Proyectaba con la férrea determinación de quien se sabe único. Dibujaba sus edificios con lujuria, imaginando cuerpos de mujer en virguerías estructurales de hormigón armado.
Carioca de nacimiento y de sentimiento, todo en su vida era excesivo: su talento para crear formas nuevas, su compromiso político, su atracción por el sexo opuesto, su aversión a subirse a un avión. Primer “hijo predilecto de Nueva York” al que se le vetó la entrada en EEUU, de él llegó a decir Fidel Castro que la próxima vez que lo dejara plantado mandaría un barco desde Cuba a buscarlo. Excelso representante de una profesión intoxicada por el ego propio, tuvo la desfachatez de construir la capital de su país natal, Brasil, cobrando un sueldo básico de funcionario. Y de compartir la autoría del proyecto ganador del concurso más importante de su época, el de las Naciones Unidas, después de haber salido vencedor por unanimidad. Maestro sin escuela, la trayectoria de Óscar Niemeyer (Río de Janeiro, 1907) es la quintaesencia de un país que lo eligió como estandarte y que acabó obligándolo a exiliarse. Verdadero poeta del hormigón armado, ese niño que realizaba dibujos imaginarios en el cielo acabó convirtiéndose en el arquitecto brasileño más importante del siglo XX.
Heredero de los principios compositivos y formales de la modernidad arquitectónica, un día tropezó con la línea curva y sembró el mundo de formas audaces. Saludado unánimemente como el creador más valiente de su generación, en su trabajo encontramos fantasía y rigor, ingenio y mesura, exceso y fundamento. Siempre con una prerrogativa irrenunciable: la búsqueda de la forma bella, atemporal, aspiración máxima ante la cual se supeditan función y contenido. Transcendiendo modas y estilos pasajeros que arrastraron a muchos de sus contemporáneos, la arquitectura de Niemeyer refleja la inocencia del creador que recela de los academicismos e impone la libertad del trazo natural ante la rigidez de la máquina de habitar de la arquitectura moderna europea. Más allá de consideraciones funcionales o de estilo, son la belleza como valor absoluto e irrenunciable y la sorpresa como elemento vehicular de la experiencia arquitectónica, los pilares sobre los que se asienta una trayectoria profesional que abarca ya más de siete décadas y cuatro continentes. Figura mayúscula en su país y referencia indiscutible para sucesivas generaciones de arquitectos, la vida y obra de Niemeyer evidencian un profundo compromiso con una manera muy personal de entender la arquitectura, la política y la vida.
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La escalera es todo un ejemplo de simplicidad y elegancia.
Y de ganas de reírse de todo aquél que padezca de vértigo.
Niemeyer ha estado ingresado tres veces durante este último año, su última alta del hospital fue hace apenas cinco días.
Tres días antes de que le soltaran declaró indignado que «ya era hora de que lo soltaran, que él lo único que quería era volver a trabajar».
Si es que no se puede petar más. Grande Niemeyer
OSCAR EL MAS GRANDE ARQUITECTO DE SUD-AMERICA.
EN 1965 A 80 DIAS ANTES DE SU FALLECIMIENTO, VISITE A CORBU (LE CORBUSIER) QUIEN ME DIJO: HAY DOS JOVENES LATINOS QUE ME HAN IMPRESIONADO MUCHO
EL ARGENTINO AMANCIO WILLIAMS .Y EL BRASILERO OSCAR NIEMEYER, QUIEN SERA EL PALADIN DE LA ARQUITECTURA EN EL FUTURO. NO SE EQUIVOCABA EL MAESTRO ,QUIEN EJERCIO INFLUENCIA EN EL GENIAL NIEMEYER.
UNA LASTIMA QUE NO GUSTABA EL AVION, LO QUE NOS EVIITO TENERLO EN LIMA EN 1977 CUANDO SE HIZO LA CARTA DE MACHU PICCHU QUE ENMENDABA LA CARTA DE ATENAS DE 1933. DEJO CONSTANCIA QUE NIEMEYER ME APORTO VALIOSAS IDEAS PARA CONCEBIR DICHA CARTA QUE FUE LAUREADA POR LA UIA EN MEXICO 1988 CON EL PREMIO JEAN TSHUMI.
GRACIAS GRAN MAESTRO OSCAR NIEMEYER. manuel ungaro lima-peru
Excelente texto!
Un maravilloso repaso por la magnifica vida de este genio de las artes.
Excepcional… soy ajeno a este mundo, pero logra captar la atención. Una relato interesante, cuanto ménos..
Poesía sobre Niemeyer, elegante e impactante. Quizás el escritor se imagina cuerpos femeninos escondidos en las lineas de este artículo. Y entonces se mirará cara a cara con el gran maestro, hasta el último temblor.
Algún día el tiempo pondrá en su sitio a Niemeyer, Le Corbusier, Alvar Aalto y demás enajenados mentales. Recomiendo encarecidamente la serie «Satán es mi señor»: http://vicisitudysordidez.blogspot.com.es/2009/11/satan-es-mi-senor-parte-i-tu-vida-va.html
¡Estupenda recomendación!
Aunque yo encuentro a Niemeyer menos satánico que la mayoría de los corbusieristas. Será que me cae bien.
Hoy más que nunca…Eterno Niemeyer.
Descanse en paz, Maestro
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Genial, David. Estoy contigo.
Me encantó, sin más
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alguien tendra el plano de esa escalera, para que me lo pse o sabe donde conseguirla porafavor
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