Allman Brothers Band: cuarenta años de tragedia, leyenda y música

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Jaimoe Johanson, Duane Allman, Gregg Allman, Berry Oackley, Dickey Betts, Butch Trucks: formación original de The Allman Brothers Band

«Un domingo por la mañana mi hermano llamó por teléfono y dijo que había formado un grupo en el que había dos guitarras solistas. Yo pensé “vaya, qué raro es eso”. Y luego dijo: “también tenemos dos baterías”. Y yo respondí: “¡eso sí que es raro de verdad!”. También tenían un bajista. Y luego dijo: “pero cada cual está pendiente sólo de su instrumento, nadie ha compuesto música todavía y a ninguno de ellos le gusta cantar. Así que, ¿por qué no vienes y le pones arreglo a todo esto y haces llegue a alguna parte?”. Ese fue probablemente el mayor elogio que me dirigió en su vida. Yo le dije: “tío, deja que cuelgue el teléfono. Tengo que ir ya mismo”. Y salí pitando hacia Jacksonville tan rápidamente como pude. Eso fue el comienzo de Allman Brothers Band»

Así cuenta Gregg Allman, cantante y organista de The Allman Brothers Band, cómo nació uno de los mejores grupos musicales de la historia: eso sucedió un 26 de marzo de 1968. El 29 de octubre de 1971, sólo tres años después, su hermano —el guitarrista Duane Allman— moría en un accidente. Fue una de las grandes pérdidas en la historia del rock, una muerte más en aquella generación, no tan recordada a nivel masivo como las de Jimi Hendrix, Jim Morrison o Janis Joplin pero igualmente catastrófica. Para no pocos resultará extraño ver el poco conocido nombre de Duane Allman en las listas de mejores guitarristas de rock de la historia, junto a individuos tan célebres como Hendrix. Y en España, más concretamente, el nombre de Duane es únicamente objeto de culto entre los aficionados al rock de los setenta, mientras por ejemplo Eric Clapton es casi universalmente conocido. similar sucede con la saga del grupo que fundó, que lleva cuatro décadas funcionando pero que jamás se ha inoculado en el imaginario popular del español medio como sí han hecho los Rolling Stones e incluso AC/DC. Y es una lástima, porque la mayor parte de su música es fundamentalmente melódica y podría encajar en los paladares de muchos tipos de oyentes. Es momento de repasar la trayectoria de un grupo en el que han militado al menos tres de los mejores guitarristas de la historia del rock, un grupo que superó tragedias y desencuentros para seguir hoy interpretando su música con la misma pasión de siempre y que han creado alguna de la música más bella grabada en el último tercio del siglo XX; un sonido único mezcla de rock, blues, country, jazz y psicodelia cuya influencia sobre docenas e incluso centenares de otros músico es demasiado amplia y profunda como para no merecer un reconocimiento multitudinario. Hablemos de la delicadeza y emotividad de su música… y también del carácter salvaje de algunos de sus miembros: delicadeza y lágrimas, pero también Harley Davidsons, cuchillos, pistolas e incluso algún asesinato.

Los peligrosos chicos del cementerio

Lápidas y esculturas funerarias solían ser fuente de inspiración para la música del grupo. En la imagen, la tumba de la pequeña Martha.

¿Quiénes son Elizabeth Reed o la pequeña Martha? The Allman Brothers Band les dedicaron sendas canciones: Duane Allman tocó una tranquila perla acústica llamada Little Martha y Dickey Betts, escribió un instrumental con aires jazzy llamado In memory of Elizabeth Reed. ¿Eran sus novias, sus amantes, o alguna groupie como aquellas a las que los Beatles dedicaban canciones? En realidad, esos dos nombres son célebres únicamente por el lugar donde sus propietarias estaban enterradas. En sus inicios, ABB solían ensayar en un cementerio y, en ocasiones, obtenían su inspiración contemplando los nombres y fotografías de las lápidas. Betts se había fijado en una tal Elizabeth Reed cuya tumba solían tener delante y Duane había compuesto una exquisita y breve pieza acústica en honor de una niña que había fallecido a principios de siglo, a la que su familia había dedicado una bonita escultura de mármol blanco. Una poética y romántica manera de pedirle inspiración a las musas. ¿Cómo era aquella música nacida en un cementerio? La música de ABB participaba de ese romanticismo casi decimonónico de las lápidas de mármol: junto a los desarrollos instrumentales con toques de jazz o psicodelia, los Allman Brothers solían interpretar blues dramáticos y baladas melancólicas, aunque también —como contrapartida— animosas canciones de blues-rock elaborado pero preciso que sentaba las bases de la inminente explosión del llamado “rock sureño”, una combinación de las raíces blancas y negras presentes en el sur de los Estados Unidos. La música del grupo solía ser muy emocional: Gregg Allman, que cantaba en casi todos los temas —aunque no en todos— se lucía especialmente en aquellas canciones más cargadas de aires tristes y trágicos, donde pese a su juventud imponía una voz profunda y desgarrada. Por su parte, los dos guitarristas, Duane y Dickey, introdujeron una novedad en el formato de grupo de rock: ambos ejercían como solistas, ambos tenían espacio para perderse en largas improvisaciones pero también ideaban muchos arreglos a dúo, algo inédito por aquellos años. Otra característica peculiar era la presencia de dos baterías, que creaban un trepidante tren rítmico como base para los desvaríos instrumentales de sus compañeros. De hecho, y ahondando en la heterogeindad del grupo, uno de sus miembros, el batería Jaimoe Johanson, era de raza negra. Lo cual rompía con los estereotipos que giraron en torno a otras bandas sureñas —como los Lynyrd Skynyrd, habitualmente tachados de racistas desde la publicación de Sweet Home Alabama— y mostraba que, como en The Jimi Hendrix Experience o Sly & the Family Stone, en Allman Brothers Band lo importante era la música y no el color de la piel. Tener un grupo multirracial hoy pude parecer una tontería, pero que a final de los sesenta era toda una declaración de principios.

Típico humor Allman Brothers: ¿Por qué Jaimoe no está en la foto? Porque al estar en Alabama, ha sido llevado a una cárcel para negros.

Pero toda la extrema delicadeza,  sentimentalismo y mensajes positivos de su música resultaban engañosos si a partir de ello se pretendía juzgar al carácter de sus autores: no estamos hablando de individuos sofisticados surgidos en la escena «arty» neoyorquina como los miembros de la Velvet Underground: quien se metía en líos con los Allman Brothers Band, podía acabar teniendo un verdadero problema. Algunos de los músicos del grupo —y de su entorno más inmediato— daban bastante que hablar a causa de su conducta problemática y violenta. El guitarrista Dickey Betts, por ejemplo, es responsable de muchas de las melodías más bellas y delicadas del grupo, pero el modo de conducirse en su vida personal no se parecía demasiado al de un artista frágil y sensible, salvo que como “artista frágil y sensible” tomemos como ejemplo al cafre de Caravaggio. Dickey Betts pudo meterse en problemas varias veces debido a su afición a acostarse con chicas (bastante) menores de edad, en ocasiones incluso aceptando la invitación de colarse en sus casas mientras los padres dormían: más de una vez tuvo que salir huyendo cuando las familias —o directamente la policía— le pillaban in fraganti. Además, Betts solía ir armado, lo que le hacía un individuo poco recomendable cuando se provocaba una pelea. Una de sus anécdotas más célebres —y que dice bastante sobre el primitivismo de su personalidad— es la que cuenta cómo cuando viajaba en su moto a través del país, de repente le entró hambre: en vez de buscar un bar de carretera, pedirse una hamburguesa y sentarse a comer como un ser civilizado, detuvo la moto junto a unos pastos, saltó la valla, le pegó un tiro a una vaca y empezó a cortar unos trozos de carne para prepararse un suculento almuerzo. Fue detenido por un atónito policía que a duras penas podía creer lo que estaba viendo, y gracias al cual conocemos el incidente. Betts también solía emborracharse —siempre ha sido un alcohólico empedernido— y entretenerse pegándole una paliza a quien se cruzase en su camino. En una ocasión le vieron machacando a golpes a no de sus mejores amigos y cuando se lo reprochaban preguntándole qué pretendía con aquella actitud violenta, el bueno de Dickey solía responder “sólo me estoy divirtiendo un poco”. En alguna ocasión incluso llegó a destrozar el estudio de grabación sin motivo aparente, suponemos que también por pura diversión. Aquel salvaje era el hombre que después componía e interpretaba con suma exquisitez aquellas melodías etéreas propias de sus canciones; misterios de la condición humana.

Dickey Betts ha escrito varias de las canciones más bellas de finales del siglo XX, pero su conducta personal raya la psicopatía.

No se quedaban muy atrás los propios hermanos Allman: cuando Gregg fue citado por el ejército para el reclutamiento —con visos a ser enviado a Vietnam—, su hermano Duane inventó un concepto nuevo de fiesta: la “foot shootin’ party”, que consistía básicamente en organizar una juerga, beber y tomar drogas hasta perder la noción… y después hacer que Gregg se pintase una diana en el zapato y se pegase un tiro en el pie. Un método bastante peculiar de quedar dispensado del servicio militar, aunque es innegable que funcionó. Bastantes más graves fueron algunos incidentes protagonizados no ya por el grupo sino por sus “roadies” y su personal de gira. En una ocasión el grupo llegó quince minutos tarde a un concierto y el dueño del local lo consideró motivo suficiente para no tener que pagarles. El tour manager Twiggs Lyndon no se tomó el asunto demasiado bien y tras una acalorada discusión con el dueño del local apuñaló al tipo tres veces, causándole la muerte. Twiggs fue detenido, acusado de asesinato y encarcelado: los miembros del grupo, lejos de condenar su acción, incluyeron una dedicatoria (“For Twiggs”) en el siguiente disco. Los Allman Brothers Band era una banda de forajidos y se comportaban como tal: la lealtad era más importante que la vida de algún insignificante promotor que había querido estafarles. Aunque después Duane Allman lanzase mensajes hippies de amor y paz en las entrevistas, eran cowboys sureños y eso podía más que cualquier otra cosa.

El truncado camino a la fama de Duane Allman

La grabación de "Hey Jude" junto a Wilson Pickett despertó el interés de Eric Clapton por Duane Allman y le catapultó a un estrellato prácticamente póstumo.

Con aquel peculiar estilo cultivado en un bucólico cementerio, grabaron un par de discos en estudio —The Allman Brothers Band e Idlewild south— que no fueron un éxito descomunal pero que sirvieron para darse a conocer. En ellos encontramos varias de sus canciones más célebres del grupo: desde las citadas instrumentales Little Martha y Elizabeth Reed, hasta la monumental Whipping post, pasando por la calmada melancolía de Midnight rider o Please call home, o algunas enérgicas versiones de temas clásicos del blues como Hoochie Coochie Man. Pero fueron sus conciertos los que comenzaron a darle auténtico renombre al grupo. El directo de ABB era espectacular, repleto de largos desarrollos instrumentales y salpicado por numerosos momentos de vigor climático: la intensidad de su música en vivo superaba con mucho a la de sus grabaciones en estudio. Gracias a ello iban reuniendo más y más público en sus conciertos, y el boca a boca fue una de sus principales herramientas de promoción. Finalmente registraron una de aquella noches mágicas en un disco en directo, y el resultado, Live at Fillmore East, fue el primer verdadero éxito de ventas del grupo. Mostraba a la perfección lo que era un concierto de los ABB: un sonido grandilocuente y apasionado, un vehemente grupo de seis músicos que se dejaban llevar alargando las canciones por caminos inesperados y que, a veces, sonaban no como seis sino como veinte.

Por su lado, aparte del trabajo con el grupo, Duane Allman se había estado labrando una sólida carrera como músico de estudio, colaborando con artistas de diversos estilos, rock y soul principalmente. No era un guitarrista famoso, pero los solos que grababa para otros artistas atrajeron la atención de algunos nombres importantes del negocio. Fue fundamental la atención de uno de aquellos nombres, Eric Clapton, quien había formado un grupo, Derek and the Dominos, con el que huir de la fama y grabar un disco de incógnito. Clapton descubrió a Duane mientras escuchaba la radio:

Clapton se vio obligado a superarse cuando finalmente logró tocar y grabar junto a Duane Allman.

«Yo hablaba siempre de Duane Allman porque le había oído tocar la guitarra en la versión de Hey Jude que hizo Wilson Pickett y empecé a preguntarle a todo el mundo quién era ese tipo. Así que Tom Doud me llevó a mí y al resto de los Dominos a ver un concierto de los Allman Brothers, y nos presentó a Duane. Le dije “vamos a pasar el rato, vente al estudio con nosotros”. Vino y empezamos a improvisar. Le entretuve allí, no hacía más que pensar en maneras de hacer que se quedase en el estudio. Grabamos un par de canciones a la primera o segunda toma y seguí pensando rápidamente en otras canciones para retenerle allí. Sabía que tarde o temprano se iba a volver con los Allmans, ¡pero quería robárselo! Lo intenté, y de hecho vino a algunos conciertos, pero después tuvo que decirnos, casi como haría una mujer: “bueno, ya sabes, estoy casado con los Allman Brothers y no puedo quedarme contigo”. ¡Realmente me rompìó el corazón!» (Eric Clapton)

Fue así como Duane Allman participó en la grabación de Layla and other assorted love songs, el célebre primer disco de Derek and the Dominos y probablemenye lo mejor que Clapton ha hecho jamás junto a sus tiempos en Cream. En un principio, la colaboración de Duane iba a limitarse a un par de temas, pero terminó repartiéndose las guitarras con Clapton en todo el disco. La presencia de Duane y su fabuloso talento como guitarrista obligó a Clapton y los suyos a forzarse para obtener lo mejor de sí mismos:

«Duane Allman inspiró a nuestro grupo para explorar el formato de extensas improvisaciones que ya era la marca de la casa de los conciertos de Allman Brothers. Es más, su feroz manera de tocar la guitarra “slide” forzó a Clapton a ofrecer varias de las mejores interpretaciones de guitarra de su carrera» (Bobby Whitlock, pianista de Derek & the Dominoes)

Enlace: Eric Clapton por el altavoz iquierdo, Duane Allman, con el «slide», por el altavoz derecho.

Un camión se llevó a uno de los mayores talentos en la historia de la guitarra eléctrica.

Efectivamente, Clapton tocó como nunca en aquel disco que se convirtió en un éxito inmenso gracias a la canción Layla. Compuesta como balada por Clapton, Duane la transformó en una dinámica canción rockera y concibió nuevas partes para la canción, incluyendo el famoso fraseo de guitarra inicial, un arreglo típicamente Allman Brothers que fue idea suya. Finalmente la gente descubrió que bajo la identidad de Derek and the Dominos se escondía la superestrella Clapton y eso hizo que descubrieran también masivamente el talento de Duane Allman. Los oyentes del disco quedaban anonadados con las exhibiciones de Duane, como su apoteósico solo de “slide” en Have you ever loved a woman, que llega a eclipsar el también antológico solo del propio Clapton. Muchos fans se entretenían discutiendo qué partes de guitarra había tocado Clapton y cuáles Duane; aquello iba a certificar el que Duane estaba a punto de convertirse en un famoso héroe de la guitarra. Él éxito de Layla iba a suponer una gran promoción indirecta para Allman Brothers Band, cuyo sonido se había terminado filtrando en el trabajo de Clapton. Duane Allman estaba en la antesala del estrellato. Sin embargo, el destino tenía prevista otra cosa: sin casi tiempo de saborear ese triunfo y pocos días antes de cumplir los veinticinco años, Duane montaba su Harley Davidson cuando un camión giró bruscamente en su trayectoria. Duane intentó evitar que el camión le atropellase pero terminó chocando, y cayendo debajo de su propia moto, que arrastró su cuerpo a través de la calle destrozándole los órganos internos. Fue llevado al hospital pero murió al cabo de unas horas. El mundo perdía a uno de los más grandes guitarristas eléctricos de la historia: Duane Allman murió incluso más joven que Jimi Hendrix, ahora sólo podemos preguntarnos qué otras cosas podría haber hecho de haber llegado a cumplir los veinticinco.

Enlace: una de las escasas filmaciones de Allman Brothers Band con Duane Allman a la guitarra.

El Via Crucis de The Allman Brothers Band

«Duane Allman tocaba su guitarra de la misma forma en que montaba su moto o conducía su coche: era un temerario, totalmente en plan “Dios está de mi lado”. Estaba lleno de energía. Era una fuerza de la naturaleza. Su determinación y concentración, así como su intensa confianza en sí mismo y en nuestro grupo, eran increíbles. Él sabía que íbamos a triunfar. Todos pensábamos que éramos una buena banda, pero nadie más tenía esa total confianza que él sí tenía. Y eso era algo grande, porque su confianza y entusiasmo eran contagiosos. Dice mucho de él que su ídolo fuese Muhammad Ali. El tipo de confianza suprema que Muhammad Alí mostraba, eso es de donde Duane provenía» (Dickey Betts)

Duane y Gregg en 1971
Gregg Allman tuvo serios problemas para asimilar la muerte de su hermano Duane.

La muerte de Duane estuvo a punto de provocar la disolución del grupo. Había sido la personalidad arrolladora del guitarrista lo que había sacado adelante a los Allman Brothers Band, él había tirado siempre del carro y él era la principal estrella. Los demás no sabían cómo seguir sin él. Especialmente Gregg Alllman, quien se hundió instantáneamente y entró en una espiral de depresión, alcohol y drogas que duraría muchos años. Gregg y Duane habían crecido sin padre, por lo que Duane —el hermano mayor— había desarrollado un carácter duro y resistente, convirtiéndose en una figura paterna para Gregg. Nunca se habían separado: la única vez en que habían estado alejados el uno del otro —durante sólo unos meses— fue precisamente el periodo en que Duane estaba formando el embrión del grupo y llamó por teléfono a su hermano para pedirle que se uniera. La muerte de Duane dejó a Gregg sin rumbo; aún podía tocar y cantar, pero estaba emocionalmente incapacitado para liderar a la banda.

También muy afectado estaba el bajista Berry Oackley, el mejor amigo de Duane, pero no quiso que el grupo, al que consideraba el legado personal de su amigo, desapareciera. Tomó las riendas como antes había hecho Duane y evitó que los miembros de ABB se disgregaran. Aún no sabían cómo cubrir el hueco musical y humano que había dejado el guitarrista, pero hicieron tiempo publicando un nuevo disco —Eat a Peach— que recopilaba, además de alguna que otra canción nueva, las últimas grabaciones en estudio y en directo en que había participado Duane. Eat a Peach  contenía música con la calidad habitual del grupo y se convirtió en un disco de éxito. Las canciones del LP, como siempre, iban desde las tranquilas piezas acústicas hasta una monumental improvisación en vivo llamada Mountain jam, comandada por las guitarras de Duane y Betts, que pese a su increíble duración (¡media hora!) no resultaba ni aburrida, ni repetitiva, ni bajaba nunca el nivel de intensidad. Un magnífico testamento de la era Duane Allman.

Pero el nuevo liderazgo de Berry Oackley no duró mucho: apenas un año después de la muerte de Duane y a apenas doscientos metros de donde Duane había muerto, Berry también se estrelló con su Harley Davidson contra un autobús. Tras el accidente, Oakley, sin heridas exteriores aparentes, rehusó cualquier ayuda médica mostrando la dureza sureña tan típica de los Allman Brothers. Se puso en pie, se sacudió el polvo y se alejó del lugar por sus propios medios. Sin embargo el choque había tenido graves consecuencias: Oackley se había fracturado el cráneo y un par de horas después comenzó a sufrir malestar y un considerable dolor. Le llevaron a un hospital a toda prisa pero no había nada que hacer: murió al poco de llegar a causa de un derrame cerebral. Berry Oackley fallecía de la misma manera que su amigo Duane, casi en el mismo lugar y casi por las mismas fechas. Naturalmente, las coincidencias entre ambas muertes originaron toda clase de leyendas urbanas, empezando por la idea de que Oackley se había suicidado imitando la muerte de Duane y terminando por conspiranoias absurdas que incluían maldiciones y similares, aunque lo cierto es que sí se trató de una casualidad. Su tumba fue ubicada justo al lado de la de Duane: ambas tumbas son idénticas, algo especialmente simbólico para aquel grupo que había nacido y crecido ensayando en un cementerio.

Berry Oackley y Duane Allman murieron de la misma forma en el mismo lugar, con sólo un año de diferencia. Ambos fueron enterrados juntos en un bucólico lugar que, muy apropiadamente, recuerda las atmósferas de sus primeros discos.

El canto del cisne: renacer musical y disolución

La muerte de Oackley terminó de hundir al grupo en un pozo de desesperación, pero esta vez fue Dickey Betts quien se decidió a agarrar el timón para que el barco siguiese adelante. Ficharon a un nuevo bajista y ante la dificultad para encontrar a un guitarrista que pudiera tocar de forma convincente las partes de Duane, optaron por seguir con betts como único guitarra e incluir en el grupo a un pianista: el gran Chuck Leavell. La entrada de Leavell fue un acierto considerable: su piano se integró como por arte de magia en el sonido del grupo, y para colmo Dickey Betts atravesaba un momento muy dulce como compositor. El resultado de todo ello fue Brothers and Sisters, el primer disco de Allman Brothers Band sin Duane Allman —y el único disco del grupo con un único guitarra— escrito y grabado en medio de un carrusel de desgracias pero que, paradójicamente, se convirtió en uno de los grandes discos del grupo, tan bueno como cualquiera de los anteriores y para algunos incluso mejor. No son pocos quienes consideran Brothers and Sisters la obra cumbre del grupo, pese a la ausencia de Duane Allman. El éxito comercial fue considerable, gracias a dos canciones escritas por Dickey Betts: Ramblin’ Man, un  himno cowboy cantado por él mismo en donde se lucía con extraordinarios arreglos de guitarra, y Jessica, un tema instrumental que fue un gran éxito pese a su longitud —unos ocho minutos— gracias a las prístinas melodías salidas de la guitarra de Betts y el excepcional trabajo de Chuck Leavell al piano. Pero en el disco también había sitio para algunas de las canciones donde la característica intensidad del grupo asomaba entre los surcos pese a no tratarse de un directo, como en la extraordinaria Jelly Jelly, simple y llanamente uno de los mejores blues que se hayan grabado, cuya parte final incluía otra exhibición de sensibilidad guitarrística de Betts.

Un descentrado Gregg Allman y Cher tuvieron un tormentoso romance y aparecieron en las revistas, aunque lo peor es que grabaron un disco juntos, "Allman and woman". Corramos un tupido velo.

El triunfo musical, sin embargo, no podía detener el proceso de descomposición interna del grupo. El éxito y el dinero no sirvieron para mejorar los ánimos o para rescatar a Gregg Alllman de su caída libre personal, ni para paliar el creciente desinterés de varios de los otros miembros de ABB. Se produjo una lucha interna entre Dickey Betts y Chuck Leavell, porque cada uno quería llevar al grupo hacia una dirección determinada: pese a los intentos de Gregg Allman por mediar en el conflicto, el resultado fue que ambos músicos empezaron a volcarse más en sus respectivas carreras en solitario. El grupo grabó otro LP llamado Win, lose or draw que, sin sonar mal, no tenía ni la pasión ni la intensidad de los anteriores. Era notoriamente inferior al monumental Brothers and sisters, y la crítica lo recibió muy mal, considerándolo pasado de moda en plena era de la música disco y el punk. Allman Brothers Band terminó disolviéndose en medio de la indiferencia general.

Aquello era lo que le faltaba a Gregg Allman para terminar de perder el norte. Inició un turbulento romance con la mujer con la que uno menos relacionaría a un Allman Brother —Cher… sí, habéis leído bien— y juntos grabaron un disco, Allman and woman, cuya terrible portada y aracamelado contenido avergonzaron a los fans de Allman Brothers. Por si fuera poco, fue detenido por posesión de drogas y para librarse de la condena accedió a testificar contra uno de sus amigos, miembro del entourage de Allman Brothers. No eran buenos tiempos para la reputación de Gregg Allman. Aun así, hubo otro intento de reformar Allman Brothers Band, volviendo al formato de dos guitarristas: Dickey Betts regresó temporalmente a la nave junto a Dan Toler, guitarrista de la banda de Betts en solitario que no tenía sin embargo el carisma o la iniciativa y creatividad musical como para hacer olvidar a Duane Allman. Con todo, el tipo tocaba muy bien, cumplía su papel en el dúo con Dickey y el nuevo disco de ABB, llamado Enlightened Rogues, volvía a sonar potente. El éxito, sin embargo, seguía esquivándoles: era1979, su música parecía estar definitivamente fuera de onda y ante la falta de atención pública, los ABB decidieron disolverse una vez más.

Los años ochenta transcurrieron sin pena ni gloria: Gregg Allman seguía en su espiral de excesos, aunque en lo musical no le fue del todo mal: formó su propio grupo —con Dan Toler a la guitarra— y tuvo un inesperado éxito con la canción I’m no angel, que no era ni mucho menos una canción comparable a las gemas de ABB pero que sirvió para devolverle al candelero. Dickey Betts, por su parte, formó la Dickey Betts Band en la que hacía dúo con su nuevo descubrimiento: un joven y portentoso guitarrista llamado Warren Haynes, que no sólo era —y es— uno de los mejores guitarristas del mundo, sino que puede cantar, componer, y liderar cualquier tipo de proyecto musical. De hecho, Haynes se terminaría convirtiendo, con el tiempo, en la nueva figura central de Allman Brothers Band. También el bajista de la Dickey Betts Band, Allen Woody, iba a formar parte de un nuevo intento de reforma de la legendaria banda.

La era Warren Haynes

Dickey Betts junto a su gran descubrimiento, Warren Haynes. La nueva pareja de guitarristas llevó al grupo a una segunda edad dorada en los 90

Con la llegada de los noventa, los Allman Brothers Band decidieron volver a reunirse: esta vez con Warren Haynes formando dúo de guitarras con Dickey Betts. En un principio Haynes no acaparaba demasiada atención pública, pero su aportación renovó el espíritu de la banda, junto a un Betts que todavía tocaba como los ángeles —a pesar de su crónico alcoholismo— y un Gregg Allman cuya voz y  capacidad para interpretar canciones con escalofriante dramatismo no habían hecho más que ganar profundidad con los años. Sólo el pianista Chuck Leavell declinó la oferta para volver al grupo, ya que tenía la oportunidad de hacer mucho más dinero como empleado de los Rolling Stones. El resultado de esta nueva reunión del grupo fue un espectacular disco, Seven turns, que maravilló a la crítica y que en plena década de los noventa resucitaba el sonido clásico de los mejores Allman Brothers Band. El éxito del magnífico single Seven turns, una típica “canción Betts”, y los premios consolidaron a la nueva formación. El siguiente disco con aquella formación Betts-Haynes, Shades of two worlds, también fue muy bien recibido y destilaba calidad por los cuatro costados, nuevamente bajo la batuta musical de Betts. Un tercer disco, Where it all begins, tuvo aún más éxito comercial. Los ABB habían vuelto para quedarse… pero el problemático carácter de Dickey Betts estaba poniéndoles las cosas difíciles a todos y agriando la convivencia en la carretera. Finalmente, cansado del mal ambiente, Warren Haynes decidió abandonar, llevándose a Allen Woody con él para formar Gov’t Mule, un grupo de sonido más alternativo donde Haynes siguió cimentando su prestigio aunque a niveles más underground. Tras la salida de Haynes, los ABB pasaron varios años a la deriva: Betts siempre había parecido insustituible y los fans no concebían el grupo sin él, pero los demás miembros del grupo estaban hartos. Un buen día Gregg Allman despertó de su letargo y tomó la decisión de expulsar definitivamente al guitarrista responsable de muchas de las mejores canciones de la banda. Betts puso una demanda judicial a sus antiguos compañeros, las relaciones personales entre ellos quedaron completamente rotas y quedaba claro que, por extraño que pareciera, una de las piezas fundamentales de la banda no volvería a formar parte de ella jamás.

Cuando el comportamiento de Dickey Betts se volvió inostenible, Gregg Allman tomó la arriesgada decisión de expulsarle.

En el año 2000, siguiendo la tradición de desgracias asociadas a la saga Allman Brothers, el bajista Allen Woody, que por entonces se refugiaba en Gov’t Mule junto a Warren Haynes, falleció prematuramente debido a un cáncer de hígado. Aunque Haynes decidió que Gov’t Mule siguiesen funcionando, el guitarrista empezó a dejarse ver de nuevo con The Allman Brothers Band. Ficharon a otro nuevo guitarra para completar el dúo con Haynes: Derek Trucks, que era sobrino de uno de los baterías originales del grupo, Butch Trucks, y que tocaba con un estilo muy inspirado en el de Duane Allman, incluyendo una sorprendente maestría con el “slide”. Como en toda buena dinastía, todo quedaba en casa: Derek Trucks estaba muy lejos de ser un mero enchufado y se destapó como otro músico de increíble talento. Warren Haynes sustituyó a Dickey Betts como cerebro musical y como líder escénico de Allman Brothers Band y ha desempeñado ese papel hasta hoy mismo de manera impecable, mientras Gregg Allman ejerce de venerable patriarca de la saga. En el 2003 grabaron su último disco en estudio hasta la fecha, Hittin’ the note, el primer disco de Allman Brothers sin Dickey Betts y donde por primera vez era Warren Haynes el director musical de la banda: ¿el resultado? Un gran disco que consiguió lo más difícil: que casi nadie considerase ya imprescindible a Betts. Hoy en día los Allman Brothers Band siguen girando bajo la batuta de Greeg Allman y Warren Haynes y parecen cualquier cosa menos un grupo nostálgico. De hecho, tocan con el mismo vigor e intensidad de siempre. Gregg Allman también actúa en solitario con su propia banda, convertido en un icono del rock estadounidense y proporcionando algunas noches memorables a sus fans; Derek Trucks se está trabajando un prestigio intachable a la sombra de Haynes y el hiperactivo Warren Haynes, además de Allman Brothers y Gov’t Mule, toca en solitario y participa en toda clase de proyectos, convertido probablemente en uno de los músicos de rock con más talento y saber hacer de las últimas décadas. Dickey Betts, por su parte, sigue actuando con su banda y ejerciendo de forajido en sus ratos libres: nadie se plantea ya la posibilidad de que pueda reunirse con los Alllman Brothers Band algún día.

Cuarenta años después de aquella llamada de teléfono, bajo la perenne influencia de aquel Duane Allman que casi parece ya una figura mitológica, la saga Allman Brothers se ha convertido en una de las más destacadas canteras de músicos de rock de la historia, y ofrece cantidades ingentes de buena música ya sea en los discos firmados por la banda o en los proyectos en solitario de sus componentes. Cualquier concierto suyo, incluso en la actualidad, es un acontecimiento memorable porque, además de con excepcionales intérpretes, cuentan con un repertorio del que sólo un pequeño puñado de bandas puede presumir. No hay nadie que haya sonado, suene o vaya sonar como ellos, basta contemplar alguna de las viejas filmaciones de un Duane Allman con camiseta psicodélica haciendo hipnóticos solos en Whippin’ post, o aquellas otras filmaciones en las que un Dickey Betts con sombrero vaquero daba una lección de finura guitarrística, ya sea con el robusto Warren Haynes consiguiendo lo imposible: llenar el hueco que habían dejado aquellos dos monstruos de la guitarra en el grupo, junto a un Derek Trucks que toca el “slide” como casi nadie había conseguido hacer desde los tiempos de Duane. Los cuatro, por cierto, entraron al mismo tiempo en la lista de mejores guitarristas de la historia que la revista Rolling Stone publicó en el 2003: por muy discutibles que sean este tipo de listas, cuando un único grupo cuela a ¡cuatro! guitarristas entre los mejores, eso significa que si no conoces aún al grupo, es posible que te estés perdiendo algo grande. Así de buenos han sido siempre los Allman Brothers Band.

Seven turns: siete discos básicos para comenzar

Una selección de discos con la que empezar a conocer la música del grupo: no están todos sus discos, ni siquiera todos sus mejores discos, pero creemos que una selección de siete es más que suficiente como primera aproximación, para quienes todavía no estén familiarizado con el arcoíris de sonidos de Allman Brothers Band. Una música más compleja de lo que parece a simple vista, a la que el apelativo “rock sureño”, sin ser completamente incierto, se le queda bastante corto.

The Allman Brothers Band (1969): el excepcional debut de una excepcional banda. El blues sobrevuela por sobre todo el trabajo, pero enriquecido con sus típicas armonías a dos guitarras, el órgano y el peculiar entramado rítmico de dos baterías funcionando a la vez. Contiene Whippin’ post, una de sus canciones más míticas, aunque la versión en estudio es sólo un embrión para las aplastantes versiones en vivo. Pese a la juventud de sus miembros, el grupo suena a banda veterana que llevase décadas en la carretera. La voz de Gregg Allman es incomprensiblemente madura para un veinteañero, el jovencísimo Duane Allman ya sobresale con su guitarra y Dickey Betts tampoco se queda muy atrás. La producción del disco no es perfecta, pero la fuerza del grupo se sobrepone a ello.

Idlewild South (1970): todo lo que ofrecía el primer disco, pero corregido y aumentado. La banda expande las fronteras de su sonido blues y juguetea con el jazz con las sencillas pero hipnóticas melodías del clásico In memory of Elizabeth Reed, con el hippismo en Revival  o incluso con el funk en Leave my blues at home. También contiene otro de sus temas más míticos, Midnight rider, versioneado por multitud de artistas, y la bellísima, solemne balada Please call home. Segundo y último disco en estudio editado con la formación original aún intacta.

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At Fillmore East (1971): la música que el grupo había registrado en estudio ya era fantástica, pero es que en concierto alcanzaba una dimensión completamente nueva. El grupo suena vibrante y a menudo apoteósico, alargando la mayoría de los temas a su capricho sin que los solos de guitarra o los entrelazados instrumentales resulten aburridos ni un solo instante. Pocas grabaciones de un concierto de rock contienen tantos momentos mágicos y pocas veces un grupo de seis músicos consigue semejantes grados de exultante intensidad. Apabullante, monumental.

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Eat a Peach (1972): un collage que recoge las últimas grabaciones del fallecido Duane Allman en estudio —incluyendo la breve y mágica Little Martha— y también fragmentos de concierto tan memorables como Mountain Jam, un alucinante viaje sonoro de más de media hora (grabado en el Fillmore East pero que debido a su longitud se quedó fuera del disco anterior)  y que en vinilo estaba dividida en dos partes, pero que gracias a la versión en CD podemos disfrutar sin interrupciones. Toda la música recogida en esta especie de recopilación póstuma es, con o sin Duane, magnífica.

Brothers and Sisters (1973): primer disco en el que no suena la guitarra de Duane Allman y único disco en la historia de la banda en el que hay un solo guitarrista. El disco que grabaron en plena era de tragedia que, aun así, es uno de sus mejores discos si no directamente su obra maestra. Finalmente una grabación en estudio recoge la intensidad de la que era capaz el grupo en directo y a falta de los típicos duetos de guitarras en ausencia de Duane, el piano de Chuck Leavell añade nuevos matices y se compenetra a la perfección con el sonido clásico de la banda. Contiene dos de los mayores éxitos en la historia del grupo: el himno country Ramblin’ Man, cantado por Dickey Betts, y el irresistible instrumental Jessica. También en este disco —de nuevo pese a la ausencia de Duane— encontramos probablemente el mejor blues de la discografía del grupo, Jelly Jelly. Betts escribe casi toda la música, pero las dos canciones que Gregg Allman aporta no se quedan muy atrás, especialmente la fascinante Come and go blues.

Seven turns (1990): pasaron diecisiete años desde Brothers and sisters hasta que el éxito volvió a sonreír al grupo, aunque habían grabado algún disco muy bueno entre medias (como aquel Enlightened rogues de 1979). En esta nueva formación Dickey Betts seguía llevando el timón musical pero ya se empezaba a notar el peso específico de un por entonces desconocido Warren Haynes. La canción que da título al disco, la bellísima Seven Turns, es una típica “canción Betts” que no hubiese desentonado en la época clásica del grupo y en temas más básicos y rockeros como Good clean fun el dueto Betts-Haynes suena tan efectivo como vacilón: por primera vez desde los tiempos de Duane, Dickey Betts tiene a su lado un guitarrista que no se le queda pequeño. Un magnífico retorno en que los ABB no sonaban, ni mucho menos, a viejas glorias, sino a un entusiasta grupo que acabase de empezar. El pianista Johnny Neel quizá no sea Chuck Leavell, pero su aportación es fantástica. Con esta misma formación grabaron otros dos discos igualmente recomendables en los siguientes años, especialmente Shades of two worlds.

Hittin’ the note (2003): tras la inconcebible e inesperada —pero seguramente inevitable— expulsión de Dickey Betts, los Allman Brothers Band sólo han publicado este único disco en estudio. Warren Haynes reemplaza a Betts como cerebro de la banda y el nuevo fichaje Derek Trucks se encarga de cumplir el difícil papel de llenar el hueco de Betts en los duetos de guitarras que son marca de la casa. El grupo sigue experimentando como si nunca hubiesen dejado los setenta: por ejemplo, Desdemona empieza como una balada convencional pero deriva hacia absorbentes desarrollos instrumentales con tintes psicodélicos que recuerdan a aquellos directos con Duane, gracias entre otras cosas a la extraordinaria habilidad del jovencísimo Derek Trucks con el “slide”. El disco también contiene típico rock guitarrero sureño, como en Firing line, o baladas melancólicas con el clásico sello de Gregg Allman, como Old before my time. En definitiva, un disco que sirvió para demostrar que, contra todo pronóstico, Allman Brothers han sobrevivido a la ausencia de Dickey Betts como en su día sobrevivió a la ausencia de Duane Allman. Para ser totalmente sinceros, sí se echa un poco en falta el “toque Betts”… pero es algo lógico y no va en detrimento de lo mucho que puede ofrecer esta actual formación del grupo. Ahora sólo queda esperar que a Warren Haynes no se le ocurra estrellarse con la moto.

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14 comentarios

  1. Kamakiriad

    Completísimo y a la vez buenísimo artículo. Tengo 41 años y por circunstancias de la vida no me topé con los ABB hasta hará cosa de 10 años. Son sencillamente IMPERDIBLES. Y no ya por su brillante (puede que desgraciadamente algo corta) discografía, sino también por las ramificaciones musicales y influencias que han aportado. Gov’t Mule, Derek Truck Band, The Aquarium Rescue Unit, … Hablando de este último grupo, The Aquarium Rescue Unit, recomiendo FERVIENTEMENTE 2 de sus discos (sin Col. Bruce Hampton). Estos son: “In a Perfect World” y sobretodo “The Calling”. Los músicos son de primerísimo nivel (Jimmy Herring: Guitarra. Oteil Burbridge: Bajo. Paul Henson: Voz. Kofi Burbridge: Teclados y flauta travesera. Sean O’Rourke: Bateria). De hecho creo que Herring ha tocado en los 90 con los ABB y Oteil és el actual bajista. Para terminar quiero aportar que vi a Gov’t Mule en Barcelona y puedo decir que en muchos años no recuerdo tanta calidad musical en un escenario. Haynes es un profesional como la copa de un pino. Recomiendo ver el DVD del 2003 “The Deepest End”. Es un ejemplo de como varios estilos se pueden entrelazar en un mismo concierto sin ningún tipo de problema (Rock, Southern Rock, Blues, Funk, Blue Grass, Hard Rock,…). Fue como un homenaje al recien desaparecido Woody y en él pasan una disparidad de bajistas amigos de distintos estilos. Haynes a la guitarra, Matt Abts a la batería y Danny Louis a las teclas (sobretodo al Hammond) se adaptan al magnifico carrusel musical sin inmutarse y dando el toque apropiado en cada momento. Si no conocéis a Warren Haynes este DVD es 100% recomendable para daros cuenta que estamos delante de una de las figuras mas importantes de la historia de la música contemporánea.

    • Salvathor

      Estoy de acuerdo, es un muy buen artículo sobre los míticos Allman Brothers. Idlewilde south es el disco que más amo de la banda, y el tema In memory of elisabeth reed reconozco que hace ya unos añitos me llegó a obsesionar, la primera vez que lo oí, siendo un veinteañero, me impresionó profundamente, lo tenia en la cabeza continuamente…
      Haciendo referencia a lo que cuenta el artículo, es cierto que Allman brothers trascienden de forma notable, a lo que es el movimiento de musica sureña norteamericana, estan muy, muy por encima musicalmente que cualquier otra banda( lynyrd Skynyrd, marshall tucker band, black oak arkansas,etc…)
      En cuanto a bandas relacionadas indirectamente con los Allman y haciendo referencia a los soberbios Acuarium Rescue Union, su tremendo guitarrista Jimmy Herring tiene otra banda excelente de rock-blues-fusion intrumental llamada Jazz is dead, con el mismisimo Billy Cobham a la bateria

  2. Pingback: Allman Brothers Band: cuarenta años de tragedia, leyenda y música

  3. Jesús Manuel

    ¡NOO! El vídeo con Eric Clapton y Duane ha sido suprimido, ¿podríais reponerlo? Ya me he quedado con las ganas.
    Por cierto, decir «excelente artículo» es quedarse cortos.

  4. Mazzini

    Historietón.

  5. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Jot Down en Spotify: Allman Brothers Band

  6. Alberto

    La música es mi pasión favorita,no entiendo la vida sin ella
    soy de la generación de The Beatles,en el caso de los Allman me quito el sombrero,conozco el grupo desde siempre pienso que jamás le hicieron justicia muchos críticos y lamentablemente son unos desconocidos para muchos amantes del blues/rock,estupendo y completísimo
    artículo de Emilio de Gorgot,enhorabuena.Elegir temas favoritos de los Allman es dificilísimo yo me quedo con dos,It’s Not My Cross to Bear y Get on with Your Life .
    saludos

  7. Gracias por el artículo, yo estoy empezando a descubrir la música de esta banda

  8. jymylobo

    excelente,artículo bravo mis felicitaciones, también me pasa lo mismo con cuarenta años y la música es mi pasión y siento decir que hace poco descubrí a los allman y la verdad los descubrí gracias a joe bonamassa y warren haynes(que por cierto, un acierto el descubrimiento de este guitarrista para el grupo) excelentes guitarristas y sigo diciendo que para mi el mejor LP en directo y he escuchado muchos es la nueva incorporación a mi discografía que pena que no los haya descubierto antes es el at filmore east,se sabe si este L.P esta editado en dvd me gustaría tenerlo también en ese formato.bueno un saludo y que sigamos disfrutando de la buena música

  9. Pingback: Los mejores grupos que no han existido jamás

  10. Alberto

    Mis felicitaciones al autor por este magnífico reportaje, y como humildísima aportación, me gustaría hacer alguna precisión: Brothers & Sisters no es el único disco de la banda sólo con Betts como guitarrista, ya que Win lose or draw y el intersante directo Wip the windows check the oil … mantienen la misma formación aunque a veces Gregg toque alguna guitarra más bien de acompañamiento. En segundo lugar los problemas de la banda después de Bros & Sisters no vinieron del «agradable» caracter de Betts enfrentado a Levell, sino de los problemas de liderazgo entre Gregg y Dickey (que en aquellos años se hacían llamar Gregory L. Allman y Richard F. Betts. La banda había pasado de hacer giras en coches y autobuses a tener un avión privado. Se llegó a decir que Betts y Allman grabaron por separado sus intervenciones en Win lose or draw, pero la puntilla fue efectivamente que el FBI detuvo a Gregg por posesión y consumo de drogas y le obligaron a delatar a su camello que era uno de los roadies del grupo. Aquello era traición para una banda sureña en la que efectivamente primaba la hermandad, y llegaron a decir que jamás volverían a tocar con Gregg Allman, Betts se fue con su grupo Great Southern, con el que sacó dos LPs y Levell fundó Sea Levell con el bajista de los ABB Lamar Williams y con el batería Jaimoe y Gregg con Cher. Acepto la calidad de Haynes y Derek Trucks (al cual Clapton quiso robarles al igual que pasó con Duane Allman), pero la presencia de Betts es insustituible, y sobre todo el ir a conciertos de los Allman y no poder escuchar Jessica, In the memory of E. Reed, o Ramblin Man, y lo mismo con Whipping Post o Dreams en un concierto de Great Southern, es una gran frustración. Ahora Betts ha tocado en público con Derek Trucks el cual dice que no tiene ningún problema con Dickey y recientemente Derek y Haynes han anunciado su marcha de los Allman al final de 2014. ¿Será el fin definitivo de los ABB?

  11. Ildefonso

    Gracias de verdad por vuestra información. Me ha parecido fascinante pero me ha parecido corta. Seguir indagando en esta fabulosa banda que empecé a escuchar hace ya mas de treinta años y continuo haciéndolo. A veces la nostalgia me hace poner muy sensiblero…
    Espero que no se disuelvan como han anunciado

  12. Me gustan mucho las historias detrás de los músicos. Son muy representativas de lo humano en general. Eso me inspiró a mí también a escribir un modesto blog: Un montón de ages of rock. Quisieras dar un vistazo? Me interesaría mucho tu opinión.
    Saludos,
    Silvana

  13. Josep Maria Mir

    Felicidades por aportar tanta información sobre la banda más icónica y representativa de los “Hombres del Sur”.
    Siempre he considerado a ABB un referente único y a Duan un guitarrero con una progresión escalofriante.
    La vida se va y hay personas irreemplazables.
    Gracias por tu rigor musical.

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