La historia de Thin Lizzy en cuarenta canciones

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Thin Lizzy. Foto: Harry Potts (CC)
Thin Lizzy. Foto: Harry Potts (CC)

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Supongo que habrá muchas personas a quienes no les diga nada este nombre. Hoy en día no demasiada gente tiene presente a Thin Lizzy y a su líder Phil Lynott, aunque un numeroso puñado de adoradores lo situemos sin ningún tapujo entre los más grandes (por si les sirve de presentación el dato, el mismísimo Bob Dylan lo calificó como «un genio»). Pero el gran público, por desgracia, ha olvidado en gran medida su figura, de cuya trágica desaparición se han cumplido veinticinco años cuando escribimos estas líneas.

La historia de Thin Lizzy comenzó en 1970. Dos amigos que llevaban tocando juntos desde el colegio, el cantante y bajista Phil Lynott y el batería Brian Downey, actuaban en un pub de Dublín cuando un guitarrista pelirrojo llamado Eric Bell se acercó para proponerles la formación de una banda. El nuevo trío fue bautizado por Bell con un juego de palabras en referencia a un cómic llamado Tin Lizzie, que hablaba de una mujer robot; aunque a los otros dos el nombre les pareció horrible, así se quedó. Comenzaba una andadura de trece intensos años y doce álbumes en estudio durante los cuales Thin Lizzy sufriría infinidad de cambios —únicamente los dos viejos colegas de la infancia, Lynott y Downey, estarían de principio a fin—, siendo uno de los grupos con una vida más convulsa en toda la historia del rock. Y sin exagerar: a partir de determinado momento, prácticamente no hubo una gira de presentación de un disco en la que no perdiesen a un miembro por un motivo u otro.

Con todo, desde unos inicios interesantes pero relativamente carentes de personalidad propia y pese a los numerosos tropiezos en su carrera, fueron mejorando disco a disco hasta desarrollar un sonido único, alcanzando niveles de auténtica magia que en algunas canciones llegan a poner los pelos de punta. Su evolución a lo largo de aquellos trece años fue muy intensa, y los Thin Lizzy de 1983 en nada se parecen a los de 1971, aunque ambos son igualmente interesantes (la mayoría de los fans, yo incluido, destacarían sobre todo el periodo 1976-1979). Quien todavía no los tenga presentes, ha de saber que hay pocos momentos en la vida musical de una persona como el descubrimiento de las joyas «ocultas» de Thin Lizzy. En fin, sirva este artículo para reivindicar a la banda irlandesa más grande de todos los tiempos, a un grupo que no obstante su relativa menor fama bien merece figurar junto a otros grandes nombres cuyo repertorio hemos repasado en otras ocasiones. Y decir a aquellos lectores a quienes no les llamen la atención las primeras canciones, que lo intenten con las posteriores: la discografía de Thin Lizzy es tan rica y tan variada en estilos que resulta imposible que alguien no encuentre finalmente su canción.

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The Farmer (single, 1970)

La primera grabación publicada por los dublineses es una canción de corte típicamente americano, que pese a su sonido crudo —evidentemente fue registrada con pocos medios— ya muestra que Phil Lynott, principal compositor de la banda, tiene una gran facilidad para crear líneas vocales de corte melódico, una tendencia que irá cultivando más y más conforme pasen los años. Es desde luego una bonita canción, aunque se queda en mera anécdota en comparación con algunas de las joyas del futuro.

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Thin Lizzy (1971)
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El trío comienza a llamar la atención en Dublín gracias a sus directos, pero saben que en Irlanda no hay salida porque apenas existe una industria musical. Quienes han conseguido el éxito, como los Them de Van Morrison o los Taste de Rory Gallagher, lo han hecho partiendo hacia Inglaterra. Así que cuando la compañía discográfica Decca les hace una oferta, los Thin Lizzy no dudan en mudarse a Londres para grabar su álbum de debut. Aunque aún están bastante lejos de su madurez musical, este es un buen disco que contiene muchos guiños a The Jimi Hendrix Experience, su modelo a imitar en aquella etapa primeriza. Eso sí, los Lizzy parecen más preocupados en ejecutar un rock progresivo donde poder lucirse como instrumentistas que en crear melodías memorables, así que como otros álbumes de su primera etapa, este debut quedará «sepultado» en la memoria. Hay veces en que discos muy correctos como el presente palidecen cuando sufren la inevitable comparación con trabajos mucho más redondos grabados por la misma banda más adelante. Con todo, es un debut interesante, donde quizá lo más flojo no es la música del grupo en sí, sino la producción. Apenas hay un intervalo de seis años entre este debut y sus mejores discos, pero en lo que respecta al sonido parece que hubiesen transcurrido veinte.

«Ray-Gun»: Una imitación muy lograda de lo que Jimi Hendrix, fallecido el año anterior, hizo en sus últimas grabaciones. Los tres miembros de Thin Lizzy eran grandes fans de Hendrix y la influencia del guitarrista estadounidense es prácticamente omnipresente en esta canción: guitarras wah-wah, riffs muy rítmicos… una muestra perfecta de la etapa hendrixiana de los irlandeses.

«Look what the wind blew in»: Más riffs progresivos y más guiños a Hendrix e incluso a Deep Purple. Seguramente es el tema más memorable de este primer disco, gracias a sus originales estructuras rítmicas y a sus constantes pero nunca gratuitos cambios. Aunque también adolece de una relativa cortedad de medios de grabación y de unas mezclas algo anticuadas, se intuye perfectamente que Thin Lizzy son una banda con una base instrumental perfectamente engrasada.

«Eire»: Phil Lynott desarrolló un intenso amor hacia la historia y mitología irlandesas, asuntos que estudiaba fervientemente. Al contrario que los citados Van Morrison o Rory Gallagher, quienes no hacían exagerada profesión pública de nacionalismo y que en Inglaterra eran casi considerados artistas británicos más que solamente irlandeses, Phil Lynott siempre llevó a Irlanda por bandera. Irlanda será la musa de no pocas de sus canciones y Lynott siempre procurará que en Inglaterra recuerden constantemente que él es, primero y ante todo, irlandés.

El disco de debut de Thin Lizzy no obtuvo ningún éxito, pero esto no significa que no diesen que hablar en el competitivo mundillo musical londinense como habían dado que hablar en Dublín. La mejor muestra: el guitarrista de Deep Purple, Ritchie Blackmore, quedó completamente fascinado con la voz de Phil Lynott e intentó ficharlo para formar un nuevo trío llamado Baby Face, que iba a estar integrado por Blackmore, Phil Lynott y por el batería de los Purple, Ian Paice. El proyecto era tan serio que llegaron a ensayar en alguna ocasión, y aunque los tres «sonaban muy bien juntos», Lynott todavía no había alcanzado un gran nivel como bajista —su primera vocación era la de cantante y había empezado a tocar el bajo bastante tardíamente—, así que el usualmente expeditivo Blackmore, tras resistirse a abandonar para no perder la voz de Lynott («nunca le he visto dudar tanto en torno a algo», diría más tarde Ian Paice) decidió finalmente aparcar el proyecto mientras Phil no mejorase como bajista. Por desgracia, y aunque Lynott efectivamente mejoró con el tiempo, este hipotético supergrupo nunca llegaría a materializarse y ahora solo podemos imaginar cómo hubiese sonado.

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Shades of a Blue Orphanage (1972)
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El segundo álbum da la impresión de haber sido compuesto con cierta precipitación: aunque es otro disco correcto, es irregular y hay canciones bastante destacables junto a otras más flojas. Phil Lynott sigue haciéndose cargo de casi toda la composición, pero todavía está intentando encontrar una forma de expresión propia y salvo excepciones —que las hay— no se lo ve particularmente inspirado. Quizá influyeron los muy serios problemas económicos que estaban afrontando en Londres. Thin Lizzy ya son un buen grupo, nadie lo duda a estas alturas, pero en 1972 siguen sonando a derivación de otras bandas ya existentes. Y aún está por llegar el momento en que una grabación capte la auténtica energía que podían llegar a desplegar. El estilo sigue siendo bastante similar al del primer disco: hard rock con tintes progresivos, muy centrado en la faceta instrumental. De nuevo es un fracaso de ventas.

«Call the police»: En mi opinión, la mejor canción del álbum. Un fantástico tema muy en la línea de «Look what the wind blew in» del anterior disco y que hará las delicias de cualquier fan de Hendrix o de Deep Purple.

«Sarah» (1972): Una de las diversas baladas dedicadas a las mujeres de su familia que Lynott escribirá durante su carrera, esta vez dirigida a su abuela, que ayudó a criarlo cuando era pequeño mientras su madre —una proletaria soltera— tenía que trabajar en Inglaterra dejando al pequeño Phil en Dublín. Cabe distinguir esta canción de otra titulada exactamente igual (y musicalmente mucho, mucho mejor) que grabarán seis años más adelante con ocasión del nacimiento de la primera hija de Lynott. Comparando ambas canciones veremos cómo creció la capacidad de Phil Lynott como compositor en ese periodo de tiempo. Aquí, en 1972, escribe bonita música… pero ya está, eso es todo. En 1978, sin embargo, sabrá cómo encogernos el corazón. Pero vayamos paso a paso:

«The rise and dear demise of the funky nomadic tribes»: Con semejante título y con siete minutos de duración podríamos pensar que nos hallamos ante el típico desvarío progresivo más bien intragable y típico de los años setenta, pero nada más lejos. Se trata al contrario de un tema muy movido, con un sonido a medio camino entre Led Zeppelin y el funk bailable de James Brown, lo cual hace que sea una canción muy divertida, de lo mejor del disco.

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Funky Junction Play a Tribute to Deep Purple (proyecto paralelo, 1972)

Después de dos álbumes publicados y una total falta de éxito, la bancarrota tiene al trío irlandés contra las cuerdas. Es decir: pasan hambre. Hasta el punto de que Lynott y compañía piden copias promocionales de su propio álbum a la discográfica, ¡para revenderlas ellos mismos y poder comprar comida! Sumidos en la pobreza, se ven obligados a aceptar encargos de lo más extraño. El más célebre es la grabación —junto a un cantante y un teclista invitados— de un disco de tributo a Deep Purple en el que no podrán firmar con sus propios nombres, sino con seudónimos. Phil Lynott, recordemos, había estado a punto de formar una banda con el mismísimo Ritchie Blackmore, pero ahora se ve relegado al papel de tributario anónimo para poder llenar la nevera. El resultado, no obstante, es musicalmente muy bueno. Thin Lizzy se hacen cargo de la base rítmica sin ningún tipo de problema, aunque como nunca figuraron en los créditos mucha gente ha escuchado este álbum sin saber que Phil Lynott, Eric Bell y Brian Downey estaban detrás. Y la verdad es que es su presencia lo que explica que lleguen a sonar casi tan bien como los propios Purple. Y eso es mucho decir, teniendo en cuenta que grabaron el disco ¡en un solo día!, después de haber ensayado juntos ¡durante dos o tres horas!

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Whiskey in the jar (single, 1972)

 A finales de 1972 Thin Lizzy están francamente desanimados por lo mal que les están yendo las cosas en Inglaterra: hacen buenos conciertos y se ganan la admiración de los músicos locales, pero sus discos crían telarañas en las tiendas sin que nadie se los lleve a casa. Para mayor ironía, vende mucho más el tributo a Deep Purple que han grabado como mercenarios a sueldo pero del que no reciben cheques como autores y del que por contrato no pueden revelar que son los protagonistas, así que ni siquiera tienen ocasión de aprovechar el tirón de Funky Junction. Necesitan algún estímulo, alguna recompensa… y dicha recompensa llegará por casualidad.

Mientras trabajaban en el estudio para dar forma a su tercer álbum, los tres irlandeses decidieron relajarse tocando canciones del folclore de su país. Considerándolo un mero divertimento para desconectar un poco, no tenían la más mínima intención de grabarlas y mucho menos de comercializarlas. Sin embargo, el productor los había estado escuchando muy atentamente y emocionado por la particular interpretación que hacen del tema tradicional Whiskey in the jar, insiste en que la graben para lanzarla como single. Los dublineses le miran incrédulos, pero hacen caso y la graban con total escepticismo, considerando que una pieza del folclore irlandés nunca interesará a los británicos. Pues bien: los Lizzy no acertaron y por una vez fue una discográfica la que tuvo razón en algo. Para sorpresa de Lynott, Bell y Downey, «Whiskey in the jar» se convierte repentinamente en su primer éxito en las listas de singles.  Les costó creerlo cuando un empleado de las compañía les telefoneó para decirles que la canción estaba vendiendo, y mucho. Aquello significaba que finalmente iban a salir de pobres, que la gente iba a oír hablar de ellos, que iban a  participar en giras más rentables teloneando a artistas más conocidos como Slade y Suzi Quatro. Su suerte parecía haber cambiado. Aunque como ya veremos, en Thin Lizzy la buena suerte jamás duraba demasiado.

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Vagabonds of the Western World (1973)
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Quizá espoleados por el éxito de Whiskey in the Jar, terminan de grabar su tercer LP y este resultará ser el mejor hasta la fecha. El grupo está empezando a encontrar una voz propia que va más allá de la reelaboración del estilo de otros. La producción consigue captar, si quiera por momentos, la verdadera energía del trío. Eric Bell se convierte en un guitarrista todavía más efectivo. Brian Downey empieza a creerse lo bien que toca la batería, y Phil Lynott está aprendiendo a cantar con más soltura y a escribir letras que empiezan a llamar la atención. Thin Lizzy se encuentran finalmente en el buen camino. Solamente faltan las melodías verdaderamente memorables que abundarán en discos posteriores. Sea como fuere, tampoco este álbum tendrá ningún éxito. Lo de Whiskey in the jar se antoja un espejismo y las escasas ventas de Vagabonds of the Western World parecen indicar que los Lizzy están condenados a retornar a las cloacas de la industria, pese a que nunca han dejado de ser una muy buena banda.

«The Rocker»: Antes de esto quizá tenían buenas canciones, pero salvando «Whiskey in the jar» que era una composición ajena, nunca habían grabado nada tan poderoso. «The Rocker» será su canción más impactante hasta la fecha y el primer tema con vocación de himno inmortal de su repertorio. Musicalmente es mucho más sencilla, directa y con más pegada que el hard rock progresivo que los había caracterizado hasta entonces. Eric Bell aporta el riff asesino que da forma al tema y también un largo e impresionante solo de guitarra (¡no sobra ni una nota!) que nunca baja de intensidad, al contrario: sube y sube y sigue subiendo. Por su parte, Phil Lynott nos cuenta con total naturalidad su vida como macarra: chicas, peleas, bebida, etc. Sus letras han seguido mejorando y empiezan a parecer películas, con una sorprendente capacidad para evocar imágenes y escenas de una extraordinaria viveza, como si estuviésemos viéndolas en una pantalla. Además está perdiendo el miedo a cantar con más desparpajo y agresividad. Su bagaje callejero (como Lynott decía recordando su infancia: «crecí en una calle donde la única manera de hacerte una reputación era ser un tipo duro… y yo me hice una reputación») empieza a notarse en su música. Lo de Brian Downey a la batería merece mención aparte, como de costumbre. Uno de los singles más demoledores de los años setenta que incomprensiblemente —como sucede con tantos otros temas de Thin Lizzy— no está en el subconsciente colectivo ni siquiera de muchos aficionados al rock, pero que para algunos de nosotros puede competir con lo más fiero que haya grabado cualquier otra banda en aquella década. Son como Motörhead antes de que hubiera unos Motörhead. Esta es una canción mucho menos melódica que sus joyas del futuro, pero para mí merece contarse entre sus mejores temas. Impresionante.

«Mama nature said»: Cuanto más se van ajustando Thin Lizzy al formato de canción sencilla y directa, más ganan sus composiciones en efectividad. En este disco siguen sin estar en su punto más álgido (con la mencionada excepción de la apabullante «The Rocker») pero sus temas suenan más vivos, menos «intelectuales», menos centrados en complicar las estructuras o en hacer alardes instrumentales. Esto es otra fantástica muestra de su lenta pero segura evolución.

Sin embargo, Thin Lizzy están condenados a no conocer jamás una existencia apacible. En plena gira de presentación de este su tercer disco, el guitarrista Eric Bell abandona repentinamente el barco, cansado de dar tumbos sin que el grupo despegue comercialmente y sobre todo preocupado por los efectos que en su salud está teniendo el salvaje estilo de vida al que ya han empezado a entregarse gracias a las ventas del single Whiskey in the jar. Lynott y Downey, pues, se quedan compuestos y sin guitarrista. En pleno tour. Un desastre. Se ven obligados a recurrir a un viejo amigo irlandés para terminar la gira: un joven Gary Moore al que conocían de la escena musical de Dublín (Lynott y él habían tocado juntos). Con Gary Moore a las seis cuerdas finalizarán las fechas contratadas. Moore también les ayudará a grabar algún videoclip promocional e incluso participará en algún tema de su siguiente álbum, pero tiene sus propios proyectos y no puede ejercer más que como parche temporal. Así que habrá que buscar nuevo guitarrista.

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Nightlife (1974)
Nightlife

Para grabar el cuarto LP, Lynott y Downey toman una decisión sorprendente: abandonar el formato de trío y reclutar no a uno, sino a dos nuevos guitarristas. Uno es Scott Gorham, el primer estadounidense que pasó por la banda. Californiano, de carácter apacible y desenfadado, había llegado a Europa huyendo de su vida como drogadicto en los EE. UU. y Lynott decidió ficharlo porque le interesaba mucho tener la influencia musical de un estadounidense en la banda (no en vano los dos grandes ídolos de Lynott eran americanos: Jimi Hendrix y Elvis Presley). El otro fichaje es un adolescente escocés de diecisiete años, Brian Robertson, cuyo carácter será más bien fogoso e incluso descontrolado por momentos, pero cuya guitarra parece encajar muy bien en el grupo y que se complementa con el estilo de Gorham. Los cuatro graban este nuevo disco con cierta precipitación y lo cierto es que, sin ser un mal disco, no hace justicia al potencial que la banda atesoraba. Resultó ser demasiado inconexo, con algunas canciones buenas pero también con bastante material de relleno. Al igual que los tres álbumes anteriores, tampoco tuvo ningún éxito y en el grupo no quedaron muy contentos con él.

«Still in love with you»: El tema más conocido y casi con seguridad el mejor del álbum, una melancólica balada en la que Lynott comparte voces con Frankie Miller y donde Gary Moore, pese a no estar ya en la banda, aparece tocando la guitarra solista. «Still in love with you» es la típica canción que se ajusta perfectamente a la «maldición Thin Lizzy»: la gente no le prestó ninguna atención en su momento y solamente más tarde descubrió el público lo buena que realmente era, convirtiéndose incluso en uno de los temas básicos de su repertorio en directo.

«Sha-la-la»: Quizá un tema menor en su discografía, pero donde podemos escuchar ya lo que se convertirá en marca de fábrica del nuevo cuarteto y que tantos grupos —especialmente de rock duro— imitarán en el futuro. Hablo, cómo no, del twin guitar sound. Las «guitarras gemelas» de Gorham y Robertson. Algo que ya habían hecho por ejemplo Allman Brothers Band, pero que Thin Lizzy se llevarán a su terreno y adaptarán al rock más enérgico de manera muy particular y reconocible. Gorham y Robertson hacen melodías al unísono como si estuviesen interpretando pequeñas canciones independientes dentro de la canción principal. El invento aún está por perfeccionar, pero ya contiene la semilla de lo que será uno de los puntos fuertes de su estilo.

«Philomena»: Lynott había crecido sin conocer a su padre y esta canción —que adapta melodías típicamente irlandesas— habla sobre su madre, la entrañable Philomena Lynott, quien todavía hoy es la máxima responsable de que el tremebundo legado de su hijo no se pierda en el olvido y haya sido reconocido en Irlanda incluso con una escultura en las calles de Dublín.

Pese a las flojas ventas de Nightlife, el poderío de los nuevos Thin Lizzy en directo hace que reciban el apoyo de algunas bandas importantes. El estadounidense Bob Seger se los lleva como teloneros a América. Allí giran también con los Bachman Turner Overdrive —entonces de moda gracias a su canción «You ain’t seen nothing yet»— y de quienes aprenderán una lección de profesionalidad: los Lizzy, acostumbrados a un caótico modo de vida, llegaron media hora tarde al primero de los conciertos de la gira. Al manager de los Bachman no le gustó nada el detalle y agarró del cuello al manager de Thin Lizzy, poniéndolo contra la pared y advirtiéndole de que a la siguiente estarían fuera del tour sin cobrar un dólar. Thin Lizzy no volvieron a retrasarse —sabían que los Bachman llevaban consigo armas cargadas en los camerinos, ¡mala idea provocar su ira!— y aprendieron cómo se las gastaban en el mundillo musical estadounidense (recordemos por ejemplo que el tour manager de Allman Brothers Band estaba por entonces en la cárcel tras apuñalar hasta la muerte al dueño de una sala que se había negado a pagarles el concierto). Los Lizzy eran tipos duros, pero América no era Inglaterra.

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Fighting (1975)
fighting

A raíz del tour estadounidense, los Lizzy grabaron un nuevo álbum, en el que una vez más se acusa cierta precipitación, aunque supone una sensible mejora con respecto al flojo Nightlife y realmente es la antesala de cosas más grandes en un futuro ya inmediato. Los dos guitarristas siguen jugando con el twin guitar sound, aunque aún les falta un pequeño escalón para conseguir la excelencia. Eso sí: quinto LP de la banda ¡y quinto fracaso en ventas! Parecían condenados a no salir jamás del relativo anonimato.

«Rosalie»: La repentina inseguridad de Lynott y de la banda respecto a sus propias composiciones, debida a la casi total falta de éxito comercial, hace que recurran otra vez a una versión para intentar asomar cabeza en las listas, aunque esta vez sin conseguirlo. Eligen un tema de Bob Seger, con el que acababan de girar. La versión es netamente inferior a la original de Seger, al menos en mi opinión, aunque desde luego está bien ejecutada y sobre todo ganaba muchos enteros en sus directos.

«King’s Vengeance»: Las dos guitarras permiten introducir nuevos matices y el grupo juega con algunos de los elementos que explotarán mucho más acertadamente en el siguiente disco. Nuevamente oímos la semilla de la etapa clásica de la banda, que está a punto de comenzar, pero que de momento solo se intuye.

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Jailbreak (1976)
Jailbreak

Ahora sí. Por fin. Tras terminar una gira junto a Status Quo, Thin Lizzy publican el sexto LP en seis años. Y a la sexta va la vencida. Este álbum puede ser considerado ya sin ningún tipo de tapujos como una auténtica obra maestra. Repentinamente dan un salto cualitativo de gigantes y llegan casi al pináculo de lo que puede hacerse en su estilo. Combinan melodías y potencia mejor que nunca, y lo hacen tan bien o mejor que cualquier otra banda guitarrera de ese mismo momento. Las canciones de Lynott son ahora mucho más inspiradas y sus letras rayan la perfección. Todo suena en su sitio, y lo que es más importante, cuando escuchamos los cortes por separado son casi invariablemente memorables, todos ellos, uno por uno. La mini-ópera rock Jailbreak supone la explosión de la «era clásica» de Thin Lizzy, en la que grabaron una buena parte de sus mejores canciones. El talento de Phil Lynott estalla y deja atónitos incluso a quienes ya le conocían bien de la escena musical británica. No hay una sola canción de relleno. No hay un fragmento de música que no merezca la pena. Ya no suenan a lo que hacen otros, ahora suenan únicamente a ellos mismos y para colmo ese sonido es instantáneamente reconocible. Podría señalarse cualquier canción del álbum, que dejarse fuera cualquier otra es una injusticia. Con este disco, tras una intensa lucha, llega finalmente el triunfo. Obtuvieron disco de oro tanto en el Reino Unido como en los Estados Unidos. De hecho volverán a América para telonear a bandas como Aerosmith. Allí, por su talento como «contador de historias» constantemente comparan a Phil Lynott con Bruce Springsteen, lo cual cabrea mucho al irlandés (admite que respeta a Bruce, pero recuerda constantemente que «¡no soy el puto Springsteen!»). Por su lado, el propio Springsteen admitirá sin problemas que Lynott escribe mejores letras que él. Incluso Bob Dylan quedará impresionado, como sabremos después cuando Huey Lewis, amigo de Lynott, le pregunta al legendario cantautor por el trabajo del irlandés y Bob Dylan responderá sin vacilar «¡es un genio!».

«The boys are back in town»: La canción más conocida por el público en toda la discografía de Thin Lizzy. Ha aparecido en anuncios y películas, y a mucha gente le suena incluso sin saber exactamente quiénes son los autores. Buena parte de la culpa de esa repercusión se debe a que fue la única canción de Thin Lizzy que fue un gran hit en el mercado estadounidense. La melodía es perfecta, la estructura de acordes es perfecta, el estribillo es perfecto y las guitarras gemelas consiguen crear momentos álgidos una y otra vez. Después de seis años, Thin Lizzy están consiguiendo producir temas literalmente inmejorables.

«Cowboy song»: Una absoluta maravilla. Escalofriante, intensa, casi emocionalmente agotadora. Phil Lynott, como decimos, se encuentra en un momento mágico de inspiración y de repente tiene una asombrosa facilidad para producir de la nada himnos repletos de belleza. Su voz transmite como nunca, y los solos de guitarra de Robertson y Gorham, más rockeros y sencillos, van directos a la médula. Los cuatro músicos manejan la intensidad del tema a su antojo: suben, bajan, vuelven a subir, vuelven a bajar, y siempre arrastran al oyente con ellos. Otra de esas canciones que hacen que algunos coloquemos a Thin Lizzy entre los más grandes.

«Jailbreak»: El tema que abre el disco. Seco, directo, sencillo y sin pretensiones. Una sucesión de riffs potentes y reconocibles al instante, con la voz susurrante de Lynott narrando la fuga de una prisión en otra de sus pequeñas y fascinantes películas, y con ese break intermedio en que suenan sirenas de fondo —el escape de la prisión del que habla del título— que ya es un momento clásico e imitado en varias ocasiones por otras bandas. Aunque en mucha menor medida que «The boys are back in town», esta canción también sonó bastante en los Estados Unidos y por ende tuvo repercusión en muchos otros países.

«Angel from the coast»: Un tema que bien podrían haber grabado Led Zeppelin. La maquinaria sigue funcionando a todo tren, los elementos siguen encajando casi como por arte de magia, no hay nada que falte ni sobre. Una base rítmica demoledora sirve para que Lynott narre otra de sus mágicas historias casi en tono de conversación. Mención especial a los fabulosos entrelazados de guitarras y, como de costumbre, otra mención especial al trabajo de Brian Downey como corazón rítmico del grupo. Perfecta de principio a fin.

«Running Back»: Una extraordinaria canción melódica donde comprobamos de nuevo el enorme salto de calidad que han dado Thin Lizzy desde su transformación en cuarteto. Lynott está descubriendo que, aparte de la potencia de la banda, las melodías son realmente su punto fuerte como compositor.

«Warriors»: Una canción callejera y chulesca que ha calado menos entre el público pero que demuestra la enorme (y no siempre reconocida) influencia que Thin Lizzy tuvieron en la evolución del heavy metal. Nunca fueron exactamente una banda metálica —excepto en su último disco— pero casi no hay grupo heavy de los ochenta que no haya bebido directamente, sabiéndolo o no, de la fuente de Thin Lizzy.

«Emerald»: La nueva especialidad de Lynott —junto a las canciones melódicas— va a ser el hard rock épico. Un tema demoledor que se volvía todavía más demoledor en directo. Combina un sonido grandilocuente con las queridas lreferencias irlandesas de Lynott, así que aquí tenemos una especie de embrión de lo que será el futuro álbum Black Rose. Impecable. Como todo el resto del LP.

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Johnny the Fox (1977)
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Jailbreak ha sido un gran éxito y parece que finalmente todo le va bien a Thin Lizzy. ¿O no? Pues bien: no. La mala suerte sigue cebándose con ellos y se ven obligados a interrumpir la campaña promocional debido a una hepatitis contraída por Phil Lynott, que les obliga a suspender toda una prometedora gira como acompañantes de Rainbow, el nuevo y exitoso grupo de Ritchie Blackmore. No obstante, fiel a su intención de publicar un álbum por año, Phil escribe nuevas canciones durante su convalecencia. El resultado será un buen disco, aunque bastante menos impactante que Jailbreak. Resulta obvio que los Lizzy ya han encontrado su fórmula química perfecta, pero también que carecen de la tranquilidad suficiente como para intentar repetir la hazaña, ya que cada vez que parecen estar en un buen momento sucede algo malo que detiene su progresión. Además de la enfermedad de Lynott, la tensión creciente entre su fuerte personalidad y la no menos fuert personalidad de Brian Robertson empezará a hacer difícil la convivencia en el seno de la banda. Con todo, gracias a este nuevo disco volverán a obtener un gran éxito en el Reino Unido, aunque como contrapartida el fogonazo que habían dado en América comienza a apagarse lentamente, lo que probablemente impidió que Thin Lizzy terminasen estableciéndose en el inconsciente colectivo como sí lo harían Led Zeppelin, Deep Purple, Black Sabbath, AC/DC, Judas Priest y otras grandes bandas de hard rock británico o australiano.

«Don’t believe a word»: Sin duda alguna el tema estrella del disco y tal vez el único que por su enorme calidad no hubiese desentonado en Jailbreak. Lynott encuentar una vez más el perfecto equilibrio entre la melodía y la fuerza guitarrera. Esta canción terminaría convirtiéndose en uno de los puntos fuertes de sus directos. Curiosamente, a Lynott también le apetecía interpretarla en un formato mucho más lento y suave… pero a Brian Robertson no le gustaban demasiado las baladas, así que en el disco quedó registrada la versión más movida (y para mi gusto la mejor).

«Johnny the Fox meets Jimmy the Weed»: Otra de las eternas historias callejeras de Lynott, narrada sobre un ritmo funky y bailable que ofrece un lado muy distinto al hard rock potente o a las baladas melódicas que componen casi todo el resto del repertorio de la banda en aquellos años.

«Massacre»: Una canción oscura en la que Lynott reflexionaba sobre la intolerancia religiosa. De formación católica, se había sorprendido por su propia reacción tensa e incómoda ante la visita de un pastor protestante durante su convalecencia en el hospital. Evidentemente, en aquellos años el tema religioso era muy candente para un irlandés por todas las connotaciones políticas que había detrás, así que en este tema Lynott hacía examen de conciencia sobre la estupidez que supone utilizar la religión para separar a la gente.

Tras la publicación de Johnny the Fox, cómo no, se producen más problemas. Por enésima vez la gira de presentación de un nuevo disco de Thin Lizzy se sumirá en el más completo caos. Brian Robertson estaba verdaderamente fuera de control. La nueva gira les dio la oportunidad de recorrer Estados Unidos nada menos que teloneando a Queen, pero Robertson quedó incapacitado para tocar porque se hirió la mano durante una de sus constantes peleas (eso sí, a cambio de hacer estragos entre sus contrincantes: le rompió la pierna a uno, la clavícula a otro, tumbó de un cabezazo a un tercero… en fin). Thin Lizzy, pues, se quedan otra vez sin un guitarrista en plena gira. Una vez más, recurren al viejo amigo Gary Moore para poder terminar el tour.

Phil Lynott también se metía en muchas peleas —es bien sabido que pelear era una de sus aficiones favoritas— pero al contrario que a Robertson eso no le incapacitaba para seguir tocando. Así que, cansado de las incontrolables explosiones del escocés, decide que va a expulsarlo definitivamente del grupo. Aquella gira, además, cambió la actitud de Phil Lynott frente al negocio. Hasta entonces Thin Lizzy habían sido tipos de la calle que conocían poco más allá de su microcosmos proletario. Pero Lynott quedó deslumbrado por los lujos de los que se rodeaban Queen y por la personalidad de Freddie Mercury. Phil procedía de los barrios más duros de Dublin, pero se dio cuenta de que ahora era una estrella del rock y los aires de divo de Mercury le parecieron la actitud correcta que debía mostrar el líder de una banda. A partir de aquel momento empezó a comportarse también como un divo, imitando el férreo control que Mercury ejercía sobre Queen, lo cual provocaría nuevas tensiones internas en Thin Lizzy. Hasta entonces los Lizzy habían sido más bien una pandilla callejera (Gorham recordaría más tarde que «si alguien se metía con uno de nosotros cuatro, iba a tener serios problemas con el resto»), pero Lynott decidirá que, al igual que Mercury hacía con Queen, él quiere convertir a los Lizzy en su grupo.

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Bad Reputation (1978)
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Con Robertson fuera de la banda, Lynott, Downey y Gorham comienzan a grabar un nuevo álbum. Phil Lynott estaba dispuesto a sustituir definitivamente a Robertson por Gary Moore, pero una vez más Moore tenía sus propios proyectos y declinó la oferta. Esto hará que Phil cambie de idea. Brian Robertson retornará —en principio con la cabeza gacha— y participará en varias canciones del disco (únicamente tres, si atendemos a los créditos). Además, será «castigado» por Lynott cuando la fotografía de portada del disco muestre a Thin Lizzy como trío, sin rastro alguno del escocés. En cuanto al LP en sí, está en la línea de Johnny the Fox: es bueno, pero tampoco llega al nivel apabullante de Jailbreak… con la excepción de dos buenísimos temas que ayudarán a catapultar el álbum al cuarto puesto de las listas británicas, además de abrirles camino en el mercado europeo.

«Dancing in the moonlight»: Una de las dos grandes joyas del álbum. Aunque bastante alejada del rock duro que generalmente caracteriza a la banda, pone de manifiesto que la inspiración de Lynott sigue alcanzando sus más altas cotas también en los temas más tranquilos. Esta canción fue un gran éxito en las islas británicas y todavía hoy es una de sus composiciones más inolvidables. Maravillosa.

«Bad Reputation»: El tema que da título al disco se transformó en un nuevo éxito, pero muy especialmente sirvió para que Brian Downey se luciese detrás de su batería con una sucesión de espectaculares redobles que lo convierten en el protagonista absoluto de la canción, incluso por encima de la voz de Lynott y de las características guitarras gemelas de Gorham y Downey.

 

El éxito europeo de Bad Reputation fue seguido por el todavía más resonante éxito del directo Live and Dangerous, testimonio de la triunfal gira que Thin Lizzy realizaron por el continente. En su día Live and Dangerous fue considerado un directo modélico, un ejemplo a seguir en la industria, aunque hoy existen muchas dudas de cuánto tiene de directo y cuánto de retoque posterior en estudio (mejor aparcamos el tema porque nos llevaría a una larga discusión). Con todo, y como ya es casi una maldición inevitable, la nueva gira de los Lizzy vuelve a degenerar en caos. Las habituales tensiones entre Lynott y Robertson siguen creciendo y explotan definitivamente: el guitarrista abandonará el grupo repentinamente justo después de acabar un concierto en España… y esta vez no habrá retorno. Por tercera vez en su corta historia, Thin Lizzy se verán obligados a recurrir a Gary Moore para poder finalizar un tour. Esta vez, sin embargo, Moore accederá a quedarse también para grabar un nuevo álbum, quizá como compensación al hecho de que Phil Lynott colaboró intensamente en su disco de debut en solitario, Back on the streets. El disco de Moore alcanzó gran éxito gracias a algunas canciones escritas y cantadas a medias con Lynott, como «Parisienne Walkaways». Durante esta época, la simbiosis entre los dos viejos colegas irlandeses será muy intensa. Incluso podemos ver a Lynott y Gorham tocando algún tema del disco en solitario de Gary Moore —con el espectacular Cozy Powell a la batería— en alguna aplastante aparición televisiva.

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Black Rose: A Rock Legend (1979)
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Y con Gary Moore en la banda, llega la segunda obra maestra absoluta de Thin Lizzy. Con este disco vuelven a rayar en los niveles de grandeza de Jailbreak, si acaso no más; de hecho resulta difícil decidirse entre un disco y otro. El nivel de composición de Lynott vuelve a ser apabullante en prácticamente todos los cortes del álbum. La llegada de Moore añade un extra de feeling a las guitarras —Robertson era bueno, pero Moore es mucho mejor— y por si fuera poco ayuda a complementar a Lynott en los coros, ya que las voces de ambos empastan a la perfección. Black Rose destila vitalidad, fuerza, energía, talento… es un trabajo prácticamente perfecto de principio a fin y que contiene algunos de los momentos más espectaculares en toda la trayectoria del grupo. Por otra parte, las letras de Lynott continúan estando entre las más brillantes del negocio musical y por aquel entonces su capacidad lírica estaba llamando la atención de muchos grandes nombres del negocio. En el Reino Unido e Irlanda, Thin Lizzy alcanzaron el momento de mayor popularidad y el mayor índice de ventas de toda su carrera, estando a punto de colocarse en el número uno de las listas británicas (se quedaron en el número dos, porque entonces estaban arrasando bandas como ABBA). También creció su repercusión en el resto de Europa, España incluida —aunque hoy casi nadie los recuerde, llegaron a hacerse notar bastante en nuestro país— y hasta fueron populares en lugares tan lejanos como Australia y Japón, algo muy meritorio teniendo en cuenta que en los Estados Unidos, incomprensiblemente, el público se estaba olvidando de ellos. Es difícil entender que en la América de 1978-79 no triunfase un disco como este, pero así fue. Aunque su influencia está ahí y, sirva como ejemplo esta curiosidad, Axl Rose lleva tatuada la portada de Black Rose en un brazo.

«Do anything you want to»: Primer tema del álbum. Se inicia con una impactante percusión tras lo cual arranca una canción cien por cien Lizzy, con sus guitarras gemelas, con otra de esas inimitables melodías típicamente Lynott y con la sensación general de que el grupo está volviendo a disfrutar con su música como en los tiempos de Jailbreak. En resumen: una canción impresionante que gusta más cuanto uno más la escucha. Hasta podemos oír a Lynott imitando (bastante bien) el tono de voz de su ídolo Elvis Presley en algunas frases habladas. Y qué decir del videoclip: es uno de los más entrañables grabados por el grupo, gracias sobre todo a la factura más bien casera de las caóticas escenas intercaladas.

«Sarah»: Con este tema se produce algo bastante inusual en la historia de una banda y es el haber publicado dos temas completamente diferentes con un mismo título. Lynott vuelve a escribir una canción llamada Sarah, aunque esta vez no se la dedica a su abuela sino a su primera hija. La verdad, no hay comparación entre ambas canciones: la de este disco es probablemente la mejor balada jamás grabada por Thin Lizzy, una auténtica maravilla. En el videoclip tenemos a Lynott bailando románticamente con su mujer (aunque ninguna de las niñas que aparecen es su hija, que aún era muy pequeña) y también tenemos una impagable aparición final del cachondo de Scott Gorham dándole su particular toque americano al asunto (¡lo mejor de todo el video!). Por desgracia, Sarah Lynott tuvo que crecer sin su padre, pero esta canción es uno de los regalos más memorables que un hombre podría haberle hecho a su pequeña. Además, como curiosidad, este tema provocó que una oleada de niñas fuesen bautizadas con el nombre de Sarah en el Reino Unido e Irlanda. Una joya inmortal que jamás he entendido por qué no tiene mucha más repercusión entre todos los públicos. Para mí, personalmente, es una de las canciones más bellas del siglo XX. Así como suena.

«Toughest street of town»: Lynott, con esa pasmosa facilidad para crear poesía de la nada con un lenguaje cotidiano, vuelve a hablarnos de los ambientes que tan bien ha conocido desde la infancia —la «calle más dura de la ciudad»— y lo acompaña con una melodía vitalista en la línea de «Do anything you want to». Mención aparte para el solo de guitarra de Gary Moore, quien como de costumbre parece a punto de prenderle fuego a su instrumento a base de intensidad.

«Get out of here»: Por lo general, las canciones sobre rupturas amorosas suelen ser melancólicas, pero Lynott le da un giro al asunto y escribe un tema repleto de sarcástico desenfado, que canta con desparpajo y chulería. La base musical es igual de vitalista que casi todo el resto del álbum. El tema está coescrito por Midge Ure, más tarde conocido como líder de Ultravox.

«Roisin Dubh (Black Rose), A Rock Legend»: Palabras mayores. Lo de esta canción no tiene nombre, ya lo aviso. Lynott siempre se había caracterizado por su amor a la tradición de su país, pero aquí compone el que será su gran himno irlandés. Las guitarras gemelas de los Lizzy llegan aquí a su punto culminante, especialmente en el largo intermedio instrumental, uno de los momentos más álgidos que haya alcanzado un dueto de guitarras en toda la historia del rock: interpretan varias melodías tradicionales irlandesas en un crescendo continuo que llega a momentos de auténtico paroxismo (y una vez más, ojo también a la batería de Downey). Siempre envidio a quien vaya a escuchar esta canción por primera vez, porque descubrir todo ese interludio instrumental es una experiencia verdaderamente única. Esos minutos, por sí solos, ya bastarían para justificar el estatus de Thin Lizzy como una de las más grandes bandas de rock de todos los tiempos. Y aunque su fantástica versión de «Whiskey in the jar» goza de más fama, incluso ella palidece al lado de lo que hacen en «Roisin Dubh». De hecho, creo que no hay ninguna otra banda que haya conseguido grabar algo parecido, adaptando la música irlandesa al rock con semejante pureza sin renunciar a la potencia y la electricidad. Absolutamente increíble. Si lo va a escuchar usted por primera vez, hágame caso y asegúrese de desconectar el teléfono y que nadie le interrumpa en los próximos minutos. Va a merecer la pena, se lo garantizo.

Pero, como de costumbre, la calidad y éxito del disco tienen que venir acompañados por nuevos problemas. Por enésima vez, la formación se viene abajo durante una gira. En mitad del tour promocional por los Estados Unidos, las tensiones internas vuelven a hervir hasta que Gary Moore termina marchándose súbitamente tras una furiosa discusión con Lynott. Fue una ruptura amarga, que hizo que no se hablaran durante varios años pese a haber sido muy amigos desde mucho tiempo atrás. De nuevo, Lynott se ve obligado a terminar una gira en cuadro, y recurre a Midge Ure como guitarrista de urgencia. Una y otra vez, los tropiezos inesperados sabotean el ascenso del grupo.

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Chinatown (1980)
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Con la relación entre Lynoltt y Moore temporalmente rota, se ven obligados a fichar un nuevo guitarrista y recurren a Snowy White, a quien habían visto tocando con Pink Floyd durante la gira de Animals. Pero la presencia de Snowy White será, cómo no, problemática. No por su carácter, menos fuerte que el de Gary Moore y desde luego mucho más civilizado que el del cafre de Brian Robertson. El problema de White será verse obligado a compatibilizar Thin Lizzy con las exigencias que tiene su lucrativo trabajo como mercenario en Pink Floyd. Además, su estilo a la guitarra —muy técnico pero menos arrollador que el de sus predecesores— será considerado inapropiado por no pocos fans y críticos. De todos modos, dejando aparte este hecho, Thin Lizzy estaban empezando a vivir momentos delicados: los coqueteos de Phil Lynott con las drogas se estaban transformando en un muy serio problema. Scott Gorham, que había abandonado Estados Unidos para huir de sus adicciones, ha recaído en ellas. La banda ya no siempre suena bien en directo (hay algunas interpretaciones de temas durante esa época que es mejor olvidar) y si tenemos en cuenta que además Lynott había estado también escribiendo su debut en solitario, Solo in Soho, resulta comprensible que el nivel de las composiciones baje sensiblemente. Aunque hay que resaltar que el disco recibió críticas quizá demasiado negativas en su día, incluso diría que ha sido siempre maltratado más de la cuenta por la prensa musical y por muchos fans. Quizá se debe a la muy desfavorable comparación con la obra maestra que fue el inmediatamente anterior Black Rose. Sí, la comparación entre ambos es sangrante. Pero Chinatown no es un mal disco. Irregular sí, y no se puede negar que hay algunos temas de relleno y que musicalmente es mucho menos interesante, pero hay algunos cortes que merecen la pena. Eso sí, tuvo bastante éxito en Europa, quizá como consecuencia de la popularidad acumulada durante los años anteriores.

«Chinatown»: La canción que da título al disco es un fantástico tema repleto de efectivos riffs de guitarra. Aunque las típicas historias callejeras de Lynott no tienen aquí la brillantez de otras ocasiones y no pocos críticos hicieron notar que la letra era bastante pobre en comparación con lo que el irlandés era capaz de hacer, no se puede negar que en conjunto es una muy buena canción.

«Sugar Blues»: Otro de los temas más destacados del álbum, también caracterizado por riffs de guitarra muy efectivos y por un ritmo trepidante. Quizá falta la carga melódica del Black Rose, pero es otra de las canciones de Chinatown que fueron injustamente despreciadas por la crítica. Quizá porque seguían un estilo más lineal y directo, menos barroco, que el del trabajo predecesor.

«Killer on the loose»: Seguramente la canción más popular del álbum, otro fantástico hard rock en el que Lynott rememora a Jack el Destripador, y al menos la letra vuelve a tener la viveza casi cinematográfica de los mejores tiempos —no como la sucesión de tópicos de otros temas del disco— y donde además toda la banda cabalga a la perfección. Como curiosidad, la canción fue bastante polémica porque pese a que hablaba de un criminal del siglo XIX, su publicación coincidió con la aparición de un terrorífico asesino en serie en el Reino Unido.

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Renegade (1981)
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El peor disco de Thin Lizzy según la opinión prácticamente unánime de sus fans. Lo cual no significa que sea un disco absolutamente horrible, pero sí que carece por completo de la magia que habían llegado a alcanzar en el pasado. Este disco es una muestra del momento de confusión que atraviesa el grupo, que está muy cercano a su separación. De hecho, habían empezado a trabajar en esta grabación con la idea de que fuese el segundo disco en solitario de Phil Lynott, quien parece cada vez menos interesado en Thin Lizzy. Al final, ese desinterés se traduce en que ni siquiera se molesta en componer tanto material como antes, por lo que finalmente accederá a que lo grabado se publique bajo el nombre de Thin Lizzy. Todo esto se traduce en un álbum que no tiene mal sonido pero al que le faltan temas memorables, ni siquiera tiene esos tres o cuatro temas con pegada que sí había en Chinatown. Com oconsecuencia, este disco venderá mucho menos que los anteriores. A estas alturas Thin Lizzy ya no significaban nada en los Estados Unidos y buena parte de su fugaz popularidad americana se había desvanecido por completo, aunque en Europa todavía fuesen un nombre a tener en cuenta. Pero el descenso de ventas y el cansancio de sus miembros parece anticipar una pronta separación.

«Hollywood (Down on your luck)»: Un buen ejemplo de la falta de pegada de este disco es que el principal single elegido para su lanzamiento suena correcto —tiene algún buen momento a mitad de tema— pero no desprende un ápice de la magia de las grandes composiciones del pasado. Thin Lizzy suenan ahora a banda del montón, lo que nunca habían sido, ni siquiera en sus comienzos. Quizá el síntoma más evidente del mal momento que atraviesan es que incluso la letra suena a cliché barato, cuando no mucho antes Lynott había sido capaz de convertir casi cada canción en una pequeña y fascinante novela.

A estas alturas, Thin Lizzy sencillamente ya no funcionaban a nivel interno. Snowy White decide finalmente que su estilo no se ajusta a la banda y obtiene una salida amistosa. Una vez más, Thin Lizzy se quedan sin un guitarrista, pero la diferencia con ocasiones anteriores es que ahora a nadie en el seno de la banda le preocupa demasiado. Todos los miembros están cansados de soportar la continua tensión y están más que dispuestos a disolver el grupo. Phil Lynott ya está pensando en formar una nueva banda, Grand Slam, donde le acompañará Brian Downey junto a nuevos músicos. Scott Gorham está sencillamente harto. Thin Lizzy tienen las horas contadas. Eso sí, acuerdan que —con el único fin de recaudar dinero y exprimir un poco más la marca— grabarán un último disco y anunciarán una gran gira de despedida. Pero algo sucederá. Contra todo lo previsto, Thin Lizzy no se despedirán exactamente en horas bajas.

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Thunder & Lightning (1983)
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Para grabar su último disco reclutan a un nuevo guitarrista, el joven inglés John Sykes, conocido principalmente por su breve trayectoria en la banda de heavy metal Tygers of Pan Tang (no es un grupo que yo escuche a menudo, aunque por algún motivo siempre he sido fan de su tema «Euthanasia»). En principio, como decíamos, la excusa era grabar un disco para explotar el recurso publicitario de que la gira de presentación serviría como despedida definitiva de Thin Lizzy. Nadie tenía ganas de continuar con el invento. Y Lynott menos que nadie, más preocupado como estaba por intentar edificar una carrera en solitario y seriamente afectado por el desmoronamiento de su matrimonio —por entonces ya tenía dos hijas— a causa de sus continuas infidelidades y de los cambios de carácter producidos por las drogas.

Sin embargo, y por una vez, las cosas salen mejor de lo previsto. La entrada de Sykes, completamente entusiasmado por formar parte de Thin Lizzy, aporta un plus de energía que rejuvenece al grupo, que renueva el ambiente interno de la banda y que incluso cambia la química musical. También el teclista Darren Wharton, que había tenido un papel más discreto desde su entrada en el grupo, empieza a colaborar más intensamente para darle forma al nuevo sonido. Todos los demás se contagian del ímpetu de Sykes y Wharton. Phil LYnott recupera el interés y vuelve a preocuparse por escribir buena música y buenas letras. Aunque el grupo empieza a sonar más heavy metal, curiosamente es un cambio que no parece nada forzado. Así, en el mismo año en que por ejemplo Metallica publicaban su debut, Thin Lizzy produjeron un disco que podía perfectamente competir en energía y frescura con las bandas mucho más jóvenes que estaban llevando el heavy metal a lo más alto. Thunder & Lightning es un disco más que interesante y parecía ser la primera piedra de una nueva etapa de brillantez para Thin Lizzy. El éxito vuelve a sonreírles, y aunque no están en los niveles de popularidad de la etapa de Jailbreak, probablemente solo hubiesen necesitado otro disco más de semejante calidad para terminar de demostrar que los maestros eran muy capaces de plantarles cara a los alumnos metaleros del momento.

«Thunder & Lightning»: Por decirlo en una palabra: tremebunda. Los Lizzy ya no suenan melódicos, pero poco importa porque el resultado es absolutamente fantástico. Cualquiera diría que esto es el debut repleto de energía explosiva de una nueva banda dispuesta a comerse el mundo. Pero no, son los viejos Thin Lizzy entrando de lleno en el metal de los ochenta como una locomotora desbocada. A las voces, Phil Lynott se desgañita como un poseso, más que en ningún otro tema grabado antes por él. Downey le pega a las baquetas como un veinteañero. Gorham vuelve a sonar con fuerza y John Sykes pone de manifiesto su hambre de gloria. Wharton, por su parte, demuestra lo bien que puede encajar un solo de teclados en un tema de heavy metal veloz. Incluso la letra es fascinante: si muchos años atrás Lynott había descrito su vida de macarra en «The Rocker», aquí vuelve a retratar sus andanzas en las calles con esa facilidad suya para elaborar escenas dignas de una película de Scorsese, hablándonos una vez más de su afición a las peleas. Sí, cuesta creer que «Sarah» y «Thunder & Lightning» hayan sido producidas por la misma banda y escritas con tanta sinceridad por un mismo individuo, pero así es. Impresionante.

«Cold Sweat»: El single más exitoso del disco y otra muestra de la perfecta adaptación de Thin Lizzy al heavy metal de la época. No es tan salvaje como «Thunder & Ligthting» (¡un disco con nueve canciones como esa hubiese matado a cualquiera!) pero obtendrá incluso mayor repercusión en las radios del momento.

Tras la publicación del álbum, gozando un éxito de ventas en el Reino Unido y Europa que apuntaba un futuro renovado y brillante, Thin Lizzy vuelven a sonar poderosos en escena tras una etapa de muchos titubeos y de malas actuaciones a causa de las sustancias que consumían a toneladas. En la exitosa gira de despedida invitan ocasionalmente al escenario a antiguos miembros como Eric Bell y Gary Moore, para seguir celebrando la historia del grupo ante los fans que acuden a darles el adiós. Cierto es que conforme avanzaba el tour, Lynott no siempre estará en la mejor forma vocal y que la heroína seguirá circulando generosamente por los camerinos, pero la respuesta del público es muy buena. De repente, el grupo que todos sus miembros querían abandonar vuelve a tener vida. El único que todavía está decidido a retirarse es Scott Gorham, que había huido de América para no continuar en las drogas y que estando en Thin Lizzy se había metido en un atolladero incluso peor, del que ahora tenía que volver a salir. Pero el resto quiere continuar y grabar otro disco. Phil Lynott y Brian Downey recuperan la ilusión por Thin Lizzy. John Sykes está simple y llanamente emocionado de estar allí y trata de conseguir que la banda no se disuelva.

Pero será demasiado tarde. Como ya habían anunciado que aquella gira era la de su despedida, se consideró que continuar en ese momento hubiese significado una especie de estafa al público que había pagado por tener la última oportunidad de ver a los Lizzy en directo. Así, a causa de una jugarreta publicitaria que se les volvió en contra, Thin Lizzy tuvieron que disolverse.

Aquello supuso el inicio del fin para Phil Lynott. Con su matrimonio roto y viendo mucho menos a sus hijas —lo cual, según su entorno, le destrozaba— ya solo le faltaba perder a la banda de su vida justo después de haber recuperado la ilusión por continuar en ella. Para colmo, en su nueva banda Grand Slam no pudo contar ni con su amigo de la infancia Brian Downey (que había decidido echarse atrás, cansado de las giras) ni con John Sykes, que ante las dudas sobre el futuro de Thin Lizzy no pudo declinar la posibilidad de fichar por Whitesnake (con los que viviría una etapa de inmenso éxito mundial poco más adelante). Con una carrera en solitario sumida en la incertidumbre y con su vida personal hecha añicos, el abismo se abrió bajo los pies de Phil Lynott y cayó definitivamente en el más oscuro agujero de su existencia. Murió tres años después, en 1986, tras una imparable decadencia marcada por su incapacidad para abandonar un creciente consumo de drogas y un estilo de vida cada vez más autodestructivo. Pero esta es otra historia.

En cuanto a Thin Lizzy, el grupo fue revivido más adelante por John Sykes, quien arrastró consigo a Brian Downey y Scott Gorham (y a algunos otros antiguos miembros) para reformar la banda o lo que quedaba de ella y retornar a los escenarios. Cada cual opinará lo que quiera de este «retorno»; en opinión de quien suscribe no existen Thin Lizzy sin Phil Lynott, así de simple, por lo que la cosa no pasa de ser una cualificada banda de tributo que haría mejor llamándose de otra manera. Por lo que a mí respecta, Thin Lizzy murieron con Phil y no han resucitado jamás. Lo que sí prometo es escribir un artículo biográfico dedicado exclusivamente a Phil Lynott, porque verdaderamente su historia lo merece y en el presente artículo apenas hemos dado alguna pincelada de todo lo que se puede contar respecto a su novelesca biografía. Pero espero que, de momento, haya sido suficiente con rescatar una parte de toda la maravillosa música que Thin Lizzy grabaron en su día.

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47 comentarios

  1. Rafa Ferreiro Ottiger

    Absolutamente necesario reconocimiento a unos de los grandes ignorados de la Historia, con mayúsculas, de la música.

  2. C.Albers

    De hecho ahora existe una banda llamada Black Star Riders en la que figura Gorham y que mezclan temas propios y el tributo a Thin Lizzy.

  3. daniel

    Impagable como cualquier cosa que se escriba para reivindicar al mejor grupo de rock de los 70 , pero no coincido en la jerarquía que haces de temas y discos ¿wild one? ¿de verdad renegade (el tema) no te parece acojonante?

    • «Renegade» es un buen tema y lo podría haber incluido, claro. Aunque la idea era elegir canciones que, sobre todo, sirvan paras descubrir Thin Lizzy a aquellos que no los conocían. Tengo claro que los fans de la banda ya conocemos todas esas canciones. Por eso decidí incluir muchos temas de «Jailbreak» y «Black Rose», por ejemplo. Está claro que en una lista siempre se quedarán cosas fuera, a no ser que uno la alrgue hasta el infinito. También podría haber hablado más del «Live & Dangerous», que fue muy importante en su carrera, pero para no repetir canciones en directo me centré en el trabajo en estudio.

      En estos artículos, a veces, y por cuestiones de espacio, uno decide dejar fuera algunas grandes cosas para poder incluir otras. El objetivo principal es que quienes no los conozcan tengan una visión general de la carrera del grupo. Creo que quienes los descubran aquí terminarán escuchando el resto de material y seguirán descubriendo cosas. Al menos esa es la idea en la que confío.

      • Antippasti

        Pues para que la gente que no conoce a Thin Lizzy los conozca hay una que te has dejado fuera que es demoledora: Romeo and the lonely girl es una joya. Esta le gusta a cualquiera que tenga sangre en las venas. Y Dowontown sundown tres cuartas partes de lo mismo. De hecho a mi no me parexce que Bad Reputation tenga nada que envidiar a Black Rose. Es otra cima del grupo. Tiene temas de la vena oscura y dura de Thin Lizzy como Opium Trails que te dejan con la boca abierta. Eso sí, me encanta que alguien reivindique un temazo como Sugar Blues

      • Antippasti

        Por cierto, si te gusta Euthanasia de los Tigres del Pantano entonces debes escuchar Gangland, la que abre el segundo disco. Es un tiro

  4. Gruparrazo y merecido artículo. La única discrepancia que tengo es que a mí Fighting me parece un disco tan espléndido como Jailbreak y mejor que Black Rose.

    • Bueno, es una opinión. Te digo lo mismo que al anterior lector: a mí me gustan mucho más «Jailbreak» y «Black Rose», pero además de mi opinión personal tuve en cuenta la opinión bastante extendida de considerar esos dos discos como los mejores de la banda.

  5. Pingback: Bitacoras.com

  6. Ani Lopez

    Tras ver a Los Suaves en directo (Sala Zeleste de Barcelona), hace ya más años de los que quiero confesar, me fui de fiesta y en el ‘Karma’ de la Plaza Real me encontré con Yosi también de jarana.

    Entonces hacían una versión de ‘Killer on the loose’ de Thin Lizzy traducida como ‘Enciéndeme la luz’ que aprovechaban para presentar a los miembros de la banda y le pregunté por qué esa canción temiéndome la respuesta.

    Allí mismo nos declaramos mutuamente fervientes admiradores de dos irlandeses tan ilustres y atípicos como olvidados, Phil Lynott y Rory Gallagher.

    Cuantas veces en las interminables horas de aburrimiento en el instituto no habré pintado el logo de Thin Lizzy en el pupitre y repasado de memoria sus canciones y letras.

  7. Raponcio

    Me ha encantado este artículo sobre Thin Lizzy. Yo sólo conocía las típicas pero gracias a Emilio he empezado a profundizar en la discografía de este magnífico grupo. Una sugerencia: ¿Para cuándo un especial sobre la banda de rock progresivo Génesis?

  8. JuanLu

    En general coincido con el artículo, pero me falta «Southbound». Temazo…

  9. Álvarez

    Echo en falta «Suicide» del LP «Fighting».

    A pesar del legado del Twin Guitar me hubiera gustado que los Lizzy hubieran seguido con el formato trio ya que considero que tiene mejor presencia en escena aunque los temas de la época de Gorham y Robertson están más trabajados. Creo que abusaban un poco de la doble guitarra.

    Cuando uno escucha sus discos y conoce la historia de Lynnot es imposible que no se le haga la banda entrañable.

  10. Creo que nunca entenderé la categoría unánime que tiene «Renegade» de ser «el peor disco de Thin Lizzy»: Es, por lo pronto, bastante superior al hard rock tocón e impersonal de sus primeros discos (Es decir, lo que va antes de «Fighting») y, a título personal, me parece infinitamente superior que lo que se encuentra entre los surcos de «Thunder And Lighting» (¿Phil Lynnott, uno de los últimos románticos del Rock and Roll, jugando a facturar NWOBHM? ¿WTF?).

    Supongo que, cómo todo, son apreciaciones personales, y a mí, que vengo más del mundo del rock que del heavy, me pone más el toque ecléctico de «Renegade»… No diría que es «Jailbreak», pero me gusta el sonido FM yankee de «Hollywood», la épica del tema-título o la fronteriza «Mexican Blood». Y, sobre todo, adoro «No One Told Him», tanto en lo musical como en el enfoque a dos bandas de la letra.

    En fin, ya que me he despachado, te felicito por el artículo. No todos los días se leen homenajes tan extensos y sentidos a Thin Lizzy.

    Saludos.

  11. Excelente recopilación de temas. Espero puedas hacer una de Springsteen pronto.

  12. deathlok

    Nunca he entendido esa tirria al Renegade, de hecho yo los conoci y me encariñe con ellos a la canción homónima del disco. Si bien es cierto que no es su mejor disco, pero me sigue pareciendo bastante superior a los de su primera época.

  13. Enrique Aguilar

    Yo descubrí a este grupo tras escuchar la versión de Huey Lewis and the News de «Boys are back…».

    Buen grupo de rock.

  14. Enhorabuena por el artículo, Emilio y muchas gracias por compartirlo.
    Buen repaso a la trayectoria de los Lizzy.
    Yo cuento 39 canciones. ¿Dónde está la cuarenta?. Me imagino que será la que pondríamos cualquiera de los que nos encanta la banda y no hayas puesto en el artículo.
    Para gustos están los colores y por suerte, Philip Lynott y sus Lizzy nos deleitaron con un gran número de canciones.
    Por ejemplo, del Jailbreak faltan ‘Romeo and the Lonely Girl’ y ‘Fight or Fall’ y como bien dices yo tampoco me decantaría por una de las 2 por lo que mi lista sería de 41, jejeje.
    Salu2, y gracias de nuevo, Emilio. Te los has currao.

  15. Jamás serán suficientemente reivindicados.Se agradece este artículo.Eternos.

  16. Javier

    Thin Lizzy es, sencillamente, uno de las mejores bandas de Rock de la historia. Creo que injustamente infravalorada.
    El sonido rockero entre Fighting y Chinatown es mi etapa favorita, siendo este último un trabajo algo infravalorado que culmina la etapa de forma excelente, al contrario que la opinión general. En esta etapa, considero que Bad Reputation tiene un sonido particular, de guitarras más profundas y graves que, posiblemente, sea precursor de la última etapa del grupo, con un carácter más hacia el heavy metal.
    Gracias por este artículo y ¡Viva Phill Lynott!

  17. Javier

    Se me olvidaba, para mí también Renegade es el peor trabajo del grupo. Aunque es correcto, a mi no me transmite esa emoción que emana de todos sus restantes trabajos, incluidos los primeros. Quizá se salve sólo el tema Renegade. Chinatown cierra su etapa dorada.

  18. Felixin

    Lo primero felicidades por el artículo y todos los comentarios.
    Afortunadamente cada vez más gente va conociendo a esta super banda (en mi opinión) no tan laureada y reconocida como debiera.
    Respecto de las canciones, está claro que cada uno escogería las suyas, pero yo hubiera puesto el Rosalie del Live and Dangerous, y sobre todo el It´s getting dangerous del Renegade, que para mi no es tan mal álbum como parece. Para mí el más oscuro es el «Shades of a blue…»
    Por otro lado también recomendaros que escuchéis alguno de los muchos bootlegs que hay por ahí con buen sonido, como tocaban de bien…
    El próximo 5 de enero habrán pasado 28 años sin Phil, lástima…

  19. Pingback: La historia de Thin Lizzy en cuarenta canciones

  20. NotTheBees

    Y como antecedente directo al sonido «twin guitar» citaría a los todavía más olvidados Wishbone Ash.

    Y como diría Otto, que vivan Thin Lizzy

  21. Lynott

    Hay días tontos, como hoy, por ejemplo, que no se me caen los anillos y digo que esta es la mejor banda de la historia. Punto.

  22. jose mas

    Gracias

  23. Javier

    No Lynott (usuario) no te equivoques, la mejor banda de rock de la historia son los Rolling Stones: ¡lo que es capaz de hacer el marketing! Los cuatro juntos no le llegan a Lynott (músico) ni al mismo suelo que pisaba.

    • Lynnot

      Hombre, si me pongo analítico en lugar de tontorrón, pordría afirmar también que los Stones son la mejor banda de la historia.

      De marketing nada, monada. El que salgan siempre en el telediario en plan «Sus Satánicas Majestades visitan España», mientras suena de fondo «Satisfaction» no les ha hecho ningún bien. Hay que conocer sus discos, que para mí no tienen parangón en la historia del rock.

      Que me ponga alguien encima de la mesa algo que se acerque sólo un poco a sus cuatro trabajos en el periodo 68-72.

      Y AMO a Thin Lizzy.

      • Javier

        Bueno Lynott, reconozco que quizá haya exagerado. No obstante acepto el reto y te nombro algunos trabajos para mí imprescindibles:

        KING KRIMSON: In the Court of Krimson King
        FRANK ZAPPA: One size Fits All, 1975
        LED ZEPPELIN: Houses of Holy o Phisycal Graffiti
        BLACK SABATH: Paranoid
        ACDC: Back in Black
        DEEP PURPLE: Head Machine

        Por cierto Lynott, a mí Bad Reputation y Chinatown me encantan. ¿No te parece que la crítica no los ha valorado adecuadamente?

        Un saludo.
        Javier

        • Lynnot

          Bad Reputation es para mí uno de sus mejores discos, top 5 seguro.

          Chinatown no deja de ser un gran disco, que valoraría más si no hubiese un listón tan alto. Si ese disco o hubiesen sacado decenas de bandas, sería su mejor album y estaría muy bien valorado, seguro.

          PD: De ACDC me quedo sin dudarlo con Powerage, una debilidad mía.

          Un saludo.

  24. Javier

    Y si hablamos de Bruce Springsteen, mejor ya me callo …
    El músico más sobrevalorado de la historia, junto a Alejandro Sanz, por supuesto.

  25. Un excelente artículo, con dosis bien ponderadas de pasión y conocimiento. Las vitolas más duras del rock -en las que se encasilla la mayor parte del material de Thin Lizzy- no son mis preferidas, pero es imprescindible aprender y escuchar para crear criterio, así que gracias por la brillante lección: esto estaba escrito para mí: les conocía algo, pero no mucho, y siempre me han gustado el sonido de ese invento suyo, las twin guitars ;)

  26. Genial artículo, Thin Lizzy es una de mis bandas favoritas, no podría contar las veces que he visto el directo Live and Dangerous con mis amigos ciegos de bourbon y las veces que nos hemos repetido diciendo que ya no hay bandas como las de antes, que es imposible sonar asi de bien. Estoy de acuerdo de que sin Phil no hay Thin Lizzy pero los vi hace un par de años en Madrid y fue increible… hasta soy fan de los Suaves por su tributo a Phil. Gracias por tanta info del grupo.

  27. Wilermo

    grandes grandísimos Thin Lizzy, muy completo artículo, para leer y escuchar con tiempo

  28. Perikorro

    Esto es todo muy subjetivo así que sé que mi opinión es demasiado personal pero (lo digo o reviento) el disco que hace definitivamente grandes a Thin Lizzy es el Black Rose. Para mí no tiene parangón, es uno de los mejores discos de la historia del rock y nadie ha sonado con esa personalidad. Es el disco que les hace diferentes y únicos (siempre en mi humilde opinión).

    Y sí, hablar de Thin Lizzy sin Phil Lynnot es como hablar de un cubata sin alcohol.

  29. Maravilloso articulo. Da gusto poder leer un resumen tan extenso de la mejor banda de rock de todos los tiempos. Gracias

  30. Pero a mi tambien me ha dolido un poco que no incluyeras Wild one. Y aunque ya has dicho que te has centrado en los discos en estudio, me gustaria reivindicar -The peel Sessions-, y su eterna Little girl in blonde. Lloro.

    http://www.youtube.com/watch?v=Q-deT-eo7GA

  31. Little girl in bloom, perdon..

  32. Manel

    Fantástico artículo. Comparto al 99% las opiniones del autor sobre la calidad de los discos y las canciones, se nota que lo ha escrito alguien que le gusta la música y le gusta Thin Lizzy.

    Jailbreak es mi disco preferido de todos los tiempos (junto a «Como la cabeza al sombrero» de EUDLF) y Thin Lizzy mi banda preferida. Yo tembién echo en falta alguna canción de Jailbreak (es que las ponía todas) y de Fighting, juntamente con «Waiting for an alibi» de Black Rose y Southbound del directo y sin olvidar «Dedication».

    Una vez leí que era imposible no sentir afecto por los Thin Lizzy una vez los habías escuchado. Es verdad. Son auténticament grandes y el hecho que no se conozcan tanto para mi les da incluso un plus de culto que hace que los sienta más míos.

    «Cowboy Song» es mi canción preferida.

  33. JACOBO

    Es mi grupo favorito y me encantó tu artículo.
    Felicidades y gracias

  34. Increible articulo. Si thin lizzy engancha con la musica…tu con la pluma. Brillante. Gracias y saludos!!

  35. Pingback: Thin Lizzy “Chinatown” | FUTURE DAYS

  36. Sergio Dueñas

    Me parece increible que teniendo algunos meses frecuentando esta pagína no me haya percatado antes de este articulo, ya antiguo por cierto. Coincido en la mayor partes de tus apreciaciones y comparto tu evidente amor al grupo. Vamos, ¡que hasta alguna lagrimilla he derramado!.
    Agradezco esta y muchas otras de tus aportaciones. Recibe saludos desde Morelia Michoacán, México.

  37. JESUS GONZALEZ R.

    INCREIBLE!!! ME HE NUTRIDO DE BASTANTE INFORMACIÓN DE LO QUE ES Y SEGUIRÁ SIENDO MI GRUPO FAVORITO, LO ESCUCHE POR PRIMERA VEZ POR UN CASETTE QUE COMPRE EN UN TIANGUIS, ERA UN RECOPILACION DE CANCIONES PRODUCIDAS EN EL AÑO DEL 83, DE DIEZ BANDAS DIFERENTES Y ENTRE ELLAS APARECÍA THIN LIZZY CON EL TITULO EN ESPAÑOL DE «SUDOR FRIO», MI CANCIÓN FAVORITA A LA FECHA, LUEGO DE ESTO COMENZÓ LA BÚSQUEDA DE MAS MATERIAL E INFORMACIÓN Y SIGUEN LLENÁNDOME DE SATISFACCIONES AUNQUE YA HAYAN PASADO 33 AÑOS DE HABER DESAPARECIDO. MUCHAS GRACIAS \m/

  38. Muy buen artículo para introducirse en esta gran banda y anécdotas guapas q no conocía.
    Chinatown para mí está entre los cuatro mejores álbumes de la banda, y a Renegade, con sus altibajos, lo considero un buen disco.
    Ahora mismo estoy reescuchando el nightlife, q no está muy bien considerado, y es un discazo, la historia es q tienen varios discos con el listón muy alto.

  39. Thin lizzy es el paraíso y lynott es Dios. No ha habido nada que se le acerque…incomprensible tan poca cobertura, tendrían que estar compartiendo podido con Queen …cosas que pasan…

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