Música

De por qué Todd Rundgren es (también) el epítome musical de los setenta

Detalle-de-la-portada-de-Hermit-of-Mink-Hollow,-de-1978-Fotografía-Bearsville
Todd Rundgren en la portada de Hermit of Mink Hollow, de 1978. Fotografía: Bearsville.

Para acompañar la lectura del artículo, nuestra lista en Spotify

Para este que os escribe la década de los setenta únicamente superó a los sesenta, musicalmente hablando, en una cosa: su eclecticismo sonoro. Mientras que en los sesenta se fraguaron todos los sonidos imaginables, fruto de la conversión, la adaptación, la sofisticación y la anamnesis, en los setenta esos mismos sonidos se hipertrofiaron hasta tal punto que el mapa sonoro se hizo prácticamente inabarcable para el oído humano. Al menos, en los sesenta, la prensa musical (la encargada oficial y oficiosamente de ponerle nombre a las cosas) consiguió contener la avalancha de fusiones y para no complicar mucho la vida del consumidor medio se limitó a poner sufijos a todo lo que ya había. Del blues pasamos al blues-rock. Del country al country-rock. Del folk al folk-rock y así vivía todo el mundo tranquilo hasta que a alguien le dio por enchufar una guitarra a un amplificador al que, por error, le cayó encima un refresco de soda con el consiguiente chisporroteo y posterior emisión de ruidos extraños: a esto se le vino a denominar psicodelia y con ella se nos fue a todos la cosa de las manos…

Lo más listos de la clase ya se habrán dado cuenta del camelo. Sí. Lo admito. Así empezaba mi último artículo dedicado a la figura del late great Lowell George, un hombre demasiado intenso y talentoso (tanto para él como para los que lo rodeaban) que terminó consumido por su propia genialidad y que para mí representaba, mejor que ningún otro, lo que habían sido los setenta en lo estrictamente musical, en lo que se refiere a la amalgama de sonidos que surgieron entonces y cómo estos confluyeron en un popurrí de difícil digestión para la mayoría menos para, claro está, Lowell George que, en cambio, sí que se vio superado por otras mezcolanzas que recorrieron la década en paralelo a su descomunal ingenio. Una vida y una obra ajena a las estéticas de la época y que, sin embargo, terminaron configurándola, formando parte de ella.

Pero el lector de esta revista es sabio y más de uno alzó la mano en los comentarios a mi texto pidiendo explicaciones: ¿Y Todd Rundgren? Joder, Todd Rundgren. Mentiría si dijera que no pensé alguna que otra vez en él a medida que redactaba mi panegírico sobre Lowell George. De hecho, su figura me atormentaba por las noches: ¿acaso no podía ser considerado también él el epítome musical de los setenta? Pensamientos estos que espantaba con la mano mientras me dedicaba, en cuerpo y alma, a catalogar los distintos sonidos que anidaban en la obra de Little Feat. Pero el fantasma del «eremita de Mink Hollow» me ha seguido persiguiendo desde la fatídica publicación de mi artículo. Porque una cosa es innegable: los setenta fue una década tan excelsa y excesiva que pretender «epitomizarla» desde una única perspectiva resultaría absurdo. Y engañoso. Así que, precisamente, desde ese exceso que desprende gran parte de la música facturada en esa época, nada como la ingente e inclasificable obra de Todd Rundgren para visualizar —y sí, digo bien, «visualizar»— lo que fueron aquellos años.

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

11 comentarios

  1. ¡Bravo!

    Gran artículo. Desconocía por completo lo relacionado con Laura Nyro, entre muchas otras cosas. Efectivamente, ‘Eli’ es un disco tremendo. Lástima que fuera y siga siendo una gran desconocida para muchos.

    Ahora, si a mí me preguntasen, diría que el epítome indiscutible de los 70 es (por su calidad, eclecticismo, innovación y, sobre todo, por su influencia, tanto en sus labores de músico como de productor), David Bowie. ¿Qué opina el autor acerca de esto?

    ¡Saludos!

    • Yo también creo que David Bowie es el epítome musical setentero.

    • Fran G. Matute

      Gracias, Pablo.

      Creo que tengo una respuesta válida para lo de Bowie. Considero que él no puede ser el que mejor represente los 70 por dos razones:

      a) La primera: que Bowie fue el que inventó los 70, directamente. Y no solo en lo musical, sino en lo estético también. Él fue marcando el camino, lo que había que hacer, lo que se iba a poner de moda. Entonces, Bowie sería el pionero, el artista definitorio, pero no puede ser el que mejor defina la década que él creó. Tiene que ser otra persona, alguien que lo copie, que lo imite, que valide el camino iniciado por él. ¿Y no es Rundgren una especie de Bowie a pequeña escala?

      b) La segunda: que los 70 fue una época de excesos y muy errática. El problema de Bowie es que casi nunca se equivocó. Su discografía en los 70 es prácticamente impecable. Creo que para representar bien los 70 tienes que haberla cagado un poco, que tu música represente todos esos excesos. Si erigiéramos a Bowie como «epítome» de la década, estaríamos diciendo que los 70 fueron tiempos maravillosos, inteligentes y tremendamente creativos. Y no, la verdad es que no siempre lo fueron. Hubo mucho pastiche, mucha imitación, mucho plastiquete…

      No sé si te he convencido. SI no, pues hacemos un artículo sobre Bowie cuando quieras… ;)

  2. martillo de mediocres

    pues claro, hombre! ya tardáis en hacer el artículo sobre bowie que se merece!!! ;)

  3. devil inside

    Voto a favor de Bowie. Y no sé si habrá muchos lectores en mi situación, pero una vez escuché un LP entero de Utopía, pero ya he borrado de mi mente la experiencia

    • Fran G. Matute

      Jaja… Bueno, reconozco que yo sí he escuchado todos los discos que Utopia publicó en los 70 para escribir el artículo. Todavía tengo espasmos, de vez en cuando… ;)

      Eso sí, el «Deface The Music» (1980), el homenaje que hicieron a los Beatles, está francamente bien.

  4. Quería señalar una errata:
    la canción de Rundgren es «Love of the common man», «Love of the common people» es otra cosa.

  5. Javier garcia jimenez

    todo es uno de los grandes de los 70 un supergenio lo de utopia mejor dejarlo buuuuf

  6. Melvin Pointdexter

    Hola! Quisiera empezar diciendo qur es un gran artículo. Lo descubrí algo tarde eso sí, buscando alguna info sobre la época más glitter de Todd Rundgren, y me encuentro con un desglose precioso acerca de Something / Anything? y A Wizard, A True Star, dos de mis grandes favoritos. Nada de desperdicio, y con una lectura que invita de inmediato a revisitar estas obras (los puse una y otra vez mientras leía), pero (siempre hay un pero en estas cosas, supongo) sólo tengo un reparo que casi me hizo dejar de leer: cuál es el problema con los sintetizadores? Es que acaso no merecen respeto sólo por ser una alternativa (en ese entonces) a la ortodoxia de la música popular de esa época? Cuál es la idea de denostar de manera tan despreciable a quienes vieron en los sintetizadores una vía musical provechosa y muy fertil? Acaso Gary Numan, The Human League, Throbbing Gristle, Kraftwerk y muchas luminarias que se decantaron por el sonido sintético valen menos que Rundgren? Es cierto que se cometieron excesos con los sintes, pero si hay que buscar responsables, este es tal vez el rock progresivo y sus pretención desbordante, no los instrumentos ( y lo digo aún amando el prog rock). Lo menciono porque la verdad sentí que era más un ataque al uso de instrumentos electrónicos y a la música facturada con estos que una crítica a las desiciones musicales de Todd Rundgren.
    Puede que a lo mejor esté equivocado, pero así me pareció y me irritó un poco.
    De todas maneras, y a pesar de eso, me agradó bastante y logró que me lanzara de lleno a la escucha de Rundgren.
    Un abrazo grande!

    Pd: Si bien Bowie es lo Más grande que ha existido jamás, creo que estoy algo de acuerdo con la elección de Todd Rundgren como epítome de la música de los 70.

  7. El doble LP titulado Todd es un gran álbum, no es «easy listening» hay que entenderlo como una propuesta experimental en un contexto que dejaba poco margen para equivocaciones, los cambiantes setentas. Pero Todd estaba convencido de que era el camino y no le importaba que su carrera se fuera por el desagüe según sus propias palabras y se negó a hacer paulatinos ajustes o extender las buenas ideas como los grandes grupos de aquellos años, tampoco tenía el olfato prodigio de Bowie, quien sabía como explotar su faceta artística, sabiéndose como el producto final de una reacción química que pasa por constantes transformaciones. Este álbum y No «A wizard a true star» sepultó sus posibilidades de ser la súper estrella internacional que algunos críticos se atrevieron a pronosticar y quedando relegado a un segundo plano (sin perder su reputación de gran productor) cuando paradógicamente la compañía discográfica lanza como sencillo «hello its me» para hacer algo del dinero que no generaron los nuevos sencillos y es todo un éxito, llegando al numero 5 del Billboard. Pero Todd había cambiado y no tenía que ofrecer a la audiencia que quería en sus oídos ese pop inocente que componía sólo hace dos años atrás. Desesperada la discográfica quería un sencillo de éste album y el elegido por ésta fue la pequeña y pegadiza «Izzat Love» que a más de alguno evocará a Hall and Oates con ese sabor de potencial éxito radial. Todd cerró otra vez la puerta de una eventual recuperación comercial que lo podía mantener aún en la primera fila del mundo disquero. Lamentablemente acordaron lanzar un tema escrito en la voragine de años anteriores pero presente en este disco «A dream goes on foverer» una hermosa balada teñida en el experimental sonoro del álbum, no fue suficiente, el sencillo no llegó ni al top 40. Al parecer la carrera de Todd, al menos para las grandes audiencias por el momento había tocado techo. Quizá pecó un poco de pretencioso al ser un material doble, pero es un álbum que explora una cantidad de géneros musicales y nuevos sonidos que le confieren cierta riqueza sonora que pocos álbumes exhiben. Tiene unos temas increíbles, «The last ride», «dont you ever learn», «la intro con i think you know», «i dream goes on forever», «sons of 1984» y los temas hard rock andan bastante bien. Puede que la estructura del albúm no sea la más optima por las variaciones abruptas y saltos de un género a otro, pero personalmente lo considero una de las mejores obras de Todd Rundgren. Lo recomiendo principalmente por su propuesta eclectica, poco convencional y enciclopédica.

  8. Likky Thunders

    Sesenta y ….En los setenta como Ray Davies no hubo un creador como el ni de lejos. El compositor perfecto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*