Arte y Letras Historia

La guerra de la Oreja de Jenkins y otras guerras olvidadas

Defensa de Cartagena de Indias por la escuadra de Blas de Lezo, por Luis Fernández Gordillo (DP)
Defensa de Cartagena de Indias por la escuadra de Blas de Lezo, por Luis Fernández Gordillo (DP)

1. La pérfida Albión. Una vieja historia de violencia

¿Una oreja como casus belli? ¿Y por qué no? Cuando uno quiere declarar la guerra casi cualquier cosa vale. Nos dicen que en este caso los ingleses no estaban muy interesados en declarar la guerra a los españoles, pero eso es una afirmación que no se sostiene de ninguna manera: los ingleses podían estar relativamente satisfechos con el Tratado de Utrecht, pero ¿quién se conforma con un pedazo pequeño del pastel cuando puede quedarse con un trozo mucho más grande? Una guerra en las colonias era una cosa que ofrecía grandes posibilidades, así que una oreja cortada era tan buena excusa como cualquier otra, y más si la oreja se presentaba como prueba en el Parlamento, acompañada con unas palabras desafiantes, provocadoras, intolerables. ¿Eran ciertas? Bueno, eso es siempre lo de menos. El telegrama de Guillermo I también había sido manipulado por Bismarck, pero eso, la verdad, es siempre un detalle sin la menor importancia. Lo que importa es que se declare la guerra, y, sobre todo, lo que importa es ganar el botín buscado, que la victoria lava todos los pecados y anula todos los escrúpulos.

Pero, mira por dónde, la guerra de la Oreja de Jenkins a los ingleses no les resultó tan productiva como esperaban. Aunque lo cierto es que tampoco fue un éxito rotundo para la corona española.

De esta guerra el episodio más conocido es la defensa de Cartagena de Indias, donde Blas de Lezo, con muchos menos barcos y hombres, logró derrotar a una gran escuadra inglesa. Con eso prácticamente se soluciona la guerra colonial, pero entonces se activa el frente europeo, como una parte de la guerra de Sucesión Austriaca, en la que no solo luchaban ingleses y españoles, sino también austriacos, franceses, prusianos y hasta rusos, además de los pequeños reinos y estados italianos. Al final se armó un lío tremendo, porque las alianzas cambiaban constantemente y los escenarios bélicos se multiplicaban rápidamente; y todo para nada, porque en el Tratado de Aquisgrán, que en 1748 pone fin a la guerra, se decide que todo vuelva a estar como al principio, que cada país se quede con los territorios que tenía antes de empezar la guerra. De manera que se puede decir que nadie gana.

Y donde nadie gana todos pierden, y es muy fácil que alguien no se conforme con el resultado y quiera resarcirse, como de hecho así fue. Si en 1739 la guerra empieza en el Caribe y de ahí pasa a Europa, ahora, en 1756, pasa al revés. La guerra empieza en Europa y de ahí salta a América, pero en este caso no al Caribe sino a América del Norte. A los españoles les pilla de rebote. Pero lo que importa es que les pilla.

Sátira británica de 1738 en la que aparece el león inglés atacando un arado tirado por esclavos que representa el sistema colonial español. Al fondo se puede ver a Fandiño cortándole la oreja a Jenkins. (DP)
Sátira británica de 1738 en la que aparece el león inglés atacando un arado tirado por esclavos que representa el sistema colonial español. Al fondo se puede ver a Fandiño cortándole la oreja a Jenkins. (DP)

Hay que decir que se suele hablar mucho de Latinoamérica, pero se olvida que media América del Norte es española. Y no me refiero solo a la zona de México (que por entonces incluía lo que luego sería Texas, Nuevo México, Arizona, California…), sino a Florida. Por eso mismo, además de otras razones dinásticas, la corona española establece una alianza con Francia y entra en la guerra. Carlos III no ha pasado a la historia como un rey muy belicoso, pero lo cierto es que participa en las dos grandes guerras americanas del siglo XVIII. En la guerra de los Siete Años los españoles prácticamente no harán otra cosa que defender las colonias de los ataques ingleses y portugueses. Pero eso ya es mucho, teniendo en cuenta que el frente va desde California hasta Buenos Aires y desde ahí salta hasta Manila, que será atacada y conquistada por los ingleses en 1762.

Al final, con el Tratado de París, los franceses pierden Canadá y los españoles Florida. Pero, pese a todo, a los españoles no les va tan mal: recuperan Manila y La Habana, que también había sufrido un asalto inglés, y los franceses less compensan la pérdida de Florida cediéndoles la Louisiana, un territorio inmenso y medio salvaje donde destaca la ciudad de Nueva Orleans. Y luego viene la letra pequeña, lo que se suele olvidar… Durante la guerra, un ejército español salido de Buenos Aires ha conseguido conquistar la colonia de Sacramento, un lugar minúsculo pero muy estratégico que estaba en poder portugués. Ahora tienen que devolvérsela a sus dueños. Y eso no quedará así, por desgracia.

De la guerra de los Siete Años ha quedado para el cine una película: El último mohicano. Y eso es más que una anécdota, porque desde ahí hasta el final del colonialismo el recurso a usar tropas indígenas en todas las guerras de los blancos va a ser lo más normal del mundo. Pero casi lo más importante es lo que no pudo prever nadie: cómo una gran victoria se iba a convertir en la causa de una gran derrota. A los ingleses se les subió el éxito a la cabeza. Quisieron que las colonias de Norteamérica, las Trece Colonias, pagaran los gastos de la guerra. Los colonos se negaron y ya sabemos lo que vino: la guerra de Independencia americana. Y ahí volvemos a ver a los españoles, de rebote, metidos en una guerra en sus fronteras del norte, siempre de la mano de los franceses. Y es curioso, porque parece que los españoles en esta guerra no estaban por ningún lado, pero lo cierto es que sí estaban, sí participaron, aunque luego el mérito de la victoria se lo llevaron los colonos y los franceses, como el marqués de La Fayette, que volvió a París convertido en un gran héroe y con ganas de empezar la Revolución francesa.

La guerra acabó con la Paz de Versalles, España recuperó Florida pero no devolvió la Louisiana a Francia, de manera que amplió sus territorios en América del Norte. De paso, recuperó Menorca y las costas de Nicaragua y Honduras, de manera que Carlos III podía estar contento. Pero no del todo…

Esta república federal ha nacido pigmea, por decirlo así, y ha tenido necesidad de apoyo y de las fuerzas de dos potencias tan poderosas como la España y la Francia, para conseguir su independencia. Vendrá un día en que será un gigante, un coloso temible en esas comarcas. Olvidará entonces sus beneficios que ha recibido de las dos potencias, y no pensará más que en su engrandecimiento.

Esto decía el conde de Aranda en su informe para el rey. Ayudar a los americanos podía salir caro en el futuro.

Luis XVI también debió de pensar lo mismo. Pero su cabeza ya tenía precio.

La batalla de Carillon en la guerra de los Siete Años, por Henry Alexander Ogden. (DP)
La batalla de Carillon en la guerra de los Siete Años, por Henry Alexander Ogden. (DP)

2. El terremoto, el marqués y la isla

En 1755 Lisboa es destruida por un terremoto. El terremoto es tremendo, pero además es mucho más que un terremoto. Va seguido de un tsunami y un incendio. Además, bandas de delincuentes y presos fugados de las cárceles aprovechan para robar, violar y matar a los aturdidos supervivientes. Es lo más parecido al Apocalipsis que esa pobre gente había vivido en sus vidas. De manera que una de las primeras explicaciones es atribuirlo a un castigo de Dios. En ese momento tenemos en Portugal a un rey que practica el despotismo ilustrado y a un poderoso ministro, el marqués de Pombal. Los jesuitas intentan poner al pueblo contra él, pero el ministro aguanta, continúa al frente del país y en cuanto pueda se vengará de los jesuitas convenciendo al rey para que prohíba la orden. En 1759 se decreta la expulsión de los jesuitas de todos los dominios del imperio portugués. A esta expulsión pronto se sumarán otras expulsiones, como la expulsión decretada por el rey Carlos III en 1767, después del motín de Esquilache. Todo eso tendrá una consecuencia inesperada en América: las guerras guaraníes y el fin de las reducciones.

Retrocedamos un poco. En concreto, al Tratado de Madrid de 1750. En ese momento acaba de terminar, como hemos visto, la guerra de la Oreja de Jenkins o guerra del Asiento, que se ha enlazado con la guerra de Sucesión Austriaca. Pero, aparte de todo esto, Portugal y España tienen un largo conflicto por una pequeña isla, sin ningún valor más que su localización: la colonia de Sacramento, situada a la entrada del estuario del Río de la Plata. Para solucionar este asunto se acuerda el trueque de esta isla por un territorio situado en la llamada Banda Occidental del río Uruguay, dentro del cual se encuentran siete reducciones jesuíticas. Estas reducciones son una de las zonas más ricas y bien administradas de todo el Virreinato de Río de la Plata y en ellas habitan treinta mil indios guaraníes. Al ser transferidas las tierras a la corona portuguesa los jesuitas y los indígenas deben abandonar las tierras o convertirse en súbditos de su nuevo rey. Los jesuitas obedecen la orden, pero los indios no. Y empieza la revuelta en 1754.

Misioneros en Brasil, autor desconocido. (DP)
Misioneros en Brasil, autor desconocido. (DP)

En el momento del terremoto, la guerra guaranítica, en la que los soldados españoles acuden a ayudar a los soldados portugueses, está en pleno desarrollo. Los jesuitas, como ya hemos dicho, acusan a Pombal, al rey del Portugal y a la Ilustración en general de provocar la ira de Dios, pero lo cierto es que no ayudan militarmente a los indios, como se ha especulado (y, por cierto, como sale en la película La misión), y de poco les vale. Con su doble expulsión, las misiones quedan definitivamente abandonadas, pero lo cierto es que las guerras guaraníes ya han acabado con ellas. Solo en la batalla del Cerro Caibate han muerto más de mil quinientos guaraníes. Los que logran escapar se refugian en la selva y en las colinas. La ocupación portuguesa nunca llegará a ser efectiva totalmente y durará muy poco. En el Tratado del Pardo, de 1761, se vuelve a las fronteras anteriores al Tratado de Madrid. Pero el desastre ya no tiene remedio. Lo que había sido una región muy rica, con una gran población y con un sistema social y administrativo muy desarrollado y avanzado, que funcionaba perfectamente, es ahora un montón de ruinas deshabitadas. Por otra parte, Sacramento será conquistada militarmente por los españoles en la guerra de los Siete Años y tendrá que ser devuelta otra vez a Portugal al final de la guerra. Es decir, que todo sigue como está. Todo menos los jesuitas, sus misiones y sus habitantes. Todo menos los muertos.

3. ¿Qué fue del sueño del libertador?

América del Sur después de la independencia. Sí. Estos países tienen su historia, aunque los españoles, los peninsulares, ya no pinten nada en ella. En los libros de texto la historia de Chile y Argentina acaba en 1825, pero no. Esos países tienen su historia y, curiosamente los españoles, los antiguos dueños, a veces siguen saliendo en ella.

En 1866 una escuadra española atacó la ciudad de Valparaíso. Y uno piensa, ¿Valparaíso? Pero ¿los españoles qué pintan ya allí? Desde que O’Higgins independizara Chile en 1817 ningún soldado español había disparado ninguna bala en aquella parte del mundo. Casi se podía decir que España y Chile se habían ignorado completamente. Los nuevos países miran a Gran Bretaña, miran a los Estados Unidos. La ruptura ha sido muy traumática. Las relaciones con las excolonias nunca son fáciles. Pero con una larga guerra por medio la cosa es mucho peor.

Pero ¿qué ha pasado en América del Sur y Central desde que se fue el último virrey español? Para empezar, hay que decir que a los libertadores les va muy mal. A Sucre lo matan, San Martín se autoexilia, a O’Higgins lo echan de Chile, Bolívar se deja la piel intentando que alguien le haga caso, pero nadie quiere la «Gran Colombia». En México, Iturbide pasa en pocos años de defensor de la corona española a caudillo independentista, luego dictador (autoproclamado «emperador») y, finalmente, es condenado a muerte por sus propios compañeros. Pero México se disgrega, pierde el sur, de donde salen países como Honduras o Guatemala, y pierde el norte, por obra y gracia del ejército norteamericano. Y si a los libertadores no les va bien, a sus países tampoco. Guerras civiles y guerras con sus vecinos, además de enormes problemas sociales y económicos, en eso se resumen los años posteriores a la independencia.

Proclamación de Iturbide el 19 de marzo de 1822, autor desconocido. (DP)
Proclamación de Iturbide el 19 de marzo de 1822, autor desconocido. (DP)

Y así llegamos a 1866, y España vuelve a entrar en escena y por la puerta grande: entra en guerra con media América del Sur de la manera más tonta, porque a la declaración de guerra de Chile se suman Perú, Ecuador y Bolivia. Será un episodio muy breve, que pasa por los libros de historia como una simple nota a pie de página, pero lo cierto es que esa guerra existió, como existieron sus bombas, sus incendios, sus barcos hundidos y sus muertos, y no contribuyó especialmente a mejorar las relaciones de las excolonias con la metrópoli.

Por eso es muy curioso el caso de Santo Domingo, que, siendo independiente desde hacía décadas, volverá a ser español de 1858 a 1865, y no por una reconquista militar sino por petición propia, por un acuerdo diplomático.

Y por eso también es muy curioso el caso de Cuba, de Filipinas y de Puerto Rico, que hasta final del siglo no inician ningún movimiento independentista. Y, de hecho, en Puerto Rico casi no podemos hablar de «movimiento independentista» en ningún momento.

Volvamos al norte… ¿Alguien se acuerda de Florida y de la Louisiana? Ya sabemos que a la altura de 1783, con la firma del Tratado de París, España recuperó una y conservó la otra. Pero ¿luego qué? ¿Qué pasó con ellas? Pues que las perdió sin pena ni gloria. Vendió Florida a los americanos y le regaló Louisiana a Napoleón (que fue listo y la vendió a los americanos, siempre dispuestos a comprar o a conquistar nuevos territorios). Luego vino Riego y acabó por hundir los esfuerzos de Abascal, el virrey de Perú, que él solito había defendido media América para el inútil de Fernando VII. Pero esa historia ya está toda en los libros.

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24 Comentarios

  1. Pingback: La guerra de la Oreja de Jenkins y otras guerras olvidadas

  2. Colonia del Sacramento no esta en ninguna islita, es una ciudad de mi país, Uruguay. Una de las mas hermosas y con un casco histórico perfectamente conservado patrimonio de la Unesco. En el horizonte puedes ver Bs Aires a 50 km del otro lado del rió. La ciudad cambio como 7 veces de mano, la fundaron los portugueses desafiando el tratado de tordesillas y en contra replica los españoles fundaron Montevideo.

    No se como les enseñaran esta historia a los niños en España, aquí el conflicto con los británicos se llama «invasiones inglesas», los niños se aprenden de memoria que el Rey le concedió a Montevideo el titulo de la «Muy fiel y reconquistadora», por haber liberado Bs Aires.
    En realidad los ingleses estuvieron poco tiempo y fundaron un diario pro ocupación «Southern Star» pero en idioma ingles….

    No aparece entre los «libertadores» el nombre de el héroe de mi país Artigas, creador de una constitución sumamente reivindicativa de los pobres e indígenas (que por aquella época todavía estaban vivos aquí) «Las instrucciones del año XIII».
    Por cierto los uruguayos ya estamos acostumbrados a este borrón histórico, últimamente a Cristina Kirchner se le dio por decir que Artigas era argentino, y como ya se apoderaron del dulce de leche y la cumparsita no nos parece muy justo.
    A, y en España cuando vamos nos cansamos de decir diez veces por día «no soy argentino, soy uruguayo» porque nos confunden.Hasta que nos resignamos.
    http://www.coloniauy.com/
    http://letras-uruguay.espaciolatino.com/klein_fernando/a_doscientos_anos.htm
    https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Gervasio_Artigas

    • ordoño.Martínez

      Me ha gustado mucho tu nota
      Gracias

    • Los españoles no sabemos distinguir un argentino de un uruguayo, pero tampoco a un peruano de un boliviano, ni a un colombiano de un panameño. A los niños españoles no se les enseña nada de la América postcolonial, absolutamente nada. Ni siquiera conocen su propia historia. Todavía menos ahora, que están cazando Pokemons.

      • Y luego ponemos el grito al cielo cuando un estadounidense tiene problemas para ubicar los países europeos. Lo que se dice siempre de la paja y la viga.

      • Si admito que es difícil por el acento, pero pueden distinguirnos por cierto objeto cilíndrico que llevamos a la diestra (termo), y un artefacto redondo con yerba (no es marihuana) mate.

        Aquí a los niños se les da una visión muy heroica (pero sufrida) de la historia del país. Y por supuesto, los reyes católicos, la casa de contratación de indias.
        Aquí todo el mundo era muy leal a Fernando VII, incluso cuando la invasión napoleónica, pero había un divorcio brutal en cuanto a los acontecimientos. Según me dijo mi profesor de historia en Montevideo, estaban todos festejando el ascenso de Fernando VII, y cuando llego un emisario con noticias de lo sucedido en Bayona lo ocultaron para que no les arruinara la fiesta.

    • Rubem Tupayachi

      Bueno Aquiles. Creo que el hecho de llamarle isla sin importancia se basa en el hecho de que, la contraparte era un país grande (todo Paraguay), muy desarrollado y una civilización de convivencia entre grupos raciales y culturales distintos que nunca se volvió a tener en América Latina. Comparas y sí, Colonia de Sacramento era una islita comparado con semejante proyecto jesuita.

  3. Querido Aquiles:
    Por desgracia en España no se enseña en los colegios ya ni el español (culto y elevado idioma que nos une), así que mucho menos se puede pretender que se enseñe la historia de los mucjos países hermanos que surgen del Imperio. De todos modos, en defenda del escritor del artículo, se entiende que al hablar de Sacramento como una islita o un lugar pequeño se refiere a la época en que sucedieron los acontecimientos a los que jace referencia, no a la actualidad (sin duda debe der un lugar hermoso).

    ¡Ánimo a todo el que quiera aprender del pasado para entender el presente y construir un mejor mañana!

    • Es probable, yo felicite a unos cuantos españoles por lo de las navas de tolosa en 2012 y no sabían muy bien que era eso. Aquí se machaca mucho en la niñez con el periodo artiguista así que no se lo olvidan.
      Para ser justos la historia de España es muuucho mas extensa.

    • Colonia del Sacramento nunca fue una isla ni estuvo en una. Fue fundada como ciudad fortificada en el actual Uruguay (llamado en aquel entonces Banda Oriental) y fue ganada y perdida varias veces por españoles y portugueses, al punto que fue llamada «la manzana de la discordia». Su casco histórico, que es muy pequeño, está bien conservado y muestra una combinación única de trazados y métodos constructivos españoles y portugueses.

  4. Me gusta el tono ligero y chispeante de vuestros artículos, pero a menudo, si no conozco el tema, tengo que ir después a la Wikipedia par enterarme de una manera más sistemática y ordenada de la información esencial. Porfa pensad en ello.
    Por lo demás felicitaciones, vale la pena leeros.

  5. Apasionante. Aunque el siglo XVIII es tan loco que uno siempre se pierde entre tanto tratado y tanto movimiento de fronteras.

  6. Pingback: La guerra de la Oreja de Jenkins y otras guerras olvidadas – Anuska Martínez

  7. Los hechos son claros y las cifras no engañan. La Armada Real española demostró, en su inferioridad, que no estaba peor preparada que la británica durante el conflicto que comenzó en 1739. http://www.todoababor.es/articulos/guerra-oreja-jenkins.htm

  8. Agustín Serrano

    Muy buen artículo.

    Enhorabuena.

  9. Costa Neira

    Confuso. Lo lamento.

  10. Creo que es un artículo muy confuso, sobre todo si el lector no es conocedor de dicha época. Simplemente se enumeran ciertos sucesos sin entrar en detalles y con sucesivos saltos y vueltas temporales. No se detalla ningún acontecimiento digno de ello, como la victoria española en Cartagena de Indias (o que los propios ingleses llegasen a acuñar monedas homenajeando una falsa victoria). Creo que un artículo histórico debería estar mejor estructurado y más elaborado en cuanto al contenido. Un saludo.

  11. Pues a mí me ha gustado mucho.

  12. pacopepea

    Buen articulo aunque se debia recordar que durante la guerra de independencia norteamerica Don Bernardo de Galvez, (Galveston,lleva su nombre) tomo Pensacola con siete mil britanicos prisioneros ,casi los mismos que en Yorktwn,esta bien no ser patrioteros ,pero determinadas cosas hay que decirlas.
    Le propongo un Articulo sobre grandes desastres britanicos ocultados sitematicamente por el cine y la literatura,Egipto,Afganistan..etc, Isandhlwana aparte.

  13. «Y uno piensa, ¿Valparaíso? Pero ¿los españoles qué pintan ya allí? Desde que O’Higgins independizara Chile en 1817 ningún soldado español había disparado ninguna bala en aquella parte del mundo.»

    La entrada a Chile del Ejército de los Andes empezó con una victoria en 1817, de San Martín por cierto, pero la guerra siguió por un año más. La independencia se declaró en 1818 y se consolidó 2 meses más tarde en batalla. Pero en la zona de Concepción (la segunda ciudad de Chile entonces y ahora) la guerra continuó con guerrillas realistas, oficiales españoles y aliados mapuches. Esa «Guerra a Muerte» siguió hasta 1822 o por ahí.

    Pero además estaba el archipiélago de Chiloé, una gobernación militar dependiente de Lima, considerada de gran importancia estratégica. Chiloé era un importante proveedor de tropas realistas en la guerra de Chile y su gobernador Antonio de Quintanilla no se rindió luego de la independencia chilena. Resistió el ataque de Thomas Cochrane en 1820, una incursión no planificado, en el entusiasmo de los días posteriores a la increíble toma de Valdivia y sus 10 fuertes. Y resistió el ataque de una expedición bien planificada en 1824. Después de la batalla de Ayacucho el archipiélago era una gobernación aislada que ya no podía esperar auxilio desde Perú, solo una improbable ayuda desde el Caribe o Europa. Finalmente, los realistas de Chiloé fueron derrotados en 1826 y el archipiélago (en el papel, el territorio incluía además toda la Patagonia occidental hasta el cabo de Hornos) se anexó a Chile por un Tratado ejemplar, la independencia el mismo día en que se rindió el fuerte de El Callao.

    Además, todo esto tiene cierta relación con la absurda guerra de 1866, que requiere un mayor detalle: 1- Una expedición científica de la Armada de España va pasando por Perú. 2- En una pelea de bar muere un ciudadano español cualquiera. 3- Los marinos que pasaban por ahí exigen que se aclare el crimen y las autoridades peruanas les contestan que no se metan. 4- El tono sube de lado y lado y ¡tachán! el comandante de la expedición declara la guerra, toma las islas Chinchas y exige el pago de la deuda de la independencia todavía impaga (Nota: El comandante era hijo un destacado militar español durante la guerra de la independencia de Chile, muerto en Concepción de tifus o algo parecido). 5- Chile, Ecuador, ¿Argentina? ¿y Bolivia? se alían con Perú y le declaran la guerra a España o a los barcos españoles. 6- Comienza la guerra, obviamente exclusivamente naval. Van y vienen escaramuzas, nunca definitivas. 7- El comandante español se suicida. 8- El nuevo comandante bombardea Valparaíso, con aviso previo de un día o dos, de modo que solo mueren dos o tres vagabundos que dormían en la Aduana. 9- Combate en El Callao, tanto españoles como aliados se consideran vencedores («No destruyeron El Callao.» «No destruyeron la escuadra») 10- La escuadra española se va. Fin.

    Esta guerra tan idiota tiene cierta relación con lo que contaba al principio sobre cómo concluyó la independencia de Chile. Los habitantes de Chiloé continuaron esperando «un rescate» por décadas y muchos creyeron que de eso se trataba la guerra y hasta al parecer algunos individuos de la zona proporcionaron alimentos o información o al menos un «viva España» mientras la escuadra española anduvo por aguas chilotas.

  14. No estaría de más hablar de la «Guerra de la Triple Alianza» o «Guerra del Paraguay», uno de los episodios militares más tristes y horrorosos del post-colonialismo, y que al menos en España no conoce ni el tato. En su memorable «Las venas abiertas de América Latina», Eduardo Galeano la califica sin tapujos de guerra de exterminio, y vistas las consecuencias, razón no le falta.
    Tuvo lugar entre 1864 y 1870.
    A grandes rasgos, una guerra en la que Argentina, Brasil, y en testimonial medida, Uruguay, jaleados y leoninamente financiados por los poderes económicos británicos, entraron a saco en Paraguay con el objetivo de derribar al dictador Francisco Solano López, quien tenía a Paraguay aislada, sometida, y sorprendentemente próspera.
    El resultado fue una derrota devastadora para el Paraguay; perdió una parte notable de su territorio (repartida entre Brasil y Argentina), y un descenso demográfico monstruoso (los cálculos más extremos son desoladores; los más conservadores son también desoladores).
    ¿Quién ganó? Gran Bretaña, como siempre. No pegó un tiro, abrió la almeja paraguaya, y se llenó los bolsillos con los préstamos concedidos a los vencedores.

    Si quieren saber más: https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_la_Triple_Alianza#Pol.C3.A9mica_actual

    • alfonso vila

      O de la Guerra del Chaco, entre 1932 y 1935. Sí, hay más guerras pero no podía extenderme mucho más y he tenido que centrarme en las que intervenían españoles o eran aún bajo dominio español. Tal vez en futuros artículos pueda abordar todos esos puntos que quedan pendientes. Muchas gracias por tu aportación.

      Un saludo.

  15. Carlos Alonso

    Coincido con otros comentarios: artículo interesante pero confuso y cojo al no contextualizar referencias. No se dice quien fue Jenkins (sólo yendo al enlace a Wikipedia) y en otros ni hay enlaces.

    Otra guerra por motivo absurdo, la del guano y el salitre https://es.m.wikipedia.org/wiki/Guerra_del_Pacífico

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