Julio Valdeón Blanco: El presidente y sus espejos

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Ciertos comentaristas describen a Obama como un muñeco articulado cuyo carisma disfraza un persistente vacío. Sidney Poitier que primero asusta a Spencer Tracy y luego lo embruja para llevarse a la hija. Dicha caricatura queda corroborada en el imaginario español por la persistente manía de establecer duplas absurdas, digamos Obama/Zapatero. No se equivoquen. La galante figura del presidente estadounidense poco tiene que ver con la del cometa leonés. Obama, aunque peque de seductor, traje deslumbrante de los Demócratas menos recomendables, posee un imaginario político robusto y es más inapresable, refinado y complejo. Para David Brooks su perfil «es postfeminista, de estilo tradicional, hipercompetitivo, poco dubitativo y rara vez autoindulgente». Transmite una imagen poco o nada «melodramática, sensible, vulnerable o cambiante», que se corresponde con sus políticas de solapa subida y aversión al amarillismo.

Asunto distinto es que desde la pérdida del Congreso en noviembre de 2010 le cueste horrores sacar adelante cualquier proyecto: vive de lo conseguido durante sus primeros dos años de mandato. Desde 2011 buena parte de su actividad legislativa ha sido electoral, hasta el punto de que en marzo de 2012 ya acumulaba 191 actos de campaña, cifra récord para un presidente. Si bajamos a la mina, o sea, a lo logrado, está la cuestión del seguro médico. A falta de que el Supremo se pronuncie en junio. En la certidumbre de que el sistema, a día de hoy, necesita repensarse, transformado el déficit en una llaga creciente y, al tiempo, con 50 millones de personas sin cobertura médica. Las piezas, empero, siguen donde solían, o sea, en la discusión entre derechos sociales o caridad, Estado del Bienestar o Estado Asistencial. Sin olvidar que durante casi dos años Obama mantuvo el control de las cámaras y no pudo o supo imponerse a los demócratas más conservadores. De su indecisión viene luego una reforma descafeinada sobre la que pende la cuchilla del Supremo, presidido por el polémico John Roberts. Al fondo, como quien no quiere, destaca la vieja lucha entre el poder Federal y el de los Estados. Perpetua batalla en la historia que con no poca habilidad recalentó el Tea Party. Movimiento menos torpe y cómico de lo que pudiera pensarse, en cualquier caso partidario sin quererlo de un humor cercano al gore, perdido en su acartonado laberinto antimoderno, de una rudeza intelectual asombrosa, por el que circulan idealizados fantasmas de un pasado ahistórico.

En política exterior, una de las grandes bazas de Obama, recordemos que sacó a las tropas de Irak, tal y como había prometido. Durante un periodo de tiempo multiplicó la guerra en Afganistán, región montañosa, de pastores hirsutos, clérigos fanatizados y cultivadores de opio, abonada a su condición narcomedieval. Braceó mal durante la rebelión presupuestaria del pasado verano y si te he visto no contesto respecto a ese oasis de derechos, paraíso de la tutela judicial, llamado Guantánamo. ¿Podía haberlo cerrado mientras tuvo a favor el Congreso? Quizá la patata es ya autosuficiente y, cual monstruo de Frankenstein, camina sola. El bombón envenenado de Rumsfeld y cía. tiene difícil remedio sin asistir a una cascada de procedimientos nulos. Por otro lado Al Qaeda está muy debilitada. El uso de aviones no tripulados y fuerzas especiales, los asesinatos selectivos, sólo sorprenderán a los ingenuos o a los cínicos. Obama ha sancionado, incluso reforzado, las tácticas belicistas previas. En la asunción de que desde el 11-S su país está en guerra y de que eficacia y moralidad no siempre riman. Obama nunca ha evitado el contacto con el barro ni pretende gobernar aupado a una columna sin pecado concebida. Dijo no a la invasión de Irak porque no tragaba con los motivos, pero si contemplan Somalia, Afganistán o Yemen, las numerosas operaciones de los SEALS, la enorme cantidad de bombardeos selectivos con drones (diez veces más que durante el gobierno de Bush) o el hecho de que fuera el primer presidente de la historia de EEUU en autorizar el asesinato de un ciudadano estadounidense, si toman esos elementos y los suman, comprenderán hasta que punto, con sobrados motivos, ha sido «uno de los presidentes militarmente más agresivos de las últimas décadas», al decir de Peter L. Bergen, director de Estudios de Seguridad Nacional de la New America Foundation.

Bergen, que en breve publicará Manhunt: the ten-year search for Bin Laden-from 9/11 to Abbottabad, cita una charla de Obama de 2007: «no voy a dudar en utilizar la fuerza militar para detener a los terroristas que representan una amenaza directa a los Estados Unidos». O el discurso durante la aceptación del Nobel de la Paz: «Hay que afrontar el mundo tal como es, y no podemos quedarnos de brazos cruzados frente a las amenazas(…) Porque no nos engañemos: el mal existe en el mundo. Un movimiento no-violento no hubiera podido detener a los ejércitos de Hitler. Las negociaciones no convencerán a los líderes de Al-Qaeda a deponer las armas. Decir que la fuerza es a veces necesaria no significa recurrir al cinismo. Se trata de comprender la historia, las imperfecciones del hombre y los límites de la razón». Frente a Clinton, que según Bergen, «no hizo nada por detener lo que, al menos en 1994, era ya evidentemente una campaña de genocidio en Ruanda», Obama necesitó «sólo unas semanas para actuar en Libia cuando el coronel Gadafi amenazó con grandes masacrar a la población. Fue a las Naciones Unidas y la OTAN y puso en marcha la campaña militar —duramente criticada por la izquierda y la derecha— que derrocó al dictador».

Volvamos a 2008. Entusiasmaba contemplar al Obama candidato. Hablaba sin liarse con el discurso escrito. Incluso sin papeles delante, aunque era/es un consumado profesional del teleprompter y, a la par, felino cuando improvisa. Apabullante en las ruedas de prensa. Género periodístico que en otros lares consiste en hacer del plumilla un amanuense al dictado que transcribe panfletos y aquí paz y si preguntas te enchufo risas (enlatadas). Tampoco sorprende nuestro deslumbramiento. Su antecesor fue tan chusco que, por limpio contraste, haría del siguiente una suerte de Churchill. No digamos ya si el elegido, por elegancia, modales y dialéctica, recuerda al Gregory Peck de Matar a un ruiseñor. Cierto, cuesta sobrevivir al mesianismo. Amplificado por la prensa extranjera, mejor europea, pero Obama nunca ha pretendido encajar en los delirios ajenos. No es culpa suya que Europa, la misma Europa sonada que arruga la nariz mientras sus aliados pelean por el mundo, incapaz de coordinar una política exterior conjunta, inútil hasta el delirio, huérfana de altura y liderazgo, siga grogui.

El hombre al que en su país los cínicos con disfraz de patriotas acusan de blasfemo leninista y manirroto rescató a la banca del bestial despelote sub-prime recibido. Sin exagerar el medallero, ojo. La economía avanza despacio y la cifras de paro asustan, en especial si añadimos a quienes han renunciado a buscar trabajo y pasan de registrarse. Condenado a cabalgar semejante ola, lo inaudito es que no se haya ahogado. El citado Clinton, gran publicista, sigue sin contar como referente. Aquel fue «el personaje más fascinante que haya aparecido desde J.R. Esa gran proporción de espectadores estadounidenses no querría que los Clinton dejasen de estar en antena. Pues se trata de un entretenimiento de televisión con la suficiente potencialidad como para superar todos los éxitos televisivos del pasado, hasta el punto de que incluso los Simpson podrían palidecer ante las futuras aventuras de Bill y Hillary» (Norman Mailer, 1996, George Magazine). Por contra, en la operación contra Bin Laden, sobresale el coraje de un Obama que toma una ruta incierta. Hay algo más que cálculo electoral, no digamos ya revanchismo, en esa hora. Una coherencia con lo anunciado, no con lo aireado por los cronistas a la violeta sino con lo que él mismo predicaba antes de alcanzar la Casa Blanca.

Ah, sí, las Super PACs amigas, o sea, los Súper-Comités de Acción Política, organizaciones independientes que apuesten por él, flaquean en comparación a los de Rommey. Por 9 millones a 52. Como explica Thomas B. Edsall, Obama ha recaudado para su campaña cerca de doscientos millones de dólares, pero las Super PACs, con el riñón forrado, son responsables de los spots jarrapellejos, anuncios bala y otros eslóganes de carnívora bayoneta. No es recomendable subestimar la artillería de unos comandos bendecidos por el Supremo en 2010 y más preocupados por la salvación de sus fortunas que de su alma. En una simpática y cordial pirueta, contemplada en el retrovisor la formidable recaudación de las Super PACs enemigas, parece que Obama, antaño enfrentado a que dichas organizaciones oculten a sus mecenas, dice Diego y digo o viceversa, e implora a los ricos partidarios que metan pasta ahí donde más duele. Por lo demás es presidente: esto es, controla una apisonadora. El lunes 14 de mayo presentó un vídeo donde retrata a Rommey como una hiena corporativa. No es el primero. Michael D. Sear, del New York Times, recuerda que «durante las primarias republicanas Gingrich lanzó un vídeo de veintiocho minutos» donde tachaba a Rommey de «carroñero», y «Perry lo llamo buitre capitalista». Claro que Rommey tampoco navega solo. Cuenta con la chequera de tipos como Sheldon Anderson, el archimillonario que planea Eurovegas y que mantuvo a puro huevo la candidatura de Gringrich. El jueves 17 el NY Times informaba de la nueva campaña orquestada contra Obama por una Super PAC. Otro ricacho con el presidente atragantado es Harold Clark Simmons. Lean este artículo de Monica Langley para el Wall Stree Journal.  

Mosqueada el ala evangélica del partido Republicano, que no le estima mucho, Rommey también necesitará hacer malabares. Le toca convencer de que lo suyo no es conservadurismo 2×1. Que puede sustituir en sus oraciones a sus jabalís favoritos. En realidad, en términos de inteligencia política, parece bastante superior a Perry y cía. Al tiempo que recolecta hojas de te sin hervir debe de sortear las acusaciones de oportunista, su pasado como gobernador no precisamente cafre, mientras evita el previsible acojone del electorado liberal, que no reaccionario. Un juego malabar que requiere habilidades de trilero al alcance de Houdinis como nuestro Ruiz Gallardón, ora verso suelto y olé, ora cruzado contra violencias estructurales y demás flojeras intrauterinas. La cuestión homosexual, el anuncio de que Obama apoya el matrimonio gay, ha colocado a Rommey ante un momentáneo tembleque hamletiano. Reaccionó oponiéndose, qué otra cosa podía hacer, mientras sus asesores confían en que lo que gana por la diestra pata negra no lo pierda entre los moderados, en la necesidad de que la crisis cumpla su axioma de no respetar presidentes y las cifras de desempleo enturbien los guiños a Ocuppy Wall Street (becas universitarias) y match-points como el del descabezamiento de Al Qaeda. En una campaña estruendosa, cuando ninguno de los dos candidatos arranca como favorito y sometidos ambos a turbulencias externas, la suma de ambigüedades parece inevitable.

Finalmente, para Obama la victoria será inútil si no recupera las Cámaras legislativas. En el Congreso y el Senado se dilucidará la otra gran batalla. Esta por ver si los periódicos europeos, por una vez, se enteran e informan al respecto. Si lo hacen demostrarían que poco a poco comprenden a un país mucho más interesante, complejo e impuro que el proyectado en la penumbra febril de sus elucubraciones. Un país, por cierto, donde gobierna un tipo ambicioso y con enjundia, polémico y falible, no un héroe ni, menos mal, un dios enardecido o un cirujano de hierro, sino apenas un hombre, un estadista, nada menos, de esos que Europa necesita y no encuentra.

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3 comentarios

  1. Muy buen texto (aunque no sé si descongelado: el libro de Bergen lleva medio mes en la calle).

    Obam empezó como mesías, luego se le despellejó sin piedad, y ahora es, finalmente, un presidente, cuya cara probablemente no acabará en Rushmore, pero ya quisiera yo dos o tres así en Europa.

    Lo de las Super PACs es una cosa tremenda, y más tremenda es que quizás la denuncia más efectiva venga de Stephen Colbert. Probablemente no sean tan efectivas contra el grueso de votantes de Obama (que seguro pasan más horas en internet que viendo la tele), pero no está tan claro con los indecisos, esa piedra filosofal de las elecciones americanas.

    No veo yo a Romney tan cerca de Obama: le acabará pesando la reforma sanitaria en Massachusetts, el ser un millonario que paga poco impuestos, la falta de ideales férreos y, francamente, que es de lo más insulso que se puede echar uno en cara (vaya plantel este año en las primarias republicanas…). Quizás con un VP de línea dura como Rubio, que le asegure los votos ultras y le deje libertad para moderarse para el gran público, pueda dar guerra, aunque a día de hoy no parece que haya tortas por subirse a la candidatura, precisamente. Quizás todos los posibles han dado por perdida estas elecciones, y prefieren presentarse frescos al 2016.

    Va estar entretenida la cosa…

  2. Pingback: El presidente y sus espejos

  3. fueradejuego

    Olé,olé y olé. Con dos cojones Fonseca. No se mucho de la política interna federal americana pero hay cosas que son obvias hasta en parvulario. Ya está bien de tanta tontería europea opinando sobre la política ajena (que nos podríamos doctorar summa cum laude en estos menesteres) y decir las cosas claras. Obama no es Roosevelt o Lincoln. Pero es que no hace falta porque EEUU no está como para necesitar gerentes de esa magnitud. Necesita gente como Obama,atrevida con sus ideas (que son claras) y que sabe que hacer. Amén de que no parece una caricatura del ser humano,lo cual es de agradecer en la política actual. Al igual que digo que es un señor que probablemente nunca votaría sí reconozco que sería genial tener 2 o 3 como el en la Europa del ensimismamiento y la decadencia. Y también que es un tío al que ficharía siempre si tuviera una empresa de marketing ya que es el mejor embajador de sí mismo,lo cual nuevamente es de agradecer en la política. Respecto a sí lo que hace es poco para la Europa ilustrada decir que sí,que es cierto. Pero ese poco es un gran paso en un país como EEUU y,a la larga,será un salto más grande para este planeta (dada la repercusión de esa nación) que muchos inventos Neutrex del futuro que se hacen en la Europa,repito,del ensimismamiento y la decadencia.

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