Tsevan Rabtan: La ley uno del ser humano (exposición de motivos)

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No hay nada más importante que la libertad.

Ser es una condición para todo lo demás, su sustrato. Mis sueños, aspiraciones, sentimientos, odios, conocimientos, son solo porque existo. Algunos incluso han llegado a decir que todos los productos de la mente que piensa solo existen mientras existan seres que los piensan (aquí o más allá de Orión). Ha habido muchas grandes inteligencias que se han ocupado de si, por ejemplo, son o no reales los entes matemáticos con independencia de que alguien se ocupe de ellos. Penrose es uno de los últimos que cree que sí, que son reales.  Da algunos argumentos fuertes, aunque es cierto que los da él, Penrose, o mejor dicho la mente de Penrose, y eso lleva en su contra. En cualquier caso, aunque es un asunto fascinante (qué ganas de decir fascinante) carece de consecuencias en relación con mi axioma, ya que, aunque exista algo con independencia de que existan seres pensantes, poco importa si se limita a relaciones geométricas, listas de números o primos hermanos de las anteriores.

Ser es algo excelente, improbable y sustantivo en estos términos, pero no pasa de ahí. No le podemos dar valor, porque lo que no llega a ser no produce nada. Es un asunto discreto: o existimos o no. Hablo de la existencia propia, claro, no de la de otros que ya existen. Sobre esto, valga que más que un derecho a existir, a vivir, debiéramos reclamar un derecho a que sigan existiendo los otros y que, como cortesía, los demás reclamen el derecho a que yo siga ahí, en el paisaje. Esto sería civilización.

Pero la libertad es otra cosa. Nada hay que valore más. Sobre todo la libertad para pensar libremente. Qué más me daría la posibilidad de no haber existido. Qué más me da la de dejar de existir. Sin embargo, qué horrible es la existencia sin libertad. No es extraño que tantas veces los seres humanos se hayan jugado la vida por la posibilidad de ir o quedarse, de escoger con quién compartir su existencia o de optar por la soledad, de educar a sus hijos, de tenerlos o no, de crear, de destruirse. Todas las facetas de esa facultad sin contenido previo han sido entrevistas, como en un aleph, por alguien que no admitía que otros le gobernasen o le robasen sus decisiones. La misma libertad para remar a contracorriente o pactar, para fijar mínimos y límites o para huir a la frontera, exterior o interior, la libertad para perseguir una vida plena —si es que existe eso— o miserable, para escoger la propia muerte.

Hay quien dice que el libre albedrío es un sueño. Yo no lo creo, pero mientras no nos enseñen la cajita con las instrucciones, los hombres se jugarán el tipo por defender que lo tienen, en un comportamiento por cierto muy poco adaptativo si realmente no gozamos de capacidad para escoger.

Los hombres —solo una parte de ellos, por ser más preciso— no han sido razonablemente libres hasta hace muy poco tiempo. A veces nos olvidamos de esto, de los miles de millones de personas que desde el minuto uno de la humanidad han sido esclavizadas y de que la libertad de que disfrutamos en algunos lugares del mundo representa, de momento, un porcentaje mínimo de la experiencia humana total. Puede que la dirección de la historia sea clara, o puede que solo sea una ilusión como la que se recoge en el argumento entrópico, y pensemos que lo normal es que seamos cada vez más libres porque lo somos ahora. Lo que sí creo es que a veces las personas se olvidan de las consecuencias de dejar de lado la libertad individual como máxima aspiración humana y anteponerle abstracciones como la justicia social, el beneficio de la mayoría, el progreso o incluso la propia vida.

Cuando tras alguna de esas fiestas adolescentes nos aherroja uno de esos programas para autómatas, la gente termina recordando qué quiere. Indefectiblemente lo que quiere es ser libre, y se la jugará de nuevo.

Es más económico no olvidarlo.

Naturalmente, no intento definir qué entiendo por ser libre. No tengo duda de que cada uno de ustedes sabe a qué me refiero.

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22 comentarios

  1. Ser, existencia y libertad, señoría, con referencia al Documento Nº 3 del presente escrito de apelación a las grandes palabras.
    Bromas aparte, parece que hay un núcleo negativo en lo que está usted diciendo: libertad como lucha, libre albedrío en todo caso como sagrado empecinamiento («contra toda esperanza posible de victoria») a no ceder ante el brutal condicionamiento de las fuerzas que nos aherrojan y determinan. Todo lo contrario que tomar la libertad como dato consabido, que es contra lo que se revuelve Ferlosio (perdónenme pero ¿acaso me voy a poner a parafrasear torpemente?), lean con cuidado: «Cordialmente acompaño a Fernando Savater allí donde su afirmación del albedrío es activa, pugnaz, voluntarista, como una obstinación contra el poder del mundo, como un empecinamiento contra la prepotencia del destino y la necesidad, no allí donde se limita a registrarlo como un supuesto dado y constatable, como una «cuestión pacífica», por decirlo en palabras de jurista. Cuando el libre albedrío es reducido a dato e incorporado al cálculo causal como otro factor más, pasa paradójicamente a transformarse en una variable operativa integrada en las propias entrañas del determinismo y la fatalidad.» Espero que se sienta bien.
    Pues bien, que diría un abogado al comienzo de un párrafo nuevo, eso es precisamente a lo que parece deslizarse su argumento, D. Tsevan Rabtan, pues al introducir el razonamiento comparativo, ya sea diacrónico («los hombres no han sido razonablemente libres hasta hace muy poco») o sincrónico (los desposeídos del mundo), parece asumir que, a modo de los videojuegos, nuestra barra de libre albedrío está comparativamente llena, frente a las imaginerías que nos hacemos de aquellos que han caido en las cunetas del progreso y los margenes de la historia. Eso a pesar de sus dudas sobre el signo de la historia, que no bastan para arreglar el descosido previo y no sé muy bien que pintan.
    Nos remata la faena, en fin, contraponiendo determinadas abstracciones al pequeño rosario de abstracciones que es «libertad individual» (libertad del indivíduo autónomo) y llamándonos seguramente a recordar una vez más cosas que no están aquí o no son ahora. Con el impepinable resultado de olvidarse de aquellas cosas que Ferlosio nombra, eternas y presentes: el poder del mundo, la prepotencia del destino, la necesidad.
    Concluyo. Por tanto, la única manera algo honrada de lanzarse a cantar odas a la libertad es poniendo al descubierto las mentiras de lo que nos venden como libertades, aquí y ahora (libertad para medir y vender la vida por horas, por ejemplo).

  2. Se ha dicho tanto a cerca de eso que uno acaba por no saber que pensar, si existiremos, si la vida es sueño como decía calderón de labarca o no. El caso es que sea una cosa u otra, en nuestra mente si existimos y al menos para el resto de los que tenemos cerca parece ser, aunque no siempre, que también, así que lo importante es como bien has dicho donde entra la libertad.

    Simplemente decir que estoy totalmente de acuerdo con lo que has dicho y que se te entiende, aunque yo tampoco sabría distinguir si realmente llegamos a ser libres o no, supongo que es como la felicidad, se tiene por momentos ( solo si intentas serlo, sino ni eso)

    Un saludo y buen viernes!!

  3. holmesss

    Comparto el axioma, y compro el argumento económico para futuros estériles debates.

  4. Fulgencio Barrado

    Soy anarquista, y por tanto, me identifico perfectamente con lo que se comenta en el artículo. Eso sí, no creo que en ninguna forma de estado subyazca naturaleza humana de ningún tipo. Es más, el estado reprime esta.
    Si el tema se deriva hacia el libre albedrío, creo que nos perdemos, pues no creo que el hombre sea libre de pensar lo que piensa. Nadie es dueño de sus pensamientos, no se puede creer en lo que no se cree, ni frenar ideas (si se puede frenar la palabra pero no el pensamiento). Eso sí, se puede mentir, que es el fin verdadero del lenguaje. No sé como vendrá determinado, ni qué tipo de causalidad existe en las relaciones de acción-reacción. No sé porque este artículo me lleva a lo que estoy pensando.
    Pero todo esto, siendo lo verdaderamente importante, no creo que sea un debate que nos lleve a ninguna parte. Para dialogar debemos quedarnos dentro de nuestros límites de comprensión, no encuentro fertilidad alguna, por ejemplo, en hablar de la naturaleza de Dios, o temas parecidos, aunque si me resulta interesante hacerlo.
    Y dentro de lo discutible, como anarquista utópico que me declaro, encuentro tan ilegítimo el abuso del poder del dinero, de las influencias o de lo que sea (incluida la propia inteligencia, que tanto se sacraliza), como el abuso del poder de la fuerza. Y como tal, encuentro que si el hombre ha de renunciar a su capacidad de someter a los demás por la violencia, también tiene el derecho de no ser sometido por ningún otro tipo de poder. Como dice el artículo, la libertad es el valor supremo. Y es por ello que, en mi opinión, el fin último y principal de un Estado de Derecho, -ya que se supone que existe-, es preservar precisamente al individuo de ese abuso de poder de otro/s. Es, para mí, su único sentido. Se puede consentir una sociedad con mayor o menor nivel de bienestar, pero no una sociedad en la que el bienestar de unos se sustente sobre el sometimiento de otros. Ninguna ley es justa ni tiene sentido si no preserva esto.
    El problema que yo veo, es que en realidad los estados están creados únicamente para preservar la propiedad (en cualquiera de sus formas). Y la propiedad no es el estado natural de las cosas.

    • ¿No es natural tener algo como propio y exclusivo para sí? Las hembras, los recursos, el territorio son objetos de apropiación para una gran mayoría de seres vivos, que emplean la mayor parte de su tiempo en luchar por ellos. Lo específicamente humano es crear un sistema que elimine la necesidad de ejercer violencia para hacer algo tuyo y mantenerlo como tal. La abolición de la propiedad exigiría una coacción política que resulta curioso sea defendida por un supuesto anarquista. En ese punto me resultan mas coherentes los anarcocapitalistas: la sociedad se organiza sola, de forma espontánea, sin un Gran Moloch que vele porque a nadie se le ocurra hacer algo suyo.

      • Los anarcocapitalistas, con permiso, no se enteran de que es precisamente el dinero el que mata a las cosas, al querer pasar por todas ellas: las convierte en sustitutos y mata todo goce verdadero. De donde cree usted, por otro lado, que recibe su fuerza vivificante el dinero? Yo se lo digo: de triturar huesos.

  5. Fulgencio Barrado

    Hablo de la propiedad como derecho o conjunto de derechos, no de la simple posesión, uso, disfrute… como hechos, sin la protección legal y sujeta a los avatares.

    • Tulio

      …. A los avatares de que venga alguien mas fuerte y te lo arrebate. El derecho de propiedad (el derecho en general) precisamente protege al débil del abuso del fuerte. La mera posesión, aunque también es protegida por la ley, no es sino circunstancial y puramente fáctica. Sin el entramado jurídico que la dota de protección frente a los deseos de otro se convierte en precaria y sometida a la fuerza.
      Recordemos a Kant, no es indigno obedecer a la ley, sino a los caprichos de otro hombre.

      • Fulgencio Barrado

        Me acaba Vd. de definir el origen del estado. La imposición del derecho a la propiedad de unos pocos sobre el derecho de uso, posesión, disfrute…, de la mayoría. Resulta paradójico ver un vagabundo durmiendo en una calle rodeado de edificios medio vacíos. Al menos una visión más social del estado vislumbra un intento de corregir esto. Aclaro que me declaro anarquista a sabiendas de lo utópico que resulta.

        • No nos pongamos estupendos: la mayoría tiene casa, coche y un patrimonio que será grande o pequeño, pero que es suyo y que no está por la labor de defenderlo a tiros. Es demagógico (y falso, dicho sea con los debidos respetos y en exclusivo ánimo de defensa), mantener que la minoría sin nada lo es por culpa de la mayoría con algo ¿No sería mejor plantearse como pueden tener todos antes que quitarle todo a todos? Además, tengo que decirle que para llegar a esa supuesta utopía, haría falta un estado dotado del suficiente poder coactivo como para arrebatar a «los que tienen» y dárselo a los que no tienen, lo que casa muy mal con la acracia que Vd. defiende. El estado, la ley y el derecho son los que nos salvan del estado natural, que por definición es salvaje, violento y basado en la fuerza bruta sin esas cortapisas jurídicas que Vd. desdeña.

          • No sé si percata usted de que su pretendida justificación de la propiedad privada «desde dentro de casa» (usando argumentos que implican la existencia de un ordenamiento jurídico positivo) es incapaz por ello mismo de justificar nada ajeno y previo al ordenamiento jurídico. Una sospecha de ello ha debido de ser la que le ha empujado a intentar salirse de la casa por la claraboya del «estado natural», a ver si conseguía así afianzar su justificación en tierra firme. Sin embargo, todo ha quedado en un pseudo-razonamiento, pura creencia, un mito tan grande como el del buen salvaje: que dicho «estado natural» del hombre -expresión que de por sí casi merece la condena al destierro de las contradicciones en adjecto y que resulta tan misteriosa e inaprehensible que le sume a uno en inmediata perplejidad- es, «por definición» (este ‘por definición’ cumple la mera función de seguir el trazo la circular de su argumento), el caos de la ley de la selva.
            En conclusión: su argumentario no es más que una justificación ideológica, de creyente. Lo habitual, claro.

          • Contestación a Santi:
            Por supuesto, no me refería al «Estado» natural, sino al «estado» natural del hombre, con lo cual no hay oxímoron que valga. Y creo que no me he hecho entender demasiado bien. Me refiero a que la apropiación para sí, es algo natural. Lo humano, y por tanto lo valioso, es la protección jurídica de esa apropiación, que excluye la violencia para su mantenimiento. La alternativa es la ley de la selva … o un Estado totalitario que impida cualquier tipo de propiedad exclusiva, contraviniendo el impulso natural del ser humano.
            La propiedad privada es espontánea, su abolición es la morbosa fantasía de los que quieren redimirnos a ostia limpia.

          • Fulgencio Barrado

            “Es demagógico (y falso, dicho sea con los debidos respetos y en exclusivo ánimo de defensa)”
            Cada vez sale antes “la palabrita”, y por otra parte no sé de que debe Vd. defenderse, nadie le está atacando.
            Mire, que la anarquía es una utopía, ya se lo he dicho yo.
            Para llegar a esa supuesta utopía, de mano, bastaría con eliminar el concepto de propiedad, que como ya le indicado, en estado natural no existe. Sin una fuerza represiva detrás y un ordenamiento jurídico que hacer cumplir con ella, nadie de Barcelona va a poder mantener un piso como suyo en Tarragona mismamente. Sin estado no hay propiedad, hay posesión. Otra cosa es que el devenir de la humanidad nos haya llevado a una situación irreversible (salvo catástrofe apocalíptica no deseable).
            No sé de donde saca Vd. que el estado natural sea por definición salvaje, violento y basado en la fuerza bruta, ni de donde mi desdén hacia cortapisa jurídica alguna. Que yo sepa el artículo va sobre la libertad no sobre su comodidad o seguridad.
            Verá, en el devenir de la humanidad, de la anarquía de la tribu, basada en un derecho consuetudinario de voluntario cumplimiento, se pasó a las sociedades de organización estatalizada, estas sí basadas en origen en la imposición por la fuerza bruta, pero eso ya es estado. Otra cosa es el paso de dicho estado al estado de derecho. Pero ese estado de derecho nació precisamente como respuesta al abuso de ese otro estado original. El problema es que ahora parece ser que quieren cargarse dicho estado de derecho para volver al estado original, esta vez basado en el poder del capital.

          • A su comentario de las 21.02. Se explicó usted perfectamente y esta respuesta mía no es más que darle vueltas desordenadamente al argumento que le expuse ayer. «Estado natural del hombre» vale para un roto y un descosido. Los hobbesianos (o sea el mundo) siempre andan dando la matraca y ridiculizando el mito del buen salvaje, como si el del mal salvaje nos hubiese venido revelado de manera fehaciente. Pero no, no vale como justificación de la propiedad privada, ni de la heterosexualidad normativa, ni de no montar en avión. Aunque se vista de razonamiento, es un expediente para disimular posturas dogmáticas, basadas en axiomas. En otras se palabras, se podría decir que cumple la nunca suficientemente ponderada función conformadora, a base de convencernos de la que la realidad tiene que ser necesariamente así, de que los hechos sociales y económicos son naturaleza. Y ojo, que no se está aquí defendiendo contrarios, la homosexualidad obligatoria, la propiedad pública de los medios de blablablá y demás, simplemente se le hace a uno imposible callarse ante quienes, como usted, en nombre de un sedicente sentido común se las arreglan para demostrar convenientemente que el chiringuito responde a los instintos naturales de los humanos. Áteme esa mosca por el rabo.

          • Contestación a Fulgencio y Santi:
            Bueno, no me siento atacado. Una de las ventajas de debatir con personas educadas, como es el caso. El uso de una expresión usual en el ámbito forense, » en exclusivo ánimo de defensa», se refiere a la defensa de mis posiciones, no de mi persona (como digo, el debatir con personas educadas te ahorra ataques ad hominem, tan frecuentes cuando, ay, tratas de debatir con cenutrios) y lo que buscaba precisamente era que don Fulgencio no se sintiera ofendido.
            Vamos a ver, que el estado natural es violento no es un axioma, de la misma forma que decir que la tierra es redonda tampoco lo es. Es violento porque en la naturaleza solo existe una ley, o comes o te comen. Es el derecho ( la fuerza sometida) el que nos salva de esa violencia, no las buenas intenciones de los rousonianos. Por otro lado, tampoco es un axioma que en la naturaleza sí se da el deseo de apropiación exclusiva, común a (casi) todas las especies. Quizás no a una almeja, pero trate de quitarle la comida a un tigre y verá Vd. si el simpático animalito se deja de buen grado. Y la almeja se jode porque no tiene colmillos que si no también.
            Es el derecho el que permite que nos ahorremos los colmillos y que el débil vea defendido lo suyo, la mujer pueda andar sola por la calle o no se abuse de los niños.
            Y respecto a que el capital ( uhhh) manda, no me hagan reír. A quien tiene el BOE y las armas no le tosen unos pringados por mucha pasta que tengan. Y si no que se lo digan a Google o Microsoft o la Monsanto y sus transgénicos si «manda» el capital en Europa o la demagogia respaldada por el poder estatal.

          • Fulgencio Barrado

            Sr. Tulio, en estado natural nadie puede poseer más que aquello que sea capaz de defender. No tiene detrás suyo una estructura estatal que le permita poseer a distancia un listado de bienes que ni tan siquiera conoce. Y como no existe propiedad, no puede existir apropiación, ni debida ni indebida. No parece Vd. capaz de “abstraerse” del entramado jurídico en el que vivimos, para juzgar lo que sería su vida en libertad. Pues lo tiene bastante fácil; mire la existencia de las pocas tribus que aún subsisten (por poco tiempo).
            El “estado natural” tiene menos de violento que de pacífico, y ninguna de las dos cosas lo define; y además, el Estado crece precisamente sobre la violencia. Desde el nacimiento del primer estado toda la superficie terrestre se vio condenada a ver crecer estado tras estado, cada cual reclamando más tierra para sí, e imposibilitando la existencia de espacio sin bandera. Un estado únicamente puede limitar con otro. Hasta la Antártida es reclamada para sí por cuatro estados. Vd. dice que es el derecho el que nos salva de esa violencia, y yo le digo que en la historia de la humanidad ha pasado mucho más tiempo sin la existencia de ese derecho que con él, y que hemos sobrevivido hasta poder elaborarlo.
            Me pone el ejemplo de un depredador como el tigre, como si fuese comparable a un ser humano. No sé cómo calificar ese argumento, pero me bastaría con replicarle si se imagina Vd. un Estado formado por tigres, ¿verdad que no?, y una tribu de tigres, ¿a que tampoco?, pues eso. El derecho no permite que nos ahorremos los colmillos, sencillamente no tenemos colmillos, es la evolución de nuestra especie, que le vamos a hacer, somos unos seres que optaron por una extraña cerebración, y vivimos con ello, bien dentro de un estado, o bien en sociedades no estatales. Con esto le pido que no elabore argumentos “torcidos”; no hace falta, ya vivimos en ese Estado que Vd. defiende, y hemos llegado a ello de forma totalmente natural. Otra cosa es que algunos pensemos que para hablar de libertad con mayúsculas, haya que prescindir de él, y de esa seguridad, a veces falsa y a veces cierta, que nos genera.
            En cuanto a esa extraña creencia suya de que el capital no es el que manda, pues no sé ni cómo contestarle, pues hasta esos que cita como dueños del Boe, parece ser que se les recompensa con capital, y las sanciones de esas compañías que cita lo son en capital. Y ya sin citar para que han sido creadas dichas compañías, nombrados dichos dirigentes…
            Por cierto, he de decir que se me hace raro leer un artículo de Tsevan Rabtan sobre un tema tan “abstracto”. Lo que no signifique que no me guste.

          • No nos podemos abstraer de ese entramado, de la misma forma que no nos podemos abstraer del resto de características naturales del ser humano. Somos seres sociales y capaces de pensamiento abstracto, que nos ha permitido llegar a la conclusión que es bueno crear una estructura que monopolice la violencia sometiéndola a la ley (reitero la referencia a Kant). El estado, como el derecho, ha evolucionado y si Vd. sostiene que el estado se crea frente a otros estados, yo le contestaría que es totalmente cierto, pero que se trata sólo de un paso: el anterior fue que el estado garantizó la paz interna. Me explico: la tribu fue un avance sobre el clan, el reino sobre la tribu y estado sobre el reino (perdón por el esquematismo, obligado por el medio) El estado democrático no guerrea (entre sí, al menos), lo que debe reconocerme que es un éxito. Y sobre todo funciona … lo que Vd. propone puede sonar bien, pero no hay ninguna garantía de que vaya a funcionar.
            Dios mío, como ha podido acabar un liberal como yo haciendo esta encendida defensa del estado …
            Un gran debate.

          • Me quedo con la intervención de D. Fulgencio, aunque si me gustaría llamarle la atención, Tulio, acerca del disparate liberal (en forma de henchimiento de fe en el individuo autónomo) que supone pensar que los firmantes de boletines oficiales y declaraciones de guerra puedan siquiera imaginar que hay otra manera de progreso que el movimiento, crecimiento y reproducción de eso que hemos dado en llamar capital y que no es más que gran dinero, de 10 ó 13 ceros en adelante, sublime, fértil (como un cáncer) y, desde luego, soberano. Un saludo y hasta otra.

          • Fulgencio Barrado

            Tulio, si se quiere “filosofar” sobre una situación distinta a la que tenemos, no nos queda más remedio que abstraernos de esta última, como evidencia en su segunda frase.
            La creación del Estado garantizó cosas como la aniquilación de seis millones de judíos, dos guerras mundiales, infinidad de guerras civiles…., que no hubiesen sido posible sin la existencia de dichos Estados.
            El Estado en origen no garantizó la paz interna, garantizó el dominio de una casta sobre el resto, eso es antropología.
            El Estado democrático guerrea, vaya si guerrea…, lo tiene en los telediarios.
            Dentro del Estado se produjo la revolución industrial, la explotación infantil, la violencia contra la mujer…, el estado no es solo la parte de la que Vd. disfruta.
            Yo no propongo nada, me limito a señalar que si lo que se pretende es la Libertad del individuo, hay que eliminar el Estado.
            El Estado de Derecho nace como contraposición al Estado Absolutista en sus más variadas versiones, pues este último se mostraba más abusivo aún con el individuo. Esto sería larguíiiisimo de anlizar, pues incluso de esa lucha contra el absolutismo ha nacido la cultura y los grandes pensadores. El problema que yo encuentro es que el Estado de Derecho se está colapsando por una regulación excesiva. Esto le puede sonar a liberal, pero no lo es, pues los liberales únicamente cargan las tintas sobre la regulación económica, y yo mantengo que lo único que se debe regular es aquello que acaba con el equilibrio de poderes, y precisamente el capital es, a día de hoy, el factor determinante, al igual que en otras épocas lo fue el “origen genealógico”, la pertenencia a una clase social determinada, en el nazismo el seguidismo ideológico…, y así infinidad de ejemplos que puede encontrar en la historia.
            Personalmente pienso que los liberales se llevan muy mal con el espejo, y por eso no reconocen como liberales a aquellos que contrarían en lo más mínimo sus consignar, creyéndose todos poseedores de “la verdad liberal”, como nos ilustra Crisitan Campos en la mayoría de sus artículos. Ayer se podía escuchar al ultra liberal Director del Banco de España defender la supresión del salario mínimo, junto con la ultraliberalmegachachipija Sra. Aguirre, y por el contra trambién a Xala i Martí defender lo contrario, basado en un extraña “ciencia” económica empírica.
            Yo creo en todo lo contrario: Regulación económica, y liberalismo en el desarrollo personal. El Estado de Derecho es economía, redistribución, vigilancia contra el abuso…; vamos, lo contrario del Estado Absolutista al que nos conduciría el liberalismo económico.

  6. Cotenaussen

    La libertad expresada como valor supremo nos llena la boca, citamos filósofos, pensadores… pero ¿y la parte práctica?

    La libertad debería ser lo superior si antes no hubiera habido nada. Con esto me refiero a que instaurar ahora mismo una total libertad para todo ser solo lleva a mayores desigualdades ya que muchas personas partirían con una ventaja económica y legal obtenida en estos tiempos carentes de libertad.

    Por eso, en debates filosóficos, a nadie voy a quitar la razón sobre que la libertad es lo más importante. Pero en la vida que vivimos soy partidario de impuestos progresivos, de la idea del Estado Social de la Constitución Española y de ese tipo de medidas que favorecen la igualdad, siendo consciente de que se limita la libertad personal del individuo.

    PD: Para evitar interpretaciones extremistas diré que no defiendo ningún comunismo, ni fascismo autoritario donde toda libertad se pierda en beneficio de la masa, como mucho soy ¿socialdemócrata?

    • Alguien dijo que si votas a quien te promete darte cosas con el dinero de otros, prepárate para que quite el tuyo para dárselo a otros … O quedárselo ellos mismos, que es lo que suele pasar cuando creamos un monstruo burocrático hipertrofiado con finalidades redistributivas.
      No nos olvidemos además de la justicia. Como parece que este blog es concurrido por juristas, todos recordaremos la definición de Ulpiano: justicia es dar a cada uno lo suyo. No quitárselo para dárselo a otros.
      Por cierto, Ulpiano murió linchado por los colonos de la finca que administraba, evidentemente descontentos con su labor.

  7. sacalm50cl

    Lamento desilusionarte: no eres libre. No dispones de libre albedrío alguno. Cualquier acción que tú como organismo vivo crees realizar voluntariamente no forma parte de tu voluntad, no hay voluntad que valga. No existe el libre albedrío. Tus neuronas empiezan a conectarse mucho antes de tú ‘decidas’ hacer algo: cuando crees que decides en tu océano de libertad, no eres más que la espuma de la ola que a la orilla llega. Es duro, lo sé, pero lo superarás. No tienes más opción y aunque la tuvieses no podrías elegirla.

    Asúmelo.

    Pero el texto que propones es muy bello.

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