
«Danubio Mental» fue uno de los apelativos establecidos oficialmente por el régimen para referirse a Nicolae Ceaucescu. Danubio Mental. ¿Hay siquiera algún supervillano de cómic que se hubiera atrevido a llamarse de tal forma? Hasta el mismo Lex Luthor se limitaba a definirse como «La mayor mente criminal del siglo XX», lo cual podía ser inmodesto pero tampoco demasiado errado. No era sin embargo el único título del dictador rumano: El Forjador del Credo, el Sabio Timonel, el Mástil Más Alto, el Nimbo de la Victoria, el Visionario, el Titán, el Hijo del Sol o el Genio de los Cárpatos eran otras de las formas establecidas de denominarlo, lo cual nos hace sospechar que se lo tenía un poco creído. Pero no ha sido la excepción. Según lo que parece una regla de comportamiento inevitable en el ser humano, en el momento que alguien adquiere suficiente poder esa clase de distinciones aplicadas a sí mismo dejan de provocarle una sonrisa escéptica y pasan, poco a poco, a parecerle razonables y hasta bien merecidas. No faltan ejemplos al respecto, aunque ninguno logrará superar jamás la ironía que encerraba una de las autodefiniciones escritas por el dictador de Guinea Ecuatorial Obiang Nguema: «Mi Humilde Persona».
Al célebre aforismo de Lord Acton sobre que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente, habría que añadirle que aquel que lo anhela y tras mil obstáculos logra acceder a él, ya viene, además, muy predispuesto. Quizá por ello los tiranos del siglo XX nos hayan salido especialmente intratables: no se limitaron a heredarlo de su estirpe familiar como los monarcas de épocas anteriores, sino que lucharon por él a sangre y fuego en revoluciones y golpes de Estado y cuando lo lograron parece que se dijeron a sí mismos «ahora os vais a enterar». Y vaya que si se enteraron sus súbditos. Cuando en 1938 a Stalin le propusieron sus subalternos que Moscú pasara a llamarse en su honor Stalinodar, él humildemente declinó el ofrecimiento. Al fin y al cabo ya había una Stalingrado, Stalinabad, Salinogorsk, Stalinskoye, Staliniri, Stalinski y otras seis localidades llamadas Stalinos, así como un monte Stalin, bahía Stalin, cordillera Stalin y varias aldeas renombradas Stalin. No era su verdadero apellido, dicho sea de paso, sino un mote que se puso a sí mismo que significa «hecho de acero». Así quería mostrarse ante el mundo, como un hombre de voluntad férrea, implacable. Aunque luego parecía derretirse ante los halagos, homenajes y aplausos por la manera en que se recreaba en ellos. Es conocida la anécdota de Solzhenitsyn sobre una salva de aplausos que duró once minutos porque nadie se atrevía parar, según cuenta al primero en hacerlo lo condenaron a diez años en el gulag. Pero no se limitaba a recibir pasivamente los aplausos que le dedicaban, quería además dirigir cuándo y cómo debían darse. Dice Vladislav M. Zubok en Un imperio fallido: la Unión Soviética durante la Guerra Fría, que en uno de los discursos que se han conservado escritos de su puño y letra pueden leerse anotaciones intercaladas sobre cómo debía reaccionar el público en cada parte de su intervención: «furiosos aplausos», «aplausos y ovación constante», etc.
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Impagable esa portada de ABC.
El de Turkmenistán tambien fue el que se monto un «monumento a la neutralidad» consistente en un trípode de tres patas para sostener una estatua dorada – por estar cubierta de oro – de si mismo con un mecanismo para que girase de forma que siempre le diese la cara al sol.
Por 12 millones de dólares era una ganga, vamos.
Y si, estoy gilipollas, los trípodes tienen 3 patas.
Se recomienda no leer a Niall Ferguson en lo referente al comunismo, o al menos no citarle cuasi literalmente en artículos divulgativos
Sí, ya ves. El ABC en pleno esplendor.
Leonidas Trujillo: el hombre que no sudaba.
Cosa que tiene mucho mérito en un sitio tan caluroso y húmedo como la República Dominicana. Por cierto, don Leónidas también se hacía llamar «Generalísimo».
Era una costumbre habitual de la época, también la practicaban Chiang Kai-shek y Stalin (este último, por cierto, también se hacía llamar «El Caudillo»)
De portadas de ABC de aquellos años «locos» se podría hacer una tesis doctoral. Con final en alto conforme se van volviendo anglófilos de toda la vida.
Quisiera arrancarme los ojos ante lo que he leído, supongo que es mejor reír ante esta galería de grotescos personajes.
Gracias al autor.
Me he reído como pocas veces con un artículo. Buenísimo.
Menos mal que en democracia no existe culto a la personalidad. Os imaginais que en España hubiera una o varias calles ,plazas, hospitales, auditorios,colegios,bibliotecas, piscinas, etc en cada ciudad o pueblo con el nombre Juan Carlos I. Eso sería impensable
Casi igual de malo que si las hubiera con nombres como Jordi Puyol, que siempre será más noble que Juan Carlos por los ideales que encarna.
es un comentario irónico, no?
Mobutu «Sese Seko» (quien «modestamente prefirió el título nacional de «Padre Fundador» al alcanzar el poder) significa «El gallo que monta a todas las gallinas» (sic): A rivalizar de «machote» con Trujillo, vamos !
Ahora un chiste de la época de Stalin: Se va a celebrar el centenario del gran escritor Pushkin y las autoridades no se ponen de acuerdo sobre la forma de la estatua que planean erigirle. El debate es arduo; busto de Pushkin, Pushkin escribiendo, Pushkin declamando, Pushkin meditando… Al final, hallan una solución por unanimidad: Estatua de Stalin leyendo a Pushkin !
Por cierto, «porsi»: El apodo «viril» de Mobutu lo menciona la periodista belga, especialista en Africa, Colette Braeckmann en su libro sobre Mobutu «Le dinausaure». No me lo invento yo.
Echo de menos alguna referencia a nuestro supervillano patrio, Francisco Franco Bahamonde, Generalísimo por la Gracia de Dios, Salvador de España, la espada más limpia de Europa, el Caudillo de la Gloriosa Cruzada, Libertador del Alcazar, el Centinela de Occidente, Victorioso Caudillo de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, Caudillo de nuestra Gloriosa Cruzada de Liberación Nacional, hombre providencial, el más joven general de Europa, único vencedor del marxismo en el campo de batalla
También conocido entre sus compañeros de armas como «Paquita la culona».
«Es conocida la anécdota de Solzhenitsyn sobre una salva de aplausos que duró once minutos porque nadie se atrevía parar, según cuenta al primero en hacerlo lo condenaron a diez años en el gulag»
El artículo lo firma el senador McCarthy, supongo.
Para ver a Idi Amín en su propia salsa, más que la película del Rey de Escocia que no deja de ser ficción, hay que ver el documental de Barbet Schroeder. Pensando que iba a ser un reportaje laudatorio, el dictador se relaja y va mostrando su verdadero ser, para horror y deleite del espectador. Hay una escena de un consejo de ministros en el que estás esperando todo el rato que le pegue un tiro en directo a alguno de sus aterrados y complacientes colaboradores.
Por cierto, actualmente preside Togo el hijo de Eyadema-
Falta la megalomanía posmoderna. Una muestra la ofrece el chavismo (América Latina destaca como pocos lugares del mundo en este humillante renglón)quien hace llamar a su líder (muerto): Comandante Supremo y Gigante de América, por los momentos. Basta que aprendan cómo usar un diccionario.