Rafael Vives: Saludos

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Cuentan que no fue hasta el Siglo II post merídiem que el hombre inventó el saludo.

Lázarus Ignífugus, reconocido forjador de espadas, caminaba por la adoquinada vía de los herreros cuando percibió un irresistible escozor en su insalubre axila. Lázarus levantó de inmediato el brazo dispuesto a mitigar aquel picor cuando la providencia quiso que su primo Primus se encontrara al otro lado de la calle. Primus, que ya se había percatado de la presencia del sucio familiar, quedó absorto ante ese gesto. ¿Qué significaba? ¿Cómo interpretarlo? Aturdido, decidió reproducirlo y levantó un brazo, mano abierta, en dirección a su congénere. Ambos se miraron siendo en ese momento conscientes de que acababan de establecer un nuevo vínculo, una aproximación no carnal, un silencioso guiño entre personas. Así nació el primer saludo. La moda se extendió y millones de brazos comenzaron a enarbolarse de forma enajenada sin comprender muy bien por qué. Paralelamente se desarrollaron los primeros desodorantes. Desde aquel momento la Humanidad utilizó el saludo para fines diversos tales como advertir a un igual, marcar territorio, parar un taxi, solicitar la cuenta, cambiar una bombilla o encumbrar a un caudillo.

Al igual que todo en este mundo inconformista, el saludo ha generado polémica y debate. Algunos historiadores afirman que aquel gesto no era sino el impulso genético de imitar a nuestros ancestrales fundadores. Según ellos, el saludo sería el reflejo de un homínido levantando algún instrumento pétreo hacia otro de forma amenazante. Así, se trataría de una intimidación que, en su versión desarmada, podría malinterpretarse como un acercamiento amistoso. No resulta necesario ni agradable evocar cómo terminaron sus días dichos historiadores desde entonces denominados eunucos.

En la Edad Moderna, como suele suceder, el saludo se pervirtió y surgieron innumerables variantes. Unos optaron por incluir el roce y éste derivó en un beso, dos besos, tres besos, fricción nasal, la lambada, la palmadita, el choque “Top Gun”, la colleja e incluso el aberrante “cow kiss” o beso de res. Otros mantuvieron la distancia pero incluyeron guiños como extender el dedo corazón, alzar las cejas, dibujar la V de viñedo o representar dos cuernos en honor a la horca utilizada para recolectar el trigo y a los dioses del Metal. Unos pocos decidieron alejarse de lo convencional y desarrollaron inimaginables representaciones de saludo tales como hacer la croqueta, la cucaracha, el calvo, la presión genital o las convulsiones pélvicas.

Sea como fuere, el saludo, en sus diversas formas y exhibiciones, se ha convertido en una herramienta cultural imprescindible en nuestras relaciones. Hoy en día todos nos saludamos, a discreción, sin mesura, con o sin motivo, con o sin sentimiento. Saludos falsos, imprudentes, incluso traicioneros, proliferan en nuestras calles y en las mejillas de nuestros hijos. Siempre existe un motivo, loable o interesado, para saludarnos, como marionetas representando una obra globalizada de interacción social.

En ocasiones imagino qué hubiera sido de nosotros sin la azarosa intervención de aquel sobaco roñoso. Pienso que el bueno de Lázarus Ignífugus, de saber en qué derivaría su gesto, quizá se hubiera sacrificado, soportado su ictiosis, y probablemente hoy seguiríamos ignorándonos.

A todo esto, un saludo.

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7 Comentarios

  1. Sr. Vives:

    Espero con impaciencia cada publicación suya porque eso significa que una sonrisa se dibujará en mi cara durante un breve espacio de tiempo.

    Admiro su fantasía ilimitada y me gustaría disfrutar de sus personajes y escenarios en un formato algo más extenso.

    Por los siglos de los siglos, amén

  2. ¡Hola!
    Saber que hay gente como tu, hace que duerma mejor por las noches, porque significaría que aun hay esperanza en el ser humano.
    Gente como tú alegra estos días «tan» grises.
    Gracias.

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