Guillermo Ortiz: La liga del odio

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Barcelona y Real Madrid se juegan la liga del odio

Si algo nos ha ahorrado la experiencia de estos tres últimos años es que nadie ha salido este verano con la cantinela de la tercera vía. Renuncien a ello: ni Málaga, ni Athletic ni Villarreal ni historias… Algún equipo habrá que gane sus dos primeros partidos y cope un cuarto de portada con un liderato efímero y entonces surgirá el columnista de turno y dirá: “Ojo con…”. Pero no, abandonen toda esperanza: esta liga —como la anterior y la anterior y la anterior a la anterior— se ganará en torno a los 90 puntos y el vencedor será el Barcelona o el Real Madrid.

¿Qué queda al margen de esta “liga escocesa”? Bien, de entrada, la suerte de que el nivel medio de los equipos es bastante superior al escocés y que, nos pongamos lo cínicos que nos pongamos, ver al Real Madrid no es ver al Glasgow Rangers ni ver al Barcelona es ver al Celtic. Habrá espectáculo, habrá grandes jugadas, muchos equipos lucharán por Europa y muchos equipos, muchísimos, como en el pasado mayo, se jugarán el descenso en la última jornada.

Las cartas sobre la mesa. Sin trucos. Empezamos el análisis de arriba abajo.

La lucha por la liga

Con 17 equipos en ley concursal entre Primera y Segunda División es normal que las diferencias crezcan cada año, básicamente cuando los ingresos dependen en tan alto porcentaje de las televisiones. Otra cosa será cuando las televisiones —Mediapro y Sogecable, básicamente— se den cuenta de que igual no pueden hacer frente a los 140 millones de euros al año que pagan por cabeza a Real Madrid y Barcelona. Eso puede estar a punto de pasar o puede que la mano invisible salve también la liga española, habrá que esperar para saberlo.

Si hacemos como si no pasara nada, que es lo que hace todo el mundo en estas circunstancias, la liga es cosa de dos, sin matices. Los dos podrían partir perfectamente como favoritos: el Barcelona porque viene de ganar tres ligas seguidas y se ha reforzado con los jugadores que quería su entrenador: Fábregas y Alexis; el Real Madrid porque tiene una plantilla espectacular, la mejor que el dinero puede comprar, incluso a la espera de Neymar, y un entrenador que ha demostrado su capacidad para ganar títulos con todos sus equipos.

Una cosa choca, de entrada: ninguno de los dos parece haber fichado exactamente lo que necesitaba. El año pasado, Tito Vilanova —seguro que el nombre les suena— manifestaba en entrevista a El País lo siguiente: “En un momento de la temporada nos dimos cuenta de que si se lesionaba Piqué se nos acababa el invento”. En efecto, Piqué sostuvo el año pasado él solo la defensa del campeón tras las lesiones de Puyol y Milito y la enfermedad de Abidal.

Uno podría imaginar que, con esa experiencia a los hombros, el Barcelona se reforzaría con un central. Todo lo contrario: ha fichado a un medio centro excepcional para competir con otros cinco medio centros excepcionales y acabó desechando el fichaje de Rossi para contratar al chileno Alexis Sánchez por un precio chocante. Si hay que buscarle un punto débil al equipo de Guardiola tendrá que estar ahí, en la parte de atrás: Puyol tiene 33 años y no acaba de salir de una lesión de rodilla, Fontàs tiene 21 y no cuenta apenas para grandes partidos. En medio queda solamente, de nuevo, con 65 partidos por delante, Piqué.

Por supuesto, Pep puede reciclar a Abidal, Mascherano, Busquets y su capacidad para encontrar variantes tácticas está fuera de toda duda, pero la decisión choca. Los primeros partidos, con Piqué lesionado, en la grada, nos dirán bastante al respecto. La experiencia de las dos Supercopas a la hora de sacar el balón jugado no invita al optimismo. Es posible que este Barcelona esté preparado para jugar los mejores partidos de su historia, pero aún no sabemos si será capaz de competir a la altura de los últimos años.

El Madrid, por su parte, tuvo serios problemas de elaboración de juego durante todo el año pasado. Uno no puede fiarse la liga a que Cristiano Ronaldo meta 40 goles e incluso eso, como se vio, puede no bastar. El aficionado madridista tuvo que tragarse demasiados partidos a cero en campos donde no tenía ningún sentido fallar. Esa falta de fluidez en el medio del campo y la tendencia del equipo —ya desde los tiempos de Capello— a partirse en dos se verá este año matizada por el fichaje de Sahin. El problema es que a Sahin aún no le hemos visto jugar ni un minuto por sus lesiones, con lo que hay que considerarlo una incógnita. Probablemente, de su rendimiento dependa el futuro del Madrid en el campeonato. Si el ex del Borussia no rinde, Xabi Alonso quedará de nuevo como único pegamento en la construcción del juego blanco.

Por lo demás, queda dicho: el equipo es descomunal. Lo era el año pasado y este año probablemente sea mejor, aun con fichajes de perfil bajo. Mourinho ya sabrá que esta liga no es la italiana ni la inglesa. Aquí no se gana empatando partidos fuera de casa. Aquí hay que ganarlo todo, todo el rato. Porque si no ganas tú, va a ganar el Barça o viceversa. No tengo dudas de que, igual que demostró en la Supercopa, el portugués mandará a sus hombres más arriba en cualquier circunstancia y desde el principio de los partidos. La ventaja de Mourinho es su capacidad para convertir cualquier derrota en una victoria moral o periodística. La desventaja es que con este año acaba su crédito: dos años a 10 millones de euros la temporada para ganar Copas del Rey se antoja una apuesta muy cara.

Mourinho se juega ser considerado un genio incomprendido que jugó al despiste para acabar con la supremacía barcelonista o dejar el recuerdo en Madrid propio de un demente en una cristalería. No es poca cosa.

Los clásicos de Europa

Recuerden la semana europea: el Villarreal tuvo que esperar a la segunda parte de su partido contra el Odense para pasar a la liguilla de la Champions, el Sevilla quedó eliminado de la Europa League antes incluso de la fase de treintaidosavos y el Athletic de Bilbao consiguió clasificarse… sin jugar una vuelta en Turquía que se antojaba complicada tras el 0-0 de la ida en San Mamés.

En resumen: la clase media-alta española cada vez se aleja más de la inglesa y se acerca a la italiana, sumida desde hace años en el lodo. ¿Qué cabe esperar de los equipos que copan tradicionalmente los puestos europeos? Una cierta continuidad. Para empezar, el Valencia está siendo coherente desde el punto de vista económico: en vez de entrar en chanchullos legales saca dinero vendiendo jugadores. En un año se han ido Silva, Villa y Mata, aparte de Marchena y Joaquín. Si el equipo no lo nota es gracias a su entrenador, Unai Emery, discutido por su directiva, protestado por su afición —una afición con tendencia natural a la protesta— pero que no saca al Valencia de la Champions. ¿Bastará este año con Soldado, Pablo Hernández, Banega y el gran Piatti? Es probable que sí.

Más complicado lo tendrá el Villarreal, cuyo mérito es innegable, tanto en el cuidado del balón como de la cantera. La venta de Cazorla tiene que notarse aunque haya llegado Camuñas. Arriba siguen Nilmar y Rossi mas Rubén, una garantía de gol. Borja Valero es probablemente el mejor mediocampista español que no juega ni en Madrid ni en Barcelona, pero hay en el club azulejero un punto de sobre-esfuerzo lógico. Afrontar tres competiciones tan duras puede cobrarse su precio en determinados momentos. ¿Le veo fuera de Europa? No. ¿En Champions? Tampoco apostaría. Cualquier lugar entre el tercero y el séptimo tendría sentido.

Por su parte, Sevilla y Atlético de Madrid son las otras dos incógnitas de este grupo. El Sevilla ha fichado a Marcelino, que no es ninguna tontería. Su trabajo con Recreativo y Racing fue descomunal. Sin embargo, caer en la previa de la Europa League es una muy mala noticia para un club con cierta tendencia a la exageración tanto dentro como fuera del campo. Por un lado, le quitará carga de partidos; por el otro, cada pequeño tropiezo será una desgracia.

Algo parecido pasará con el Atleti: ustedes saben como yo que pronosticar algo con respecto al Atleti es una tontería enorme. Es un club por esencia imprevisible. Vender al Kun por 45 millones y fichar a Falcao por 40 parece un error económico tremendo, por buen goleador que sea el colombiano. Añadan a eso la posible venta de Forlán por apenas 5 millones de euros, una cantidad ridícula para un doble bota de oro, campeón de América este verano y mejor jugador del Mundial de 2010.

El Atleti transmite malas sensaciones, esto es así: la afición enfrentada con la directiva, el entrenador sin respaldo alguno, la plantilla a medio confeccionar, llena de dudas: ¿Vendrán Diego y Pizzi? ¿Es Diego el jugador que fue hace años en el Werder Bremen? Son muchas incógnitas y si buscan que yo se las resuelva se equivocan de adivino. Esperen partidos maravillosos y derrotas incomprensibles. Goleadas a favor y en contra. Columnistas desatadamente optimistas y otros cruelmente pesimistas. Esperen al Atlético de Madrid, en definitiva.

Las grandes esperanzas

“El Málaga del jeque”. Hemos oído tanto esa expresión este verano que algunos periodistas la han llevado al entusiasmo calificando de “jeque” incluso al indio que no sabemos aún muy bien si ha comprado o no el Rácing de Santander. Creo que él a estas alturas tampoco lo tiene del todo claro. En el plano económico, el Málaga es la gran alternativa. De entre sus fichajes, algunos tienen más entidad que nombre —Cazorla, Monreal, Isco…— y otros más pasado que futuro —Van Nistelrooy o Joaquín—. Si a eso le sumamos un gran entrenador, pese a quien pese, y un excelente final de temporada, con Baptista y Rondón de estrellas, hay motivos para pensar que el Málaga puede aspirar a Europa League.

No está nada mal para un equipo que pasó buena parte del año pasado en posiciones de descenso. ¿Champions? Lo dudo. ¿Liga? Ni lo sueñen.

Si hay un equipo al que podría dar alguna opción en algún momento de molestar al Real Madrid y al Barcelona en su dominio absoluto —y por supuesto hablo de algún momento en el que ninguno de los dos equipos, insisto, pasen de los 80 puntos— es el Athletic de Bilbao. Es complicado encontrar tantos jugadores y tan jóvenes en un solo equipo: Llorente es uno de los mejores delanteros de la liga, Javi Martínez está al nivel de los mejores pivotes defensivos de Europa, Ander Herrera es un fichaje espectacular y Muniain, para mí, puede ser el mejor jugador español en tres temporadas.

Me parece un jugador mágico, especial, de los que sale uno por década: tiene gol, tiene regate, tiene velocidad, la insolencia de la edad y una inteligencia a la hora de leer el juego fuera de lo común. Con esos mimbres, mas los San José, Iraola, Toquero, Koilkili, Orbaiz, Gurpegi y compañía, Marcelo Bielsa podría hacer un muy buen cesto. El problema es que no sé qué quiere hacer Bielsa. Para mí siempre ha sido una incógnita. Ha sido campeón en Argentina, de acuerdo, pero en general la expectación ha superado con mucho sus resultados. Puede que consiga encajar las piezas o puede que decida empezar el rompecabezas de cero y perderse en sus propias locuras. Es el riesgo de contratar a alguien a quien apodan “El loco” en Argentina, término reservado para gente como Gatti o Abreu, ni más ni menos. El tiempo dirá.

En esta categoría había pensado incluir al Espanyol. Las excentricidades de cualquier analista. Su trabajo con la cantera es enorme, Álvaro Vázquez fue con mucho el mejor delantero de la selección sub 20 y Pochettino es un entrenador que maneja a la perfección los pocos recursos de la plantilla. Sin embargo, la venta de Osvaldo probablemente determine el resto de su temporada. El argentino es un jugador demasiado importante como para pensar que los periquitos podrán luchar por algo más que salvar la categoría sin él. Siempre puede haber sorpresas, por supuesto, especialmente con el enorme Javi Márquez, pero si no llegan refuerzos su presencia en este grupo pasará a la historia como mi minuto de gloria.

Coqueteando con la tragedia

El año pasado, hasta once equipos llegaron a las últimas tres jornadas con serios problemas para salvar la categoría. Teniendo en cuenta la cantidad de puntos que acaparan los dos primeros es posible que eso se vuelva a repetir y aquí es difícil establecer categorías más allá de lo que le dicte a uno el instinto.

Entre los que estarán a punto de bajar pero no bajarán, incluyo al Getafe, si su jeque particular consigue cerrar algún fichaje más; al Zaragoza, un equipo que suele hacerse fuerte en su campo y que sortea la ley concursal con unas maniobras que a estas alturas ya ni sorprenden; al Betis, con un excelente entrenador en Pepe Mel y algo parecido a estabilidad institucional después de años y a equipos como la Real Sociedad, más aún si retiene a Griezmann; el Sporting de Gijón, capaz de convertir su campo en un infierno durante las jornadas decisivas y el Mallorca, que parece encontrar siempre esa pizca de talento y sufrimiento necesarios para salvar la temporada con una cierta soltura.

Todos, por supuesto, con la incógnita del Getafe, comparten problemas económicos que pueden afectar más o menos su rendimiento a lo largo del año. Llegados a este punto, los clubes ya no piensan en qué pueden ganar sino en qué pueden perder: su descenso a Segunda División sería una catástrofe económica a apilar encima de muchas otras pequeñas catástrofes económicas.

Los aficionados de estos equipos, salvo grata sorpresa, harán suyo el “virgencita, virgencita, que me quede como estoy”: que el club no quiebre, que los jugadores cobren, que los 42 puntos lleguen lo antes posible… y que ninguno de los que vienen en el epígrafe de abajo tenga la temporada tonta, por supuesto.

Sálvese quien pueda

El Racing de Santander y el Rayo Vallecano están metidos en tales problemas económicos que me resulta muy complicado pensar que sus jugadores puedan desligar lo emocional de lo profesional. Desde luego, los chicos de Vallecas dieron una lección al respecto el año pasado, con una plantilla que probablemente no fuera de las tres mejores de la competición pero que aguantó a base de fe en sí mismos y muchísima entrega. ¿Bastará eso en Primera? Tengo dudas.

Más dudas aún me crea el Rácing de Santander, donde, por no saberse, no se sabe ni quién es el presidente ni el propietario. Con Ali de ida y vuelta, deudas amontonadas, concurso de acreedores y una plantilla sin atacantes los cántabros tienen muy mala pinta. Su pretemporada, además, ha sido desastrosa. Por supuesto, Héctor Cúper puede ser una ayuda pero perder a Marcelino de nuevo es mucho perder para un equipo cuya desconexión entre banquillo y grada es más que habitual.

El Granada es una incógnita. Uno no pasa 30 años sin pisar la Primera División y le cuelgan los galones de inmediato. Se los tiene que ganar. Por nombre, obviamente, debería ser el equipo más cercano al descenso, pero lo cierto es que no tienen nada que perder y eso puede ser una ventaja. En su cabeza convendría que estuviera el inicio de temporada del Xerez hace dos años, que le condenó a Segunda. Si es capaz de mantener la motivación desde el primer momento y no obligarse a remontadas milagrosas, puede ser una sorpresa.

Sinceramente, estos tres equipos serían mis candidatos si tuviera que apostar por el descenso. Eso no quiere decir nada, casi al contrario, soy pésimo en mis predicciones. Junto a ellos pongo dos equipos de brega y aguante acostumbrados a rachas pésimas y gloriosas: por un lado, el Osasuna, que volverá a tener en el Reyno de Navarra su principal arma y en Camuñas una baja más que apreciable. Por otro lado, el Levante, que pasó el año pasado de coquetear con Europa a ver peligrar la categoría por culpa de un final de temporada desastroso. De qué versión dé el equipo en su época post-Luis García dependerán sus posibilidades

¿Emoción hasta el final?

Hace dos años, la liga se decidió en el último partido y el Barcelona se fue a 99 puntos. El año pasado, entre tanto derby enloquecido, es cierto que el Madrid se pasó demasiadas jornadas dando tumbos: perdiendo en Pamplona o contra el Zaragoza y goleando a domicilio en Sevilla, Valencia, Villarreal… Este año no es de esperar que ninguno de los dos pierda comba. Viendo el calendario da la sensación de que el Barcelona tiene un inicio algo más duro, con un partido de ida en el Bernabéu por primera vez en muchos años.

Si el Madrid es capaz de salir de ese partido líder y con una ventaja mínimamente apreciable, será muy difícil sacarle del primer lugar. El objetivo del Barcelona, pues, debería ser apretar los dientes al principio y llegar al Bernabéu lo más cerca posible. Ahí ya se vería: si Mourinho vuelve a jugar a empatar a cero, estupendo para los de Guardiola, pero no es lo esperable. El Madrid le tiene ganas al Barcelona y el Barcelona al Madrid. Esto es un eufemismo: cuando digo “ganas” quiero decir “odio”.

La cosa ha llegado a un punto detestable en el que todo puede depender de la capacidad de cada equipo a la hora de controlar sus nervios entre una avalancha de declaraciones, polémicas, portadas, insultos velados, conspiraciones, superioridades morales y prensas afines. El Barcelona ha sido capaz de aguantar tres años. ¿Podrán ser cuatro? Algo nos dice a todos que dependerá de ellos, pero la perfección no es exigible de manera continua. Lo único que nos cabe esperar es que al menos al final de esta temporada no respiremos con alivio y volvamos a repetir: “Menos mal que esto se ha acabado”. Lo contrario, sería terrible.

Aunque, tristemente, esperable.

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3 comentarios

  1. viejo Casale

    una afición con tendencia natural a la protesta…dice. Que fácil es tirar de tópicos. Ni puta idea guillermo ortiz, ni puta idea.

  2. Pues no recuerdo nunguna protesta en Mestalla contra Emery.

  3. Está confundido el artículo como alguno anteriormente, el levante empezó fatal pero hizo la tercera mejor segunda vuelta por detrás de madrid y barsa, no se donde sacas eso de desastroso final.

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