
Me gustan mucho los helados. Cuando se planteó mi boda mi mujer se encargó de casi todo. Solo le pedí que me dejara encargarme de los helados. Pregunté al cocinero de la boda por una buena heladería, y me reuní con los dueños. Me preguntaron por otras heladerías de mi gusto. Comenté que me había gustado algún helado de cierta famosa cadena heladera catalana. Uno de los heladeros no pudo evitar enarcar una ceja, evitando mostrar más cambios faciales que desvelaran su disgusto.
—Pero sus helados son industriales —dijo.
El indie es justo eso. Es el aprecio por lo artesanal y, por ende, el desprecio por lo que se prepara con el objetivo de encandilar a una mayoría. El indie suele contar con pocas posibilidades de crear un efecto viral, propagando su mensaje por las colinas de lo mainstream. Tiene menos medios, tiene que enamorar únicamente con su talento sin que el maquillaje propagandístico lo embellezca. Y por ello, el indie es valorado por su naturalidad.
En el videojuego lo indie está de moda gracias a títulos como Minecraft (Markus Persson, 2009) o Braid (Jonathan Blow/David Hellman, 2008), que apostaron por mostrarse sin tapujos, satisfaciendo los propios intereses que sus desarrolladores tenían. Dadas esas fechas puede pensarse que el indie es reciente, pero no es así, ya que desde siempre ha habido desarrolladores que con pocos medios han logrado crear grandes obras. Si hablamos, pues, de la obtención de la fama y la gloria por parte de lo indie, es razonable y entretenido pasatiempo el meditar sobre los motivos que han llevado al término a estar en boca de todos y, también sobre lo que le depara.
En primer lugar el videojuego es una rama cultural de muy reciente facturación. Al tener tan poco bagaje (hablamos de unas cuantas décadas) ha sido ahora cuando el mercado ha explotado, permitiendo que el videojuego se considere, más que nunca, un producto. Y como todos los productos que son engullidos por la fabricación en cadena y la mercadotecnia comienza a evolucionarse hacia una manera de pensar que enfoque con mayor importancia la salida de ese producto, su ramificación empresarial, su llegada al consumidor, dejando más de lado la propia creatividad del producto en sí. Se acaba echando de menos cierta artesanía, presente en los títulos que ahora llamamos retro, que carecían de tutoriales sencillísimos como los que hay ahora, en los que se guía al jugador por caminos en los que apenas hay que pulsar botones.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.







Pingback: Bitacoras.com
No suelo comentar los artículos pero es una pena que uno tan bueno como éste se quede sin ninguno…
¡Bravo!
Casi todo lo que se ha escrito sobre videojuegos en JotDown es genial.
Pero si a esto ya jugábamos con el Spectrum, tanto indie y tanta monserga. Prefiero «maistream» tipo Skyrim Dishonored, Gta’s, Red Dead, etc, un millón de veces. Algunos os habéis quedado en los 80.
Gracias por comentar, C.Albers. He jugado a todos los títulos que comentas, y algunos de ellos los he disfrutado muchísimo. Para mí es un error ignorar el indie, como lo es ignorar lo retro, lo móvil, o lo mainstream. Pienso que de todo se puede sacar algo positivo.
Pingback: La corriente del indie (i)
Braid es el juego que más me ha impresionado. Acostumbrado a que los videojuegos vayan mejorando más y más con el paso del tiempo, de repente uno se encuentra esta preciosa «involución». Digamos que es el primer juego indie al que jugué, y siento fascinación por su acabado, su jugabilidad, su historia y su música. Estoy con el autor, no porque sea «retro» ha de ser menospreciado, igual que lo nuevo tampoco debe serlo. Pero hay que reconocer que entre tanta industria y producción, da gusto que aparezcan títulos así.
Pingback: La corriente del indie (y II)