Morfi Grei: «En Londres fueron los Sex Pistols, en Nueva York los Ramones y en Barcelona, la Trapera»

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Para muchos de los que fuimos adolescentes en los noventa, La Banda Trapera del Río fue el grupo de punk más importante del país, los pioneros, con los que empezó todo, pero también el grupo que nunca habíamos escuchado. Era imposible. No fue hasta que llegaron las reediciones de Munster e incluso hasta el Napster y el Soulseek cuando la mayoría por fin pudimos apreciar la crudeza de aquellas letras y los riffs de alto octanaje del Modes, uno de los mejores y más singulares guitarristas que jamás hemos tenido. Al final a la Trapera le ha hecho justicia un documental, Venid a las cloacas de Daniel Arasanz, y un libro, Escupidos de la boca de dios, de Jaime Gonzalo. Su biografía, como la de sus discípulos Eskorbuto, fue un fogonazo. Una vida como un suicidio. Pero si no hubiera sido así, no habrían firmado esas canciones y esas letras. La música en aquel tiempo no era un ejercicio de estilo, no era como hacer deporte, era real. Morfi Grei, el cantante, puso voz a la ciudad satélite. Ahora sigue viviendo en Cornellá. Nos recibe mientras termina su programa de radio en la emisora local y nos lleva de tournée por los bares que frecuenta en el barrio.

Naciste en Melilla, ¿cómo es que acabaste en Cataluña?

Mi abuelo Tirso era mecánico. Cuando empezaron a llegar los primeros coches Ford, él montaba las carrocerías en Melilla. Luego mi padre siguió trabajando allí. Para mí fue muy interesante vivir en una ciudad con cuatro religiones, la hindú, la judía, la católica y la musulmana. Ser un niño colonial te marca. Estudié en el La Salle El Carmen, al lado justo estaba la legión. El Tercio Gran Capitán primero de Melilla. Cuando por allí se acabó el negocio de las minas, mi padre decidió irse a Barcelona. La verdad es que se tenía que haber quedado, le habían ofrecido una cosa en Rabat que funcionó y si la hubiera aceptado yo no estaría ahora aquí, pero sería un millonario de la hostia. Aquí, primero estuvimos en Hospitalet y luego nos mudamos a Cornellá. Cuando me vi aquí con estos pedazo de edificios me quedé… «Madre mía, ¿pero esto qué es?». Y luego la gente, ¿en qué hablaban? [risas] Me parecía todo muy gracioso.

¿Por qué el mote de «Morfi»?

Unos hippies de aquí de Cornellá me lo pusieron. Había que hacerles caso porque eran los que sabían. Uno me dijo: «Tú serás Morfi». Y Morfi fui. Resulta que uno de su pandilla se llamaba Morfi y se había ido a Venezuela, de donde por cierto volvió millonario, y le echaban de menos, así que me llamaron a mí como a él.

¿Era tan duro el ambiente en este barrio como comentasteis en algunas entrevistas?

Decíamos muchas cosas para asustar a la prensa. Teníamos que ir diciendo burradas para que nos hicieran caso. Esto era el cinturón rojo industrial, aquí mandaban las Comisiones Obreras y el PCE. Las asociaciones de vecinos también estaban muy presentes porque eran el extramuros de los partidos políticos de aquella época, trotskistas y tal. Yo era de las juventudes del PSUC.

Hombre, habéis salido en una exposición del cine quinqui recientemente.

Sí, pero dentro del mundo carcelario todos esos elementos no estaban bien vistos. Ni el Vaquilla, ni el Torete ni ninguno de esos. No eran kíes ¿sabéis lo que quiero decir? [se señala la lengua] Largaban. Estaban marcados. Pero yo odiaba la rumba, tío. Se puso de moda en todos los bares el Bambino y la María Jiménez o Los Chichos y Los Chunguitos, pero también había heavy, los Saxon y tal. ¿Y tú sabes lo que era aguantar a la gente dando palmas cantando «libre, libre quiero ser» y luego seguir igual, dando palmas, pero cantando «Highwaaaay to heeeell»? Todo el rato sin parar de dar palmas, incluso para hablar entre ellos. Todo el rato así toda la puta gente. Lo odio, de verdad.

Uno de los primeros conciertos que viste fue de Queen, dijiste que te parecieron «una lacra».

No me gustó, tío. Los que sí que me molaron fueron Redbone, uno de los primeros grupos que vi, que eran todos indios. Y el primer concierto de Lou Reed en Barcelona. Hablaba el otro día de este concierto con Bertha, la de la revista Popular 1, que la entrevisté en mi programa de radio. Nunca olvidaré la imagen de aquel día de Lou. Salió con su pantalón pitillo doblado, con botines, camiseta negra y camisa roja. Una Gibson SG en las manos y empezó con «Sweet Jane»… Yo tenía quince o dieciséis años. Fue acojonante. Gay & CO traía muchos grupos y nos metía gratis a todos nosotros. También me encantó el de Dr. Feelgood con Wilko Johnson. De todas aquellas giras aprendí mucho.

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Cuando empezabais a tocar la guitarra por aquí, por el barrio, dices que había que cantar en catalán o en español porque los que lo hacían en inglés no ligaban.

Pero ahora, años después, los que ligan son los que cantan en inglés [risas]. Mira, nosotros lo único que queríamos era librarnos de currar en la fábrica. El Tío Modes solo trabajó un mes en una imprenta. Ese es el único tajo que vio en toda su puta vida. Yo empecé a currar con catorce años en una ferretería industrial. Recuerdo que el encargado me enseñó a cagar «en bocadillo». Es decir, colocabas el papel como doblado, hacías caca encima y lo recogía todo. En ese curro precisamente fue donde aprendí catalán. Me interesaba mucho aprenderlo.

Sin embargo, un día, cuando ya tenéis el grupo montado, vais a reíros de los obreros viendo cómo entran al metro para ir a currar a las seis de la mañana.

Fuimos a reírnos de nuestros padres pero se nos cortó el rollo. Íbamos de ácido y cuando yo vi a mi padre meterse en la boca del metro para ir a currar… Es que es de imbéciles hacer lo que hicimos. Mejor que no experimentéis nunca lo que sentí. Íbamos de LSD, que ves las cosas distintas y muy distorsionadas. Me avergoncé mucho. Juan y Modesto no, que iban muy ciegos [risas].

Vuestra primera canción fue «La Regla».

Hace poco salió en la revista Rolling Stone en la lista de las doscientas mejores canciones del pop y del rock español. Me la pusieron en el número cincuenta y dos. Es mucho, ¿eh? Una mierda de canción como esa en el número cincuenta y dos. La letra va de que en aquella época las mujeres tenían que ir con mucho cuidado con embarazos de penalti. «La regla» no era más que una canción informativa. Trataba sobre la propia libertad de las mujeres, sobre las chicas y el sexo, porque en esos años cuando a una niña le llegaba la regla su madre la tenía que apartar de su pandilla para que nadie la preñara. La verdad es que terminé odiando esa canción de tanto ensayo. El otro día llamé a Johnny Burning a ver qué tal estaba y me dijo que se estaba yendo a ensayar. Joder, qué moral. Ensayar, ¡qué coñazo tío!

Os vestíais con lo que pillabais en cubos de basura.

Cogíamos todo lo que veíamos en la basura que nos pudiera servir, sí. Pero fue al principio. Luego nos vistió la que fue mi mujer, una brasileña guapísima de la que me enamoré, que era cultísima y me enseñó quiénes eran Baudelaire o Truman Capote. Yo no era un inculto, pero que te abran un mundo así fue maravilloso. La verdad es que sigo enamorado de ella. Se llamaba Dores y cogió un día y dijo: «Esto se ha acabado, hay que vestirse bien». Nos puso firmes. Entonces empezamos a ir con pantalones de cuero y eso. Si había que pillar unos pantalones de cocodrilo de trescientas mil pesetas, pues ese pillaban, ¡y a tomar por culo! ¡que soy una estrella del rock! Venga a soltar pasta y pasta y así se nos fue mucho dinero. Pero yo todo lo que venía quería gastarlo para mejorar la imagen que teníamos, hacer promoción. Juan y Modes se quejaban. Fíjate que a veces viajaban las mujeres y el fotógrafo del grupo en avión y nosotros en coche. Pero mira ahora. ¿Qué os parecen las fotos del libro Escupidos de la boca de dios? Son cojonudas porque Savador Costa estaba allí. Años antes, su primo Jordi Valls le llamó desde Londres y le dijo que allí estaba pasando algo: el punk. Se fue para allá e hizo el libro de fotos que le editó Star y después se nos acopló y estuvo cuatro años sacándonos fotos, todo el día sin separarse de nosotros y el resultado ha merecido la pena casi cuarenta años después.

Tocabais en mítines comunistas.

La primera actuación de la Trapera fue en noviembre de 1976 en Cornellá en el homenaje a la Odina, una comunista que había muerto en la Guerra Civil. Una mártir. Estábamos muy influenciados por todo ese ambiente político. Aquí empezaron las primeras huelgas del Bajo Llobregat y hubo momentos muy potentes. Y luego nuestro manager no sé cómo se las arregló pero nos puso de teloneros de Dolores Ibarruri cuando vino de París. Yo la vi y le toqué las manos, que es como tocárselas al Che Guevara. Hicimos nuestro concierto, nos vieron y dijeron que éramos muy simpáticos, así que también nos colamos en el cartel de la Fiesta del PCE en Madrid. Un millón de personas había ahí metidas. Y fue el momento que elegí para empezar a tocar los cojones. Me eché por encima un cubo de zumo de tomate y harina. Así embadurnado y con unas bragas en la cabeza canté «La regla». Les dejé el escenario a Víctor Manuel y Ana Belén hecho un asco para que cantaran todo eso de lo enamorados que estaban el uno del otro.

Pero a esos conciertos comunistas ibais con… esvásticas.

Era Juan, el batería, pegando el cante, todo por hacer el idiota y llamar la atención. Lo único que quería era privar cerveza y pasárselo bien, que saliera con esvásticas era por el puro gusto de provocar.

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También tocasteis en las famosas Jornadas Libertarias de la CNT en el 77.

Hubo un discurso de Federica Montseny y solo recuerdo que nos lo pasamos muy bien. Yo iba vestido con corbata y los que había ahí, que no eran anarquistas, eran la Barcelona liberal; eran montones de gais, todos los del cómic, el Nazario, el Mariscal y estos. Fue una época de Barcelona gloriosa aquella. Estaba el Ajoblanco, El Víbora, el Disco Express, la Star. Todo estaba en Barcelona. Todo era muy cosmopolita y guarrihippie, pero se jodió con el nacionalismo. Aquí teníamos todas las discográficas y según entró Pujol se marcharon. Barcelona se quedó pobre. Teníamos a la EMI, la CBS, Movieplay… todas. Pero se fueron por una serie de criterios culturales que impuso Pujol. Ahí fue donde Barcelona se quedó un poco coja.

Y estuvisteis en el cartel del primer festival punk que se hizo en España.

Ahí estuvimos con Peligro y Ramoncín. Lo petamos. En Londres fueron los Sex Pistols, en Nueva York los Ramones y en Barcelona, La Trapera. Ramoncín ya tenía el contrato con la EMI firmado y le dieron un millón de pesetas. Pero nosotros marcamos la diferencia entre unos y otros. Volví a salir con mi zumo de tomate y mi harina y dejé el escenario pringando. A Ramón por el contrario le hicieron famoso la Mercedes Milá y estas. Pero oye, tampoco lo tuvo fácil, ¡eh! Que no había cultura de rock and roll en este país y se lo llevaban a tocar en carteles con Fernando Esteso y María Jesús y su acordeón, salía después de ellos y la gente le tiraba de todo. Por otro lado, a Juan no le gustaba el rollo del punk. Decía que él no lo era, que no era una ferretería ambulante. Era para decirle: «¿Eres tonto? ¿No ves que esto te va a dar dinero y fama?». Nosotros estábamos antes de que llegara el punk, pero cuando apareció ese espíritu encajaba perfectamente en lo nuestro.

¿Cómo llegasteis al sonido «trapero»?

Modes y Juan con la Trapera se lo curraron que no veas. En nuestro histórico local, que era como la Factoría de Andy Warhol, se curraron las primeras canciones encerrados días y días. Fue impresionante. Modes tocaba flamenco y blues que te cagas, pero de repente él solo se sacó ese sonido. Y cada vez quiso más potencia. Pedía Marshall siempre. Fue inseparable de ese ampli. Cogió el hard rock de los Led Zeppelin o los Deep Purple y lo aceleró. Luego le pusimos nuestras letras, Juan escribía unas impresionantes, como «Eunucos mentales», «Confusión» o «Curriqui de barrio», y de eso vivíamos.

Otra letra de Juan: «Nacido del polvo de un borracho y el coño de una puta».

Juan era lampista. Hacía trabajos en el barrio chino y conocía a toda esa gente, el lumpen. De ahí le vino la idea. Es muy buena letra.

De todas formas, tú sí que conocías el Funhouse de los Stooges.

Aquí había una discoteca que se llamaba Tanicos y el pinchadiscos ponía Boney M y cosas así, pero de repente cortaba el rollo y te ponía el Funhouse a todo meter. Ahí lo escuché. Luego había otra discoteca que era la Batusi, que el dueño era gay pero ponía todo rock. Ahí escuché el glam y a los grandes. Eran los tiempos de Licor 43 y menta.

¿Eran los tiempos de los «curriquis de barrio» de vuestra canción?

Un «curriqui» era un trabajador. Un chico obrero, algo quinqui, que trucaba las motos. Una especie de adefesio social, pero eran muy interesantes por cómo se lo curraban con las motos. Era un tipo de tío que existió en la época tranquila, cuando no había heroína, ni siquiera porros. Pero nosotros no éramos curriquis, eh, nosotros éramos pijos. Antonio Miró, el modisto, me dijo que Malcolm McClaren, el manager de los Sex Pistols, estaba dirigido por Vivienne Westwood, que tenía una tienda y también era diseñadora. Así era. El punk es un movimiento elegante. Nosotros una vez dimos una rueda de prensa en un sex shop a la que vino todo el mundo mediático y Toni Miró le dijo a nuestro productor, a Carlos: «Tú déjamelos». Y nos hizo la famosa foto en la que vamos todos con sus trajes. Eso era punk.

Además, lo que trajeron los Ramones o los Sex Pistols, aparte de una nueva forma de vestir, fue un estilo de música difícil de superar a día de hoy. Y tocaron tanto los cojones que los Rolling Stones se enfadaron y tuvieron que sacar el Some Girls, uno de sus mejores discos. Fue un revulsivo para todo, para que surgieran grupos como The Cure o para el heavy metal. El punk no fue una cosa de guarros. Aunque en nuestro caso, nosotros, como se dice, éramos demasiado punk para los heavys y demasiado heavy para los punks.

No obstante, hubo una época en la que estuvimos censurados, en el 77, y solo pudimos ir a tocar al País Vasco, con los movimientos de Herri Batasuna y todo eso. Nos llevó Javier Granja, que había traído a Whitesnake, y flipó con la Trapera. Tocamos en Gallarta, en el campo de fútbol del Barakaldo, y metimos la semilla del punk allí. Dimos unos conciertazos de la hostia, tengo grandes recuerdos de la margen izquierda. Desde entonces se empezaron a ver por allí los Eskorbuto y todo eso, que sí que eran punk radical. Nosotros estuvimos antes, sin ser eso, pero influimos. Fíjate cómo serían nuestros directos que una vez le llegó un señor a Juan al bar y le dijo «¿Cuánto había que pagarles por tocar mañana, cuarenta mil pesetas? Pues tome, aquí las tiene, pero no vengan por favor». ¡Nos pagaban por no tocar!

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También había pastilleros en aquellos tiempos.

Se metían benzodiazepinas, reinoles y anfetaminas, todo eso. Pastillas de farmacia. Y eran gente desagradable, que se le caía la baba. A nosotros no nos gustaban. Nosotros éramos una especie de pijos en el barrio, el padre de Juan tenía una fábrica de televisiones, toda mi familia era militar, no estábamos para ese rollo. Luego, eso sí, cuando en la segunda gira de la Trapera descubrimos la Ruta del Bakalao nos quedamos… Tocamos en una mierda de local y vino un tío luego y dijo: «Tómate esto». Joder. Recuerdo que estábamos en una explanada en Valencia gritando «Uuoooh, ¡pero qué es estoooo!». Qué impacto fue todo aquello de las drogas de diseño.

«Ciutat podrida» es de Esther Vallés, la poeta, que por lo visto en la biografía se confunde con otra Esther.

Había dos Esther. La que colaboró con nosotros escribiendo letras, también conmigo cuando fui en solitario, y otra Esther que se fue con Pepe el Holandés, un tío que acabó muerto a tiros. Esta venía del rollo político, se hizo novia de un gánster, se hizo también yonqui y acabó muerta, evidentemente. «Ciutat Podrida» son tres acordes, es muy básica, muy Lou Reed. Es también un himno atemporal, no hay una referencia al 77 ni al 80, sigue vigente. «Ciudad podrida, me traes la noche y el miedo, ahora que estás dormida, las calles están llenas de fuego, quiero salir de este infierno, donde el grito de los perdidos se olvida, este es el momento en el que se ha perdido la vida, ciudad podrida». No solo vale para Cornellá, se puede aplicar a todas las ciudades del mundo.

Del rollo layetano, el progresivo, jazz rock y todo eso, ¿qué piensas?

A mí todos esos grupos me tocaban los huevos, pero uno también tiene que ser un caballero. Hace poco coincidí con los de la Companyia Elèctrica Dharma y les dije que estaba encantado de conocerlos. Hice las paces con la historia.

Y con los otros grupos, ¿se notaba, por ejemplo, la frontera entre rockers y punks?

Todo eso es literatura. La gente quiere barro, sangre, literatura yonquil y se quedan esas historias, pero en realidad nos llevábamos muy bien. Cuando Víctor Jou dejó Zeleste y vino a programar los conciertos uno de Valencia que trajo toda la nueva ola, a Alaska, a Johnny Thunders, a los Brighton o a los Siniestro Total, yo igual era un poco mayor para esa generación, pero me encantaba todo lo que hacían. Nosotros íbamos a sus conciertos y ellos a los nuestros. Con Decibelios, por ejemplo, me he ido de gira hace poco.

De todas formas, la Trapera era un poco así, no salíamos del barrio. El Tío Modes se ponía «Ozú, ¿ahora ir a Barcelona?». Por Barcelona generalmente fui yo el que más se movió, especialmente en mi época de yonqui, o con mi disco en solitario La losa, pero esto ya fue después de la Trapera. Por otro lado, Víctor Jou también nos llevó a Zeleste en su día. Hicimos cuatro noches, con una rueda de prensa en la cual vomité sin querer sobre Ramón de España. Fue muy bonito tocar en un sitio donde no se nos estaba permitido a los chicos de las ciudades dormitorio como nosotros. Aunque fueran solo cuatro fechas, lo consideramos un gran éxito, porque estuvimos allí con toda nuestra gente, los atracadores, los amigos…

Se dice que la troupe que os acompañaba a todos vuestros conciertos formaba parte de vuestra imagen.

Eran nuestros guardaespaldas. Gente del barrio, especialistas. Se nos metió en la cabeza, por culpa del LSD, la paranoia de que nos podían pegar. Por eso venía toda esa gente con bates y cuchillos. Solo actuaron una vez, en San Cugat, en un concierto de homenaje a Santi Arisa [risas]. Íbamos hasta arriba de ácido, el Tío Modes empezó con «Curriqui» y me dio la paranoia de que me había insultado alguien del público, cogí el palo de micro y ¡zaca! en los dientes. Dije: «Ahora os vais a enterar, me voy a pegar con todos vosotros». La que se lio. Pero lo mejor de todo es que en medio de la pelea brutal, había un personaje que no se había enterado de lo que pasaba, era el Tío Modes que seguía tocando como si nada [risas]. Otro día estábamos tocando «Misógino», que es muy larga, empezó el Modes a hacer el punteo, y lo alargaba, lo alargaba, Juan y yo mirándonos como diciéndonos «A ver si para ya, ¿no?». Yo haciendo el idiota para el público mientras, hasta que me acerqué a él y le dije al oído «Modes, ya» y él contestó «¿En qué canción estamos?» [risas]. Ni cuando fuimos teloneros de Ian Gillan supo nunca en qué canción estaba ¡en todo el concierto! Pero bueno, no se daba cuenta pero era muy elegante [risas].

Movieplay tuvo interés en vosotros, pero al final fichó a Tequila.

Nos dijeron que cambiáramos las letras de las canciones. Dijimos que no y ellos: «Pues fichamos a Tequila». Menos mal que apareció Belter por ahí y con ellos pudimos hacer el primer disco.

¿Qué recuerdos guardas de vuestra actuación en Canet Rock?

Hubo dos Canet, uno muy hippie y otro que dirigió Pau Riba, al que fuimos nosotros con Nico, Blondie y Ultravox. Me contó el otro día Pau que cuando le dijo a Nico que se viniera al festival apareció un mes antes y se quedó en su casa, donde estuvo todo el mes metiéndose picos, ya ni en vena, pinchazos intramusculares. Y decía Pau: «¿Tú te crees?». Y yo: «Hombre, tú tampoco estabas en muchas condiciones, Pau» [risas]. Y Debbie Harry, en el festival se mamó un litro de coñac, creo que Soberano, e iba tan borracha que se puso a cagar en una esquina. Los camerinos eran roulottes y Juan hizo mucho negocio, porque se puso a vender a todo el mundo tabletas de chocolate que se había llevado. Nosotros salimos de madrugada a tocar, muy tarde. Fue un desmadre muy grande, Pau fue incapaz de poner control. La gente se colaba, el propio Pau estaba con un colocón que te cagas. Pero menudo festivalazo fue. Nada que ver con el último Canet que han hecho ahora, eso ha sido una mierda pinchada en un palo. Con los señores de La Trinca, la mafia catalaneta. Llamé y dije que tenía derecho a tocar y me contestaron «Espere un momento, vamos a ver…». Al final nada. Quería hacer mi bolo y ganar mi dinerillo. Pau fue y no le querían pagar…

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En aquella Barcelona hubo también unos años de liberación sexual, ¿la vivisteis?

Mira, tú en el Nou Camp pones a cien mil tías abiertas de patas sin bragas y me sueltas a mí por la tribuna caminando y sé localizar el coño de mi mujer por el olor. O sea, que no. De groupies y todo esto, nada. Queríamos mucho a nuestras mujeres, que eran chicas muy interesantes. Yo me eché una novia brasileña muy pronto, mi primera mujer, me enamoré de ella y vivimos cinco años juntos. La primera mujer de Juan fue Isabel, que era la esposa de un mafioso llamado «El Chato». Juan se enamoró de la mujer de este hombre y el gánster, que le podía haber metido un tiro, dijo «si ellos están bien, yo no tengo nada que hacer». Y le regaló a Juan cinco kilos de chocolate para que se buscara la vida y empezara a ganar dinero. Eso es honor, tío. Y os cuento esto porque nosotros no hemos follado. Siempre íbamos con las parientas. Y Modes se echó a una chica de San Sebastián, Itziar, que era manager. Se hicieron muy amantes. Él decía que estaba enamorado, pero la que realmente lo estaba era ella. Esta chica, por cierto, estaba un día cenando con Gregorio Ordóñez y María San Gil cuando entró un menda de ETA en el restaurante y sin decir nada, con una servilleta en la mano, le metió un tiro a Gregorio Ordóñez. A Itziar se le quedó grabada la imagen de cómo le reventó la cabeza delante de ella. Fue muy duro. Modes no sabía casi leer y le teníamos que leer las cartas que le enviaba Itziar en voz alta. «Modes, te quiero», que «por encima de toda mi vida…» y todos riéndonos mientras. En fin, que yo solamente una vez ligué, en la segunda gira de la Trapera, en Granada. Me llevé a la chica a casa tranquilamente, me fui a mear después de aquello y Juan, que no sabía ni se podía imaginar que yo había ligado, se pegó un susto cuando la vio, gritando «¡Pero qué hace esta persona aquí!». Para que veas lo poco que ligábamos [risas].

¿Cómo recuerdas la entrada de la heroína en los barrios?

Al principio los porros eran algo muy inocente, luego entró la heroína a saco y esa cosa tan simpática llamada sida. Tengo suerte de estar aquí, he tenido mucha suerte en la vida, porque yo estuve compartiendo jeringuillas con amigos del barrio sin saber qué podía pasar. Ahora, de hecho, estreno una obra de teatro, Memorias de un yonqui, algo muy pedagógico, porque todo el mundo oscuro de la heroína se ha quedado ahí, pero es muy literario, es una tragicomedia. Así que ya te digo, la heroína vino de golpe, no sabíamos ni lo que era. Nos la metíamos y de repente nos daban unos monos que te cagas. También con ella aparecieron las pistolas, porque antes los quinquis eran personas con poco cerebro, que pegaban sus palos, pero cuando apareció la heroína también subió el calibre de las armas y cambió todo. Todos esos inframillonarios que vendían costo se engancharon al jaco y palmaron de sida.

Hace tiempo dijo Monedero eso de que la metió la policía en el País Vasco, algo habría, yo qué sé. Pero en mi experiencia te puedo decir que giramos por toda España en esas fechas y aquello estaba en todas partes. No veas la que había en Galicia, en Andalucía o en Madrid. No era solo el País Vasco. Fue un problemón muy gordo en todas partes. Sobre todo por la desinformación. Pero oye, curte ser un yonqui. Yo te miro a ti ahora y sé lo que estás pensando o no, pero un yonqui, que es el animal más salvaje que hay en la Tierra, tiene un sexto sentido. Cualquier yonqui entra en un bar y sabe quién está, dónde, qué hay, qué no hay, qué se cuece.

Javier Granja, el que nos llevó a tocar a Bilbao, se enganchó a la heroína mucho. Una vez iba en un tren y se tiró en marcha porque le perseguía la policía, acabó en el hospital destrozado. Otra vez vino a mi casa con un menda de ETA… Al final estaba tan enganchado que iba un día solo por Barcelona, a pillar a su aire, y murió de un palizón que le dieron. No se sabe por qué. La familia no quiso saber nunca nada.

El primer disco lo grabasteis en tres días.

Había un ambiente de jovencillos que no se enteran de nada. En el segundo ya sabíamos más cómo iba la cosa. El primero es muy mítico, pero el sonido es muy limpio. Es lo que había, no pasa nada.

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¿Cómo visteis la Movida madrileña?

Con envidia. Era la época en que el PSOE se gastaba toda la pasta en unos cachés acojonantes y nosotros aquí en Cataluña pringando sin ver un puto duro. Se lo comieron vivo todos, hasta el Loquillo se fue para allá y la Trapera se quedó bastante olvidada. Decidimos separarnos. Creo que nos hemos separado unas cinco veces, es un cachondeo.

Tocasteis en la mítica discoteca M&M de Madrid.

Tocamos cuatro noches. Ya teníamos el disco, pero como el promotor no lo veía claro le dijo al de la discoteca que nos quedáramos a dormir ahí. No veas qué movida. El camarero era gay e iba detrás de Juan. La Alaska apareció por ahí, que eran chavales muy simpáticos. Fueron cuatro noches durmiendo en una discoteca, una gran experiencia, encendíamos todas las luces, teníamos todo el alcohol. Lo pasamos muy bien.

Por cierto, en algún bolo llevasteis travestis.

En el segundo cumpleaños de la Trapera, en la sala Tabú, me inventé dos travestis que se llamaban Greta y Charlie. A todo esto, no estaban depilados en aquella época. Óscar Aibar va a hacer una película de esa noche, ya ha pillado un guionista. Fue nuestra noche álgida como grupo.

Normalmente, los grupos de vuestra época se quejan de que no siempre cobraban por tocar. Johnny Burning dijo en Jot Down número 7 que a veces hasta se reían de ellos con la Guardia Civil delante y se volvían sin un duro muertos de impotencia.

La Trapera siempre ha cobrado. Juan era muy buena persona, pero era un asesino. Si íbamos a un festi, se pinchaba y no había dinero, él llegaba, te cogía por la cabeza y te decía: «ya estás sacando el dinero de la barra». Siempre cobrábamos. En Vallecas una vez asaltaron el pabellón deportivo donde actuábamos, no pagó nadie, se colaron, y se llevaron la batería de Lone Star, sin embargo, después de nuestro concierto, que fue la hostia, la gente hizo una colecta para pagarnos.

¿Qué le pasó al segundo disco que se quedó sin salir?

El Guante de guillotina era un gran disco, pero se quedó ahí medio trabado. Modes y Juan se enfadaron mucho conmigo cuando estábamos componiendo porque empecé a escribir letras surrealistas. Fuimos a grabar a unos de los mejores estudios de España aquí en Barcelona, pero nos pusimos a grabar sin tener el contrato firmado con Discophon, que era el sello que vendía a Antonio Machín y Manolo Escobar. Y al tío que era nuestro contacto en la discográfica, Toni Grau, le echaron. A este tío le llamábamos «el Molinillo» porque tenía todo el catálogo de Fania All Star, la salsa de Nueva York. Luego se hizo camello a lo bestia. Yo entré en su casa y tenía la habitación llena de bolsas de coca, fardos por todos los lados. Le cogieron con cinco kilos encima. Es que este tío iba a las discotecas en Rolls Royce. Y de la pasta que tenía, se ponía a dar la nota, a molestar a la gente en la pista de baile tirándoles ¡piedras de coca! El camello no debe consumir [risas]. Fui a verlo a Carabanchel y el tío llevaba el economato [risas].

La historia es que cuando fuimos a firmar para sacar el disco, la cagué. Me metí un speedball antes de ir a hablar con el tío y llegué en plan «soy una estrella del rock». Me dijeron que el directivo estaba reunido, y me colé. Con los ojos a la virulé entré en su despacho y le dije: «Quiero que me recojan en coche, que me vistan con ropa de tal tienda, quiero, quiero, quiero». Y dijo: «No sé si será posible». Total, que nos fuimos y el Guante de guillotina se quedó sin firmar. Estuvo mucho tiempo por ahí perdido. Entonces, cuando Toni Grau cayó por tráfico de drogas y le metieron en Carabanchel, empezó a deshacerse con los gitanos de todo lo que tenía para saldar deudas, como la Fania All Star, y en medio estaba nuestro disco, que no se había dado ni cuenta. Eso se lo llevó el sello Horus y acabó saliendo mucho después, pero salió.

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¿Y qué pasó en Almansa, que se acabó allí la primera época del grupo?

Un carpintero, que nos había hecho una tarta de madera para que saliéramos todos del pastel en el escenario, nos hizo también una guillotina para presentar el segundo disco. Fuimos a Almansa, secano puro, donde no debe llover más de dos veces al año, y justo nos pilló una tormenta que inundó el campo de fútbol. Recuerdo ver la guillotina por ahí flotando. El caso es que nos tuvimos que quedar y hacer noche para actuar al día siguiente, pero yo solo me había llevado heroína para un día. Me dio un monazo en medio del pueblo que no te lo puedes ni imaginar. Me puse a buscar codeína y cosas guarras por las farmacias. Un infierno y todo por no ser previsor e ir con la heroína justa. Lo pasé fatal. Al final, conseguí unos supositorios y me los fui metiendo por el culo en mitad de la plaza del pueblo gritando «¡A la mierda el alcalde!». Me volví loco, pero por el monazo. No llueve nunca y va y lo hace ese día.

Os pudo fichar CBS antes de eso.

Dijeron que les interesábamos mucho, pero que yo tenía que tomar clases de canto. Cuando me vinieron con eso les mandé a cagar y no nos contrataron.

¿Qué hay de los miembros del grupo que lo fueron dejando?

Uno de los primeros guitarras fue Carlos Motos. Era una de las primeras personas de Cornellá en tener una guitarra eléctrica que le habían traído de Estados Unidos. Tenía una tienda de discos, se arruinó y se volvió loco. Un día le vi haciendo un belén para Navidad y le dije que si quería tocar con la Trapera, pero su paso fue breve y no tuvo mayor trascendencia. Otro fue el Rockhita, de nombre Emilio. A este su padre le pegaba por tocar en el grupo y luego se hizo policía nacional. Se había enamorado de una tía que era secreta de la policía, por lo visto. Y este fue el que le enseñó a tocar la guitarra a los Estopa, no el Tío Modes, fue el Rockhita, que su padre le pegaba con dieciocho años que tenía por tocar rock and roll. Y luego estaba el Montoya. Todos nuestros bajistas se volvieron locos. Juan, Modes y yo nos libramos de la mili, yo por pies planos, pero Montoya no. Y en la mili te destrozaban la vida si eras artista. Montoya le dio de hostias a un mando, a un capitán, y le metieron dos años de cárcel militar. Se volvió loco. Ahora es esquizofrénico. Está todo gordo, con la medicación. Recuerdo cómo venía de León de la mili, lleno de callos por el frío, todavía no sabe liar ni porros de cómo se le quedaron las manos.

A mediados de los ochenta, haces la reflexión de que es más fácil hacer dinero con el tráfico de drogas que con la música.

Juan cerró su cervecería y montó conmigo un bar. Yo quería ganar dinero, pero los camellos de Cornellá dijeron que yo era el peor traficante que habían visto en toda su vida. Un desastre. Eran los tiempos de la Brigada Antidroga de Cornellá, tíos muy peligrosos que estaban todo el día haciendo redadas. Había uno que se llamaba Búfalo que era un menda chungo que te cagas. O el comisario Olea que era de Melilla y por eso nunca me hizo nada. Cosa chunga, no te creas, porque un día me vino a comprar cien duros de costo, se lo di y se quedaron todos los atracadores mirándome. Me quedé como… ¿Qué hago? Y al día siguiente tuvimos redada, por supuesto. En aquella época el dinero le hacía perder la cabeza a todos los traficantes. Se pusieron a meter chocolate en Italia mediante arreglos en los coches y los fueron cogiendo a todos. A uno de los que inventó eso de bajarse al moro, Álex, le cogieron porque toda la policía de la frontera sabía quién era. Tuve que ir a Milán con sus dos mujeres, que tenía dos el tío, a sacarle de la cárcel. Nunca olvidaré la imagen. Cuando te juzgan en Italia hay una especie de celda dentro del juzgado. Y ahí estaba él, al que nunca le iba a pasar nada. Pero ya te digo que fui un camello muy desastroso, le vendía a la policía, me equivocaba al contar el dinero. Una vez me estafaron la heroína y como soy un pringao me puse un casco de soldado nazi y salí con un machete a buscar al gitano que me había hecho el lío. Cuando le vi… no dije nada. Y él se puso a reírse de mí. Tuve suerte de librarme de la cárcel yo también porque en casa tuve mucho costo. Todo un almacén de grandes cantidades.

En la gira de regreso de los noventa les prohibiste la droga a todos los del grupo.

Les dije que si querían gira nada de drogas y así se hizo. El grupo más salvaje de España ¡sin drogas! Se cagaron en mí, pero tampoco eran tan drogadictos, unos porros, una rayita. Nada más. Yo además estaba trabajando, de hecho, en un centro de desintoxicación. Mi trabajo allí consistía en no tener sentimientos, en el momento en que los tuviese no podía ayudar al paciente. Era un centro privado de medio millón de pesetas al mes. Por ahí pasó no solo la gran sociedad catalana, sino toda la española. Hubo un hermano de Maragall, Pau, que era la oveja negra de la familia. Cronista de conciertos de rock, y coincidió conmigo cuando trabajaba en el centro. Toda la familia Maragall tenía problemas de tipo psicótico, unos estaban bien y otros no. Recuerdo que venía el Ernest Maragall a pagar el tratamiento de su hermano. Toma, zasca, en negro. Todo en negro, macho.

Con el tiempo se fue haciendo un centro cada vez más grande. Creo que soy el tío que más pollas ha visto de toda España, porque me encargaba de hacer los controles de orina a los que no querían ingresar y estaban pendientes de tener un fallo para hacerlo. Se los hacía aleatoriamente para pillarlos de repente porque la coca dura en la orina dos días y el cannabis cuatro. En cuanto los veía con que no podían mear, ya sabía que se habían puesto. Mi única formación para ejercer aquí era la de un yonqui, o un exyonqui mejor dicho: un exyonqui listo. Llegué a llevar la administración de las dos clínicas que teníamos.

Solo hay una forma de ayudar a un yonqui, con profesionales. Los padres, maridos, esposas y amigos son la peor ayuda que pueden tener. Si quieres ayudarle, tienes que cortarle el grifo, entonces se irá a casa de un amigo, que estará avisado, y no le dejará entrar o le echará. Así acabará en la calle y cuando esté ahí, sin un puto duro, sin afeitar, tirado debajo de un puente, es cuando pide ayuda. Eso una madre no lo puede hacer, pero las que lo hicieron los salvaron. Las que no, al final los vieron morir.

Yo me libré de la adicción con un terapeuta que vino de Irlanda, Juan Borrell, que hacía un tipo de terapia que empleaban los padres franciscanos para curar a los que llegaban de Vietnam enganchados. Con esa terapia nos puso las pilas a todos. Pero en realidad salir de la heroína es muy fácil. Hay que ir a buscarla a unos sitios chungos que te cagas, es un lío. No es como el tabaco o el alcohol que están por todas partes.

Morfi Grei para Jot Down 7

En esa gira, cuando vuelves al País Vasco, lo haces vestido de guardia civil.

En San Sebastián le dije a mi manager que me consiguiera un tricornio y a toda la gente que iba entrando a la sala les pegaba con una barra de pan al grito de «¡Vascos de mierda!». Pero joder, cuando entré en el local, estaba todo petado de gente de Herri Batasuna gritando que me querían matar. «¡Hijo de puta! ¡español!». Eso sí, en cuanto puso Modes el Marshall y sonó «Monopatín» toda la peña se olvidó de todo y se puso a bailar. La liábamos en todas partes. Aquí yo gritaba con toda mi alma antes de empezar los conciertos «¡A la mierda Cataluña! ¡A la mierda España! ¡Viva Luis Roldán!».

Modes en esa gira estaba muy deteriorado.

Dejó de comer. En aquella época solo tenía dos horas de vida al día lúcido. Para los conciertos llevábamos dos ayudantes que le levantaban. Le subíamos a tocar y tenía que tener preparado todo, todos los Marshalls, porque no probaba sonido ni hostias. Pero en cuanto se encendían los amplis, madre de dios los conciertos que dimos. Luego me echaron a mí la culpa del fin de la Trapera, porque Modes quería seguir tocando. Es que era un gran guitarrista, pero no quería tocar con nadie, solo con la Trapera. Y como no quería tocar con nadie, así murió. Porque su problema no es que fuese alcohólico, es que no comía, solo bebía. Y era diabético, se quedó ciego y se murió por un fallo orgánico múltiple. Sus últimos días los vivió con Juan en el campo, en un sitio muy bonito, pero se fue dejando y dejando y sí, se dejó morir.

Tú te fuiste a la fábrica.

¡Maldito el día en que me fui de la clínica con la pasta que yo ganaba allí! Lo que pasó fue que conocí en el centro a mi actual exmujer, que tenía un lío con la empresa de turrones de su padre porque les había estafado un socio y se había matado su hermano en un accidente de tráfico. Así que tuve que ir allí y arreglar todas las cosas. De turronero estuve.

Juan murió tocando.

Cuando íbamos a hacer la minigira de despedida me llamó Juan y me dijo que tenía cáncer, pero el tío decidió que iba a seguir haciendo su vida y que iba a acabar así. En el hospital de Terrassa me decía «Morfi, mira, ven» y me enseñaba que debajo de la almohada tenía dos latas de cerveza. Su última actuación con la Trapera fue una especie de ensayo que hacía yo en discotecas. Allí ya le dolía mucho la cabeza, se fue al camerino, de ahí al hospital y falleció. En el sepelio dije: «Juan, querido, con tu cuerpo dolorido, que se vaya la Trapera al cielo o al infierno, y aquí nos quedamos. Contigo irá». Así acabó la Trapera. Con Tío Modes y con Juan ahí se quedó. No me siento con fuerza como Johnny que sigue ahí tirando de Burning él solo.

En una entrevista en Ruta 66 dijiste que el rock os salvó de ser «personas degradadas centradas en el consumismo».

Se supone que cuando estás en la flor de la vida la gente se casa, tiene una hipoteca y todo eso. A nosotros el rock nos salvó de eso. Pudimos hacer nuestra propia vida mejor o peor.

Lo que se ha dicho es que el rock te libró de llevar el camino de José Montilla.

Es posible. En la Transición cuando las asociaciones de vecinos y los casinos ahí estaban el Balmon, actual alcalde de Cornellá, y el otro era Montilla, que era del barrio del Pedró, le gustaba jugar al ajedrez pero no valía. A Joan Tardá, el de ERC, también le conocí, que fue quien autorizó el primer concierto de rock and roll en Cornellá cuando era concejal de Cultura. Ahora para estas elecciones el de Ciutadans me ha llamado y me ha ofrecido ir en las listas. Dicen las encuestas que Cs va a quedar por detrás del PSC, que aquí el PSC es picar piedra. Pero le dije que no. Porque no me gustó eso de ir sexto en la lista. Yo tenía que ir segundo. Sin primarias ni hostias.

¿En qué ha cambiado la Ciutat Podrida?

Ha cambiado la comodidad. El confort. Ahora todo viene dado. Hay muchos grupos de rock y mucha tecnología, cualquiera se lo puede montar en su casa, pero nosotros fuimos famosos porque entonces éramos cuatro gatos haciendo algo. Ahora los grupos que salen son como gotas de agua en el mar.

Morfi Grei para Jot Down 8

Fotografía: Alberto Gamazo

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61 comentarios

  1. Pingback: Morfi Grei: «En Londres fueron los Sex Pistols, en Nueva York los Ramones y en Barcelona, la Trapera»

  2. Hay un documental sobre la banda (nunca mejor dicho) involuntariamente cómico cuyo enlace deberíais, ejem, enlazar. A mí, que me gusta mucho reír y nada la música (como a la banda) me encantó.

  3. absorbedor

    Interesante. Un grande, de todas maneras, para mi, lo mejor de Morfi lo hizo fuera de La Trapera:

    https://www.youtube.com/watch?v=jiNHEMn75YI

    Una de las mejores canciones en castellano, a escuchar!

  4. María Sarmiento

    El concierto de Queen le pareció una «lacra»… ´debió ser porque al oírlos cantar con Mercury al frente, por un momento tuvo un relámpago de lucidez preguntándose por qué conyo no se había hecho guardia civil. ¡¡Te cagas!!

  5. escupitajo

    La misma historia desde hace un monton de años, la mitificación decadente y ruinosa de los supuestos Pistols del Llobregat, un grupo de culto sin más repercusión musical que la del culto mismo. No sonaban como punks, más bien como si The Troggs tocaran en un garaje acelerando el ritmo, con letras pornográficas y la politoxicomanía como modo de vida, su momento de gloria fue que les prohibieran en la radio de la época.
    Por variar, que alguien cuente la historia de Kangrena, lo mas punk que hubo en BCN y que si sonaban como tal.
    Larga vida a Morfi Grei, aunque eso de ir por Ciudadanos no se que tiene de punk, ni siquiera de gloria rockera. Él sabrá…

    • Punk City

      Los Kangrena eran unos niños pijos que jugaban a ser punks.

      • VIETCONG ,TERRASA ,(BCN)

        Los Kangrena eran la versión punkarra de los Hombres G ,mientras que La Banda Trapera del Rio han sido nuestros Sex Pistols y nuestros The Stooges y los Burning han sido nuestros Rolling Stones y nuestros New York Dolls ,
        y el boxeador hispano cubano José Legrá ha sido nuestro Muhmmad Alí y
        nuestro Sugar Ray Robinson .

      • MARC SAURON SANTS

        Los Kangrena eran unos pijitos disfrazados de punks ahora les dicen Pijipunkis.
        La Banda Trapera del Río eran grandes y siempre lo serán.

  6. Pedro

    Ya está otro abuelo cebolleta que pasa de punki antitodo super destructivo a Ciudadanos. Están para que los encierren, al Loquillo, a este y a Ramón de España. Menudos plastas con aquella época.

    • Xavierro

      Muy de acuerdo con escupitajo, menos con lo de los Troggs. Madre mía, que más quisiera este colgado reciclado a ciudadano que sonar como los Troggs, aunque fuera pasándolos por el túrmix.
      En fin, como ya se ha dicho por aquí otra «leyenda» más que nos cuenta sus historietas. Cuando en edad de jubilarse uno solo tiene pálique para contar aventuras de yonki pasado de vueltas es que ha tirado su vida a la basura. No es para estar muy ufano. De pensa

    • Condorito de Pelotilluhue

      Pedro :
      Entetenme payaso

  7. Ahh pero lo de Ciudadanos es en serio?? yo que creia que era una gracieta… :P

    aunque pensandolo bien, si es cierto eso de Ciudadanos,entonces entiendo algunas respuestas…..

  8. Adrian Pereiro

    «En Londres fueron los Sex Pistols, en Nueva York los Ramones y en Barcelona, La Trapera. » Seguro, claro que sí, igualito.

    «En nuestro histórico local, que era como la Factoría de Andy Warhol …» Otra perla de modestia y perspectiva.

    «vino a programar los conciertos uno de Valencia que trajo toda la nueva ola, a Alaska, a Johnny Thunders, a los Brighton o a los Siniestro Total». Ajá. Johnny Thunders en la misma frase que Alaska y Siniestro Total y un tanto casposamente adjetivado como «nueva ola». Muy bueno.

    «Nunca olvidaré la imagen de aquel día de Lou. Salió con su pantalón pitillo doblado, con botines, camiseta negra y camisa roja. Una Gibson SG en las manos y empezó con «Sweet Jane»… » O sea, Queen le pareció una lacra, y de Lou Reed le impresionó la ropa que traía puesta. Un interés por la música que te caghas.

    «Además, lo que trajeron los Ramones o los Sex Pistols, aparte de una nueva forma de vestir, fue un estilo de música difícil de superar a día de hoy. Y tocaron tanto los cojones que los Rolling Stones se enfadaron y tuvieron que sacar el Some Girls» No me joas, ¿en serio The Ramones y Sex Pistols trajeron algo más que una nueva forma de vestir? Si no lo dice él no me doy cuenta. (Por cierto ¿ se refiere a los vaqueros y chupa de Ramones o al look calculado de Sex Pistols ? ). Por otro lado, ¿ Es un estilo de música difícil de superar ? ¿Los Rolling Stones sacaron Some Girls porque estaban presionados y acojonados por la existencia del Punk ? Y por cierto, alguien debería decirle a este tío que Ramones y Sex Pistols son dos bandas totalmente diferentes en su génesis, escenas de origen, propuesta, intención, etc., y que en el Punk hubo, ejem, …. unas cuantas bandas más (Incluída la fundamentalísima Banda Trapera del Río, por supuesto).

    En fin, me cansa esta gente de la «movida». Su miopía y su forma mirarse el ombligo. Su forma de hacer piña y darse bombo entre ellos. Su falta de perspectiva de las cosas y de modestia. El no reconocer que la mayoría son mediocres que por razones históricas de las que no son culpables llegaron tarde y mal a casi todo, pero en lugar de crear algo auténtico se limitaron a copiar. Hay honrosas excepciones, pero los Ramoncines, Loquillos, Alaskas o este individuo estarían más guapos callados.

    • «En fin, me cansa esta gente de la “movida”» Al final, hasta Eskorbuto van a ser de la Innombrable.

      • adrian pereiro

        Obviamente cometo un error de bulto al meterlo en el mismo saco. Hay una coincidencia generacional, mucha afinidad y manifestaciones y actitudes muy parecidas cuando estos músicos se refieren a aquellos años, pero por supuesto tienes razón.

  9. Roberto

    Es que son muy pesados con la autodestrucción y lo loco que era aquello. Ahora visto en perspectiva, está claro que la movida y el rock laietà sirvieron para despolitizar la música y a la juventud. Era una música para no pensar, y es que todo iba bien en los 80. Y todo esto apoyado por gente como Tierno Galván o Jordi Pujol.

  10. Pedro

    Todo un personaje. Por favor, que escriba su biografía. Cada vez que leo una entrevista a este grupo me quedo con ganas de más, y eso que me he leído el libro y visto el dvd.

    ¿Y lo de Ciudadanos no es broma o qué?

  11. Àngel Maeztu

    Fabulosa entrevista. Gràcies!

  12. Puro realismo.

  13. Si miras un vídeo de La Banda y le bajas el volúmen, parecen Gaby, Fofó, Miliki i Milikito imitando a los Sex Pistols. Si le das al volúmen, ves que no, que no son Los Payaso de la Tele

  14. liberty valance

    Vistas las dos entrevista Morfi al lado de Evaristo es físico nuclear.
    Los que habláis de la movida no habéis escuchado ni media canción.Los que lo vivimos sabemos que aquello era un grupo heterogéneo en el que convivían gente con estilos tan alejados como Ilegales y Mama,Peor Imposible y Desechables ,Siniestro Total y Los Secretos , 091 y Objetivo Birmania, Aviador Dro y Los Coyotes, La Frontera y Alaska etc…
    Meterlo todo en el mismo saco es de una ignorancia absoluta.

    • Callaos ignorantes que ha llegado liberty, el más listo del lugar. Qué sabreis vosotros que no habeis vivido en el lado salvaje de la vida como él. Evaristo a su lado un cantamañanas.

  15. Pocas veces he leido tantas estupideces Juntas, la trapera fue un grupo absolutamente residual, que no influyo a nadie y muchisimo menos a Eskorbuto, el yosu tiene que estar revolviendose en la tumba y el periodista tildar de discipulos a Eskorbuto es para hacerselo mirar, pero vamos que le vas a pedir a alguien que escribe roinoles en vez de rohypnoles, por el desconocimiento de lo que esta hablando.

    • Álvaro Corazón Rural

      gor, en Madrid siempre «rochas» o «reinoles», lo siento. Escribir rohypnoles… un tanto oneroso ¿no? Más en este contexto, que no es una entrevista a un farmacéutico.

  16. Antippasti

    Entrevista cojonuda. Gracioso ver a punkarras «actuales» ajustando cuentas al Morfi, patético. Efectivamente la entrevista mola más que la de Evaristo y desde luego la vida del Morfi parece más interesante.

  17. Pingback: Gato Pérez, músico único que solo pudo darse en una Barcelona que ya no existe - Jot Down Cultural Magazine

  18. Hay una errata en el titular. El correcto sería así: «En Londres fueron los Sex Pistols, en Nueva York los Ramones y en Barcelona, Ultratruita, Elektroputos, Masturbadores Mongólicos y Ultimo Resorte»

  19. Zackarias

    La entrevista un poco larga pero me ha gustado, mucho…!!!
    Lejanos recuerdos de La C. SATÉLITE…!!!

  20. Jorge Luis Ortiz Temes

    Al Morfi hay que concederle carta blanca para que diga lo que quiera, ya con lo que hicieron La Banda Trapera del Río en un tiempo en que no había nada, tiene un lugar reservado en la gloria de la Historia de la Música en la Península Ibérica. Además es un tío supercachondo, me ha hecho reír durante toda la entrevista. Morfi eres un puntal!!!

  21. Natalio Flechas III

    Grandes siempre grandes La Banda Trapera del Río,tuve la suerte de verlos tocar en aquella Barcelona de los años 70 y eran una maravilla igual que me gusta escuchar al grupo de punk rock paraguayo GARAGE 21 y su canción » ADIOS GENERAL » dedicada al ex dictador paraguayo General Alfredo Stroessner (1912-2006),uno de los dictadores mas crueles,perversos y corruptos de la historia de Latinoamerica.

  22. CARLOS "TORERO " FERRER
    • Hey Joe

      Muy bueno el vídeo de los paraguayos de Garage 21.

    • Benito Juárez & Emiliano Zapata

      Buen vídeo de Garage 21 y buena canción.

    • PUNKO

      Muy buen vídeo de GARAGE 21.

    • Marco el gitano argentino

      Es muy purete el enlace de Garage 21.

    • Buena canción y buen enlace de los Garage 21.

    • Alberto Centurion

      Es una gran canción,no sabía que estaba dedicada al ex dictador paraguayo General Alfredo Stroessner que convirtió Paraguay en una cárcel y en el país sudamericano que parecía más un país centroamericano y lo digo con todos mis respetos a los ciudadanos de Centroamerica.
      Al final el General Alfredo Stroessner fue derrocado por su consuegro el General Andrés Rodríguez pues los Estados Unidos se dieron cuenta que desde 1954 hasta
      1989 habian apoyado a un monstruo como Stroessner que daba refugio a criminales de guerra nazis como el doctor Josef Mengele,a narcotraficantes como el francés Josef Ricord y terroristas de extrema derecha como el italiano Steffano Dellachie
      y aunque el General Rodríguez estaba fichado por la DEA por ser socio de Josef Ricord llegaron a un acuerdo con los gringos y en unas horas acabaron con la dictadura del General Stroessner.

  23. Lotbut

    Muy buena la canción de Garage 21 » Adiós General » y el videoclip es una obra de arte .

  24. Daredevil

    Es muy buena la canción de los Garage 21 ,el videoclip es también muy bueno .

  25. Benito Juárez & Emiliano Zapata

    Pedazo de canción y pedazo de videoclip de Garage 21.

  26. PUNKO

    La Banda Trapera del Río siempre serán grandes.

  27. Álamo Kid

    LA BANDA TRAPERA DEL RÍO SON NUESTROS SEX PISTOLS Y NUESTROS STOOGES.

  28. Marco el Gitano

    La Banda Trapera del Río siempre serán grandes .

  29. La banda trapera del rio los reyes del punk español.

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