garita dispuesto a lanzarle un trueno como Zeus en cuanto se te vaya una esdrújula sin acentuar. Es el papel que ha elegido para estar en la profesión y además se lo han potenciado en el periódico dándole un blog que es como la policía de asuntos internos. Pues que sea feliz, pero a mí no me gustaría; no me siento capaz de dedicarme exclusivamente a dar lecciones a los demás.

Además de tu columna, has escrito alguna novela. ¿Te interesa la literatura actual o prefieres releer clásicos?

La actual no mucho. Y me da miedo este desinterés porque pienso que, a lo mejor, me pierdo cosas, pero es que no me fío de los suplementos literarios, de la parte industrial de la cultura. Intento leer lo que merece la pena, pero además últimamente en la lectura me he vuelto muy pesado, leo casi exclusivamente historia y apenas novela. Me va por rachas, pero no me fío de las novedades, no me gusta perder el tiempo. No me apetece abrir un libro y, a las cuarenta páginas, darme cuenta de que el suplemento literario de El País o El Mundo me ha engañado porque lo que querían era vender a un autor que es amigo de alguien o que forma parte de la industria. Intento esperar a que el tiempo haga un poco de criba.

Las vanguardias artísticas y culturales nacieron entre las dos guerras, un clima muy revuelto. Ahora el ambiente, salvando las distancias, también lo está, ¿puede esto propiciar una generación con talento?

No lo sé, no estoy siguiendo el advenimiento de ningún movimiento especialmente brillante, al menos en la literatura. Para mí, que soy consumidor de cultura popular, el fenómeno cultural más importante de los últimos años son las series de televisión, más que el cine y la literatura. Lo que más me ha enganchado como una forma nueva de contar historias ha sido la HBO. Ellos han dejado la principal huella cultural de la década. Y si crees que por el hecho de estar en un país en el que se ha caído la sensación o prosperidad ahora está germinando por ahí una suerte de Siglo de Oro literario que viene de los escombros de nuestra sociedad, yo no lo veo por ningún lado. Y si, desde luego, la mayor expresión de inteligencia en la actualidad como consecuencia de esta época turbulenta ha sido el 15M, mi confirmación es que no hay nada que esperar. Sacarán sus novelitas los que las han sacado siempre y te interesará o no, pero que vaya a quedar una gran impronta cultural en la literatura española como consecuencia del desmoronamiento de la España post-transición o algo parecido… de momento no lo veo. ¿Qué ha llegado últimamente? ¿Estos de la Nocilla?

¿Qué piensas de la generación Nocilla?

No lo he leído, pero un amigo del que me fío me dijo: “No entres nunca en un libro de esos”. Y le he hecho caso. No he leído una sola línea.

Ahora que has mencionado las series de televisión, ¿cuáles te han gustado más?

Las que le gustan a todo el mundo: desde Los Soprano a The Wire pasando por Roma o El ala oeste de la Casa Blanca. También ha habido muchas series cáusticas que me han gustado, como Me llamo Earl o Shameless. Si tuviera que decir quién es el narrador que más me ha impresionado en los últimos años diría que es Aaron Sorkin, guionista de El ala oeste de la Casa Blanca en televisión, de Algunos hombres buenos y La red social en el cine… me parece que la gran explosión del talento narrativo en los últimos años ha estado en las series. Los Soprano, por ejemplo, es una mezcla de tantas cosas… ahí está hasta Balzac; no ves nada parecido en la literatura.

O los diálogos de Deadwood, que parecen shakespearianos.

O la de Juego de tronos, que parecía una bobada cuando empecé a verla y es una mezcla de El señor de los anillos con sodomizaciones, lo que la hace mucho más divertida, intrigas palaciegas con puntos shakespearianos… lo más divertido está ocurriendo en televisión. Pero en España no tanto. Tengo entendido que van a hacer una versión de Cheers, así que imagínate los españoles dónde estamos.

Es curioso lo de adaptar la cultura americana aquí. Porque antes mencionabas Me llamo Earl, que es una serie para los que hemos consumido mucha cultura basura americana…

¡Para nosotros!

Exacto. Porque si no es imposible encontrarle la gracia. Y ahora hacemos aquí una serie americana y la estropeamos, que es lo que ocurrirá con Cheers.

Además es una serie muy antigua, y adaptar un mito como ese es condenarte a estrellarte. Pasó con Las chicas de oro. Una serie española que me ha gustado en los últimos años es Crematorio, no estaba nada mal. Y además era muy española y muy oportuna, porque hasta el lugar donde ocurría, con la gran corrupción de la costa valenciana… ese personaje de Pepe Sancho es una emanación de la España que nos tiene obsesionados en los últimos ocho o nueve años, con las grandes operaciones judiciales y las grandes redadas. Ahí sí veías una serie con apego. Y me dijeron que la novela, que la tengo comprada, también es buena. Pero si lo demás es como Hispania, esta versión de los romanos… yo es que soy muy escrupuloso con ese tema porque me gusta mucho la historia de Roma. Acepto que esta gente usó lo de Roma como un pretexto para hacer una serie de adolescentes, pero no ves ese rigor intelectual plasmado en una serie, como la Roma de la HBO. Pero claro, establecer comparaciones es ofensivo, es como compararme a mí con Tom Wolfe, siempre perderé.

También puede depender del público al que vayan dirigidas.

No sé, porque las series americanas de las que hemos hablado antes tienen en España un público gigantesco, y tampoco seamos esnobs, no son series complicadas. Ver El ala oeste de la Casa Blanca no es complicado, es muy divertido, y no te cuento Juego de tronos, que se están dando por culo todo el día; no son series herméticas, es cultura popular, no de una élite. Lost era pura cultura popular, puro entretenimiento, en el espíritu de los 80, como esta película reciente, Super 8, que es un homenaje a esas películas spielberguianas que eran mero entretenimiento. Otra cosa es que también tienes a gente a quien le gusta ver a Pilar Rubio en Piratas. Pero vamos, no quiero tener un discurso esnob. No creo que ver El ala oeste de la Casa Blanca te convierta en élite intelectual. Es puro entretenimiento.

Pero entretenimiento bien hecho, bien producido.

Sí, con buenos guiones, historias bien construidas, apegadas a la actualidad, con personajes creíbles… pero es cultura popular. Es que yo soy consumidor de cultura popular, no tengo una visión especialmente elevada de la cultura, me gusta lo que le gusta a cualquiera.

Quizá la mayor expresión cultural en el conjunto del siglo XX haya sido el rock. Y a ti te gusta.

Me encanta, es la única música que escucho.

Lo digo porque te he leído que la movida madrileña no era la promovida por el ayuntamiento, sino que eran Obús y Barón Rojo.

Y los heavies y los mods de Moncloa. Eso era la movida madrileña. Tampoco tuve tiempo de vivirla. Si la fecháramos, sus comienzos me pillarían con unos 14 años. Yo estaba más en la calle a finales de los 80. Y creo que había una parte muy bien institucionalizada y dirigida por la política cuando España buscaba como una loca cambiar su imagen. El gran advenimiento de personajes de Pedro Almodóvar, aparte del talento, que algunos lo tienen y otros no, es que España está saliendo de la transición y convienen a la búsqueda de modernidad del país, que el alcalde de Madrid de entonces, Tierno Galván, lo comprende y lo promueve muy bien, y hay algo cultural y contracultural más o menos interesante, pero inducido por los poderes, porque un tipo cantando en bata de guata nos viene muy bien en ese momento para olvidar a Millán Astray. Pero luego está la movida real, la espontánea, la que emana de la calle sin ayudas de un ayuntamiento ni subvenciones. Y eso es el rock de Obús, Barón rojo, Leño, Ñu y los grandes conciertos cuando vienen a visitarnos Iron Maiden o AC/DC y las tribus urbanas alrededor del fútbol, la Moncloa, los mods que han visto Quadrophenia y se lo han creído, las bandas de skins que aparecen de repente, las movidas del fútbol que empiezan en el 82…

Cuando se decía que el heavy era violencia.

El heavy tuvo una conexión muy fugaz con el fútbol. Había un grupo de heavies del barrio del Pilar que al principio coquetearon con los rollos del fútbol, pero en seguida se apartaron porque los conceptos heavies nunca han sido violentos. Recuerdo de aquellos años, que yo iba a todo, un muerto. Fue en el campo del Rayo Vallecano, en un concierto de Scorpions, y fue un chaval al que mataron dos americanos de la base de Torrejón. Dos americanos que acababan de llegar a Madrid, que creían que venían a un país peligroso y se fueron al concierto armados. Hubo el típico tumulto y mataron a un chico. Pero aparte de ese acto de violencia producido por militares americanos, jamás vi violencia. Al contrario, el heavy era una hermandad. En las discotecas igual, como la Canciller y la Osiris, donde veías a tipos que llevaban guitarras de madera para bailar cabeceando… fueron años muy divertidos. Y las tribus urbanas igual. Llegabas a Moncloa y te pasaban Lambrettas que parecían sacadas de Quadrophenia. También me he hecho más viejo, y tendemos a creer que la ciudad se ha hecho menos divertida y que antes era cuando molaba.

¿Eras heavy, entonces?

Tuve una época heavy, pero no heavy reglamentaria. Me gustaba mucho el ambiente. Además, el colegio al que iba era muy especial. Soy medio francés y mi colegio lo fundaron en los años 70, con el franquismo aún en pie, una serie de familias francesas que querían crear un oasis de educación francesa en Madrid. Parecido al Liceo, pero más pequeño e íntimo, controlado por algunas familias… seguía el espíritu de la Ilustración. Culturalmente era muy a contrapelo para los cánones españoles de entonces. Se creó un ambiente muy libre y progre, y lo que se llevaba era el heavy. Era ese rollo de progre casi forzado en el que los profesores compartían la complicidad hasta el punto de que te pedían un condón. Pero qué me pides, si yo no tengo. Entonces nuestro plan era ir a Osiris. Nunca me he convertido en un estereotipo, en un personaje completamente identificado con un movimiento, pero la música que escuchaba, y que aún escucho, es rock duro.

¿Qué te parece que Metallica saque un disco con Lou Reed?

Me parece una mezcla rara. Lou Reed me gusta mucho, me gustaba la Velvet underground, y Metallica me gustaba, pero no tanto; pero como diría un cocinero, tengo curiosidad por ver el maridaje cómo queda y escucharlo. El otro día, hablando por Twitter con unos tipos muy aficionados a la música heavy, uno me dijo que lo había escuchado y que le había parecido muy bueno. A veces, cuando dos grupos tan distintos se juntan para hacer algo es el abrazo de los dos ahogados, nunca se sabe quién necesita más al otro pero, desde luego, si estuvieran en su época dorada nunca se les hubiera ocurrido juntarse.

Lo he escuchado y la sensación que da es que el peso de la composición lo lleva Lou Reed, pero pasado por la producción de Metallica.

Es decir, Metallica ha hecho con Lou Reed lo que Pitingo ha hecho con el flamenco y el soul. Hablando de Metallica, yo siempre he sido más de Motörhead. Lou Reed me encanta, hay canciones suyas, como Heroine o Perfect day, que son las canciones que llevo escuchando toda la vida. Pero la mezcla con Metallica la veo rara. Tengo en el iPod un disco de cuando cantaba con David Bowie, pero lo veo como estilos más compatibles.

¿A día de hoy sigues escuchando a Motörhead?

Sí, hace poco me compré un recopilatorio suyo donde salían unas 80 canciones. Me sigue gustando. Me doy cuenta de que debería estar escuchando otra cosa, pero me gusta. Te recomiendo Nashville pussy, que los conocí por unas versiones de AC/DC que hicieron, y como me gustó cómo las hicieron, busqué más cosas de ellos.

Nashville Pussy son buenísimos. El año pasado estuvieron tocando en Madrid con los Supersuckers, y veías el cartel y pensabas que no puede haber mejores nombres para unos grupos de rock.

Además te los imaginas bastante rednecks, como una degeneración de los Lynyrd Skynyrd. Pero son un grupo muy divertido, los vi en Madrid y las guitarristas están buenísimas.

Son muy rednecks, de hecho el cantante tiene un grupo paralelo de cowpunk que se llama Nine Pound Hammer. Pertenece a ese estilo que mezcla el punk rock con el country.

No conocía eso, pero suena estupendo. Lo buscaré. Respecto a Obús, me fui con ellos hace poco de viaje. Me metí en la furgoneta con ellos y me llevaron a un concierto en Valencia.

¿Y no escribiste una crónica?

Llamé al tipo que les lleva y le dije que les quería dedicar una página del periódico… no se lo creía, porque era la época de su regreso y nadie les hacía ni puto caso. En Valencia tocaron en un parking delante de mil tíos. Y cuando les dije que les haría una contraportada en El Mundo no se lo podían ni creer. Y me encantó. Parando a comer… además Fortu es cocinero. Me sentía como el de la película Casi famosos, que se va de gira. Un ambiente impresionante. Fortu se acababa de hacer un tatuaje y tenía que llevar el pie elevado, tuvimos que parar en un galpón de Rivas para recoger la pirotecnia del concierto y nos dieron como una caja de dinamita que llevábamos detrás, y los tíos tirando cigarrillos. Son geniales. Paco es un tío mucho más serio, con su chaletito en Rivas… es un señor de 50 que vive como tal, y va a dar conciertos como quien va a cambiar una rueda a un taller; pero Fortu es un personaje entrañable. Muy buena gente, queriendo vivir como una estrella del rock, pero siendo de un barrio de Madrid, teniendo ya una edad. Parece Ozzy Osbourne, es un despropósito. Igual que en Estados Unidos hicieron un reality con los Osbourne, aquí tendrían que hacer la versión castiza con Fortu, sería divertidísimo. Tenéis que entrevistar a Fortu, o mejor hacerle un reportaje. El 5 de noviembre me parece que hacen un concierto en La Riviera, por el aniversario de algo, y voy a ir a verlos, seguro.

Antes hemos hablado de que tu educación fue francesa. ¿Esto ha hecho que ames a los autores franceses o les has cogido manía?

Siempre me ha gustado leer, desde pequeñito. Pero en mis aficiones a la lectura me ha influido muchísimo mi padre. Fue, junto con un profesor de lengua española que tuve en ese colegio, que fue mi gran Pigmalión, quien formó mis apetitos. Cuando eres niño, supongo que todo lo que viene impuesto harta, pero los franceses me gustan. Estoy enamorado de Camus o del Cándido, o el optimismo de Voltaire desde que era un niño. Lo que ocurre es que, desde que dejé el colegio, he ido perdiendo el francés y, aunque lo hago, ahora es un esfuerzo para mí leer en ese idioma, pero me prohíbo leer un autor francés traducido al español porque me parece un pecado. Hace poco, por ejemplo, leí a Céline, pero representa un esfuerzo, y eso es lo que, en los últimos tiempos, me ha distanciado de los autores franceses; me resulta más fácil leer a un autor inglés traducido o a un español. Pero no les cogí manía, la literatura francesa ha sido clave en mi formación. Es muy pedante decirlo, pero La cartuja de Parma o El rojo y el negro de Stendhal son libros determinantes en mi formación como persona. Y los recuerdo como los primeros placeres de lectura. El 80% de los primeros libros que disfruté fueron franceses, y luego Graham Greene. Bueno, y antes de eso Robert Louis Stevenson y Emilio Salgari, como cualquier otro chaval. Con el tiempo me he dado cuenta de que todos los aspectos culturales que, siendo español, me hacen sentir extranjero, son franceses. Hay una parte francesa en mí que me impide sentirme completamente español para muchas cosas.

¿Jacobinismo?

No, es esa inyección de cultura ajena que te convierte en alguien fronterizo. Hay muchas cosas del arquetipo español en las que yo no me veo porque tengo mezclas de otro arquetipo. Y eso me ha condenado a ser una figura que, por una parte, es algo engorroso, porque no terminas de sentirte en comunidad o tribu con nadie —culturalmente digo, con la familia y amigos sí—; pero por otra parte, gracias a la influencia francesa, me he convertido en lo que España siempre necesitó, que es un espíritu menos racial, menos cañí, menos “España, coño”, menos Manolo el del Bombo… un punto más sofisticado que a mí no me ha venido por un esfuerzo intelectual, sino por la suerte de ser un híbrido cultural. La sofisticación que siempre buscaron los españoles que rechazaban el “Viva las caenas”, que era la Ilustración francesa, Jovellanos y demás, una rebaja al exceso de españolidad, a mí me ha venido de forma un modo natural, porque soy medio francés. A lo mejor me ha salvado de ser Manolo el del Bombo, o de ser tantos españolazos que escriben en prensa, como vemos todos los días. Y retornando a la pregunta, todo esto es gracias a los autores franceses. Camus es mi dique de contención que me impide ser tantos y tantos españolazos a los que se escapa el brazo como a Peter Sellers en Dr. Strangelove. Ha sido una vacuna contra muchas cosas. Y al final me siento culturalmente identificado con gente como Chaves Nogales, gente a la que la gran España de fuerte personalidad, la de un bando o la del otro, me da igual, regurgitaba. Ese tipo de español que nunca encontró su espacio en España, escupido por todos los ismos, radicalismos y guerras.

Chaves Nogales está muy olvidado.

Chaves murió en el 44 o así, pero para mí es un autor increíble que está siendo recuperado ahora y que representa la España con la que yo me quedo. Esa forma de no estar integrado a mí me ha venido de forma natural por mi origen multicultural. Es que yo tengo dos patrias, porque soy español, pero además me siento muy francés, yo voy a ver a mi familia francesa y estoy en casa.

¿Te gustaban las vanguardias? Has citado sobre todo a prosistas.

Sí, yo en aquella época leía a los dadaístas, a Raymond Queneau, que me gustaba mucho, era un cachondo de mucho cuidado, a Boris Vian, me encantaba… aunque luego lo he releído y me ha gustado menos. Me parece que era una buena lectura para lo que éramos entonces: chicos de 17-18 años y que teníamos ese punto extranjero por la cultura francesa y demás, esa inyección casi sesentayochista, que no era muy divertido pero es lo que quisieran ahora ser tantos y tantos humoristas del absurdo.

Hay lecturas de adolescencia que no soportan el paso del tiempo; aguantan las que tenían cierto sentido del humor, no las que trataban de ser trascendentes.

Absolutamente. Y revisitar un libro es complicado, porque hay lecturas que tienen un cometido, que te llevan a alguna parte a una edad, pero que a otra no funcionan. Igual que hay lecturas que son inaccesibles a cierta edad. Por ejemplo, yo ahora estoy leyendo ensayos históricos, libros que no habría soportado a los 16 o17 años. Pero a esa edad Queneau me encantaba y lo seguiría haciendo, era divertidísimo.

Era un cachondo, con esa serie de fotografías, el primer photobomber de la historia, estropeándolas poniendo caras.

En una pared yo tenía cuatro fotos de Queneau como las que hacemos nosotros en los fotomatones poniendo caras raras, unas fotos muy famosas, sí. Y una de Boris Vian tocando la trompeta. Por otro lado, cuando murió mi padre me dejé influir mucho por el padre de un amigo que había vivido en París, y él me descubrió a Salinger. A cierta edad es importante tener a alguien que te diga qué leer, porque si lo tienes que descubrir por ti mismo es muy complicado.

¿Y de los actuales? ¿Houellebecq, por ejemplo?

No, no me apetece. He leído algún libro suyo, pero es una literatura que no me apetece.

¿Crees que hay columnistas que buscan ser polémicos porque la polémica vende?

Ser polémico vende y no está mal. El trauma del periodista es pasar desapercibido. A nadie le gusta lanzar un texto y ver que no ha tenido la mínima repercusión. Lo que no me gusta es el no ser capaz más que de escribir boutades por el hecho de provocar por oficio. Y ya sé en quién estás pensando. Yo también (risas)

En un compañero tuyo por el que te voy a preguntar ahora.

Yo también era así al principio de mi carrera, pero llega un momento en el que tienes que madurar, joder, tienes que ponerte a escribir; o a intentarlo por lo menos. No puedes basar toda tu producción periodística o literaria en bajarte los pantalones delante de un colegio. En epatar al burgués. No puede ser. Por eso, la boutade como jugueteo de vez en cuando o como carta de presentación, como cuando entras en el saloon del Oeste, de acuerdo. Pero tienes que evolucionar, no te puedes quedar ahí. Yo no tengo miedo a la provocación ni a provocar reacciones con lo que escribo, pero me niego a quedarme anclado en el arquetipo del enfant terrible que se levanta diciendo: “A ver qué pongo hoy para escandalizar al burguesito”.

Hace poco entrevistamos a aquel en quien estábamos pensando, que es Salvador Sostres, y la reacción de los lectores ha sido bastante curiosa; se indignaban de que en la entrevista no se mostrara como se muestra en las columnas.

Es que Sostres no es así.

Esa es la cuestión, ¿cuánto hay de personaje en un columnista? Ya no me refiero a Sostres, ¿te has caricaturizado alguna vez a ti mismo para que te quedara más redonda una columna e incomodar un poco más?

Ahora soy un cuarentón casado y con dos hijos, mi vida es casi exclusivamente doméstica, pero cuando empecé a escribir columnas en La Razón me acostaba borracho a las cinco de la mañana todos los días, era un veinteañero. Veo que ahora en mis columnas ya no hago chistes de resacas, hago chistes de que no follas con tu mujer, o de que tu niño no sé qué, porque es lo que estoy viviendo. ¿Cómo voy a hacer chistes de salir hasta las cinco de la mañana si hace un montón de años que no lo hago? Lo que de mi propia vida se cuela en la columna es otra cosa: el desencanto, el descubrimiento de la vejez, el tiempo que se va, lo complicado que es el matrimonio, la responsabilidad del niño por la mañana… Sería absurdo hacer otra cosa a los 41 años. Dicho esto, yo intento no ser un personaje. Cuando empecé en La Razón fue la época más intensa de mi vida, y allí sí que se me escapaba un poco ese rollo pseudo-umbraliano de crear en las columnas a un personaje acodado a la barra de un bar. De hecho, mucha gente debe de tener esa percepción de mí, pero en algún punto decidí que quiero ser periodista en los periódicos, quiero que mande la actualidad sobre lo que escribo, quiero preocuparme de los hechos, quiero escribir sin dar el coñazo a la gente con mi yoísmo. Hay gente que sí es un personaje, pero lo hace con mucha gracia. Como Alvite, que es sólo un personaje, le importa un huevo Gadafi, hace unos textos maravillosos y me parece muy bien, porque los borda. Pero yo no creo estar escribiendo como un personaje, y cuando se me escapa algo personal es totalmente desmitificador, es lo que soy: un tío de cierta edad, con una vida doméstica ordenada sin mayores aventuras. No hay ninfas, como diría Francisco Umbral, en mi azotea escondidas. Y luego Sostres es verdad que es muy distinto de cómo escribe. Desde que estoy en el periódico lo he visto cinco o seis veces para salir a cenar y es un amor de hombre. Es un tío encantador. Lo que pasa es que luego tiene ese monstruo creado para las columnas y yo, que cada vez tengo más confianza con él, un día se lo diré: “Basta ya, ponte a escribir. Deja de epatar, que la gente empieza a pensar que eres un friki”. Porque además creo que tiene talento para escribir, lo que pasa es que está tirando por el escándalo y el trazo grueso porque creo que tiene miedo de quitarse esa etiqueta, quizá porque piensa que le costaría más escribir. 

Supongo que el sentido del humor a la hora de polemizar es importante.

Igual que para muchas cosas soy un pelotudo, soy una persona con mucho sentido del humor; forma parte de no tomarte nada de una forma muy personal porque todo, todo, merece que te descojones de ello.

Precisamente, cuando uno se lee tus columnas sobre el Congreso de los Diputados, da la sensación de que allí te aburres profundamente y por eso lo narras haciendo comparaciones con el cine y la cultura popular, para que el lector no lo padezca.

Pues no me aburro, lo que pasa es que me parece decepcionante. No sé cómo debía ser el cronista parlamentario cuando Cicerón le leyó las Filípicas a Marco Antonio, pero hacer las crónicas de cómo se las hace Carme Chacón a Mariano Rajoy no es divertido. Pero al mismo tiempo sí lo es, porque es estar en un lugar, estar cerca de lo que ocurre, hablar con la gente… yo no me aburro, me gusta mucho ir allí. Lo del humor no es nada impostado ni forzado, es que me sale así, y veo que mi humor se me está yendo al cinismo. Y es que el humor y el cinismo son colindantes, te impiden apuntarte con vehemencia y pasión a aquellas grandes cosas que levantan a la gente. Y yo no me apunto a nada, sólo me he emocionado con cosas muy personales, no con grandes causas. Entonces, esa sensación de humor mezclada con desencanto y cinismo es mi estilo escribiendo. No voy a llevar a nadie a una gran pasión ni a creer especialmente en nada, pero creo que hay un punto de distancia que es mi estilo, lo único reconocible.

Millás decía que Zapatero ha sido el único presidente realmente de izquierdas de la democracia. ¿Cómo explicas esta rapidez que han tenido en aprobar unas medidas tan poco socialdemócratas y no dejarlas para el gobierno del PP? ¿Crees que realmente eran tan necesarias, que han recibido presiones…?

Creo que eran necesarias, pero es que yo no tengo la ideología de Zapatero, no comparto con él las bases ideológicas y morales. Pero la forma en que Zapatero las ha asumido es algo tan sencillo como que gracias a Dios los españoles no somos dueños de nuestro destino. Y digo gracias a Dios porque siempre que lo hemos sido nos ha salido mal. El siglo XX demuestra qué cosas pueden ocurrir en España, como la Guerra Civil, como ser la única dictadura fascista rodeada de países liberales, un tío que en el año 81 entra armado en el Congreso, algo inimaginable en cualquier país a una hora de vuelo de nosotros… los españoles, cuando nos dejan solos, somos todo eso. Y somos también el despropósito de Zapatero, que es menos grave, porque no es lo mismo que un golpista o una guerra, pero lo que le han obligado a hacer demuestra que la frase de Ortega y Gasset funciona, aquella frase de que “España es el problema y Europa la solución”. Y ahora mucha gente reacciona así: “qué vergüenza, qué falta de dignidad, cómo nos han intervenido”. Oiga, pero si intervenidos es como estamos bien. Tengo un amigo argentino que fue ministro allá con el que a veces comparamos los países hablando del peronismo allí, de la corrupción… y yo siempre le digo que la gran diferencia entre España y Argentina es que nosotros hemos sido beneficiados por la geografía. Estamos al lado de países que no nos van a permitir ser como vosotros. Si fuerais vecinos de Alemania estaríais mucho mejor. Lo que le ha pasado a Zapatero, más allá de las adhesiones ideológicas al personaje, es que ha llegado un momento en que este país se estaba desintegrando, literalmente, y a Zapatero le han agarrado los estamentos externos que nos salvan de nosotros mismos y le han impuesto todas estas medidas de las que él ha sido un mero intérprete. Y no se las ha dejado al PP porque tendría que haber dimitido hace un año, pero él no quería convocar elecciones, quería agotar la legislatura. Además tengo la sensación, y esto es totalmente especulativo, de que Zapatero es consciente de lo que ha hecho, no puede no saber el país que deja. Aunque fuera articulado por Europa, creo que este último año ha intentado redimirse, corregir un poco su legado, asumiendo con una actitud sacrificial medidas que él sabía que no iban a gustar a sus votantes.

Sacrificando su imagen ideológica.

Aceptando un sacrificio, que él mismo lo ha dicho. Esto enajena a mi gente, mi ideología, refuta todas las promesas que hice de no cambiar… pero me inmolo, concedo mi vida política, mi carrera y mi prestigio por un sentido de Estado.

¿Está Zapatero sacrificándose por la patria?

De alguna manera, es lo que él quiere expresar. Y además es curioso, porque siempre he pensado que el mejor político es aquel que no necesita ganar las siguientes elecciones. En los EEUU eso se dice mucho, que el segundo mandato de los presidentes americanos es mucho mejor que el primero porque ya no gobiernan para su electorado, sino para la historia, para la sensatez, o para lo que sea. Cuando se vio claro que Zapatero se iba a marchar pensé que, si este presidente no necesita ganar unas elecciones ni salir en las encuestas, quizá sale un presidente mejor. Lo que pasa es que ya estaba devorado por lo que había pasado y era imposible. Pero lo que ha hecho con la reforma constitucional, incluso aliándose con el PP, partido que tenía estigmatizado por razones ideológicas los siete años anteriores, incluido el Pacto del Tinell, era la derecha con la que no puedes estar ni en la misma habitación y con la que de repente pactas una reforma constitucional. Es lo que le pido yo a Sostres: se ha dejado de boutades, se ha quitado al personaje y ha asumido una actitud de sacrificio, aceptando que iba a conseguir la inquina de su propia gente, y ha conseguido una estatura algo mayor. Aunque, por supuesto, ya era tarde para enmendar. Pero a mí el Zapatero de este último año, aunque con algo de lástima por su decadencia personal y por lo solo que se ha quedado, me parece un presidente más serio. Y más serio me ha parecido cuanto menos ideológico ha sido y cuanto más intuitivo. Por así decirlo, cuando le han encarrilado.

Antes de que llegara la crisis, el PP usaba como caballo de batalla algunas de las leyes aprobadas por el gobierno de Zapatero, como la del matrimonio homosexual. ¿Se atreverán a derogarlas cuando lleguen al poder?

No creo que se atrevan. Si lo hacen es que están locos. Creo que es una buena ley, es justa. Traer derechos civiles nunca ha sido malo. Y además creo que es una ley completamente digerida socialmente. Actualmente, ni entre la gente más rancia veo ningún tipo de molestia por esa ley. Mandarían un mensaje tremendo. No sé cómo va a gobernar el PP, pero si sus primeros objetivos son costumbristas o morales se equivoca de medio a medio. Hay que dar trabajo a la gente y no recortar derechos civiles a los demás.

Entonces, ¿no es un poco juego sucio usar eso para desgastar a un gobierno?

Esa campaña fue un error. Fue una trampa muy astuta del PSOE en la que el PP cayó. El PP decía que no rechazaba la ley, solamente su denominación, no querían que se llamara “matrimonio”; un problema etimológico, una estupidez. Pero el PSOE consiguió que por ese presunto problema etimológico el PP desatara tal campaña que se delató como un partido tremendamente reaccionario. No sé hasta qué punto el PP se sintió obligado a contentar a su votante más católico, por así decirlo, pero se equivocó hasta el punto de que en el programa del PP para la siguiente legislatura, de haber ganado, tenía esa ley con una denominación diferente, pero una ley parecida. Con su actitud consiguieron que pareciera que el derecho al matrimonio homosexual se convirtiera en algo de izquierdas, cuando ellos mismos la tenían.

¿Puede ser que fuera una reacción puramente emocional porque a Zapatero se le ha odiado mucho en ese sentido, no sólo en el político, desde la derecha?

Sí, pero en esa reacción emocional hay algo de respuesta, también. La izquierda tiene tal sensación de su propia bondad, su perfección y su narcisismo moral que a veces no se da cuenta del daño que hace y de lo insultada que se puede llegar a sentir la gente por las cosas que dice. La visita del Papa, por ejemplo. No soy católico pero si lo fuera, me tocaría de tal forma los cojones que se metieran con mi fe los mismos que presumen de respetar la libertad de culto y de la pluralidad… Es como cuando Cuerda, el director de cine, agarra un micrófono y suelta: “Todos los que votan al PP son una turba de imbéciles”. Diez millones de tíos, insultados. Estás dividiendo la vida social en banderías. Y la gente insultada reacciona e insulta doblemente. El error está en establecer la vida social española en esos parámetros de colisión ideológica, y eso lo ha hecho Zapatero porque creía que iba a obtener una adhesión gigantesca de su propia gente, que no iba a perder ni un solo voto y que iba a rescatar una suerte de maniqueísmo moral que le iba a convertir en alguien bueno por naturaleza hiciera lo que hiciera. Pero lo que ha conseguido es emputecer mucho la vida social española. Como cuando mandaban a los artistas, con Federico Luppi diciendo aquello de “un cordón sanitario”. ¿Pero esto qué es? ¿Quieres extirpar de la vida social a diez millones de tíos? Pues esos diez millones de tíos se cabrean, porque votar al PP no es algo denigrante, no te convierte en un hijo de puta, por más que Maruja Torres te lo llame. Ese ambiente creado, y estamos hablando de la primera legislatura, antes de la crisis económica, para mí fue lo peor que trajo Zapatero a España: la recuperación de ciertas tensiones políticas e ideológicas que Felipe González no creó. El sentido de Estado de Felipe trascendía mucho más. Una vez conseguido ese ambiente Zapatero también ha sido muy azotado, por supuesto, pero es que ya has creado al monstruo, ¿ahora qué hacemos? A mucha gente le han dolido esas cosas. Si el presidente de la nación llega un día y dice “vuestra nación es un concepto discutible, y lo discuto en función de lo que me dice Carod-Rovira”, a poco que tengas un mínimo de pulsión patriota o identificación con tu país esa mañana, se te caen las pelotas al suelo. Otra cosa es que ellos han conseguido un monopolio moral e ideológico según el cual el que se siente patriota en Cataluña es un progresista pero el que se siente patriota en Burgos es un fascista hijo de puta.

Juan Manuel de Prada nos decía en una entrevista que vivimos bajo una dictadura progre.

Este concepto de dictadura progre me parece muy estúpido y reducido. Todos los movimientos políticos, sociales y religiosos tienen un afán de imponer valores y, en este sentido, este gobierno también ha insistido mucho en ello. Incluso han competido con la Iglesia por el monopolio de la moral. Pero de allí a que vivas oprimido, que te vaya a entrar la policía en casa si piensas según qué… creo que no. Todos los regímenes manejan un concepto oficial de valores, y en todos los regímenes tu obligación es no dejarte ahormar por lo que dice el Estado y buscar otras referencias para formarte tu opinión. En este sentido, este momento no es distinto a cualquier otro. Yo no me siento especialmente oprimido, ni muchísimo menos. No me siento identificado con muchos de los valores oficiales que emanan del Estado, pero no me importa porque no es mi fuente, de ahí no salen mis referencias morales ni vitales. Y cuando me dicen que no fume tampoco me siento como si estuviera viviendo bajo el fascismo, no es para tanto, hay un punto de exageración enorme. 

¿Crees que en este país los medios están al servicio de los partidos políticos, igual que los deportivos con los clubes?

Estoy de acuerdo, lo que pasa es que ahora Internet ha roto un poco ese equilibrio; es un territorio más libre, ha roto muchas de esas dependencias. Pero creo que hasta hace poco tiempo, en los espectros de la izquierda, había un grupo, Prisa, que consiguió absorberlo todo, un monopolio. Todo el periodismo y la circulación de ideas de la izquierda ocurría bajo las siglas de la misma empresa. Nació Público y pareció que iba a romper un poco ese monopolio, pero se ha quedado en nada, una decepción.

Ahora que nombras Público, están inmersos en un ERE. ¿Qué te parece que en un medio progresista los perjudicados vayan a ser de nuevo los trabajadores de base, y no los grandes opinadores y sus sueldos a juego?

Es que no es una arcadia socialista, ni un Shangri-la, es una empresa como otra cualquiera. No conozco en detalle cómo ha hecho Público su ERE, pero imagino que despedirán a la gente en condiciones legales; por más que defienda una ideología asamblearia y comunitaria, es una empresa que pertenece a un empresario, que es quien se juega la pasta y quien decide, dentro de la legalidad, cómo se hacen estas cosas. Lo que lamento es que echen a gente a la calle, evidentemente, y me temo que Público irá a peor, pero no creo que se tengan que comportar como en una república socialista ideal. Roures tendrá su rollo trotskista, pero es un empresario que quiere ganar pasta y despide cuando no le queda más remedio. Pero retomando lo que decíamos antes, la derecha está mucho más fragmentada, hay mucha más competencia entre medios. Mientras que la izquierda tiene un gran periódico, que es El País, la derecha tiene El Mundo, ABC, La Razón. Y en cuanto a televisiones, parece que las TDT están más escoradas a la derecha, las generalistas más a la izquierda y luego está Internet, donde vale todo. Creo que está bastante compensado, lo que pasa es que cuando gobierna un partido de izquierdas los medios de la derecha se vuelven más vocingleros, y al revés. Ya verás, cuando gane el PP cómo los de Intereconomía se van a callar. Y además yo no sé si esa cadena va a sobrevivir sin el tono este de contraperiodismo, porque viven de eso. Pero si ahora estamos oyendo tanto ruido es porque está gobernando la izquierda, y los medios más de derechas están en el contrapoder, que además no les pega, porque la actitud de contrapoder le pega bien a Público. Cuando Público se lo pasa bien es con un gobierno de derechas, porque ser un periódico golfo y a la contra, joven… y aparecer cuando gobierna el mismo tipo que te ha creado es una faena. Imagina cómo se lo hubiera pasado Público con José María Aznar de presidente, la de portadas que habrían hecho… Pero ahora, ¿cómo van a hacer portadas, si los ha creado Zapatero?

Hablando de periodismo, ¿cómo ves el periodismo deportivo? ¿Crees que hay una campaña de El País contra en Real Madrid o Mourinho?

Yo creo que sí. No soy mourinhista, pero estoy empezando a notar cierta tendencia al antimourinhismo. Lo que no voy a valorar es por qué. No sé si es porque se ha convertido en una convención, en una moda, porque la salida de Jorge Valdano ha azuzado a mucha gente con la que él tiene amistad, si es por temas empresariales como cuando Prisa no atacaba a Calderón porque tenían intereses comunes con las televisiones… pero que hay dos convenciones absolutas ahora en el periodismo deportivo que es la beatificación absoluta de todo lo que tenga que ver con Josep Guardiola y el Barcelona, y cierta obsesión por erosionar la imagen del Real Madrid a través de Mourinho, que lo aprovecha todo y se agarra a cualquier cosa para hacerlo, sí lo veo. Hay una pauta continuada. Como cuando el periodista dice que “en la cara que ponía Iker Casillas al subir la escalera para recoger la Copa vi reflejada la tortura psicológica de Mourinho…”

O las narraciones de Diego Torres sobre lo que pasa en el vestuario.

Por ejemplo. Y me da pena, porque a Diego Torres lo conozco y me parece un tío muy majo, pero creo que está obsesionado con eso.

¿Tienes alguna teoría sobre quién es el chivato que hay dentro del vestuario?

No tengo ni idea. Decían que era Pedro León, pero creo que lo decían en broma, para darle caña. Pero luego en esas narraciones se equivocan, como en aquella historia sobre Mourinho acusando a sus jugadores de traición. Si has creado en Mourinho un personaje duro, jodido, un degollador… no me lo pongas luego a llorar de rodillas en un vestuario porque no me lo creo, porque el personaje que me has creado es otro. Como guionista te has equivocado, el personaje no es un llorón.

¿No crees que tanto Mourinho como Guardiola tienen mucho de personaje?

No les conozco personalmente y no sé qué diferencia hay, pero seguro que la hay. Es evidente que Guardiola, por ejemplo, que es un tío muy listo, es perfectamente consciente del personaje que ha armado. Lo defiende y lo matiza, lo vuelve más o menos duro, lo politiza más o menos según le convenga, lo victimiza… y además es muy astuto; sabe perfectamente en qué territorios no tiene que hablar porque no es listo en según qué cosas. Cuando ha emitido juicios en términos políticos, por ejemplo. No es que no tenga derecho a hacerlos, sino que no ha sido inteligente. Mourinho, en cambio, creo que tiene otro personaje, que es el catalizador de emociones, el líder de psicología de masas, el gran redentor alrededor del cual se arracima toda una tropa dispuesta a seguirle. La aceptación y la adhesión que tiene en el Bernabéu son increíbles. Yo no las había visto nunca.

¿El mourinhismo nace porque Mourinho es así o como reacción contra el anti-mourinhismo?

Creo que Mourinho le ha dado al Real Madrid lo que nadie esperaba. Hay un Real Madrid que no conoce a su afición, que permanece en su endogamia y comiendo con directivos; y hay un Real Madrid contracultural que se les escapa, que no tiene nada que ver con la estupidez del compromiso con la huella de los antepasados, el señorío y todo eso. Y es un Madrid con un componente revolucionario, que en un momento de gran humillación y derrota quiere defender al equipo y romper con un montón de tópicos en blanco y negro: a las mocitas risueñas contentas por el juego del Real Madrid… se las van a follar; a esas mocitas no las quieren ni ver. Quieren crear otro Real Madrid que trascienda los complejos que ha creado la era del Barça, no va a aceptar ser corregido por el enemigo ni las interpretaciones sociopolíticas de las identidades actuales de Real Madrid y Barça. Va a luchar contra todos esos complejos y además va a volver a ganar al fútbol. Y el tipo en el que confluyen todos estos afanes es Mourinho. Mourinho se ha identificado con esto, ha hecho suya esta pelea y está dispuesto a librarla por ese Real Madrid, que no es el del tipo que dice que en los años 70 sí que había señorío. Ese nuevo madridista tiene un componente muy joven y  revolucionario.

¿Hay una lucha contra esos supuestos valores?

Es que esos supuestos valores son estúpidos. Para empezar porque no han existido. A ver si el Madrid no ha pegado ni una patada en los últimos 40 años, ni ha tenido futbolistas raciales y duros, a ver si Juanito no le pisó la cabeza a Lothar Matthäus en Múnich y fue expulsado a perpetuidad de Europa por hacerlo. Y ningún imbécil decía que eso era ir contra el señorío madridista. Porque no, porque esto pasa a veces en un partido de fútbol, a veces hay violencia. Esos valores madridistas los está manejando el antimadridismo para bloquear al Real Madrid, porque es Cruyff quien dice que “si haces esto no eres un señor. Resígnate, déjate ganar y serás un señor.” Usan tu imagen contra ti y eso es lo que no acepta este Madrid contracultural: no acepta ser como Cruyff quiere que sea el Madrid. Por ejemplo Santiago Segurola que, por otra parte, me parece un tío muy talentoso. ¿Cómo es posible que el gurú que dice cómo tiene que ser el Real Madrid sea hincha de un equipo antimadridista, como es el Athletic de Bilbao? ¿Va a decir uno del Bilbao cómo tenemos que ser? ¡Si siempre ha sido un equipo enemigo!

¿Y no puede ser que Mourinho tenga cierto despecho o desamor por el Barça?

Meterme en las torturas psicológicas de Mou ya no quiero (risas). Antes de nada ya digo que hay momentos macarras de Mourinho que no apruebo. Y no los apruebo porque están mal y porque nutren al rival del mensaje que quiere dar. Cuando el Madrid arranca la Liga jugando increíblemente bien y cuando se nota que hay un futuro en este equipo, Mourinho ha conseguido que solo se hable de que ha metido el dedo en el ojo de un tipo. Y esas acciones suyas desestabilizan la construcción del nuevo Madrid porque el enemigo las usa. A mí que le meta el dedo a Vilanova me da igual, anda y que se joda, como si le mete el dedo en el culo; pero no nos viene bien, y por eso prefiero que no lo haga. Pero aparte de esos detallitos, de esas cosas que el hombre podría controlar, el equipo que juega ahora me gusta, y no creo que Mourinho esté actuando con una obsesión antibarcelonista, sino que creo que se ha enchufado a librar una pelea donde una parte gigantesca del Madrid estaba buscando a alguien dispuesto a hacerlo. La gente del Madrid estaba buscando un campeón. Y con campeón no me refiero al tipo que gana ligas, sino al tipo que da dos pasos adelante y, ante los muros de Troya, lucha contra el campeón del enemigo con todos los demás mirando detrás. Está buscando un paladín, alguien que dijera: “Dadme vuestra pelea, que yo la libro”. Y Mourinho lo ha hecho. No lo ha hecho Valdano y no lo ha hecho Florentino Pérez. Y los que lo buscaban no son los institucionales, los que están en el mesón Txistu poniéndose morados de filetes y vino. A esos chavales del madridismo contracultural les ha dicho “os comprendo y vuestra pelea la libro por vosotros y con vosotros”. Y de ahí viene la pasión mutua. Y ahí Mourinho ha encontrado una conexión sentimental increíble, y de la que no se han dado cuenta los periodistas de despacho, que se quedan con el tópico del ojo y el dedito. No ha habido más allá. Y no se han dado cuenta de que, a través de Mourinho, se ha abierto ese cauce revolucionario de un Madrid que no interioriza lo que dicen de él ni el personaje malvado que le han creado, que no se resigna, que no se siente oprimido por el pasado y que se quiere reinventar. Y todo eso lo ha catalizado Mourinho. Fíjate todo lo que ha hecho sin haber ganado prácticamente nada.

Pero además proporciona mucho entretenimiento.

En ese sentido yo preferiría que proporcionara menos, que su protagonismo no estuviera en las ruedas de prensa, porque creo que eso perjudica al Madrid, le da munición al enemigo. Pero tampoco quiero un entrenador que sea John Lennon, como Guardiola, al que sólo le falta hacer las ruedas de prensa en la cama con Yoko Ono. O esas declaraciones de Shakira: ojalá el mundo entero se comportara como el Barcelona, viviríamos en la paz universal… tampoco me gustaría vivir en ese ambiente, es todo demasiado empalagoso. Y tampoco me gusta la traslación interesada que se hace de las identidades de Madrid y Barcelona a ámbitos sociopolíticos: el pequeño país oprimido y derrotista, cuando el Barça no lo es; y la gárgola imperialista, que es el Madrid de Mourinho.

Eso también puede ser un error de Guardiola; si Mourinho comete errores con esas salidas de tono que da munición, Guardiola los comete cuando empieza a hablar de pequeños países oprimidos.

Pero no lo hace de forma insultante, eso lo hacía Laporta. Guardiola nunca crea la idea contra otras, siempre crea ideas positivas, y en eso es listísimo. Cuando se inventa el victimismo del Barcelona, que no es tal, hablando de que “somos un pequeño país ahí arriba”, no está ofendiendo a nadie, pero está alentando cierta identidad victimista relacionada con el nacionalismo catalán. Y además es falso, porque el Barcelona es cualquier cosa menos un equipo-víctima; es un equipo hegemónico en todos los sentidos, hasta institucional. Si hasta el presidente de la UEFA reconoce que sus jugadores van a ser protegidos habitualmente, ¿qué victimismo deportivo puedes levantar sobre eso? Pero lo maneja muy bien, ya te digo que Guardiola me parece un personaje muy listo. Y Mourinho también, a su manera, son dos grandes inteligencias tácticas. Pero a mí Guardiola… ¡qué pesado, hijo, tírate un pedo, que no pasa nada! ¡Te podemos ver borracho un día!

No da mucho espectáculo. A ti como madridista no te gusta que Mourinho ofrezca entretenimiento, pero el que no lo es disfruta. Los que no son del Barça también podrían pasárselo bien con salidas de tono de Pep.

Guardiola lo da a su manera. ¿Te acuerdas de la rueda de prensa de la Copa de Europa cuando vino a Madrid, lo del puto amo? Ahí salió un Guardiola que no habíamos visto. Pero estaba todo calculado. Él dijo: nos habéis enrarecido el ambiente, nos habéis desafiado dialécticamente, pues voy a entrar en vuestro juego, y os voy a ganar en él. Y lo hizo. Y es curioso, porque se critica mucho a Mourinho, pero en esa eliminatoria europea Guardiola motivó a su equipo con las tácticas del portugués, buscando la colisión. Y consiguió que su equipo, al volver al hotel, le aplaudiera. Eso fue una lección de Guardiola. Pero una lección haciendo algo que habíamos quedado en que estaba mal. Ganó a Mou en su terreno. A mí lo que me asombra es este doble rasero que condena siempre al Madrid: al Madrid se le acusa de ser un equipo chulo, violento, y de repente la selección española juega un amistoso contra Chile, lo ganas con un robo arbitral en el último minuto y además les das de hostias. Pero la reacción del periodismo es “qué bonito, mira nuestros chicos qué unidos se pegan”.

Muchas declaraciones de que las tanganas son poco edificantes y, de repente, las tanganas son un ejemplo.

Sí, lo que cohesiona a un equipo. Yo me quedé sorprendido, de repente era evidente que no había fisuras internas porque se pegaban juntos. Pero cuando Mourinho cohesiona a su equipo con una tensión que puede hacer llegar a las manos le condenáis porque es un mal ejemplo para los niños, pero si lo hace el puto tiqui-taca es una gozada, incluso después de haber robado a la pobre selección chilena, a la que le han robado hasta el nombre, porque “La roja” es ella, en un partido amistoso.

Entonces, ¿es edificante o no la violencia?

No lo es, pero yo jugué en regional y cualquiera que haya practicado un deporte de equipo sabe que hay unas tensiones terribles y vas siempre a defender a tu compañero. Lo de que un entrenador le meta un dedo en el ojo a otro no pasa tanto, pero que los equipos lleguen a las manos… no pasa nada. Y no te cuento el rugby, que prolonga fuera del campo esa lealtad. Lo sé de cuando viví en Argentina: si tienes un problema con un tío le basta con descolgar su teléfono y viene todo su equipo de rugby. Ese tipo de compañerismo y la camaradería existe, forma parte del deporte. Yo estoy de acuerdo en que la tangana de España cohesionó a la gente, con lo que no estoy de acuerdo es con que me la ensalce el mismo que dice que Mourinho no es un ejemplo para los niños porque dice palabrotas, pega patadas, todo es muy brusco, y no es como diría Shakira. Con esa hipocresía es con la que no estoy de acuerdo. A ver si Shakira va a decir que nos damos patadas.

Para acabar con el fútbol, ¿crees que existe un periodista deportivo actual con el poder que llegó a tener José María García?

Yo creo que no, lo que llegó a ser García… hoy en día está más repartido.

¿Qué opinas del tratamiento que recibe el boxeo? Por ejemplo, en el libro de estilo de El país se prohíbe hablar de él a no ser que sea para hablar mal.

A mí me gusta mucho, lo practiqué y escribo en el periódico todo lo que puedo, para sacarlo un poco del gueto en el que está. Por ejemplo, si un equipo de voleibol femenino, o de amputados, gana la medalla de bronce en los paralímpicos de Vladivostok va a tener una audiencia en La Zarzuela. Tenemos un tío que ha sido campeón del mundo ocho veces, después de Ángel Nieto el español que más veces ha sido campeón del mundo, Javier Castillejo, y no le han recibido ni en el balcón de su pueblo porque es un boxeador y su compañía contamina. Aunque me parece también un signo de estos tiempos: hay ciertas cosas, y podríamos incluir también a los toros, que la moral actual ya no acepta porque no las comprende, porque se va a territorios mucho más dulces, “no queremos ninguna relación con la violencia, y menos aún con la muerte”, y hay una incomprensión absoluta del boxeo, lo están mandando a la clandestinidad, cuando hay una afición soterrada enorme, que está deseando que eso salga, se reúnen 15.000 personas en La cubierta de Leganés, hay ahora buenos boxeadores en España, como Rubén Varón, tenemos un campeón del mundo, Gabriel Campillo. Yo hago lo que puedo: cuando hay una velada voy, si me dejan sitio en el periódico lo meto, he escrito cinco o seis crónicas de boxeo este año, cosa que no ha hecho ningún periódico, ni siquiera los deportivos. Yo no llegué a profesional, pero peleé como aficionado, y como deporte me encanta. Incluso ahora, que ya tengo cierta edad, sigo boxeando todo menos el combate, porque es muy buen entrenamiento. El último fenómeno del boxeo en España fue Poli Díaz. Esta pasada primavera estuve viendo unos combates y se empezó a correr un rumor que acabó a gritos porque habían visto a Poli en la grada. Y el tipo se tuvo que poner de pie y saludar, porque no sabes el griterío de la gente que hubo. El carisma que aún tiene, a pesar del daño que se ha hecho a sí mismo… ha sido el último gran animador del mundo del boxeo español. Porque Castillejo fue mucho mejor boxeador, y campeón del mundo, pero le faltaba un punto de carisma.

Su última oportunidad pudo ser la pelea contra Whitaker.

Como te he dicho antes, aún hago guantes, y entreno con un tipo que fue campeón de Europa de los medios. Me he dado cuenta, después de mucho tiempo de no hacer nada, de que hay cosas que conservas. Te mueves por puros automatismos, lo que has ido entrenando con los años te vuelve a salir solo. Pero hay una cosa de la que te das cuenta que has perdido, que es la ocupación del espacio, las distancias. Estás completamente perdido. Y es lo que le pasó a Poli con Whitaker. El tío con el que boxeé no necesitó ni subir la guardia para que yo no le tocase la cara, porque él dominaba el espacio y yo no. Con un simple paso lateral él me dejaba el golpe descojonado, yo lanzaba la mano y, cuando llegaba, ya no había nadie allí. Y se había puesto en el lugar perfecto para atacarme y contraatacarme inmediatamente. Yo estaba siempre fuera de lugar, o demasiado cerca o demasiado lejos. Y ahí me di cuenta de que eso es lo primero que diferencia a un gran boxeador, más allá de los golpes. Y es lo que le pasó a Poli, si le hubiera metido una mano le habría ganado, pero cuando lanzaba una mano el tipo ya no estaba.

Con toda la épica que ofrece el boxeo es increíble el maltrato que le damos en España.

En los últimos tiempos en España, entre la intelectualidad, ha habido una oleada de desprecio hacia todo lo que fuera popular. Y el boxeo es barrio, es lo popular, lo pobre; y la cultura oficial dice: Pedro Almodóvar sí, pero gente pegándose no.

Y eso que el boxeo podría ser el deporte más intelectual, del que más literatura se ha hecho.

La mitad de los artículos periodístico de Norman Mailer, por ejemplo, tienen ese punto de apoyo. A mí me gusta la literatura deportiva, porque hay gente que la ha elevado a categoría literaria. Pero el fútbol, por ejemplo, se diluye en el equipo; excepto casos como el de Diego Armando Maradona, que es un gran personaje, pero es que el boxeador es un tío épico, homérico, es Aquiles. Que a lo mejor luego es un tarado que no sabe ni abrir la puerta de casa, pero en el ring tú creas un héroe homérico, que contiene todas las virtudes y defectos que esperamos de un semihéroe. Cassius Clay es un personaje literario increíble, por ejemplo, o Chávez, el mejicano, o Poli, dentro de su casticismo o sus debilidades. Pero lo que le ha pasado al boxeador no tiene nada que ver con eso, se ha convertido en un deporte mal visto, y punto. También hubo un momento de crisis de boxeadores que vino con la prosperidad en España: nadie que pueda estudiar Derecho se subirá a un ring, convengamos eso. Nadie que pueda hacer otra cosa acepta que le den de hostias. Y el boxeo en España se mantuvo vivo gracias a la inmigración, cuando los españoles ya no estaban para subirse a un ring y que les pegaran se subían los rumanos y los dominicanos. De hecho, uno de los mejores boxeadores que tenemos ahora en España es Petrov, que es ruso. Y estaba Lacatus, un rumano. Porque el boxeo se nutre de eso, de la pobreza de barrio, de la necesidad. El único boxeador que ha sido boxeador pudiendo ser otra cosa era Arthur Cravan, sobrino de Oscar Wilde, que también era poeta y dramaturgo.

Y performancer, porque sus combates de boxeo eran más bien una performance, en esencia, antes de existir el concepto.

Y se peleó con Jack Johnson, el campeón del mundo, en Barcelona, en la plaza de toros.

Y recibió una paliza.

Sí, claro, era mucho mejor que Cravan. Por Jack Jonhnson inventó Jack London lo de “la gran esperanza blanca”. Mucha gente no sabe que lo de “la gran esperanza blanca” fue un concepto que creó London para animar a James Jeffreys, que era el boxeador blanco, en su pelea contra un boxeador negro, porque era terriblemente racista. Escribió una serie de libros en los que decía que un negro no podía pegar a un blanco. Y la gran esperanza es la esperanza de la raza blanca contra el puto negro que nos quiere ganar. Jack Johnson es quien pelea contra Cravan en Barcelona. Y Cravan, finalmente, muere en México de la forma más elegante: coge una barca, empieza a remar mar adentro y nadie lo vuelve a ver nunca más.

Es uno de esos casos en los que la vida del literato es más importante que su literatura.

Sí, sin duda. ¿Cómo era esa revista que hacía en Francia, que se metía con todo el mundo?

No recuerdo el nombre, pero él la editaba y hacía todo. En la Antología del humor negro de André Breton viene la entrevista que le hizo a Guidé.

Ya recuerdo como se llamaba la revista: Ahora. Era el antecendente de La Fiera literaria, el pasquín que tenemos aquí. Eso está ahí. Hace poco me compré una antología de esas revistas y está esta entrevista; cómo va a verle, hecho un dandy, que parece un gay, y Guidé está descolocado.

Sí, llega en plan “soy el sobrino de Wilde”.

Ahí está muy bien contado.

Tu afición a los toros te ha llegado un poco tarde. ¿Alguna vez te lo has analizado desde una perspectiva ética, además de estética? ¿Son los animales sujetos de derechos?

Mi afición es relativa, pero sí. No creo que sean humanos, que se les pueda igualar, como hace muchas veces el movimiento animalista. La muerte de un toro no es la muerte de un humano. No se puede poner a la misma altura ni comparar. Además creo que hay un concepto muy urbano, que es el de la humanización de los animales. Eso en el campo no lo hace nadie. Un animal es un animal, y su muerte tiene una importancia relativa, pero nosotros, como somos urbanitas y educados por Walt Disney, creemos que los ciervos hablan. Y que su muerte es tan importante como la de una persona. Y no es así. Dicho esto, sí creo en el respeto a los animales. Y, de hecho, yo tengo relaciones afectivas con animales.

¿Afectivas de qué tipo?

No sexuales, sin llegar a la zoofilia (risas). He tenido cariño por perros y gatos que he tenido en casa… sin sodomizarlos. Pero con los toros ocurre una cosa, reconozco la contradicción cultural. Te puedo decir todo esto pero, al mismo tiempo, tengo una inducción cultural que me permite aceptar lo que hacen con un toro en la plaza. Porque además, por esa misma inducción cultural, me parece que lo que le hacen no es indigno. ¿Que es una contradicción con el hecho de amar a un setter? Sí, lo es.

¿Puede ser un sentimiento generalizado en la afición taurina?

Pues me imagino.

Porque seguramente el aficionado no es un asesino de animales en su vida privada.

Claro que no, ni cuelgan gatos de la rama de un árbol, no tiene nada que ver. Es una excepción cultural. Pero yo nunca me peleo por los toros, tampoco me gustan tanto; tengo una afición relativa. Y yo comprendo que, si no estás culturalmente predispuesto, no lo puedes entender. Cuando vivía en Argentina me encontraba con gente que lo consideraba una barbaridad, y yo no intentaba convencerles de lo contrario. Yo comprendo que, desde tu formación cultural, te parezca una barbaridad. Es que es indefendible, no puedo decirte lo contrario, pero a mí me han formado culturalmente para entenderlo de otra manera.

Quizá entra un componente emocional. Es más fácil sentir empatía por un perro o por un gato que por una ostra; a la segunda me la comería, a los primeros no.

Yo no tengo ese problema. No me comería a mi golden retriever, pero puedo acariciarle el morro a un cordero y decir “qué bonito, parece el de Norit”. Y después que me lo descuarticen, que me lo como.

Homer Simpson llegó a sentir mucho amor por una langosta y se la comió.

Se comió a Tenacitas cuando ya había muerto y no por su culpa, eso sí. Pero, como digo, tengo una afición relativa por los toros, porque he llegado tarde, no entiendo mucho y voy a verlos tres o cuatro veces al año, nada más. Y creo que lo de prohibirlos en Cataluña ha sido un error, por la simple razón de que se iban muriendo solos. Ahora los han colocado en una dimensión de causa política que les ha dado una segunda vida.

Ya que hemos terminando hablado de zoofilia y sodomía, tú tuviste un consultorio sexual en larevista GQ. Para dar consejos de sexo, ¿hay que haber follado mucho o haber leído mucho sobre follar?

Eran consejos poco autobiográficos, porque me preguntaban cada cosa… Era una página de humor, poco seria, si alguien se la tomaba por el lado científico debo de haber creado varios monstruos sexuales. Si lo que quieres preguntar es si tengo una vida sexual divertida, ya te digo yo que no (risas)

¿Has leído Las once mil vergas de Apollinaire?

No, no lo he leído, aunque lo conozco.

¿Qué pensarías de alguien que te confesara que se excita con literatura así?

No lo sé, pero los que me preguntaban no solían tener referencias literarias, era todo mucho más inmediato: cómo dar por culo a mi mujer y cosas así. No tenían un gran nivel…

Dices que no tienes una vida sexual muy divertida, pero ¿cuál es la experiencia sexual más demencial que has tenido?

Hombre, tampoco tengo una vida sexual aburrida, no seamos así. Pero sí que tuve una época más activa. Recuerdo una vez haber hecho el amor en un autobús de línea Santander-Burgos.

Pero eso es un clásico, y más en esa línea concreta.

No lo sé, no recuerdo ningún momento demencial en mi vida sexual si por eso entiendes una orgía, o algo así. No lo creo.

¿Cuál ha sido tu educación sexual? ¿Has leído mucha literatura erótica, cómic…?

Milo Manara y todo lo demás, trabajo de campo. La primera vez que vi la palabra orgasmo o clítoris fue en un cómic de Manara.

Te iba a preguntar a qué personaje de cómic te hubiera gustado follarte, pero si me hablas de Manara…

Evidentemente, a Miel. Y de hecho Miel lo usé yo como pseudónimo porque, aparte del consultorio sexual, cuando terminé la mili, antes de Internet, en España había una cosa llamada Minitel, que lo conectabas al teléfono y era una especie de precursor de Internet. Había canales eróticos, en los que entrabas para interactuar y hablar de sexo, y yo trabajé en uno de ellos…

Eso cuenta como experiencia sexual demencial.

Y además haciéndome pasar por mujer (risas)

Vas cogiendo puntos, esto supera con mucho a lo del autobús.

Los tíos entraban rijosos a hacerse la paja y yo, que estaba con mi teclado, tenía que hacerme pasar por mujer y conversar con ellos. Y como veía que algunos repetían me tuve que crear personajes. Me creé fichas y uno de ellos, en homenaje a Manara, era Miel, que era una chica de Elche. Y eso duró un año, hasta que ya pude entrar a trabajar en prensa. Era muy divertido, porque era todo fantasía. Tenía un personaje que era una chica que se dedicaba a hacer tríos, entraba un señor de Valencia y te pedía una cita, y había que demorar aquello como fuera para que siguiera conectándose, que era por lo que tú cobrabas, pero sin llegar a la cita, claro. También escribí cuentos eróticos en una revista porno.

¿Te has planteado escribir literatura erótica?

Un amigo mío montó una revista erótica. Era el editor de la revista Renfe paisajes, la primera en la que trabajé. Se planteó montar una revista sobre las putas en Madrid. El soporte publicitario, de donde sacaría la pasta, eran puticlubs. Yo le escribía un cuento erótico en cada número. Y me basaba mucho en experiencias que me contaban los amigos. Por ejemplo, mi primer cuento erótico se basaba en la experiencia real que tuvo un amigo mío: uno se acuesta con una mujer casada y, cuando están juntos en la cama, llama su marido, que está de viaje en Alemania, para hacerse una paja por teléfono. Entonces ella empieza a contarle como si fuera una fantasía lo que mi amigo le estaba haciendo en esos momentos, mientras el otro desgraciado está masturbándose al teléfono.

En una de las consultas te preguntaban sobre atar y ser atado, y no parecías demasiado partidario de ninguna de las opciones.

No me atrae la sexualidad basada en la humillación o dominio del otro, pero no me escandaliza. Si me atan me siento ridículo, pero eso de reducir a una persona a la categoría de cautivo tuyo… no me parece erótico, no me pone. Yo tengo una sexualidad como en Porky’s; chicas de tetas orondas y un ratito, y ya está. Y luego gracias y adiós.

¿Participarías en un body sushi, como bandeja?

De un body sushi me sobra la bandeja, a mí lo que me gusta es el sushi. Ahora que me acuerdo, en Argentina me llevaron a una bacanal. Era un lugar que recreaba bacanales romanas. Y especifico que fue antes de conocer a mi mujer. Entre otras cosas, había unas chicas que se ponían uvas en los pechos o en el sexo y tú te las comías. Pero claro, yo me encuentro con un grano de uva que ha estado en contacto con una vagina y lo que hago es limpiarla. Esas cosas me hacen más gracia que otra cosa. No soy muy sofisticado para el sexo, qué se le va a hacer. Además, a estas alturas de la vida, no me apetece estar tres horas inventándome cosas.

Antes mencionamos Las once mil vergas. ¿Crees que un autor famoso podría publicar algo así hoy en día, con menciones a la pederastia, la coprofilia…?

Me parecería complicado, porque ya estamos hablando, en el caso de la pederastia, de un delito. Si eres una persona adulta y te gusta comer mierda me parece perfecto, pero si eres una persona adulta y quieres robar a mi niño para darle por culo… pues no. Y me molestaría que alguien hiciera apología de eso. En mi opinión la licencia literaria no puede llegar tan lejos. La ley es la frontera, no es otra, ni siquiera el buen o mal gusto.

¿Y si fuera tratado con humor? ¿Hay fronteras en el humor?

No se puede tratar cualquier tema, yo no haría humor con eso.

Por negro que sea y por mucho que se especifique.

De este tipo de cosas yo no me reiría nunca, de la pedofilia en particular. A mí no me hace ni puta gracia un chiste sobre pedofilia, y no me ha hecho falta ser padre para eso, no me parece un tema gracioso. A veces el humor trivializa cosas que no deben ser trivializadas. A mí me parece que un adulto que abusa sexualmente de un niño es algo tan inmensamente repugnante que no hay que reducir su importancia con nada, ni con el humor ni en nombre del arte. Existe la ley, y el hecho de ser un artista no te ubica en un espacio de impunidad legal o moral en el que puedes decir cosas que yo no puedo decir. Lo demás, mientras no infrinjas la ley, ni abuses de nadie, ni violes, ni ates involuntariamente, ni secuestres… haz lo que te dé la gana, cuéntame cómo le chupas la polla a un caballo, me da igual. Pero me escandalizaría si alguien sacara un libro de poesía ensalzando como virtud o pasión la pedofilia.

¿Y Lolita?

Si hablamos de una niña de 16 o 17 años… yo te estoy hablando de robar un niño de 4 y colgar fotos de su violación en Internet. Que una chica de 17 años tontee con un hombre maduro no es lo mismo.

Bueno, en el libro Lolita tenía doce.

Sí, tienes razón.

Y ahora, para terminar, te voy a preguntar si quieres más a papá o a mamá: ¿Florentino Pérez o Ramón Calderón?

Ninguno. Yo querría que el Real Madrid fuera presidido, algún día, por un exfutbolista. Y me gustaría que fuera Manolo Sanchís. Necesitaría el apoyo financiero y político de alguien, pero tengo ganas de que, por una vez, sea un hombre de fútbol quien presida el equipo, y no un tipo que hace casas. Además, Sanchís tiene cabeza para ello.

¿Grupo Godó u Grupo Zeta?

No me siento identificado con ninguno, pero me cae más simpático Zeta, por supuesto.

¿Puskas o Cruyff?

Puskas, de aquí a Roma.

¿Beatles o Stones?

Stones.

¿Motörhead o AC/DC?

AC/DC.

¿George Best o Cristiano Ronaldo?

Best.

¿Jorge Valdano o Zinedine Zidane?

Zidane.

¿Apollinaire o Balzac?

Balzac.

¿Quevedo o Lope de Vega?

Quevedo.

¿Rimbaud o Baudelaire?

Baudelaire, pero Rimbaud me gusta también.

¿Roquefort o Cabrales?

Cabrales.

¿No eres francés por parte de los quesos?

No, además yo soy muy asturiano, mi padre es asturiano. Yo defiendo a Asturias.

¿Manuel Jabois o tú?

Jabois.

¿Arcadi Espada o Juanjo Millás?

Cualquier otro.

¿Sostres o Sánchez-Dragó?

Pues no lo sé, me pones en un compromiso porque ambos son personajes de los que podemos decir cosas malas, pero Sánchez-Dragó es amigo mío. Ambos.

¿Segurola o Alfredo Relaño?

Segurola.

¿Alfredo, el de la barbacoa, o Ferran Adrià?

Alfredo. Además yo voy mucho a Alfredo’s. Empecé a ir cuando sólo tenía el de Juan Hurtado de Mendoza. Debe de estar ya muy mayor.

Sí, muy mayor. Lo ves por allí con la barba y el sombrero y podría pasar por uno de los ZZ Top.

Yo iba de adolescente y ya me parecía mayor. Me encantaba ir allí con los amigos, era un plan cojonudo.

¿Qué opinas de la cocina de vanguardia?

Me gusta conocer esos sitios una vez, que me descubran un sabor nuevo que no conocía… pero luego me quedo con la sensación de todo es muy retórico. No soy contrario, no me ofende, nunca haría la crítica que hizo Sánchez-Dragó de “donde esté un buen cocido…”. Aprecio la creatividad, pero me gusta sólo como experimento. Hace poco estuve en DiverXo, justamente, el de la polémica de Sostres.

No habló demasiado bien de DiverXo.

No, lo puso a parir, pero porque él es de Adrià y punto. Mi restaurante favorito en Madrid es Viridiana. Me encanta ese restaurante porque tiene el punto medio perfecto entre creatividad, donde ves el talento del tío que cocina y que inventa, pero sin llegar a la pijería de negar la materia prima o la cantidad. Estás con un tío que te da de comer de verdad pero al mismo tiempo lleva la materia prima a un nivel de creatividad superior. Para mí es el punto medio absoluto. Yo he comido en lo de Adrià, no en el Bulli, sino en el de Barcelona, el Tickets, donde encuentras sabores nuevos que no habías probado nunca y que te divierte conocer, pero eso de “es una falsa aceituna que nos hemos inventado, que sabe a aceituna…”. Habiendo aceitunas, ¿para qué me traes algo falso que sabe a aceituna? Es rizar el rizo. ¿Somos un país mediterráneo en el que hay olivares y te tienes que inventar algo que no es una aceituna pero sabe a aceituna? Tráeme una aceituna y ya está, es más fácil y el sabor es el mismo. Tampoco niego la creatividad, no soy de cocido, pero cuando llega a ese extremo… Para mí Viridiana es el restaurante perfecto, porque no es irte a una taberna a que te den el filetazo de toda la vida pero tampoco es llevar la creatividad al esnobismo culinario. Y Abraham me parece un cocinero maravilloso. Voy poco, porque allí se engorda mucho, pero cuando voy disfruto mucho.

Fotografía: Antonio Fortes

36 comentarios

  1. Pingback: David Gistau: “El trauma del periodista es pasar desapercibido”

  2. – Ojo a esta pregunta: “Hablando de periodismo, ¿cómo ves el periodismo deportivo? ¿Crees que hay una campaña de El País contra en Real Madrid o Mourinho?”

    El País es el único medio nacional que no es adicto al nacionalmadridismo. El resto de medios, incluyendo el canal 24H de noticias de TVE (acabará esto extendiéndose a los canales financieros), se dedican a la sagrada tarea de “dar palos” al Barcelona y a Pep Guardiola. La actitud de El País de señalar los evidentes desmanes de unos y los méritos de otros, en este contexto, es lógico que se vea como “antimadridista”. ¡Porque hemos llegado al punto en que no ser “antimadridista” (o pseudomadridista) equivale a ser cómplice de campañas y teorías impresentables!

    – “A mí que le meta el dedo a Vilanova me da igual, anda y que se joda, como si le mete el dedo en el culo”.

    Interesante apología de la violencia y el nulo respeto a las reglas de juego más elementales. El entrevistado a estas alturas llevaría unas cuantas cervezas de más. Prefiero pensar esto, claro. Aunque ningún medio de comunicación (ni siquiera este) debería reproducir semejantes palabras. ¿Censura? No: sentido común y mínimo respeto debido al señor Tito Vilanova.

    – “A esos chavales del madridismo contracultural les ha dicho “os comprendo y vuestra pelea la libro por vosotros y con vosotros”. ”

    Reflexión que recuerda al “por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo”. Y en este caso cabría añadir el “no consentido”. No hablamos de “contraculturidad” sino de un caso típico de brote fascista en una organización: ante una situación desesperada se pone la fe y obediencia en una personalidad carismática que promete toda suerte de bienes y provee de infinitas excusas. Excusas que consisten en una narrativa que guarda una siniestra simetría con aquélla de la “puñalada por la espalda” de la Alemania post-1918.

    Todo esto es peligroso y choca frontalmente con la realidad. Y los medios de comunicación aumentan la tensión al estar del mismo modo ajenos a la mencionada realidad. Porque…¿cuántos fans tiene “este” Real Madrid en España? Bien pudiera ser que tenga menos que el actual Barcelona y sin embargo la prensa actúa como si el equipo catalán fuese una suerte de advenedizo. Baste decir que en algunos ambientes madridistas la paranoia y mala leche llega a tal punto en que no falta demasiado para que la sangre llegue al río.

    – “Ese nuevo madridista tiene un componente muy joven y revolucionario.”

    Lo dicho: tan joven y revolucionario como se quiera ver a un Ultrasur.

    – Ojo a la pregunta del entrevistador de Jot Down: “No da mucho espectáculo. A ti como madridista no te gusta que Mourinho ofrezca entretenimiento, pero el que no lo es disfruta. Los que no son del Barça también podrían pasárselo bien con salidas de tono de Pep.”

    Sutil aunque claro intento de equiparación, muy extendida en según qué mentideros, entre Mourinho y Guardiola. La secuencia es sencilla: se saca a colación alguna barbaridad de Mou (una de tantas) y se responde que Guardiola “también tiene salidas de tono”. Una falacia que el señor Gistau sostiene a lo largo de todo el tramo futbolístico de esta entrevista y cuyo uso no sorprende viniendo de quien considera que las agresiones a personas dan igual (“que le den”) pero que a lo mejor no quedan bien en cámara. Algo así como celebrar que se asesine a alguien pero pedir que por favor no se entere nadie. Amoralidad.

    No confundamos, pues, el mínimo respeto a las personas con “la censura”. Y tampoco caigamos en este vacío moral en que da lo mismo Guardiola que Mourinho o el santo Job que Charles Manson. Va a ser que no. Menos cerveza al entrevistado la próxima vez.

  3. Iracundo. ¿Es ironico tu comentario no?.

  4. Iracundo, yo quiero de esa droja que te metes, ¿te queda algo?

  5. Vaya plomo ha soltado Iracundo para decir que no le gusta Gistau.

  6. Iracundo, tu no eres real no?. Lo que dices no tiene ni pies ni cabeza, parece que no procedes de este mundo.

  7. Definitorio de la sociedad actual, subgrupo “España”: en una -literalmente- kilométrica entrevista en la que se pregunta sobre todo lo humano y lo divino al entrevistado, el comentario del lector va sobre… El “MadríBarsa”.

    Y me adhiero a Punicher: si ya la entrevista es larga (aunque placentera), pretender que alguien se lea ese comentario, querido Iracundo, es como poco aventurado. Yo lo he imprimido y he jugado a lo de ver en 3D con él: es un barco, no?

    • Personalmente me parece llamativo dedicar media entrevista a diversas poses para acabar haciendo una gracieta con motivo de la agresión de una persona a otra. No tengo problema en señalarlo.

      Por otro lado no me parece interesante lo que dice Gistau (parece el clásico individuo que habla mucho más de lo que lee: un impostado, un “posturitas”) y su acercamiento al tema Barça-Madrid es revelador de su categoría humana más bien mejorable.

      Lo que me sorprende es que se acuse a mi comentario inicial de ser demasiado extenso o un “tocho” (se conoce que aquí los comentarios están para decir amén) y al mismo tiempo se me echa en cara centrarme en la temática futbolística (de lejos la más polémica de esta entrevista porque la parte sexológica es más bien…cómica).

  8. “Definitorio de la sociedad actual, subgrupo “España”: en una -literalmente- kilométrica entrevista en la que se pregunta sobre todo lo humano y lo divino al entrevistado, el comentario del lector va sobre… El “MadríBarsa”.”

    Definitorio, como dije, es que se exija concisión y a un tiempo se exija hablar de todo. Pero es que Gistau no hace más que adoptar posturas y, mira tu por donde, en el “MadriBarsa” desvela a las claras que es un energúmeno.

  9. No es de extrañar que con la lógica argumental que ya esbozaba ayer en tuister nuestro querido Iracundo, se le hayan quedado cortos los 140 caracteres. Para hilar tal cantidad de despropósitos hacen falta muchos más y, por qué no reconocerlo, cierto mérito dadaista. Vayamos por partes.

    “La actitud de El País de señalar los evidentes desmanes de unos y los méritos de otro”.

    Es decir, para el señorito Iracundo, no hay términos medios. Lo positivo es el maniqueísmo que nos presenta al Real Madrid como la encarnación de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis y al Barcelona como Teresa de Calcuta en calçons. Cualquier cosa que sea señalar un remoto acierto del Madrid, es poco menos que una subversión de la moral occidental e insinuar que el FCB pueda estar haciendo algo mal, un insulto a la razón. Con estas perspectivas, atémonos los machos.

    “¡Porque hemos llegado al punto en que no ser “antimadridista” (o pseudomadridista) equivale a ser cómplice de campañas y teorías impresentables!”

    Pobre y antigua trampa dialéctica que acusa al contrario de, precisamente, lo que está llevando a cabo el orador. Como hemos visto antes, al señorito Iracundo solo le parece bien el medio que señala desmanes de uno y méritos de otro. A confesión de parte, huelga mayor comentario.

    “Interesante apología de la violencia y el nulo respeto a las reglas de juego más elementales. El entrevistado a estas alturas llevaría unas cuantas cervezas de más.”

    Vaya, nos ponemos toreros y faltones. El señorito Iracundo, gracias a Di-s, ha debido sufrir o ver poca violencia en su vida para trivializarla de tal manera y, evidentemente no ha practicado deporte de competición en toda su anodina y tranquila vida entre vacas. Dramatizar de esa manera una discutible travesura de Mourinho es como yo, por ejemplo, calificase fuera de toda razón el insulto de Busquets a Marcelo como apología del racismo. ¿Qué opina al respecto de eso el señorito Iracundo? ¡¡ Oh no, perdón, insinuar que un jugador culé pueda equivocarse puede provocar una paradoja espacio-temporal que nos trague a todos !!

    Chico, es un campo de fútbol y es gente compitiendo, no el Ateneo. Esas cosas pasan. Esas cosas, y peores, claro. Y si nos vamos a arañar las caritas por cada suceso de este tipo, vamos a hacer del fútbol algo que nunca ha sido. ABURRIDO. Como tú.

    No seas histérica y mira en las carreras de cientos de entrenadores de éxito, a ver si hay actos similares. Ah, y no me hables de respeto a las reglas del juego poniendo de ejemplo a seguir uno de los contadísimos futbolistas españoles que ha dado positivo por doping, Guardiola. Me anticipo y te digo que no, que no fue absuelto del cargo deportivo aunque si de los penales. Es decir, el positivo es firme.

    “Aunque ningún medio de comunicación (ni siquiera este) debería reproducir semejantes palabras. ¿Censura? No: sentido común y mínimo respeto debido al señor Tito Vilanova. ”

    A esto se contesta él solo

    “por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo”

    Pues eso. Como no tiene clara lo que es violencia real, el muchacho acabaría por protegernos del aire.

    ” Excusas que consisten en una narrativa que guarda una siniestra simetría con aquélla de la “puñalada por la espalda” de la Alemania post-1918.”

    Tú eres tonto con balcones a la calle. Simplemente. No sabes de lo que hablas, y lo que es peor, no eres consciente de ello. Te repito que la trivialización de las palabras y la ligereza en usar ciertos términos es lo realmente peligroso, no meter un medio dedito en el ojo.

    “Porque…¿cuántos fans tiene “este” Real Madrid en España? Bien pudiera ser que tenga menos que el actual Barcelona y sin embargo la prensa actúa como si el equipo catalán fuese una suerte de advenedizo”

    Ahora también quiere marcar la linea editorial de los medios en relación a su subjetiva valoración de la realidad. Si es una valoración errónea, no pasa de ser la alucinación de un iluminado que solo, como vimos al principio, quiero oir lo bueno de uno y lo malo de otro.

    Si esa valoración fuera la correcta, lo que está pidiendo es algo, y siento caer en lo que denuncie anteriormente pero me parece un simil adecuado, lo que está pidiendo decía, es ni más ni menos que una prensa del Movimiento. Olvidándose de la libertad de idem y la potestad de cada empresa privada de comunicación de difundir el mensaje que le de la gana y para quien le de la gana.

    “Lo dicho: tan joven y revolucionario como se quiera ver a un Ultrasur.”

    O a tu prima la del puerto.

    “Amoralidad.”

    Amoralidad es pretender que los demás somos idiotas y necesitamos tu guía moral.

    Por no decir que es de un infantilismo preocupante la idolatría que demuestra hacia Guardiola cuando niega categoricamente la posibilidad de que haya cometido alguna ‘fechoría’…el jugador más expulsado de la historia del Barcelona, ese hombre.

    “No confundamos, pues, el mínimo respeto a las personas con “la censura”.”

    No caballero. No confunda usted. Para eso están los tribunales, no su peregrina valoración de la moral y el respeto ajeno. Todo lo demás es exactamente eso. Censura, que es lo que viene pidiendo desde ayer. O autocensura, que es peor, denigrando no ya al señor Gistau, si no al profesional que hace la entrevista y al medio que la publica.

    ” Menos cerveza al entrevistado la próxima vez.”

    O más. Deberías tomarte más, y alegrar un poco la cara, tomarse tan en serio uno mismo produce…ira.

    Un saludo.

    • “Es decir, para el señorito Iracundo, no hay términos medios”.

      El término medio sufre mucho ante las exigencias de fanáticos. Y considerar que El País actúa como prensa forofa ciertamente lo es. Lo que ocurre es que se trata de prácticamente el único medio nacional que no está consagrado a la tarea de ningunear o intoxicar los méritos del Barcelona y exaltar, exagerar o inventar los del Real Madrid. Porque si el Barça gana es por los árbitros, Messi, los rivales que se dejan ganar, Platini. Villar, Unicef, etc. Y quien no siga ese discurso no es decente ni tampoco “moderado”. ¡Claro!

      “evidentemente no ha practicado deporte de competición en toda su anodina y tranquila vida entre vacas.”

      Jugué durante años en un equipo federado de baloncesto. Y las vacas me quedan casi tan lejos como a usted cualquier noción de respeto. Aunque de ser ganadero no veo en qué se vería decrecida mi dignidad, ojo.

      “Esas cosas, y peores, claro.”

      Hay quien confunde lo bueno con lo usual o lo malo con lo inusual. No tiene por qué ser así. Hay cosas malas que pasan a menudo. Y lo de Mou-Vilanova es lamentable y, sin duda, una agresión. Otra cosa es que se exija sangre para pedir excusas. Pero eso es una dialéctica guerrera impropia de gente civilizada.

      “lo que está pidiendo decía, es ni más ni menos que una prensa del Movimiento”

      ¡Pero si esa prensa ya existe! No hace falta más que ver la batería mediática que surge constantemente para empañar logros del Barça o exagerar, reitero, los madridistas… Es canon.

      “Amoralidad es pretender que los demás somos idiotas y necesitamos tu guía moral.”

      Amoralidad es considerar que es bueno reírse de Tito Vilanova y dar altavoces a quienes lo hacen.

    • Por cierto: haría bien en explicarnos eso de los “cargos deportivos” o “el positivo es firme” contra Guardiola. Promete ser gracioso. Además de incongruente con la sentencia final de ese caso…

  10. Me doy cuenta de que las entrevistas del tal Ricardo J. son muy buenas. Cojonudamente preguntado, bien por él.

  11. Seré breve:

    Resulta que: “No hablamos de “contraculturidad” sino de un caso típico de brote fascista en una organización” y luego “una siniestra simetría con la Alemania post-1918”; “Todo esto es peligroso”.

    Pero luego:

    “tampoco caigamos en este vacío moral en que da lo mismo Guardiola que Mourinho o el santo Job que Charles Manson”.

    Entonces en qué quedamos, amigo socialdemócrata, ¿caemos en “vacíos morales” o no? porque estoy en un sinvivir y tengo el plato en la mesa.

    • A nivel organización toda este estruendoso cierre de filas entorno a Mourinho y sus miserias de parte del Real Madrid es, en efecto, similar al de la Alemania que apoyó a Hitler. Claro que sí. Yo no acuso a Mou de matar a nadie: digo que el argumentario para defenderlo tiene una estructura idéntica al fascista. El enemigo externo, la exigencia de obediencia constante, la radicalización constante, la culpabilización de colectivos…

      Comparar a Guardiola con Mourinho, sobre esta base, es claramente un ejecicio de “vaciado” moral. Está bastante claro y quien aspira a equiparar lo que hace y dice Guardiola con lo que hace o dice Mourinho difícilmente no puede ser consciente de su cinismo.

  12. Iracundo, fichado como troll de entrevistas en Jot Down. Menuda brasa de tio.

  13. A mí lo que me indigna es que compare a Metallica con Pitingo. Y vosotros aquí debatiendo sobre hombres-espectáculo sudorosos.

    … uh, espera.

  14. “Lo que ocurre es que se trata de prácticamente el único medio nacional que no está consagrado a la tarea de ningunear o intoxicar los méritos del Barcelona”

    http://indarato.files.wordpress.com/2010/03/g0528.jpg

    http://3.bp.blogspot.com/-gayvKBy8FKw/TeaBQMMzbmI/AAAAAAAAARo/5qtpXm_e7RA/s1600/portada-marca.jpg

    Perdón por molestar

    http://3.bp.blogspot.com/_giW-pQ-9Wx8/STwnPADk0pI/AAAAAAAABPc/E8ErOLcpXsw/s400/portada_sport.jpg

    http://4.bp.blogspot.com/_DKgaWe5b38Y/TQTgwG5ShXI/AAAAAAAAATs/vf5Bc1NqdFI/s400/MDelpaseatrasMou-portada.png

    Luego está aquello de “prensa nacional”. En mi opinión, afortunadamente, parece no haber “prensa madrileña”, ya que todo lo que se publica en Madrid intuyo que el señor de las vacas supone que ha de ser dirigido al público español en general, cosa que por supuesto no exige a los medios de otras ciudades. No importa, yo me siento bien así; mejor una prensa sin gobierno que un gobierno sin prensa. Lo que si me molesta es la doble vara de medir del señorito.

    “Y quien no siga ese discurso no es decente ni tampoco “moderado”.

    Delirios, como hemos visto arriba.

    “Jugué durante años en un equipo federado de baloncesto”

    Je. No me diga más.

    “Y las vacas me quedan casi tan lejos como a usted cualquier noción de respeto”

    Lo dudo, se le nota el pelo de la dehesa roussoniana.

    “Hay quien confunde lo bueno con lo usual o lo malo con lo inusual. No tiene por qué ser así. Hay cosas malas que pasan a menudo. Y lo de Mou-Vilanova es lamentable y, sin duda, una agresión.”

    En efecto. Y llamar mono a un negro o escupir a un jugador rival, también lo es. ¿Si o no?

    “Amoralidad es considerar que es bueno reírse de Tito Vilanova y dar altavoces a quienes lo hacen.”

    ¿Quiere ejemplos de escarnio con Mou o Cristiano de protagonistas? Cuando le lea denunciar esto, me lo tomare en serio.

    Bueno, no, miento. Tampoco me lo tomaré en serio, porque me parece que forma parte del juego y , fíjese que amoral soy, me hacen hasta gracia. Si se cree que adjudicándome a mi o a otros una falta de moral según su meapilística concepción nos daña…se equivoca.
    Si, soy un amoral, y qué, ¿está prohibido reírme cuando un idiota se cae en la calle o a otro idiota le meten un dedo en el ojo?. Demándeme, porque me descojono.

    La comparación con un tema que le viene grande como es el nazismo y la Alemania de los 30 no se la voy a tener en cuenta, de momento, de pura gilipollez que es.

    • Llega un momento en toda exposición del exaltado madridista de turno una oposición MARCA-AS vs SPORT-M.Deportivo. No veo que sentido tiene de acuerdo a mi exposición salvo, claro está, echar balones fuera respecto de lo denunciado.

      Como demostró Mourinho el año pasado con sus listas de Reyes Magos a los árbitros y similares, se puede ir tirando perfectamente a base de: anécdotas, medias verdades y ocurrencias de chiste. De acuerdo a dicho método se puede pasar por “normal” meterle el dedo en el ojo a alguien o presentar a Guardiola como un feroz barriobajero con una cloaca por boca. “Dijo puto amo”, dicen los académicos del Real Madrid. Sí, sí. Claro: lo mismo.

      Todo eso muy divertido, al parecer, pero a la postre profundamente inmoral. Porque resulta que en efecto hay gente que ha agredido a otra gente y resulta que que unos tienen una trayectoria encomiable mientras otros hacen méritos para ser los más polémicos del siglo. Estas actitudes, aunque sean en el marco de una danza bufonesca no deberían tener cabida en ningún medio de comunicación que aspirase a cumplir eso que llaman deontología.

      El esquema de todo lo que rodea a este “madridismo contracultural” fanático de Mourinho es ostensiblemente fascista. Me remito a lo dicho: situación desesperada, enemigo triunfante, sospechosos por doquier, llamadas a la lealtad constantes, acusación de traición a gente “de la casa”, extrema agresividad, exclusión de la esfera moral de aquél que no es afecto a la causa, etc. Todo eso destilan muchos altavoces y muchas plumas periodísticas. Así que la comparativa de la “hegemonía del Mourinho plenipotenciario” y la ascensión del nazismo en Alemania no es, a los efectos organizacionales, nada equivocada.

      PS: ¿debo interpretar que las constantes alusiones insultantes a que soy gallego son permitidas por los dueños de esta página?

  15. Señor Iracundo, ni que Tito Vilanova tuviese los ojos de Paul Newman.

  16. Siempre habra filoperiodistas interesados en desmontar personajes. Aqui David habla sin el estereotipo ni el corse de su personaje. “A pelo”.
    Cuanto “pseudocultureta”, convertido en pusilanime a dar por culo.
    Grande Gistau por su “sin-pose”.

  17. Al final lo mismo de siempre, mucho blabla y de futbol nadie sabe nada… Gistau un pelin porque es listo y vivio en Argentina. No hay mas que dos o tres tios en España que entienden realmente de futbol. Uno de ellos escribe en El Pais, aunque no es “periodista” y evidentemente es madridista. Eso lo omite David en la entrevista que, por lo demas, me ha parecido muy entretenida y muy interesante. Saludos.

  18. Perdon, quise decir que no hay mas de dos o tres tios en la prensa deportiva española que realmente entiendan de futbol. Por suerte hay mucho aficionado que si. Saludos.

  19. David Gistau parece no saber diferenciar lo que es un arquetipo de un estereotipo.

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  22. Por favor, son muy buenas las entrevistas del sitio este pero son larguíiiiiiiiiiiisimas… Al pobre Gistau, tan inteligente, le han exprimido como a un limón. Acabas de el y del que pregunta (del que pregunta sobre todo) hasta las pelotas.

    El entrevistador no parece tener mucha idea de periodismo, debe de haber estudiado proceso de datos o entomología

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