¿Qué es lo que más nos molesta cuando vamos al volante?

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Seguramente muchos de ustedes recordarán en los albores de internet aquellos partes de seguro tan divertidos del estilo «el peatón no sabía en qué dirección correr, así que le pase por encima» o «el poste de teléfonos se estaba acercando y cuando maniobraba para salirme de su camino choqué de frente». Fíjense si cuajaron esos memes que ahora leemos explicaciones sospechosamente similares en los periódicos a cargo de diversos políticos e ilustres personalidades cada vez que se ven implicados en algún incidente, cosa que por cierto ocurre con bastante frecuencia.

Pero seamos sinceros, ¿quién alguna vez no ha chocado contra tres vehículos estacionados para luego descubrirse que cuadruplicaba la tasa de alcoholemia permitida? ¿Quién no ha tenido cuarenta y dos multas de tráfico, ha perdido todos los puntos del carné y aun así ha conducido en otro país con exceso de velocidad y ha sufrido un grave accidente? ¿Quién no ha huido de la policía cuando procedía a ponerle una multa por aparcar en plena Gran Vía? ¿Quién no ha chocado dos veces contra un mismo coche, ha huido sin mediar explicación, luego ha conducido en zig zag, chocado contra otro vehículo y casi atropellado a una mujer que pasaba por ahí? Este tipo de anécdotas pueden pasarnos a cualquiera y es que los demás conducen como locos y los peatones siempre se ponen en medio y la policía está ahí solo para fastidiarnos y, en fin, todo conspira en nuestra contra. ¿Pero en qué medida exactamente? Voten y cuéntennos sus experiencias.

Los gorrillas

Fotografía: Rafael Tovar (CC).

Qué sería del tráfico en nuestras ciudades sin la imprescindible labor de estos técnicos del aparcamiento, siempre dispuestos a ayudar. Señalan un hueco claramente visible, dan un par de avisos durante las maniobras perfectamente superfluos y por si no fuera bastante se comprometen a vigilar que a tu coche no le pase nada, no vaya alguien a rayártelo si él no lo impide. Qué menos que recompensar ese valioso servicio con algo de suelto. Dónde están los Einsatzgruppen cuando se los necesita.

No tomar las rotondas correctamente

Todo el mundo sabe que los demás toman mal las rotondas, el drama llega cuando hay que acordar cuál es la manera correcta. Una discusión más polémica e inconclusa que la de si los indios tienen alma, a la vista de que hasta los vídeos didácticos de RACC lo enseñan mal. Así que, para no complicarse, en las afueras de Bilbao han decidido que sea la rotonda la que gire, tal como podemos ver arriba. Cabe suponer que en el centro mismo directamente girarán el autobús a pulso.

Saltimbanquis, limpiaparabrisas y vendedores de clínex

Fotografía: Veronique Debord-Lázaro (CC).

Dispuestos a amenizar la espera en los semáforos, hacen cabriolas o malabares e incluso te venden clínex. No vaya a ser que se te hayan agotado los que te vendieron en el semáforo anterior, cuando caminabas por la acera o cuando tuviste que tomar el metro. Los más generosos te limpian (es un decir) el parabrisas sin tú pedírselo, con la esperanza de que te sientas mal por no darles luego nada. Ilusos.

Los coches mal aparcados

Fotografía: Nosepuedevic (CC).

¿Por qué ocupar una plaza cuando se pueden ocupar dos? ¿Por qué dejar hueco para maniobrar al que esté al lado si puedes impedírselo? Qué gozada aparcar en doble fila e irse lejos el tiempo suficiente como para encontrar al volver a alguien con los nervios desquiciados esperándote. Y ese paso de cebra, pidiendo a gritos ser ocupado, está provocándome. En contra de lo que decía el anuncio el placer no está en conducir, sino en aparcar a la manera en que uno se despatarra en el sofá, con la amplia variedad de oportunidades que proporciona de relacionarse con el prójimo.

Tractoristas enloquecidos

Pónganse en la situación: tractores en carreteras provinciales que te dan paso con la mano y cuando te pones a adelantar viene un camión a toda velocidad en sentido contrario. Cuando evitas de milagro matarte y le adelantas por fin, te mira como diciendo «pero si tenías tiempo de sobra, so cabrón…». Para ilustrar el concepto nada mejor que este vídeo de un tractorista típico.

Motoristas enloquecidos

Los motoristas parecen tener sus propias reglas de tráfico: no existen los carriles, a excepción del carril TAXI-BUS (que como bien saben realmente es TAXI-BUS-MOTO) ni tampoco las distancias de seguridad; el hueco es la carta de navegación. Sin embargo, sí perciben las líneas viarias que separan los carriles y son capaces de conducir sobre ellas como si de una línea de puntos se tratara, ocupando dos espacios en el proceso. Los semáforos se vuelven verdes para ellos tres segundos antes que para el resto. Azote de retrovisores ajenos, desconocen por completo el empleo del intermitente, quizá incluso su existencia en el mismo vehículo. Y con todo y con eso, el conductor de motocicleta es el que más tiene que perder en el piedra-papel-tijera del asfalto, lo que hace aún más incomprensible su catálogo de maniobras arriesgadas.

Taxistas enloquecidos

No deben de tener bastante con atormentar a sus pasajeros y a menudo también se hacen valer frente al resto de conductores: intermitentes de adorno, preferencia autoimpuesta en todo tipo de cambio de carril, incorporación, etc. Su derecho señorial de parar en cualquier situación se ve agravada por la tecnología híbrida insonora. Ahora es cuando tendríamos que especificar que hablamos solo de una minoría y que de hecho algunos de nuestros mejores amigos son taxistas… pero no.

Ciclistas enloquecidos

Que conste que ser ciclista en una ciudad es siempre un peligro, pero no por ello te concede el libre albedrío. Carril bici cuando conviene, carretera cuando apetece y acera para atajar o mirar culos a golpe de timbre como quien exige una alfombra roja con cama de pétalos a su paso. El semáforo rojo también se te aplica y no por montar en tu flamante fixie puedes hacer caso omiso del tricolor. Este intrépido ciclista del vídeo es un buen ejemplo de cómo son todos ellos.

Autobuseros enloquecidos

Sobre estas líneas podemos ver a uno recién comenzada su jornada aún algo somnoliento y relajado. El Godzilla de los taxis. Recorren la ciudad a velocidades indecentes, se creen con el poder absoluto para incorporarse a cualquier carril sin mirar porque ante cualquier golpe ellos ganan. Conducción a base de acelerador para disfrute y lesión del respetable. Importante prestar atención cuando se camina por la acera porque uno de estos engendros mecánicos podría arrollarte en cualquier momento. Ni uno se salva. Hale, otro colectivo agraviado.

Peatones enloquecidos

Estos son los peores. Aunque parezcan blanditos y que vayan a rebotar como un balón de playa, no hay que fiarse. Fíjense en el vídeo qué estropicio pueden causarte en el coche. Aunque su hábitat natural sean las aceras, les encanta invadir la carretera de improviso, evitando el contacto visual con el conductor antes de cruzar delante de él para ver si lo pillan en falta. Su viciosa manía de acabar bajo nuestras ruedas les lleva a abordarnos repentinamente agazapados tras algún seto, autobús o camión detenido o al final de alguna curva cerrada. Entonces llega el frenazo y es cuando intentan poner cara de susto. Pero sabemos que por dentro no piensan otra cosa que «uy, lástima, a ver con el próximo».

Circular por el centro del carril

Decían los clásicos que en el medio está la virtud pero, amigo conductor, cuando vas por la autopista no es así. Circula por la derecha y usa el resto de carriles para adelantar, o estarás obligando a todos aquellos que vayan más rápido que tú a moverse por el extremo izquierdo, con lo peligroso que puede ser eso. En este vídeo podemos ver la maniobra realizada correctamente: la moto va por el lado izquierdo para adelantar y luego pasa de nuevo al derecho, siendo entonces rebasada por un coche que circula bastante más deprisa. Aunque la moto indique 300 km/h.

Los controles de alcoholemia

El vino alegra el corazón del hombre, por adusto que pueda parecer, y le inspira grandes discursos libertarios como este clásico que tanto dio que hablar en su momento. Los alcoholímetros son herramientas del Estado para reprimir nuestra libertades, los límites de velocidad también y si llega a tomarse otro vinito arremete contra los semáforos y los pasos de cebra. Parece que su sociedad ideal en lo que al tráfico se refiere debe de ser Mad Max y, francamente, lo cierto es que ese mundo a veces nos tienta.

Los radares

Fotografía: Cordon Press.

Si las pruebas de alcoholemia son el maxilar superior de las autoridades, los radares son el inferior. Su acción combinada permite dar el trato adecuado a los conductores, convertidos en una jugosa fuente de financiación para muchos ayuntamientos, que ya van a calzón quitado y hasta recurren a los radares a comisión.

Pegatina de «bebé a bordo» y otras

Fotografía: Benuski (CC).

«Cuidado no me mates que voy con el niño» parecen querer decirnos. Una advertencia muy necesaria, dado que cuando ves a un coche sin ella no te importa estrellarte furiosamente contra él. Pero es ver la pegatina y entonces ya se te quitan las ganas de acabar hospitalizado y con el coche hecho un amasijo. Aunque bien pensado quizá la utilidad esté en advertirnos de que el sujeto que tenemos delante tiende a realizar maniobras más temerarias que otros, pues es curiosamente lo que suele ocurrir. Bajo ese prisma entonces sí funcionan. Mención aparte para las pegatinas de cualquier otro tipo, pero eso ya da para una enciclopedia del abismo.

El mayor problema es uno mismo

Un estudio de la Asociación de Conductores Británicos arrojó el desconcertante dato de que el 90% de los encuestados cree conducir mejor que la media. Tendemos a ser tan benevolentes con nuestras faltas como intolerantes con las ajenas, confiamos demasiado en nuestras habilidades y, en definitiva, los demás a nuestro alrededor nos resultan torpes, irritantes y su única finalidad en la vida parece ser entorpecer nuestro camino (nuestras disculpas a ciclistas, moteros, peatones, tractoristas y autobuseros, era broma). Por eso queremos terminar recomendándoles este discurso de David Foster Wallace en la Universidad de Kenyon. Alguno ya estará pensando: «¿Un rollo que se marcó un escritor depresivo que terminó suicidándose? No gracias, ni con tus ojos». Pero hagan la prueba, presten atención a lo que cuenta y verán cómo al menos les dejará un rato pensativos, es un discurso muy brillante y ameno.

Fotografía de portada: Nathan Wong.

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26 comentarios

  1. Salinski

    La referencia a los Einsatzgruppen es inadmisible.

    Frivolidades, las mínimas.

  2. Iceman

    Ojo a la nada casual omisión de disculpas a los taxistas…jajaja

  3. arkaitz mendia

    Hombre lo de los einsatzgruppen para combatir a los gorrillas es un poco salvajada, ¿no? jajjajajaja, que conste que me ha encantao,me encanta el humor bestia pero alguno se os va a echar encima, parece una frase sacada del TMEO.

  4. Gabriel Pérez

    Eh, ¿por qué no se pueden seleccionar varias?

  5. Todos los problemas se solucionarían poniendo el precio del combustible a 10 € el litro.

  6. Fulgencio Barrado

    Los pasmaos que se ponen a responder encuestas de Jot Down en un semáforo, y no se enteran de que se ha puesto en verde.
    Pero como soy de los no les gusta llevar la contraria, pues voto por los que creen que el mayor problema son ellos mismos, que para eso se autoinculpan como pésimos patriotas.
    Desde luego los que se meten con los gorrillas son una panda de antiliberales.
    La mayoría de las rotondas son pequeños aeropuertos de Castellón, colocados con la excusa de dar fluidez al tráfico, que acaban contradiciendo el Reglamento General de Circulación, con cedas el paso, semáforos, stops…, y hasta pasos de peatones que las cruzan diametralmente. Y continuos cambios en dichas señalizaciones, según sea que el alcalde de turno le guste salir o no de noche.

  7. Mortimer

    ¿Einsatzgruppen para combatir únicamente a los gorrillas? ¿Y con los taxistas qué pasa? ¿Y con los ciclistas en carreteras comarcales de un solo carril por sentido? ¿Y las madres que van a buscar en coche a los niños y aparcan en doble fila? ¿Y las madres que van a pie con los niños de la mano cruzando el paso de cebra a paso de hormiga? ¿Y la gente que se detiene para que alguien se apee del coche y se tiran un minuto despidiéndose y tú detrás esperando? Nuestro Lebensraum es muy amplio, y necesitamos que alguien mantenga a los sujetos molestos fuera del mismo.

    • Victor

      Peor son las madres (y padres) que en vez de por el paso de peatones cruzan con sus hijos por donde les sale de los huevos, toma educación vial.

    • Métete con los que quieras menos con los ciclistas. A mí me acaba de atropellar un 4×4 sin seguro. Estoy en llamas para aceptar impertinencias de domingueros.

      • Dejare de meterme con los ciclistas cuando dejeis de circular por las ACERAS!

        • ¡Dejaré de meterme con los automovilistas cuando dejéis de matar ciclistas!

          ¿A que suena ridícula la generalización? pues aplícate el cuento.

        • pijus magnificus

          dejaremos de ir por las aceras cuando aprendáis a pronunciar la «s»

  8. Gaesieh

    Gracias

    En las ciudades y pueblos, cuando uno va caminando, especialmente cuando intenta cruzar una calle por un paso de cebra, con frecuencia siente peligro por haber algunos (demasiados) vehículos de motor que circulan demasiado rápido y/o dejando poco margen de seguridad respecto al peatón.

    Es una pena la falta de prudencia y de respeto de estos automovilistas, motoristas, etc. ¿No se dan cuenta de que pueden generar un gran problema, también para ellos?

    http://mozillaes.org/foros/viewtopic.php?f=11&t=44694

  9. Pingback: ¿Qué es lo que más nos molesta cuando vamos al volante?

  10. Joseph

    Falta en la votación aquellos que se te meten en el cajón del estacionamiento cuando llevabas esperando pacientemente 15 minutos a que se desocupara ese lugar.

    Y los que vienen detrás del auto casi golpeandote para que te quites del carril que necesitan urgentemente. En fin.

    • Es que si vienen por detrás más rápido que tú lo que debes hacer es apartarte a la derecha y no estar entorpeciendo a los que llevan más velocidad que tú. En la derecha nadie te va a «golpear para que te quites del carril».

      • Joseph

        Un poco de cordura es todo lo que se pide, a veces no hay modo de apartarte rápido, si se forzado una situación así puede haber un accidente.

        He ahí el valor de la prudencia al conducir.

      • Bueno, Ebola, en ciudad no hay carriles de adelantamiento y el límite suele ser 50 km/h, así que de esos tocapelotas también hay.

        • Evidentemente no hablo de circular por ciudad, donde no ocurre la situación que comenta Joseph. Hablo de circular por autopista, con tres carriles bien majos y hay gente que se pone en el carril de la izquierda y no se mueven ni con una rasqueta. Al final no queda más remedio que adelantarles por la derecha.

          • Por eso comentaba, porque creía que hablabais de cosas distintas. Pero, efectivamente, ese es un colectivo bastante tocapelotas también.

  11. kilgore

    Como preguntaba una descojonante viñeta de Sturmtruppen, ¿cual es la solución a la superpoblación (y por supuesto aquí se incluyen las carreteras?

  12. arkaitz mendia

    Lo de ir en bici será muy bonito y muy ecológico y muy sostenible pero en una vía urbana de doble sentido me toca los cojones que para que el señorito de turno pueda ir en bici un autobús entero de gente tenga que ir a pedo de burra porque para poder adelantarle hay que invadir el carril contrario jugándose la vida de todos.

    • Myself

      Lo mismo que por carreteras estrechas cuando van en paralelo y en grupo, muchas veces de paseo, charlando, pero como tienen preferencia, tienes que esperar que en sentido contrario no venga nadie, invadir el carril contrario y adelantarlos.

  13. Pues a mí, personalmente, lo que más me jode cuando conduzco mi Morgan Roadster, son las tías en pelotas saludándome. ¡Distraen una cosa mala!

  14. Pingback: ¿Qué es lo que más nos molesta cuando vamos al volante? | SalvoLomas

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