Música

Brillar de aquella manera: The Glowing Man

Michael Gira. Foto cortesía de William Lacalmontie.
Michael Gira. Foto cortesía de William Lacalmontie.

Escóndete debajo de tu piel de mono. (Swans, «Lunacy»)

El fundador, líder y cerebro insondable de Swans es el clásico indeseable que sabe hacerse desear. A principios de los ochenta, su perfil de mugshot destacó sin remedio entre los acólitos de la no wave neoyorquina; ahora, el fermento de los años lo ha puesto a irradiar una lucidez mate de procedencia dudosa. Caras como la suya no envejecen porque nunca terminan de hacerse. Conserva una dentadura envidiable y un corpachón que dignifica el traje: verifica tú mismo la elegancia del monstruo. Concluido el tiempo de las ordalías y la soga al cuello, ha llegado a insinuar que la música está para disfrutarla (amén) pero es posible que este remozamiento del manual se deba al alcohol. A la falta de, quiero decir. Ya no tiene tiempo para beber porque urge forzar acontecimientos de la mayor calidad posible, con la mayor frecuencia posible, mientras queden fuerzas para poner en marcha los rituales necesarios. A muchos nos asusta no hacer justicia a los días que nos toca vivir, dejar una vida insustancial a nuestro paso, y quizás sea el miedo la mejor excusa para que este hombre —o cualquiera en su defecto— siga atreviéndose a subir el listón cuatro años después de un canto de cisne como The Seer. De momento, The Glowing Man es el último graznido de Michael Gira, aquel cabrón radiante que no se dejaba desplumar.

¿No sabes quién es Michael Gira? Bueno.

Mejor, en realidad, porque no le caes bien. Tipos como este se desayunan con tus prisas y tus prejuicios. Sí, sí que los tienes, pero a él le da lo mismo en qué pierdes el tiempo que pasas escondido debajo de tu piel de mono. Le importa un rábano dónde pones el límite entre lo excitante y lo perverso, y por extensión matemática se la trae floja la topografía semisólida de tu sentimentalidad. Por lo que a él respecta somos todos combustible. Michael Gira lleva treinta años incinerando naves y huyendo de la predictibilidad con la que se han hecho ricos la mayoría de los músicos que te gustan, así que si tienes carné de Amante del Arte y crees que los estatutos del club te protegen de la radiación y los roedores, en serio, aquí estás perdiendo el tiempo.

Sin embargo sigues conmigo, así que voy a contarte cosas de The Glowing Man. Aprovecha que Gira no tiene prisa en encender el horno y piénsatelo mientras tanto. La máquina arranca con la cadencia amorosa de los trenes que van muy lejos, pero ya en la primera curva aguarda un timbre cavernario de lur escandinavo. Acostúmbrate a él porque aquí se canta lo justo: la voz humana es un strepitus diaboli superpuesto al tumulto. Presta oídos a la chelista coreana Okkyung Lee (pero no esperes un chelo sino más bien una estridulación de abejorro) y atento al percusionista Thor Harris, que también es carpintero y lo demuestra de principio a fin por obra y gracia de sinestesias inauditas. Cuando termine la primera de las dos Clouds todavía estarás a tiempo de largarte sin cortes significativos en la cara. En caso contrario, hazte a la idea de que te enfrentas a una náusea maratoniana. Hasta la primera oportunidad de alivio real, a medio camino de la tercera pista, son más de tres cuartos de hora de apnea. Y esto es solo el moodsetter.

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8 comentarios

  1. Pingback: Brillar de aquella manera: The Glowing Man – Jot Down Cultural Magazine | METAMORFASE

  2. Muy bien escrito pero en realidad no cuenta nada, ¿no?

    • Mi intención fue que sí lo hiciera pero te agradezco el comentario. Tendré que mirármelo. Gracias por leer ;)

      • Que conste que iba sin acritud. Lo que quiero decir es que los que ya conocemos el disco y nos gusta no podemos sino asentir con la cabeza y la gente que no lo conoce tampoco creo que se vaya a hacer una idea clara de lo que se va a encontrar. En ese aspecto creo que se habla bastante poco de la música en sí y personalmente me habría gustado que te mojases un poco: qué te ha gustado más y menos del disco, qué consideras que ha cambiado a mejor o a peor respecto a los anteriores, qué te parece la evolución de los temas respecto al directo…

        No sé si me explico, al leerlo no ha provocado ninguna reacción en mí porque apela demasiado a tus propios sentimientos y a metáforas más o menos bellas (a gusto de cada uno). Me cuesta estar de acuerdo o en desacuerdo con nada de lo que se dice aunque como ya digo es un artículo ameno de leer (yo no lo podría haber escrito mejor).

        • No te preocupes, no había nada que tomarse mal en tu comentario :)
          En realidad tienes razón. Al escribirlo tomé la decisión de dejar fuera valoraciones de ese tipo porque no quería hacer una reseña. Al fin y al cabo esto no es Pitchfork (un decir). Pensé que podía hacerlo interesante desde otro ángulo pero me parece completamente respetable que para ti no funcione (para otros lectores tampoco ha funcionado, por diferentes motivos). Siempre agradezco una crítica con educación.
          En ese otro sentido más reseñístico por supuesto que hay mucho que comentar, y si fuera a hacerlo siempre partiría de una idea: a pesar de que nada ha cambiado a peor, The Seer es insuperable. Gira parece infalible ahora mismo, a ver con qué viene después de esto.
          ¡Gracias de nuevo y un saludo!

  3. Me parece un artículo perfecto, entretenido, misterioso y evocador. Todo parece interesante, y aunque la música no sea del estilo que prefiero, oírla es inspirador, es algo nuevo y conmovedor. Yo hubiese preferido ahorrarme las tres frases del final, que para el que va leyendo sin despreciar ni comprar, sólo atendiendo y abriendo los oídos, son como un bofetón que no viene a cuento, y que más te inclina a rechazar la invitación que a aceptarla (al menos a mí, la chulería no me desafía ni me pone, sino que me cabrea). Pero digamos que ha sido licencia poética, digamos que ha sido como el chiste del gato. Me ha gustado más el texto que la música (y eso no es para mí una decepción en absoluto). Espero seguir leyendo más artículos suyos.

  4. El filete era mío

    A mí me ha dado miedo, mucho miedo. Ahora no me atrevo a escuchar el disco.

  5. Feldestein

    Bello artículo, bella música

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