
Nadie recuerda hoy a Laura Bridgman, pero fue en su día la mujer más famosa del mundo después de la reina Victoria. Nacida en Hanover, New Hampshire, de bebé tuvo una salud muy frágil, era raquítica y tuvo convulsiones hasta los dieciocho meses y al cumplir los dos años la situación empeoró; la familia sufrió un brote de escarlatina del que murieron sus dos hermanas mayores y ella quedó ciega y sordomuda, perdiendo también los sentidos del olfato y el gusto. Un año después había olvidado las pocas palabras que sabía antes de su enfermedad, aunque durante meses la pequeña niña repetía «oscuro, oscuro», asombrada y asustada de su ceguera adquirida.
De acuerdo con los usos de la época, el padre era severo con ella intentando inculcarle unos modales apropiados mientras que su madre la trataba con cariño. Pero fue un empleado de la granja de la familia, un discapacitado mental llamado Asa Tenney, el que hizo, en palabras de Laura, que su infancia fuese feliz. Tenney tenía también algún trastorno del lenguaje y enseñó a Laura unas señas con las manos, un código que empleaban los guerreros indios abenaki para comunicarse entre ellos.
En 1837, el caso de Laura llegó a oídos de Reuben Mussey, el director del departamento de Medicina del Dartmouth College, quien visitó a los Bridgman y vio que la niña era cariñosa e inteligente y que a pesar de sus graves discapacidades había aprendido a hacer tareas básicas como coser o poner la mesa. A sugerencia de Mussey buscaron un centro apropiado y Laura fue enviada con siete años al Asilo de Ciegos de Nueva Inglaterra, que se llamaría después Escuela Perkins para ciegos. Al principio lo pasó muy mal, asustada y extrañando su casa, pero luego fue acogida con cariño por la gobernanta del centro que se convirtió también en su primera profesora.
El director del centro, Samuel Howe ha sido descrito como arrogante, vacuo, orgulloso, competitivo, malhumorado, autoritario, hambriento de gloria y, en general, insoportable. Su propia mujer decía que era «incapaz de soportar una crítica o de beneficiarse de ella» y que actuaba «guiado por los halagos». A pesar de ese perfil, Howe era inteligente, comprometido y tenía auténtica empatía por los discapacitados. Basándose en una teoría que había leído del filósofo francés Denis Diderot, que pensaba que el sentido del tacto podía desarrollar su «propio medio de lenguaje simbólico», diseñó para ella un código táctil de signos y un sistema para su aprendizaje. Al principio usaron letras en relieve pegadas a objetos familiares como un tenedor o un vaso. Después consiguieron que dándole esas mismas etiquetas sueltas Laura localizara esos objetos. A continuación Howe recortó las letras de esos objetos y enseñó a Laura a juntarlos para volver a formar esas palabras y a reordenarlas para formar otras diferentes, que luego deletreaba sobre su mano. Al parecer fue en ese momento cuando Laura comprendió el concepto de lenguaje y todo un mundo se abrió para ella. A partir de ahí, entendió que las cosas tenían nombres y reclamaba con ansia que le enseñaran el nombre de todos los objetos y personas con las que se encontraba. El siguiente año lo dedicaron a aumentar su vocabulario y a ampliar su capacidad de comunicación y a partir de ahí se incorporó a un currículum normal, asistiendo a clases de lectura, escritura, geografía, aritmética, álgebra, geometría, filosofía e historia. Laura Bridgman fue la primera persona ciega que recibió una educación digna de tal nombre.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






Pingback: Ceguera, Dickens y ratas
¡Qué pasada de artículo! Un caso relativamente parecido al de Hellen Keller, aunque ésta llegó mucho más lejos.
Echaré un vistazo a la bibliografía que aconsejan. Pese a que el artículo es extraordinario, me he quedado con ganas de más.
Felicidades por el texto. Es buenísimo.
Un saludo.
Mil gracias, Ana. Helen Keller, como muy bien dices, llegó más allá pero es muy posterior a Laura Bridgman. De hecho, se piensa que Keller pudo alcanzar todas sus metas porque antes había existido Bridgman que rompió tantos techos de cristal. Mil gracias por tu amable comentario. Es una gozada que te guste y que lo dejes caer aquí.
Creo que la frase «Por toda América, las niñas sacaban los ojos a sus muñecas, cubrían las cuencas vacías con una cinta y las cambiaban el nombre por el de «Laura»» es la cosa mas creepy que he leido nunca en jotdown.
Jaajjaja. ¡Tienes razón! pero eso he leído que hacían. Y además ¿con qué no se atreve Jot Down? abrazo
Muy atinado el comentario sobre las carencias de Dickens («escasa profundidad de sus personajes y cierto sentimentalismo edulcorado»), que hacen que sea un escritor menor comparado con sus contemporáneos novelistas franceses y rusos. Eso sí, era tremendamente popular en su época y lo sigue siendo después. La aplastante hegemonía cultural anglosajona ha hecho olvidar a otros escritores de mucho más calado literario que los autores victorianos.
El autor del artículo dice que Dickens fue «un formidable creador de personajes». Es cierto que más adelante señala que sus obras han sido criticadas por «la ausencia de profundidad psicológica en sus personajes». De todas formas, me resulta llamativo que se considere a Dickens un novelista menor comparado con sus contemporáneos franceses y rusos. ¿Ha leído el autor del comentario «Casa desolada», «Nuestro común amigo», «Grandes esperanzas» o «David Copperfield»?
Hombre, es «menor» comparado con Flaubert, Zola, Dostoievski o Tolstoi. «Mayor» en comparación con otros muchos novelistas de su época. Solo pretendía resaltar que la aplastante hegemonía cultural anglosajona llega a ser asfixiante. El mundo es muy amplio y hay literaturas de más empaque y enjundia que la victoriana, que considero sobrevalorada y en exceso publicitada por cine y TV, en detrimento de otras.
Excelente artículo, pero me ha dado la impresión de que en él se trata de mostrar que el estudio del crecimiento del sistema nervioso es fruto de lo que le sucede a Laura y no sé hasta qué punto esto será así (o quizá lo estoy malinterpretando). El germen que motiva plantearse el estudio de la embriología y la ontogenia del encéfalo será otro quizás, aunque yo no lo conozco.
Por primera vez se plantean si el desarrollo del cerebro puede estar afectado por una pérdida sensorial. Ahora hablaríamos de plasticidad neuronal. Son estudios muy descriptivos pero donde por primera vez probablemente se detalla que las entradas sensoriales son necesarias para el desarrollo normal del cerebro. Es decir, el crecimiento del cerebro no «es fruto de lo que nos sucede» pero sí está afectado por ello. En el último siglo hemos aprendido un montón de cómo se aprovechan las regiones corticales vacantes por la pérdida de un sentido. Espero haber ayudado a dejarlo un poco más claro. ¡Buen verano!
Pingback: Ceguera, Dickens y ratas (Jot Down) | Libréame
Si repetía «oscuro, oscuro» no podía ser muda y por tanto tampoco sordomuda. Seguramente has querido decir «sorda profunda».
Parece que tenía un desarrollo normal y había empezado a decir las primeras palabras cuando enfermó de escarlatina. Ahí perdió el oído, adquiriendo como dices una sordera profunda y como consecuencia de ello fue olvidando las pocas palabras que sabía hasta caer en un mutismo total. Confío que ahora quede más claro. Gracias por la precisión.
¡Que historia más bonita…y más terrible…!
En esa época era muy difícil la vida de los niños trabajadores, y mucho peor la de niños minusválidos; afortunadamente hubo personas que se las ingeniaron para ayudarlos de algún modo, con los pocos recursos de que disponían.
Excelente relato, me agradó leerlo.
Un artículo super trabajado y una historia increíble. Da gusto cuando lees algo de calidad.
Enhorabuena.
Pingback: 'Heidi': llorad, llorad, malditos - Jot Down Cultural Magazine
Pingback: 'Arcane': un abismo generacional turquesa & verde - Jot Down Cultural Magazine