—Lo único que nos separa de los animales —dijo ella— es que nosotros tenemos pornografía. —Y le contó que se trataba de más símbolos. No estaba segura de si aquello nos hacía mejores o peores que los animales. (Asfixia, Chuck Palahniuk)
Pueden ustedes llamarme Martillo Negro, sí. O mejor, llámenle Martillo Negro a él, a Lexington Steele, que al fin y al cabo es el que tiene un rabo (negro) de circa treinta centímetros (once pulgadas). Por si quieren inhibirse aún más, les diré que la circunferencia de Max supera los diecisiete centímetros. Perdón, olvidé presentarles a Max. Max es el aparato de Lex. Quizás alguno de ustedes se llame Juan, y su novia (o novio) haya decidido bautizar a su pene como Juanito. Ricardo/Ricardito, Antonio/Antoñito, Diego/Dieguito, ya me entienden. Pero esto del diminutivo no funciona con Lex. Simplemente, no puede funcionar cuando uno tiene treinta centímetros de rabo. (Little Lex? No way, man). Por eso Lex llama al suyo Max, sobrenombre que no viene de Maximiliano, por cierto, sino simplemente de máximo.
Si ya después de un parrafito se sienten acomplejados, si piensan que su pene, o el pene de sus parejas, es demasiado pequeño, o no es lo suficientemente gordo, o no está lo suficientemente recto (porque sí, encima de todo, estoy hablándoles de treinta centímetros de absoluta verticalidad, algo así como un bastón, qué digo, como un poste de la luz), imagínense cómo me sentí yo cuando, ah, los milagros de colaborar con Jot Down, viajé al Valle de San Fernando para estrechar la mano (únicamente la mano) de Martillo Negro. Un apretón firme y recio. No voy a mentirles: al principio estaba un poco intimidado. Y eso que no suelo amedrentarme fácilmente. He estrechado la mano de mucha gente, por ejemplo de guerrilleros de las FARC en Colombia, o de milicianos hutus refugiados en las montañas congolesas, o de Antonio Garrigues Walker en Madrid. Pero Lexington, perdón, Martillo Negro, es otro rollo. Les estoy hablando de un tipo cuyo número de parejas sexuales superó hace tiempo las cuatro cifras. «Por dinero», claro. Good money indeed. Bueno, bueno, dejémonos de digresiones y retomemos el hilo del relato. Mejor aún: volvamos al principio.
Pueden ustedes llamarle Martillo Negro. Hace algunos años —no importa cuántos exactamente—, con mucho (o, según se mire, muchísimo) dinero en su billetera, pues trabajaba ni más ni menos que en Wall Street, le invitaron a una orgía. Esto no tiene nada de excepcional, se lo aseguro. Estoy hablándoles de una trayectoria 100% estándar: chico de New Jersey sin relación con Tony Soprano & Co. cursa estudios universitarios de economía y finanzas, ingresa en un banco de inversión, se especializa en compraventa de acciones, pasa unos cinco años de su vida en Wall Street y, de vez en cuando, como todo el mundo en aquel entonces, y supongo que como todo el mundo a día de hoy, acude a una orgía en tal o cual suite de Manhattan. Ya les digo: 100% estándar.
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Diámetro no es igual a circunferencia, amigo. 17cm de diámetro tiene un plato mediano. ;)
La imaginación es lo más importante en el sexo, Jarl.
Pingback: Llamadme Martillo Negro
Jejeje, ya está corregido. Al bueno de Lex le habían puesto un miembro tamaño ballena, cuando no pasa de elefante. :D
¡Gracias por la corrección! Supongo que elefante es suficiente :-)
Aquí se puede ver con zoom e incluso agregar a la lista de deseos o compararla:
http://www.economatodelsur.cl/ecommerce/index.php?route=product/product&product_id=2489
Entre otras muchas razones, las que aparecen en el vídeo:
https://www.youtube.com/watch?v=gRJ_QfP2mhU
Caramba como me he reido. El artículo muy bueno pero los comentarios de lujo. Gracias por alegrarme el día. Esperando otro magnífico artículo de ese mundillo llamado porno.
Gran artículo.
Me llama la atención dos cosas: primero, que un tío patentemente forrado de pasta se queje de que la industria está de capa caída y cada vez gana menos, y con esta excusa les pague por debajo de la media a actrices debutantes. Les suena la cantinela? O quizá se considere a sí mismo garante del resurgimiento de las raíces vigorosas de la industria del porno. Quizá, en este caso, el árbol no nos deja ver el bosque. Mejor dicho, el tronco.
Por otro lado, me pregunto si los actores y actrices estarán sindicados para negociar unas condiciones mínimas y seguras (no sólo en EEUU, sino en Europa, en esa industria). No es por ponerme moralista en absoluto, pero creo que para abrirte camino en ese negocio necesitas tener la cabeza bastante bien amueblada (si bien, la mayoría de actores-actrices que han triunfado y se han consolidado, son personas bastante inteligentes y despiertas, con muchos talentos, no sólo el físico o sexual). Y yo no sé si en un país donde creo que la edad mínima para beber son los 21, con 18 ya tienes tus tablas para hacer tus pinitos en ese mundillo.
Como último apunte sobre las peripecias de gente que se busca la vida en ese sector, vi un docu que comentaban (no sé si será rigurosamente cierto o no) que la mayoría de principales actores porno gay eran, en su vida privada, heteros (el docu seguía a un par de ellos que tenían novia). Simplemente se metían ahí porque se ganaba más pasta por escena.
Es una burla ponerse a leer algo en castellano y encontrarse el texto plagado de términos anglosajones sólo por el hecho de serlo, nunca por necesidad, sino por la obstinación del autor de creer que eso convierte lo escrito en algo moderno y actual.
P. ej. el empleo del término ‘circa’ (usado no una sino dos veces) es ridículo. Si se incluye por su acepción inglesa es incorrecto, y si es por la latina, del todo pomposo e innecesario. Me pregunto si conoce el autor las palabras castellanas ‘cerca’, ‘alrededor’, ‘aproximadamente’ (doy por hecho que sí, pero siempre queda mejor usar un término extranjero, pensará él). El colmo es encontrarse frases enteras del inglés justo después de traducidas al castellano. ¿Cuál es el objeto? ¿Hay necesidad?
Pues así continuamente.
Me pregunto si ésta es la forma de escribir que ahora se considera moderna y actual, si los escribientes se ven impelidos por una extraña fuerza a sustituir los términos de su propia lengua por otros extranjeros, simplemente por pertenecer a la lengua hegemónica. Es tan absurdo que uno no puede dejar de preguntarse por qué.
Estimado Eladio:
Gracias por su comentario, que, faltaría más, me parece completamente respetable. No piense que voy a intentar convencerle. Solo pretendo responder amablemente a sus preguntas :-)
Sobre si hay necesidad, la respuesta, claramente, es que no.
Sobre el objeto, aspecto éste, aunque suene a chanza etimológica, más subjetivo, le aclaro (por si no es evidente) que no se trata de burlarse de nadie. Y mucho menos de ser «moderno y actual». Hay pocas cosas más viejas que insertar extranjerismos y/o frases en otro idioma en un texto literario. Puede echar Usted un vistazo a “Rayuela” de Cortázar o “Travesuras de la niña mala” de Vargas Llosa para ver ejemplos donde esto se hace con el francés. O “El año de la muerte de Ricardo Reis”, donde Saramago juega en un momento dado con el alemán. Para algunos, entre los que me incluyo, esto tiene aún más sentido cuando se trata de dar a conocer a un lector que comparte tu idioma un personaje extranjero. Por dar un ejemplo de lo anterior, me remito a la magistral “Congo. Una historia”, del historiador belga David van Reybrouck. Aunque su obra estaba escrita en flamenco, aderezaba los testimonios de sus personajes con palabras/frases en el francés de los entrevistados. (Esto era así en la versión original, y se respetó en todas las traducciones).
En el caso específico de este reportaje, su temática, y la forma en que está escrito, pretende ser un guiño a David Foster Wallace, un autor que cito en el texto, al que admiro mucho, que se interesó enormemente por el tema de la pornografía (estuvo a punto de escribir una novela ambientada en ese mundillo, pero por desgracia no llegó a hacerlo) y cuyas obras, al igual que las citadas más arriba, recurrían con frecuencia al francés (en “La broma infinita” abundan las frases/palabras en este idioma; cosa curiosa, con errores ortográficos a cada instante, pero en eso no suelen destacar ni los más brillantes escritores anglófonos —lea textos originales de Hemingway, quien, pese a su pobrísimo español, se esforzaba por inculcar frases en nuestro idioma, entiendo yo que para dar unas pinceladas de sabor local, a algunos de sus personajes; o lea a la más simplona Agatha Christie, que nunca fallaba en colar entre sus páginas a un turista francófono soltando frasecillas en nivel A1). A Foster Wallace, por cierto, le gustaba también el alemán (Zeitgeist, Doppelgänger y, sobre todo, su favorita, Weltanschauung) y el latín. De ahí los latinajos en este texto. Por cierto, esto último (y de ahí lo tomó Wallace) es normal en lenguaje académico, al menos cuando se publica en lo que Usted llama lengua hegemónica —algo en lo que, fíjese qué cosas, yo estoy en total desacuerdo. Para mí el inglés no es en absoluto hegemónico. A lo sumo estaría de acuerdo con que lo llamemos lingua franca, perdone Usted, lengua vehicular ;-)
De nuevo, no se trata de convencerle, ni de que le guste más o menos el texto.
Solo quería poner de manifiesto que, por desgracia, no soy tan moderno y actual, ni siquiera tan original, como podría parecer a simple vista :-(
Un saludo.
Pingback: Enlaces de ayer y hoy (edición nº 30) | Iván Lasso
Gracias por tomarse la molestia de responder, no pensé que fuera a hacerlo ni era mi intención al escribir el anterior comentario.
Entiendo por dónde va con toda esa retahíla de obras y autores que menciona (nótese la audacia de evitar el uso del término ‘name dropping’ ;-) al respecto del uso de extranjerismos. Obviamente todos, quien más quien menos, los hemos leído en obras de todo pelaje (términos y expresiones francesas en obras rusas o en inglés, del italiano en autores americanos, etc.), y no seré yo el que vaya a descalificar su uso por decreto, ya que concederé en que ocasiones son útiles -por estética o por necesidad práctica-. No obstante, también hay que añadir que aquí no estamos hablando de novelas ni alta literatura, simplemente de un reportaje/entrevista a un actor porno (y Foster Wallace tampoco es que haya sido santo de mi devoción).
Pero generalmente se establece una frontera (subjetiva y personal, como es obvio) para determinar cuándo algo encaja de forma natural e integrada en el cuerpo y estilo de la obra y cuándo su uso es absurdo, reiterativo o innecesario. Algo que tan frecuentemente sucede en publicaciones y webs actuales que parecen querer mostrar con ello estar a la última en el empleo de los términos extranjeros de más reciente adopción, y cuyo resultado es muchas veces sonrojante y ridículo.
De todos modos no me refiero específicamente a usted con esto último, y si algo de lo que escribí en el anterior comentario resultó ofensivo o grosero le pido disculpas, que tampoco es esa la intención. Sí lo es denunciar el papanatismo tan imperante en nuestros días a la hora de escribir.
Un saludo, y me disculpen por la mediocre redacción y puntuación, apenas he tenido tiempo para dedicarle.
Gracias, Eladio, por su contestación. No me ha ofendido en absoluto. La frontera, como muy bien dice, es subjetiva y personal, así que es normal que tengamos opiniones distintas. Yo soy, por utilizar el lenguaje de Martillo Negro, un «jodido friki» de David Foster Wallace, así que quizás me haya pasado un poco de la raya… (O quizás no. De hecho, mi próxima novela tiene aún más guiños a Wallace que este artículo… Ahora bien, con la ventaja de que no hay extranjerismos ni latinajos, así que quizás, cuando salga en unos meses, puede Usted incluso echarle un vistazo :-)).
En cualquier caso, le agradezco que me lea, y que me critique.
Un saludo.
O la cosa ha cambiado mucho en Wall Street, o soy aún más pringado de lo que pensaba.
Pues en este enlace podrás ver a los Lobos de Wallstreet mas metidos en faena que a los de Brazzers :D
https://www.youtube.com/watch?v=l8CkL3eCxqY&oref=https%3A%2F%2Fwww.youtube.com%2Fwatch%3Fv%3Dl8CkL3eCxqY&has_verified=1
Me ha gustado mucho el artículo!!. Sinceramente, creo que Lex deja en pañales al bueno del señor grey y encima este es ficticio jiji. Miedo me daría preguntarle por su cuarto rojo!! :).
Saluditosssss!!