África engancha, conmueve, fascina. Es un continente barroco donde la belleza, el mal, la miseria, las bestias salvajes y la atrocidad conviven dramáticamente. He estado tres veces en el África profunda: 45 días inolvidables por distintos motivos dramáticos, dos de ellos trágicos.
Primer viaje: 25 de agosto-8 de septiembre 1994. Goma (Zaire , actual República Democrática del Congo)
El 24 de agosto de 1994, cuatro meses después del genocidio de Ruanda, salimos del aeropuerto de Barajas un grupo de 12 cooperantes de la ONG Médicos del Mundo y yo, único periodista de la expedición, enviado especial de El País. Nos embarcamos en un mastodóntico avión Ilyushin II-2 ruso. Se trata de un aparato especializado en ataque de objetivos de guerra, construido por la URSS en la Segunda Guerra Mundial. Con la disolución de la Unión Soviética en 1991, esos aviones fueron comprados por particulares que los alquilaban para vuelos comerciales. El que nos llevaba estaba viejo pero muy bien conservado y equipado, con un blindaje de 700 kilos y un peso en vacío de 4.500.
Aquel avión iba repleto de alimentos, aparatos médicos y medicinas de todo tipo. Nosotros nos acomodamos, incómodamente, entre sacos, grandes paquetes y petates. Todo fue bien hasta El Cairo. Allí tuvimos que aterrizar lejos de la terminal. Por aquellos días habían tenido lugar varios atentados contra turistas. Pasamos dos horas con mucha incertidumbre. Los hombres no teníamos otro remedio que hacer nuestras necesidades en la pista. Las chicas tenían que ir a la terminal acompañadas por algunos de nosotros y por un par de agentes de seguridad del aeropuerto. Los pilotos rusos negociaron no sé qué cuestiones y al fin nos dieron permiso para despegar y nos quitamos la congoja de encima.
Llegamos a Goma sin más incidentes. Nos reciben en el patético aeropuerto algunos cooperantes de Médicos del Mundo que estaban en Goma desde hacía una temporada. Lo primero que hacemos es descargar entre todos los víveres y medicinas que traíamos de España.
Goma es una ciudad de unos 200.000 habitantes distribuidos en una amplia área de centenares de kilómetros cuadrados. Se encuentra a orillas del lago Kivu, a 13 kilómetros del volcán Nyiragongo, enclavado en las Montañas Virunga, cadena de volcanes, todos ellos pasivos, excepto el Nyiragongo. Por estos contornos está ambientada la novela Congo, de Michael Crichton. El centro de la población es una amplia calle sembrada de casuchas, tabernas sucias y restaurantes miserables. También circulan buen número de vehículos todoterreno de las organizaciones internacionales. Pertenece a Zaire, país dominado tiránicamente por el dictador “democrático” Mobutu Sese Seko (Zaire fue la primera nación “democrática” de África), de infausto recuerdo. Mobutu tiene su propio gobierno a espaldas del Parlamento, su propio ejército y su propia policía. Algo así como una democracia fantasma manejada por un dictador sanguinario.
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Pingback: Ricardo Cantalapiedra: Africaciones (I) Memoria de África
Magnífico reportaje. Eso es un «problema». Aquí sólo de habla de la crisis. ¡Enhorabuena!
Estoy muy agradecido, señor Turcia. Intentaré en mis siguientes reportajes causarle la misma impresión. Aquí tiene usted un amigo.
Estupendo reportaje de Cantalapiedra al que, por cierto, algunos echamos de menos en las columnas de «El País»
Fantástico reportaje, Cantalapiedra. Esperamos Africaciones II