Ocio y Vicio Sociedad

Las mayores locuras financiadas mediante crowdfunding

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La humanidad es idiota, y eso es estupendo.

Una de las auténticas revoluciones que ha propiciado internet, más allá de redes sociales donde fotografiar las delicias que circulan por nuestro aparato digestivo, es el fenómeno del micromecenazgo al que se dedican webs como Kickstarter, Indiegogo o Verkami. Es decir, la financiación gracias a los propios fans de proyectos que empresas y productores no acaban de considerar viables. El bombazo llegó con Tim Schafer y su compañía de videojuegos Double Fine. El estudio montó un kickstarter pidiendo 200.000 dólares para producir una aventura gráfica, en dos dimensiones con promesas de beber de las raíces Lucasartianas, y tras las primeras veinticuatro horas todos sus empleados estaban respirando dentro de una bolsa de papel del susto: en un solo día habían recaudado un millón de dólares. Cuando se cerró el plazo de crowdfunding el juego, aún sin nombre, tenía recaudados más de tres millones y Schafer no sabía dónde era posible comprar tantos sacos con el símbolo del dólar dibujado. Los seguidores de la cancelada serie Veronica Mars financiaron su salto al cine con casi seis millones de dólares, Amanda Palmer se va de gira gracias a sus mecenas con un nuevo disco en la maleta, Ana Belén Rivero financia la producción de un libro con su coño, el Pebble: E-paper watch pasa de idea geek a realidad gracias a una montaña de billetes (diez millones de dólares) arrojados a su sombrero, una consola indie como Ouya consigue el dinero necesario para empezar la fabricación y su posterior comercialización. Todos empezaron como proyectos con metas económicas muy distintas y públicos muy específicos pero acabaron cosechando éxito entre los dispuestos a abrir la cartera. El fenómeno parece ir sobrado de fuelle para largos recorridos: Kickstarter acaba de anunciar que en su plataforma el dinero que se ha obtenido para proyectos de usuarios ha superado la cifra de mil millones de dólares. Y la mitad de esa cifra se ha conseguido durante el último año.

Pero, acurrucados en el otro extremo del escenario, también tenemos miles de proyectos que no llegan a captar el interés suficiente y se ahogan tristes entre tanta tormenta de promesas digitales. Y en alguna ubicación más incierta nos encontramos con un grupo mucho más pequeño e interesante: el de aquellos proyectos que revolcándose en lo absurdo, lo impensable o directamente lo estúpido (de manera premeditada o no) alcanzan su meta de financiación regateando todo pronóstico dictado por la lógica.

Una de las quejas que se utilizan como argumento en contra de la verdadera utilidad del micromecenazgo es afirmar que la gente es tonta e invertirá su dinero en cosas muy cuestionables o difícilmente merecedoras de cualquier tipo de capital. La realidad es exactamente esa: la humanidad es idiota y por eso no existe nada de malo en celebrar esa estupidez arrojando billetes contra la pantalla del ordenador. Probablemente lo correcto y necesario consiste en eso mismo, en financiar el legado físico de nuestra tontería.

Escribir en el cielo

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Imagen cortesía de Kurt Braunohler.

Kurt Braunohler tenía un sueño, levantarse una mañana y descubrir que algo suyo había sido cuidadosamente escrito en el cielo de Los Angeles. Pero Braunohler no quería firmar una declaración de amor, un poema o un esputo con ínfulas de Coelho en las nubes. Aquel estadounidense buscaba una meta mucho más pura: escribir estupideces contratando una avioneta. Su campaña en Kickstarter prometía que si alcanzaba los 4000 dólares contrataría a un piloto de acrobacia para escribir uno de los siguientes mensajes: «¡Oh Dios mío estoy volando!», «Nubes 4ever», «Los pedos de Dios» o «¿Cómo se aterriza?», y aseguraba que si la cifra recaudada llegaba hasta los 10.000 billetes estos irían destinados a que cinco avionetas coordinadas rubricaran chistes de «Toc, toc» o diálogos como el que sigue:

Hey, tio.
—Hey.
—¿Qué haces?
—Skywriting.
—Oh, se me había olvidado.

Braunohler, entregado a su causa de hacer del mundo un lugar mejor con sus bromas dicharacheras, ofrecía una serie de recompensas a los backers entre las que se encontraba la posibilidad de casarse con aquel que aflojase de golpe 4000 papeles (algo que sorprendentemente no llegó a ocurrir, aunque hubo una persona que donó mil pavos). Cerrado el plazo de donaciones su empresa alcanzó la cifra de 6820 dólares. ¿El resultado? Pasar a la historia de los informativos de la ABC como noticia loca y dejar a millones de habitantes de Los Ángeles preguntándose si su cuñado se había sacado el carnet de piloto.

Una estatua gigante de Robocop

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Imagen cortesía de Imagination Station Detroit.

Toda ciudad tiene a sus benefactores y todo ayuntamiento tiene derecho a plantar una efigie en honor de esos ilustres iconos de la urbe. Hace tres años un usuario de Twitter lanzaba una sugerencia a Dave Bing, alcalde de Detroit: «Filadelfia tiene una estatua de Rocky. Robocop le patearía el culo a Rocky. Él es un gran embajador para Detroit» a la que Bing contestaba amablemente: «No hay planes para levantar una estatua a Robocop. Gracias por la sugerencia».Lo interesante, además de descubrir que Filadelfia realmente tiene una estatua de Rocky, fue contemplar cómo poco a poco la broma inicial se iba haciendo fuerte en la red. John Leonard, un diseñador gráfico, montaba una página en Facebook apoyando la iniciativa de levantar una obra con la que honrar al hijo metálico de Verhoeven y a las pocas horas aquel rincón de la red social ya contaba con un par de miles de fans. Brandon Walley, un amigo de Leonard, animado por la capacidad de convocatoria del cine ochentero decidió que era buena idea abrir un kickstarter para construir realmente la estatua. 2718 personas aportaron un total de 67.000 dólares (la meta estaba fijada en 50.000).Gracias a ello, y tras el visto bueno por parte de la MGM, propietaria de los derechos del personaje, los perpetradores de la iniciativa se pusieron manos a la obra. Revisando las actualizaciones informativas y algún making off del trabajo realizado se puede ver que el molde ya está finalizado y a los chicos solo les queda comprar alguna tonelada de bronce para fabricar la estatua, ponerle un pedestal bonito y decidir en qué ubicación van a instalar a Alex J. Murphy para que eche raíces.

Calendario de gatitos

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Imagen cortesía de Kate Funk.

Es un dato comprobado que internet se inventó para satisfacer dos de las necesidades básicas de la población actual: el porno y las fotos de gatitos, aunque no necesariamente al mismo tiempo. Por eso mismo apenas resulta extraño que un calendario de gatos disfrazados recaudara 25.000 dólares en su crowdfunding (el objetivo eran unos míseros 3500). Kate Funk organizaba el asunto y lo dejaba todo muy claro desde el primer minuto: «¿Disfrutas de las fotos de gatos disfrazados de criaturas mágicas?¿Usas calendario? ¿Sí? En ese caso tenemos algo impresionante para ti», y con esas palabras convencía por completo a más de mil amantes de los gatos aficionados al cosplay.

Crystal Bacon

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Imagen cortesía de Greg Kiesow.

«El bacon es maravilloso, el Crystal bacon es más maravilloso aún». Greg Kiesow se dedicó a combinar arte de joyería con panceta de sartén en un único y maravilloso abalorio. Con mimo milimétrico, delicadeza deliciosa y dos mil dólares en la hucha este distinguido artista de Chicago confecciona en su ordenador detallados modelos tridimensionales que una vez tallados en placas de plástico se convierten en llamativos pendientes, collares y elementos decorativos absolutamente exclusivos. Con forma de fritanga.

La botella de agua inteligente

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Imagen cortesía de Oleo Apps Inc.

La vida actual es muy dinámica y estresante. Una persona normal no tiene tiempo para detenerse a comprobar cuánta agua consume diariamente o cuándo su cuerpo anda a un paso de la deshidratación total. Pero una persona normal también tiene el móvil siempre a mano, y ahí se encuentra la solución: BluFit Bottle. La botella inteligente que es capaz de decirte a través de su aplicación para smartphones cuánta agua acabas de beber de esa misma botella y cómo lo llevas en cuanto al consumo de líquidos diario. Porque la vida es demasiado corta como para pararse a hacer cosas como mirar la botella y restar de memoria.

Una secuela de Shaq fu

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Imagen cortesía de Big Deez Productions.

Situémonos: estamos en 1994 y a los críos les encanta Shaquille O’Neal, una bestia parda que juega en la NBA. Estos mismos infantes tienen una Megadrive o una Super Nintendo y esos dos trastos también les encantan, son cacharros que sirven únicamente para jugar, y durante esos mediados de los noventa los videojuegos de lucha están viviendo una época dorada gracias a títulos como Street fighter II o Mortal Kombat. Entonces alguien decide que es buena idea combinar todos los elementos anteriores y embolsarse algún dinero vendiendo el resultado. Nace Shaq fu, juego de tortas con un Shaquille O’Neal partiéndose la cara contra momias, hombres biónicos, bestias infernales o mujeres gato en una dimensión alternativa. El videojuego es un curioso montón de mierda, o lo que se puede presuponer que posiblemente ocurra cuando pones a Shaq de protagonista en un producto en el que lo único que no se hace es jugar al baloncesto.

Saltamos a 2014: aparece una iniciativa en Indiegogo para crear una secuela de aquel juego que todo el mundo recuerda por lo absurdo de su propuesta pero nadie defiende por lo mediocre del resultado. En el vídeo promocional uno de los creadores originales afirma en unos cuestionables subtítulos: «Shaq fu fue un desastre, las estadísticas reflejan que en Francia se dobló el número de suicidios tras su publicación». Y es que los responsables de esta empresa tienen bastante claro su objetivo: resucitar por nostalgia jocosa una franquicia que nunca llegó a nada y limpiar el nombre de Shaq, algo que se antoja entre broma idiota y genialidad. Shaq se apunta a la fiesta («Im kicking everybody ass», afirma en la presentación) y lo hace en más de un sentido: no solo volvería a protagonizar el juego sino que una de las recompensas, para el que donase la salvaje cifra de 35.000 dólares a los desarrolladores, consistía en tener a la leyenda de la NBA pinchando como DJ en una fiesta en tu casa. Una recompensa reclamada: alguno de los backers decidió que eso merecía la pena y se llevó al gigante de New Jersey a su guateque previo paso por caja. 1339 personas más también se apuntaron a financiar la locura de secuela. El objetivo para sacar adelante Shaq fu: a legend reborn estaba en unos impensables 450.000 dólares, el resultado final superaba en 24.000 dólares esa cifra.

Cucarachas teledirigidas

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Imagen cortesía de Backyard Brains.

Backyard Brains promocionaban su producto como «el primer cyborg comercial del mundo». Y a pesar de lo espectacular que sonaba aquello su idea realmente se arrastraba a un nivel algo más underground: controlar mediante una aplicación para el móvil el movimiento de esos seres hermosos que son las cucarachas de ciudad. The Roboroach es un pequeño pedazo de circuitería que una vez instalado en el lomo del insecto se dedica a enviar estímulos eléctricos a las antenas para que el bichejo se crea que hay obstáculos en su camino y modifique su itinerario, convirtiendo a la criatura en un coche teledirigido y al experimento en un, en palabras de sus creadores, interesantísimo trabajo de neurociencia que ayuda a comprender cómo funciona el cerebro de estos seres.

Los responsables de Roboroach adornaban su página con las menciones que la BBC, Forbes, Discovery, Computerworld o Mashable le dedicaban a la iniciativa. También incluían demostraciones en vídeo del artefacto en funcionamiento y explicaban lo fascinante de la capacidad de adaptación del cerebro de estas criaturas: tras unos minutos jugando a ser Dios con la cucaracha esta acabaría aprendiendo que era más sano ignorar las descargas eléctricas, lo que forzaba a que la diversión teledirigida tuviera que ser racionada por el usuario en periodos de pocos minutos. La pagina de kickstarter incluía también el código ético de la compañía en donde se aseguraba que las criaturas no sufrían al ser sometidas al aparato, pero aquello no evitó que los amigos de PETA se les echaran encima. 12.000 dólares y unas cuantas camisetas molonas más tarde The Roboroach se ha producido con éxito y se puede encargar a través de su página web: «¿Es usted un profesor o un padre que quiere enseñar a un estudiante técnicas avanzadas de neurotecnología? ¡Está usted de suerte!».

Sarténespada

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Imagen cortesía de James Brown.

James Brown tiene pinta de matar dragones. También tiene pinta de freírlos después. Brown ideó una manera de convertir cualquier banquete en algo épico partiendo desde la misma vitrocerámica: la Combat Kitchenware, un utensilio que combina el noble arte del mandoble legendario con la pasión culinaria. O sentirse Conan friendo unas patatas. Viene acompañado de cartas con quests (en forma de recetas) y diferentes versiones de la espada (mango de villano o detalles y grabados personalizados). Para los impuros es un cacho de metal fundido pegado a una sartén, para los verdaderos guerreros un arma poderosa. En la que se puede freír un huevo.

Universal boop zone.2012 burningman )'(

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Imagen cortesía de Twatrick.

Ha sacado 500 pavos. No está claro qué es, qué propone, qué tipo de recompensas da ni qué coño trata de comunicar el hippie en pijama pintarrajeado con Cariocas que está leyendo ese documento indescifrable. Pero ha sacado 500 pavos. ¿Un extraterreste de otra galaxia?, ¿la reencarnación pop de Ryan Dunn?, ¿una forma moderna de pedir financiación para mantener al camello?, ¿boooooop?, ¿booop boooooop? 500. He alquilado una caravana y tengo los rotuladores en la mano.

Titanoboa

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Imagen cortesía de Charlie Brinson.

Pocas cosas incitan más a la confianza de los inversores que un hombre que quiere construir una boa metálica y articulada de tamaño gigantesco por ningún motivo lógico aparente. Se bautiza a todo el invento con un nombre con tirón y hop, 10.000 papeles obtenidos con los que pagarte el contrachapado del bicho e irte a cabalgar sobre el mismo por el desierto más cercano.

Comerse un burrito

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Imagen cortesía de Noboru Bitoy.

Noboru Bitoy tenía la intención de comerse un burrito en el Chipotle de su barrio. 6,50 dólares era el precio del manjar, y el chico calculó que a esa cifra base había que sumar los 60 céntimos de impuestos y un dólar adicional de propina para los currantes del local. Bitoy montó un kickstarter para recaudar 8 dólares, hacer el esfuerzo de comerse el burrito en caso de cubrir los costes y posteriormente contarle a los backers cómo de bueno estaba el producto. La sociedad concienciada se volcó con su causa: cuando el plazo para las aportaciones expiró Bitoy era 1050 dólares más rico.

Tartas & geeks

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Imagen cortesía de Garrett H.

Pi Pie Pan. Un molde para hacer tartas. Para hacer tartas con la forma del número pi. El sueño de todo matemático orondo y todo flipado de la ciencia cocinitas. Garrett H. asegura que es la forma más geek de cocinar una tarta y que los brownies salen con un mayor porcentaje de borde crujiente. ¿Quién necesita realmente una de estas? 741 personas por lo visto. La tontería se embolsó la increíble cifra de 17.500 dólares.

Un monumento a Satán

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Detalle de La caída de Satán, de Gustave Doré c. 1866 (DP).

En el Capitolio del estado de Oklahoma hay un monumento dedicado a los diez mandamientos. La piedra trae consigo cierta polémica y acumula algunas denuncias de lo inconstitucional del asunto al presentarse como un anuncio de una religión promocionado por el Gobierno. El caso es que para evitar en parte todo ese follón la pieza fue costeada en su totalidad por Mike Ritze para posteriormente ser regalada por el propio Ritze al estado, consiguiendo que la obra figurara como donación y que el Gobierno pudiera decidir plantarla en alguno de sus dominios sin sentirse muy culpable. También aprovecharon para comentar que no era un caso excepcional, que cualquier otro monumento u obra de arte tenía las puertas abiertas y los terrenos allanados si alguien lo traía envuelto en papel de regalo.

Lo que ocurrió es que el Templo Satánico se puso celoso y pensó que lo que Oklahoma necesitaba era un monumento a Lucifer situado justo al lado de las bíblicas diez reglas. Y se pusieron a buscar financiación para la creación de un homenaje al Maligno en las redes. Con suficiente éxito como para recolectar 28.000 dólares y con suficientes amenazas como para que se acordaran de guardar el molde de la estatua, por si alguna de las personas que no eran muy de la cabra decidía realmente visitar la obra con nocturnidad y un martillo. Stephen Colbert lo cuenta con más gracia aquí. Y los de Vice hicieron una preview fotográfica del aspecto family friendly que va adquiriendo el monumento, con un par de niños muy embelesados con ese afable Satán.

Fotografía de portada: 401(K) (CC).

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10 Comentarios

  1. Pingback: Las mayores locuras financiadas mediante crowdfunding

  2. Es Shaquille O’Neal, no Shaquille O’Neil. Fue bastante famoso en su momento…

    • Diego Cuevas

      Buenas Sergio,

      Fallo mío, soy bastante ignorante en el tema de deportes varios. Yo a este caballero lo conocía por la película Steel, un héroe de acero.
      Que no, que es broma, lo descubrí antes en Kazaam.

  3. Shaq es de mi pueblo.

  4. Isaac Palacio

    Hombre lo del agua no lo veo tan mal, gente con problemas de piedras en los riñones ha de beber 2 litros de agua diaria y no lo veo mal el invento, del resto nada que decir y los de la cucaracha espero que les caiga una buena multa por maltrato animal.

  5. Pingback: Enlaces Recomendados de la Semana (Nº256) | netgueko

  6. Vaya tengo un rato largo para pasármelo bien, la sartén espada no sé tal vez si aún está viva la comida sirve para rematar¡¡

  7. Pingback: Crowdfunding, la oportunidad de los emprendedores | Cláudia Morán

  8. Jajajajaja…

    El del burrito no me ha quedado muy claro, pero el de la tarta Pi tiene su gracia…

    Pero de hecho, de toda la gente que conozco, siempre quieren coger el trozo del medio de la tarta, que es el «bueno» y el que no tiene los bordes. Con lo que este molde me ayudaría a prevenir que se esfumara en un santiamén.

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