Rectify, la ópera prima conjunta de Ray McKinnon y Sundance Channel

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Hay series para ver y series para observar. Como en cualquier expresión artística, hay obras creadas para el entretenimiento puro y otras cuyo objetivo primordial es transmitir. Y ningún grupo posee un mayor valor social, cultural o moral que otro, por mucho que la modernidad gafapástica se haya empeñado en otorgar una valía superior inexistente a aquellas producciones de miradas al horizonte, y de horizonte filosófico. En la actual parrilla estadounidense existen multitud de series pretenciosas que se pierden en su propio ombligo. Que dan la sensación de haber dormido hasta a su creador.

Pero Rectify no es una de ellas. Rectify es una serie con cimientos, coherencia y un terrible buen gusto. Y es también una apuesta arriesgada de Sundance Channel. Lo es por varias razones. Primero, porque se trata de la primera producción original de un canal que, tras ser fundado en 1996, despegó en 2008 al ser comprada por AMC Networks. Segundo, porque es una serie de un director novato, Ray McKinnon —conocido por sus papeles como actor en Sons of Anarchy, Deadwood,… producciones de las que, visto lo visto, bebió todo lo bueno—, y su lanzamiento carecía de cualquier resguardo de seguridad.

Pero los responsables de la apuesta supieron ver que estaban ante una serie capaz de generar un nuevo estándar televisivo. Que daba un paso más allá y hacía cosas que la televisión jamás soñó con ver. Lo que en su momento hicieron Mad Men y Breaking Bad. Una producción donde Dios está, tanto en la misericordia y grandeza como en el sexo, la violencia, y la decadencia de una sociedad anclada en recuerdos.

Lo cierto es que Rectify empezó a germinar muchos años atrás. En el año 2008, más precisamente, fue cuando el guion de McKinnon llegó a la AMC. La cadena anunció que empezarían a desarrollar la serie, que tendría a Walton Goggins (The Shield, Justified) como protagonista. Sin embargo, aquello quedó en el tintero ante las diversas novedades que presentaron las parrillas televisivas aquel curso. Fue en 2011 cuando Sundance Channel anunció que la recuperaba y que se trataría de la primera serie original de la cadena. Como productores ejecutivos tendría a Mark Johnson y Melissa Bernstein, los productores de la afamada y premiada Breaking Bad. No tenía mal cartel.

Su estreno tuvo lugar el 22 de abril, y poco más de una semana después fue renovada. La primera temporada tuvo seis capítulos, y la segunda, que se emitirá en 2014, tendrá diez episodios. Para la crítica fue un auténtico éxito, «el mejor estreno del año». Unanimidad cuasi absoluta para definir esta sorpresa televisiva.

Rectify cuenta la historia de Daniel Holden. Tras pasar 19 años de su vida en el corredor de la muerte a la espera de la silla eléctrica, una nueva evidencia de ADN convierte el juicio que le había condenado en nulo, lo cual le hace libre, aunque no le exonera. Daniel, que había sido culpado de violar y matar a su novia Hannah, de 16 años, abandona la muerte que había conocido durante casi dos decenas de años para volver a la vida y a la libertad. Lo hace en Paulie, Georgia, su localidad natal. Lo hace en un ambiente familiar, en un pueblo en el que todo el mundo se conoce. En la Estados Unidos más sureña, más rencorosa y vengativa. Una que no olvida por sentimientos y por la inexistencia de sucesos que consigan solapar a los anteriores.

Ray McKinnon nos muestra la adaptación de Daniel a su nueva vida, una vida que jamás esperaba. Esta adaptación va a juego con el acomodo del espectador al ritmo pausado de la serie. Sí, es una de esas series que no encuentra problema alguno en emplear cuatro minutos en desenfoques, miradas, reflexiones mudas. Y, entre todo, Flume, de Bon Iver, cuando el protagonista se sube al coche y observa la libertad pasar a su lado. Todo un mundo por el que caminar tras 19 años de cuatro paredes inamovibles e inevitables. Rectify es una serie de ritmo pausado, y por momentos lenta. Son dos conceptos que no tienen por qué ir relacionados. El ritmo no marca la sucesión de hechos, las dosis de información que ofrece el director. Pero, en este caso, a veces causa un desasosiego profundo en el espectador. Un pequeño punto negativo para una ópera prima de McKinnon realmente brillante.

Porque Rectify es brillante. Combina el ajuste de Daniel a la libertad con la adaptación del espectador al ritmo. No existe lo frenético en los ojos de aquel que ha vivido durante 19 años entre cuatro paredes y en un corredor cuyo final era la muerte segura. Se come poco a poco, y la digestión es lenta. La intriga es latente y uno acaba deseando encontrar esa paz que él busca, porque parece que es mucho mejor que cualquiera que pudiéramos tener en nuestras vidas. En esta primera temporada de seis capítulos veremos cómo Daniel debe comprarse unas gafas por una vista atrofiada al no tener horizonte al que mirar en los últimos 19 años. Cómo Daniel busca el sexo en cualquier cueva oscura. Todos los aspectos humanos de un caso que demuestra los problemas de la injusticia americana.

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Los flashbacks, tan de moda, son utilizados por McKinnon de manera excepcional. Nos muestran al Daniel Holden del corredor de la muerte. Aparentemente culto, tranquilo, en paz con la muerte que le acecha. Y muy amigo del compañero de la celda contigua. La relación que mantienen ambos mientras esperan morir es uno de los puntos claves de esta primera temporada, a pesar de ocupar muy pocos minutos de pantalla. Y es que cuenta mucho de la necesidad humana del contacto. Sea el que sea.

Lo que busca Daniel Holden, además de su lugar en una sociedad que le sigue rechazando, es la paz. Lo hace, en primer lugar, por su cuenta. Se nos presenta un personaje en un estado casi catatónico. Inspirador en un minuto, desesperante al siguiente. El desarrollo de la serie, no obstante, consigue encontrar el balance adecuado. Intenta encontrar la paz de varias maneras. No lo consigue estando solo, sufriendo incluso un episodio alucinógeno que transmite una gran inseguridad sobre el estado mental del protagonista. Lo intenta también a través de su madre y su hermana. La segunda ha sido el baluarte de su liberación, quien jamás ha dejado de luchar por probar que la justicia se había equivocado. Pero, una vez ganada la causa, no consigue reconectar con una persona que no era quien ella había intentado liberar. Idéntico caso el de una madre cautelosa e indecisa. Daniel choca con ellas en varias ocasiones como podría haber chocado con algún pensamiento de libertad en sus años de encarcelamiento. La última vía de paz la tiene en Tawney, la esposa de Ted Jr., su hermanastro. Tawney, mujer religiosa de Georgia donde las haya, ve en Daniel un milagro todopoderoso y divino. La fe entrará en juego, como no podía ser de otra manera, en la salvación y búsqueda del protagonista. Pero pronto se verá que no es la fe, sino un disfraz de un deseo más terrenal y visceral, lo que motiva la relación.

En los momentos de soledad, McKinnon nos presenta al Daniel Holden que fue ajusticiado. Al chico de hace 19 años. Y, demonios, no se trata de un joven inocente hambriento de mundo. Nos muestra, más bien, a un joven introvertido, con gustos muy propios, y de pocos amigos. A un chaval con problemas internos y de identidad. Él mismo se va reencontrando con todo lo que dejó atrás a través de su música, de sus videojuegos… De todo lo que le arrebataron, al parecer de manera injusta, cuando estaba en lo mejor de su vida. Su personalidad sale a relucir cuando ataca a su hermanastro, quien representa la duda razonable y el miedo soslayado de toda una sociedad.

Y es que, quizá lo más meritorio de esta primera temporada de Rectify, es la capacidad de hacer avanzar la serie sin mencionar directamente el gran quid de todo: ¿es Daniel Holden culpable de la violación y el asesinato de Hannah? La policía local se muestra segura, pero más por orgullo que por pruebas. Que también las hubo, por supuesto. Gran parte de la sociedad también sigue creyendo culpable a Daniel. Habrá otro juicio en el que, con la nueva prueba adquirida, se juzgará al protagonista. Ted Jr., el hermanastro, es el catalizador de toda la duda que surge a medida que no se menciona el asunto. McKinnon hace un trabajo encomiable al «evitar el elefante en la habitación» mientras se dedica a plantar la semilla de la duda.

Duda porque, lo que al espectador le sale pensar, es que en efecto hablamos de un hombre inocente y libre. Lo hacemos por la manera en la que empatizamos con él, con su búsqueda, con todos los problemas superados. Es imposible sentir eso por un asesino y violador. Apenas dos o tres conversaciones, y unas cuantas gotas en forma de escenas de factores externos y presentes aquella noche, representan la presencia de una gran pregunta que se esquiva de una manera genial. El final del primer capítulo y la figura de Trey, que estuvo presente en la noche del crimen, se antojan claves de cara a una segunda temporada.

El guion de Rectify es maravilloso, a prueba de balas. La dirección es notable, aunque haya ocasiones en las que abuse de esa pausa para convertir escenas en parones totales de la trama. La velocidad es la adecuada gracias, en gran parte, a un reparto de muchísima calidad. Aden Young hace renacer su carrera con una actuación de premio. Capaz de canalizar el retraso de 19 años de avance en un solo gesto, encarna a Daniel Holden de la mejor manera posible. Su hermana, Amantha, es interpretada por una sublime Abigail Spencer. La Miss Farrell de Mad Men vuelve a meterse en la piel de una mujer de armas tomar, esta del acento sureño más marcado que uno pueda encontrar. Enérgica, incombustible e incapaz de luchar por ella como lucha por los demás.

Reparto coral de calidad para una ambientación perfecta. Si salir del corredor de la muerte tras 19 años debe hacer la adaptación a la vida libre difícil, lo es más si se hace en Paulie, Georgia. La serie transporta al espectador a un entorno hostil e inseguro. En cualquier semáforo en rojo puede estar esperando un perturbado con un plan de Dios que cumplir. O un perturbado sin plan divino, y por ello perturbado.

Casting y ambientación se unen de la mejor manera posible para crear una simbiosis que requiere una atención total. Porque Rectify no permite tontear con el móvil en alguno de sus minutos, o actualizar las redes sociales a medida que la ves. Precisa de un cuidado constante que no cualquiera está dispuesto a dar.

Rectify es una serie lenta, pero de desarrollo constante y seguro. De una factura audiovisual delicada y preciosa, con especial atención a la construcción del personaje principal. De un esmero delicado por parte de un Ray McKinnon que se pone el listón muy alto en su primera obra como director y guionista. Reflexiva, y prometedora. Capaz de narrar una historia obviando, y maquillando, la pregunta que nos hacemos todos y que olvidamos durante mucho tiempo.

La dualidad de una sociedad condicionada por un hombre cuya libertad es un premio y no un derecho. ¿Es Daniel Holden un asesino?

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8 Comentarios

  1. El mejor estreno de la temporada. Una serie cuidada hasta el más mínimo detalle y que te atrapa como pocas. Gran sorpresa la que nos ha dado McKinnon.

  2. No se puede comenzar una crítica de manera mas incongruente, negando toda crítica. ¿Como es eso de que ningún grupo posee un mayor valor social, cultural o moral que otro?……hay series como hay peliculas como musicas para entretener, y las hay que fomentan la reflexion, la denuncia, la experiencia vital a través de una labor artistica, si estas series no tienen un valor mayor que las meras series parque de atracciones, es que ya no entiendo nada……..y no me hable de ombligos desde su ombligo….y no me estropee series que quiero ver……

    • Precisamente es la serie sobre la que quiero hablar en las próximas semanas. Otra genialidad de Jenji Kohan y una nueva demostración de que la mujer de ficción televisiva también puede ser protagonista y trabajada.

  3. Como siempre, me guiaré por su buen juicio y le daré la oportunidad a «Rectify». Todo sea por escapar de las típicas series criminales que inundan nuestras pantallas.

    Le dejo una recomendación: «Hit & Miss», sorprendente serie británica, de nuevo, dirigida por el siempre controvertido Paul Abott (Shameless). Simplemente tiene que verla y luego hablamos…

    Un saludo

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