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La desdichada historia del hijo de William Burroughs

Ilustración de Iban Sainz Jaio, cortesía de Dirty Works.
Ilustración de Iban Sainz Jaio, cortesía de Dirty Works.

E por esso sobre todas las cosas cataron que fuessen hombres de buen linage, porque se guardassen de fazer cosas porque pudiessen caer en verguença: e porque estos fueron escogidos de buenos logares y con algo. (…) Por esso los llamaron Fijos de algo. (Ley segunda tit. 21 partita 2)

Alcohol, drogas, artritis, operaciones, trasplantes, prisiones, hospitales… La corta vida de William S. Burroughs Jr. (Conroe, Texas, 1947), también conocido como Billy Jr., no fue precisamente un camino de rosas. Nacido para sufrir, el hijo del icono contracultural William S. Burroughs y nieto del millonario inventor de la máquina de sumar William S. Burroghs I, vivió atrapado en un carrusel de infortunios que se zanjaron con su muerte en 1981: tenía treinta y tres años y el hígado como un colador.

Y aquí casi podríamos dar por concluido este artículo. Sin embargo, entre el nacimiento y el deceso de Billy sucedieron un puñado de cosas que merece la pena contar. Sobre todo porque, como escribió Nicolás Gómez Dávila, «por mezquina y pobre que sea, toda vida tiene instantes dignos de eternidad».

Nacido inocente

Billy vino al mundo en Conroe, una ciudad de unos cincuenta mil habitantes situada en el condado de Montgomery, al sur del estado de Texas. Su padre, William S. Burroughs, no necesita presentación: considerado el padrino de la generación beat, por más que él siempre rechazara la etiqueta, escribió libros inimitables e inclasificables como El almuerzo desnudo, Nova Express, Ciudades de la noche roja o El lugar de los caminos muertos. En cuanto a su madre, Joan Vollmer, era una estudiante de periodismo amiga de Kerouac. Pese a las inclinaciones homosexuales que experimentaba desde su infancia, Burroughs se encaprichó con ella en cuanto la conoció.

Poco después de casarse, Jean y William se instalaron en una granja texana para esconderse de la justicia neoyorquina, que los perseguía por delitos narcóticos. Pero ni el aire puro ni la vida campestre acabaron con las tóxicas costumbres de la pareja: ambos bebían como cosacos y cultivaban opio y marihuana; él se atiborraba de heroína, y ella de benzedrina, aunque ya estaba embarazada de Billy. Contra todo pronóstico, el bebé nació más sano que una manzana sin gusano.

Esta oscura etapa de la vida de William Burroughs padre es pasada por alto por la mayoría de sus biógrafos, aunque de ella habla largo y tendido Rob Johnson en el libro The lost years of William S. Burroughs: Beats in South Texas. Ciertamente fue una etapa inusual, pues el escritor tuvo lo más parecido que tendría jamás a una familia, por más que él consideraba la institución familiar como «uno de los principales obstáculos para el progreso humano», y prefería los gatos a los niños. Además de William, Joan y el recién nacido Billy, también formaba parte de tan singular familia Julie, hija de un matrimonio anterior de Joan. Al margen de los monos y los episodios psicóticos de sus padres, los primeros cuarenta y ocho meses de la vida del niño quizá fueron los más dichosos: en un entorno agradable, jugando al aire libre con su pequeña hermanastra y ajeno a las múltiples amenazas que se cernían sobre su frágil existencia. Pero la paz duró un suspiro. Cuando Billy tenía dos años, la familia tuvo que coger sus trastos y escaparse a México, con la pasma pisándole los talones.

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9 comentarios

  1. Pingback: La desdichada historia del hijo de William Burroughs – Jot Down Cultural Magazine | METAMORFASE

  2. Bravo!

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  4. Yo leí Jamón de Kentucky hace muchos años y todavía recuerdo esa lectura. Buena comparación con El guardian entre el centeno, y estoy de acuerdo, el estilo de Billy podía parecerse algo al de Salinger pero apenas al de su padre.

  5. Forgotten boy

    La pregunta e: ¿Se animará Dirty Works a reeditar algún día Speed y Kentucky Ham?

  6. Gracias por el artículo!

  7. ¡Gracias!

  8. Alfonso Antón.

    En la película «El almuerzo desnudo» no recuerdo que salga como hijo por ninguna parte. Un padre muy deficiente Williams Burroughs. Parece que sus dos novelas no son destacables, pero ojalá hagan alguna versión cinematográfica, a ver si su obra y su ambivalente nombre se revaloriza, como pasó con «Alguien voló sobre el nido del cuco».

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