Entrevistas Sociedad

Antonio Pelayo y Enric González o el maquiavelismo eclesiástico

Antonio Pelayo para Jot Down

Antonio Pelayo (Valladolid, 1944) es sacerdote, periodista y unas cuantas cosas más: cinéfilo, políglota, gourmet y sabio. Esto último puede sonar grave, pero es lo que hay. Parece igualmente cómodo con sotana y con corbata. Lleva casi tres décadas en Roma como corresponsal, actualmente de Antena 3. Esta conversación se desarrolla en su domicilio, un piso antiguo y amplio muy cercano a la Piazza di Spagna.

¿Cómo era la calle donde naciste?

Nací en la calle Núñez de Arce de Valladolid. Era una calle típicamente decimonónica. Desgraciadamente ya no lo es, por todo el barullo urbanístico que hubo. De hecho, la casa en la que nací ya no existe. De pequeño decía que si se caía la torre de la catedral nos mataba, porque la teníamos encima. Era una calle donde jugábamos a las chapas y hacíamos carreras. Había varias familias, todas con bastantes hijos.

¿Cuántos erais vosotros?

Éramos seis. Ahora somos cinco porque mi hermano mayor murió. Me llevaba tres años y le admiraba mucho, el pequeño siempre admira al mayor. Éramos amigos de los Nogués, que eran tres, de los Lafuente, que eran seis… de José Luis y Miguel Angel Gil; era una calle de amigos donde, al acabar el colegio, jugábamos. Y cuando fuimos algo mayorcitos empezaron los flirts con las chicas. Siento muchísimo que nuestra casa, de 1830, desapareciera. En esa casa fuimos muy felices, y para mi padre dejarla fue un trauma.

¿A qué se dedicaba tu padre?

Era agente comercial de productos farmacéuticos y de Nivea. Los laboratorios farmacéuticos se llamaban Amor Gil y hacían una cosa llamada Calcigenol. Era una medicina de calcio, gracias a la cual creo que nosotros hemos tenido una buena salud, porque lo tomábamos como agua. Mi padre tenía muchas representaciones de este tipo, fundamentalmente farmacéuticas, aunque también llevó conservas y productos químicos. Era un hombre de calle. Le gustaba mucho su profesión, decía que no tenía horarios, que trabajaba cuando quería… era un hombre feliz. Le habría gustado que mi hermano también hubiera sido agente comercial, pero mi hermano no andaba por allí.

¿Tú qué querías ser?

Desde los once años, que es la edad con la que entré al seminario, quise ser cura. Es algo extraño porque en mi familia no había precedentes, no teníamos al famoso tío cura o la famosa tía monja. Mi familia no era en absoluto clericaloide, ni mucho menos; éramos buenos cristianos, sin más. Al capellán de mi colegio, al que yo quería mucho, le anuncié un día que quería ser sacerdote. No se emocionó ni se puso muy contento, dijo que ya veríamos y ya lo hablaríamos con tiempo. Al poco tiempo se lo comenté a mis padres e inmediatamente me mandaron dos meses de vacaciones a las Arenas, en Vizcaya, donde teníamos amigos y parientes, con la consigna de que me aireasen y se me fuesen esas ideas. Estuve en las Arenas magníficamente bien, nadando y todo eso y, al volver, debía de ser finales de agosto, mi padre me llamó a su despacho y me preguntó. Le dije que seguía con la misma idea y lo aceptó. El sacerdote del colegio decidió que tenía que ir a Comillas, en Cantabria, no al seminario de Valladolid. Para mis padres fue un drama. El que se les marchase un hijo de casa a esa edad ya era grave, pero que encima se fuese lejos aún era peor. Como pensaban que la idea del sacerdocio no era más que una ventolera, me dejaron ir a Comillas. Entré en el seminario el 25 de septiembre de 1955, con 11 años, y mi padre se presentó el mes siguiente a buscarme, convencido de que iba a querer volverme a casa. Tuvo muy mala suerte, porque le pilló un día horrible, diluviaba. No pudimos salir de la famosa fonda La Colasa, donde se comía magníficamente, y le aseguré que me quería quedar. Volvió a casa y le dijo a mi madre que me había vuelto loco, que cómo podía querer quedarme allí, con aquel frío y aquellos muros llenos de musgo. Mi madre, claro, se llevó un disgusto tremendo. En Navidades no fui a casa y vinieron a visitarme por mi cumpleaños, el 11 de enero. Me vieron bien, les dijeron que era un buen alumno y se contentaron. Es decir, no hubo ninguna presión familiar. Mi madre no era de esas, como algunas que he conocido, de compañeros, a las que les hacía mucha ilusión tener un hijo sacerdote. Lo aceptó mal al principio, porque le parecía una cosa absurda, pero después se fue haciendo a la idea. Cuando en quinto año me echaron de Comillas me invitó a que volviera al colegio, pero le dije que quería seguir.

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30 comentarios

  1. Toda la vida viendo a este hombre en el telediario y me acabo de enterar que es sacerdote… Esto habla muy bien de él o muy mal de mí…

  2. josep m. fernández

    Yo al igual que Jesús tampoco sabía que fuese sacerdote, lo que sí era fácil intuir es que llevaba media vida viviendo en Roma como quien dice. Un placer la entrevista.

  3. Interesante personaje e interesante entrevista, también desconocía que fuera sacerdote.

    Echo un poco en falta el meter el dedo más en algunas tropelías recientes de la Iglesia Católica en España, como el escándalo de las inmatriculaciones o la casa de tócame Roque que parece ser la diócesis de Santiago de Compostela, como se ha visto tras el robo del Códice Calixtino, por no hablar de la actitud ultramontana de la conferencia episcopal, aunque se toque un poco por encima en la parte final de la entrevista.

  4. Nadie, excepto su familia y más allegados, sabía que este hombre era sacerdote.

  5. Pues yo debo ser nadie, porque sí sabía que es sacerdote. Y no soy ni familia, ni conocido, ni allegado, ni nada. Sólo que uno si quiere informarse, lo hace. Antonio Pelayo nunca lo ha ocultado.

  6. Muy buen artículo, este hombre no puede hacer carrera eclesiástica porque vive en la realidad. Habla de corrupción , de errores garrafales de la iglesia sin tapujos y por tanto nunca podría hacer dicha carrera. Una pena, por que a priori se le ve buena persona.

    Por lo menos a partir de hoy cuando le veamos por Antena 3, podremos saber que esa persona es algo más que un simple reportero, lo cual tampoco es poco.

    Y una pregunta que dejo a la comunidad, ¿alguien sabe si escribe criticas de cine en la actualidad? Un saludo!

  7. Fantástica entrevista por lo acertado de las preguntas que dibujan un escenario adecuado en el que enmarcar al personaje. A. Pelayo se muestra como gran conocedor del tema eclesiástico y del Vaticano, sin caer en clichés. ¡Enhorabuena a ambos!

  8. La entrevista es muy interesante. Pelayo me descubre cosas del Vaticano que ignoraba. Se nota que controla muchísimo toda la información que rodea a la Santa Sede. Tras leer la entrevista, creo que el titular es confuso y no se ajusta al texto. Da la sensación de que el entrevistado practica ese maquiavelismo eclesiástico. Dicho lo cual sigo pensando que Enric González es un periodista con enorme talento.
    Un saludo.
    ((Por cierto, en Jot Down estáis haciendo un trabajo estupendo))

  9. magnífica entrevista.Explicar lo que sucede, serenamente,es esperanzador.Cordialmente.

  10. Muchas gracias por esta entrevista tan bien hecha y tan interesante.

  11. Cómo he disfrutado esta entrevista. Magnífica.

  12. Interesante entrevista de un hombre que sin pertenecer «estrictamente» a la Iglesia la conoce a fondo. Lo que no termino de creerme es que haya tantos directores del IOR engañados. Lo siento pero eso no lo trago.

  13. Mítico el día que este hombre estaba haciendo una crónica desde el Festival de Venecia poniendo a parir «Balada Triste de Trompeta» y de repente aparece Alex De La Iglesia y empieza a sabotearle el reportaje poniéndose delante de la cámara y dando vueltas a su alrededor con cara de póker….

  14. Magnífica entrevista,como todas las de Enric.

  15. Gran entrevista y orguñosa de ser Vallisoletana como el.

  16. «incardinado» no: “encardinado en la diócesis de Valladolid

  17. Con lo interesante de las respuestas y lo corta que se me ha hecho…

  18. Sin duda, nada describe mejor a Antonio Pelayo que el adjetivo «sabio». Tuve la ocasión de acudir a una charla suya en Santiago de Compostela (donde descubrí que era sacerdote) sobre la Iglesia y la comunicación mediática. Además de ser interesantísima, percibes en él la sabiduría de un hombre a quien podrías escuchar durante horas.

  19. Qué falaz (y vomitiva) la afirmación de Pelayo sobre que el Vaticano no sabía practicamente nada de los pederastas y que lo que quieren los abogados es dinero y por eso van buscando víctimas y forzándolas a denunciar.
    Y cuánta homofobia destilan sus palabras sobre el matrimonio homosexual cuando dice que los gays tienen que poder visitar a sus ‘amigos’ en los hospitales (se trata de parejas no de ‘amigos’) y que es mejor que los gays se junten para no ir follándose a todo lo que se les ponga por delante.
    No me sorprenden estas opiniones de un cura conservador y anciano -su clan las repite por activa y por pasiva-, sino la falta de profesionalidad de Enric González que, parece que por amistad personal, deja escapar vivo al entrevistado pese a tan lamentables respuestas (particularmente las referidas a los crímenes de abusos sexuales).
    Un retrato amable de un personaje que dice tales barbaridades es indigno de Jot Down y de sus lectores.

    • Algunos es que es oir la palabra «sacerdote» y automáticamente esputar «homofobia», «conservador»…

      Vale ya. Si eso es con lo que te quedas de la entrevista dedícate a panfletos y propaganda.

  20. Joaquín Jesús

    Se os coló una tilde de más. «Mi padre me llamó a su despachó y me preguntó…»

  21. Fantástica Entrevista!!!

  22. Extraordinario como siempre un hombre De la Iglesia yo siempre supe que era sacerdote daba siempre los domingos una misa en el país que estuviera . Y un buen periodista amante del cine saludos amigo.

  23. Pingback: Gratitud (I) | libreoyente

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