La La Land existe porque amamos el cine

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La La Land, 2016. Black Label Media / Gilbert Films / Impostor Pictures / Marc Platt Productions / Summit Entertainment.

Y entonces, estallan a cantar. En color y canción, como describía Jacques Demy a Los paraguas de Cherburgo. Como en el sueño lúcido de un dramaturgo, los personajes se desplazan de la realidad y la realidad se suspende y nos la creemos. Magnolia también transcurre en Los Ángeles, pero la ciudad que dirigía Paul Thomas Anderson nos agarraba por el pescuezo y las tripas como agarraba a sus nueve protagonistas y les exprimía hasta que ya no podían resistir más culpa y desamparo y dolor. Y no tenían otra alternativa que estallar a cantar.

En Magnolia se habían olvidado de amar porque la vida se nos olvida entre rencor y cinismo, que no es más que cobardía con diploma universitario. Damien Chazelle tiene treinta y dos años y sabe que ama, sabe lo que ama y sabe que lo ama tanto que se le olvida todo lo demás. Se le olvida que Los Ángeles es una ciudad inhumana en la que pierdes todas las mañanas con el hormigón a un lado y el atasco al otro. Se le olvida que el dinero es el único motor de la realidad contemporánea y que una cuenta en bancarrota nos deja en bancarrota el alma. Se le olvida que para ganar dinero hay que producir secuelas y precuelas y spin-offs y spin-offs de los spin-offs, porque el público no quiere ver nada nuevo y, mucho menos, nada antiguo. Hasta se le olvida que los actores y actrices de hoy no son Gene Kelly ni Ginger Rogers y apenas rozan el aprobado cuando les pones a cantar y a bailar, porque, como dice Toni García Ramón en nuestra Smart 16, bailar es cosa de viejos y nosotros ya no somos niños. Se le olvida que el cine tiene que tener mensaje y que ese mensaje tiene que ser duro y áspero porque la vida es una putada y disfrutar nos convierte en seres adormecidos y alienados. A Damien Chazelle, que acaba de cumplir treinta y dos años, se le ha olvidado que la película que acaba de estrenar no debería existir.

Pero La La Land existe. Y existe porque amamos el cine.

Chazelle, director y también guionista del filme, cuenta que se mudó a Los Ángeles porque lo único que sabía hacer era cine. No sabemos si sabrá hacer otra cosa, pero sí sabemos que levantar un musical es un acto temerario, casi kamikaze y, a la vez, el hecho cinematográfico más genuino que existe. La suspensión de la incredulidad desde la situación más increíble. Algo imposible de reproducir en literatura e incluso en teatro, porque no hay coreografía capaz de mirar a los ojos a aquella que danza con una cámara Panavision entre los bailarines.

Por eso, cuando el sol se acaba de poner y comienzan a encenderse las luces de la ciudad, Mia, camarera frustrada y actriz en proceso de frustración, se quita sus agotadores tacones de fiesta y saca sus zapatos de caminar. Curiosamente, y sin justificación ninguna, esos zapatos van a juego con los zapatos de tocar el piano de Sebastian, músico obsesivo, terco y (posiblemente) equivocado. Y entonces, bailan. A dúo. A juego. No, ni Emma Stone ni Ryan Gosling están en la pantalla para enseñarnos claqué ni tampoco van a ganar un festival de la canción. Pero nos da igual. Dos personas en un parque comienzan a cantar y bailar impecablemente acompasados. Es perfecto. Es un prodigio. Apenas han transcurrido veinte minutos de metraje y nosotros decidimos que queremos volver a ver esta película.

La La Land, 2016. Black Label Media / Gilbert Films / Impostor Pictures / Marc Platt Productions / Summit Entertainment.

Queremos volver a ese CinemaScope tan íntimo que hace desaparecer el resto del mundo hasta que solo quedan las miradas y los gestos, los vaivenes y los balanceos de una actriz y un actor empapados en carisma. Verles nadar en la partitura irresistible de Justin Hurwitz mientras nuestros pies, convertidos en entes autónomos, repiquetean con la cadencia involuntaria de «A Lovely Night» o «Someone In The Crowd» como lo hicieron hace medio siglo al ritmo de «Singin’ In The Rain» o «Dans le magasin».

Pero, por mucha tipografía y vestuario cincuenteros que la envuelvan, La La Land no es un homenaje al musical clásico ni una exploración posmoderna del género. Hay un par de guiños y alguna media sonrisa cómplice a Demy, a Minnelli o a Stanley Donen, pero se construye con la audacia del verdadero jazz, el que mira desde el futuro. Crece con sus propias reglas, permitiéndose montar la cámara al hombro o atreviéndose a narrar una vida inexistente en Super 8 y sin más preparativo que los ojos asombrados de Stone. El resultado es una cinta que no pertenece al pasado ni tampoco reanima a un artefacto que creíamos olvidado: La La Land se coloca fuera de cualquier tiempo y, por tanto, solo es posible dentro de sus fronteras.

Salvo que, durante ciento veinte minutos, esas fronteras abarcan todo nuestro tiempo y todo nuestro espacio y la pantalla se transforma en un cosmos lleno de estrellas. Y nos olvidamos de lo que existe fuera de nuestra butaca y nos perdemos entre su centelleo. Las hay rutilantes y las hay leves. Números apoteósicos sobre autopistas y conversaciones solitarias junto a un piano, conciertos multitudinarios y lágrimas en el escenario de un teatro vacío. Piruetas y parpadeos. Lo más pequeño resplandeciendo escondido en el planetario del observatorio Griffith de Los Ángeles.

Entonces comprendemos —en realidad, recordamos—  que la vida es una sucesión de renuncias para alcanzar otros logros. O que hay que renunciar a los logros para llegar a las caricias. ¿O era que podemos cambiar de opinión por muy cabezones (y posiblemente equivocados) que seamos? Tal vez era que si te colocas el mando a distancia del coche en la barbilla, el cráneo sirve como antena amplificadora. Quién sabe.

A lo mejor no hay ningún mensaje. A lo mejor el único mensaje de La La Land es que quizá las películas se vean mucho mejor en casa, con una pantalla gigante de LED, OLED o AMOLED y un home cinema de sonido envolvente 5.1, porque los multicines están llenos de gente que enciende los móviles, consulta el Facebook y habla sin parar. Pero, aun así, seguimos yendo a las salas. Seguimos entregándonos a la felicidad durante dos horas. Seguimos tarareando canciones y bailando bailes. Seguimos queriendo experimentar el instante inabarcable en el que rozamos nuestra mano contra la mano de otra persona por primera vez.

Porque estamos enamorados del cine y, a veces, el cine nos corresponde.

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38 Comentarios

  1. Hacía mucho tiempo que no salía de una sala de cine con ganas de volver a ver la película… En el cine, por supuesto. Y La la Land lo ha conseguido.

  2. He tenido que verla dos veces para valorarla debidamente. Esperaba mucho de La La Land. Más por Chazelle que por los musicales. Pero me encantan las películas que juegan con la forma y la convierten en parte de la narración (como ya hizo en Whiplash). Así las cosas, había muchas expectativas. Tantas que la primera vez me decepcionó. Me pareció torpe y mal hilada. Pero creo saber el motivo. Chazelle va abriendo puertas que deja entreabiertas y de las que el espectador espera más. Cuando deseas que haya más números barrocos como en el arranque, la acción pasa a intimistas coreografías de claqué. Cuando esperas más claqué, la trama se convierte en un homenaje a la ciudad de Los Ángeles. Cuando uno quiere seguir descubriendo Los Ángeles, la película vira hacia el drama… Y así en una sucesión de giros que acaban dejando al espectador con ganas de más sobre todo lo que cuenta. Pero suele ocurrir con las películas que muestran cosas interesantes.

    La segunda vez que la vi ya sabía a lo que iba, sin esperar un espectáculo que me dejara pegado a la butaca. Así pude valorarla mejor, me pareció mucho más fluida, incluso la parte musical tiene una continuidad y un ritmo envidiable.
    No es una obra maestra como podía haber sido, pero es una muy buena película.

  3. Gran artículo. La la Land es una delicia que solo se puede apreciar adecuadamente si asistes a la sala desprovisto de cinismo o con cierta habilidad para desprenderte de él y dejarte envolver por la magia del cine, una magia de miradas, de imágenes y recursos que, como bien dices, solo pueden darse delante de la gran pantalla.

  4. Después de leer que era una obra maestra entre al cine esperando eso.La primera escena me pareció realmente original y sin duda del género musical. Soy amante de los musicales y sinceramente me decepcionó. Encontré el argumento un gran tópico que juega con los amores imposibles y esperaba más acción y no tanto sentimentalismo. Se me hizo larga e incluso cuando salí del cine me quedé con ganas de que ocurriera algo más. Creo sinceramente que la han sobrevalorado,como cinéfila que soy no es una película que me haya marcado.

    • Totalmente de acuerdo, no es para tanto, soy cinefilo, melomano y me encantan los musicales, y esta no deja de ser una pelicula agradable o pasable…no tiene puntos comicos o muy sutiles, mucho sentimentalismo y el guion no esta bien enlazado, se nota que han cortado… musicales maravillosos west side history, the producers, o my fair lady, … ???

  5. Odio los musicales, no los considero Gran Cine puesto que son pura forma que al igual que un bello jarrón están huecos por dentro. Para ser más exactos son un videoclip largo.

      • Yo he pasado de ella en cuanto la he leído. Si odia los musicales no sé qué hace leyendo sobre un musical. Ah, bueno, ahora caigo.

      • He viso la película sino no hablaría y al igual que una peli de Michael bay, nadie la tildaría de obra maestra por su pirotecnia visual, ha pero si es un musical, ¡¡Obra maestra!!, pero porque?? que hay detrás de los bailecitos y la bella música, puros tópicos y clichés al igual que un blockbuster vació y soso del montón. El gran cine dice algo, muestra algo incluso si es una peli de fantasía, el Gran cine incomoda, inquieta, nos hace preguntas, no solo son simplemente forma. Whiplash, obra de este mismo autor, colocaba al espectador un un papel incomodo, lo dejaba a la deriva y le daba la responsabilidad moral de elegir lo que estaba bien y lo que estaba mal, eso es CINE, mientras que la la land es puro conformismo, pura superficialidad que hace sentir cómodo al espectador porque todo ya esta masticado y esto algo propio del genero musical, no importa el drama, ni siquiera la narración, lo importa en la forma y nada más.

        • Bueno, La La Land no es todo comodidad. Alguien que la haya visto, comprendido y repensado jamás diría algo así. Yo creo que retrata miedos y preocupaciones de una generación (con la que yo, en parte, me identifico). Es un cuento de hadas formal que esconde una pesadilla inherente al ser humano (las decisiones que tomamos en la vida).

          Dicho esto, yo no creo que sea una obra maestra, esperaba algo más precisamente de la forma. Pero sí tiene algo. Es indudable. Si no ¿por qué iba a ir a verla alguien que odia los musicales?

          En cualquier caso, enhorabuena, al menos has construido una opinión de más de una línea y con algún argumento que otro.

          • ¿por qué iba a ir a verla alguien que odia los musicales? Porque me pagaron la entrada por supuesto, porque Whiplash me encanto, además de que me deje llevar por las alabanzas infladas de los críticos hacia esta nueva película, y que lo peor de todo es que ni siquiera es original ya que es un pastiche de homenajes a otros musicales clásicos, que por lo menos destacaban en ser originales. Y si viste en este bello jarron «una pesadilla inherente al ser humano» creo que si vieses y una película de Cronenberg, Lynch o Haneke, quedarías traumatizado.

            • Pero ya de entrada odiabas los musicales. Aunque puede que me haya pasado prejuzgándote, tú también te equivocas haciendo lo mismo conmigo.

              Pocas personas hay más fanáticas del cine de Lynch y Cronenberg que yo. Haneke es capítulo aparte porque es el director más pretencioso y embustero de la historia del cine (sí, he visto la sobrevalorada Funny Games, la sobrevalorada Amor, Oculto…). A ver si su amiga Isabelle Huppert le da algunos trucos sobre cómo hacer un buen thriller cínico ahora que ha protagonizado la grandiosa ‘Elle’. Haneke, ese director que dice que jamás rodaría una película de Hollywood con Brad Pitt, al tiempo que deja tirados en Madrid a los espectadores de una ópera en el día de su estreno para recoger un premio… Sí, de Hollywood.

              Uno encuentra la belleza y las pesadillas donde quiere. Yo no puedo con la poesía porque, de entrada, es pura forma. El hecho de que haya que dominar un lenguaje para entenderla al 100% es algo que me puede. Sí, me puede emocionar un poema, pero para un armenio no es más que letras juntas sin sentido. Del mismo modo que me puede costar apreciar un poema en inglés. Afortunadamente en el cine uno puede disfrutar de la forma porque sólo necesita ojos (a veces ni eso) y un mínimo de sentido del gusto. Y los musicales son una forma tan lícita como cualquier otra para transmitir cualquier tipo de mensaje y abordar directamente los sentimientos. ¿O me vas a decir que no hay thrillers, dramas y melodramas con mensajes esperanzadores? ¿Por qué no iba a suceder lo contrario con los musicales? Que quede claro, no intento convencerte, incluso a mí ‘La La Land’ no me gustó tanto como esperaba.

              • La poesía es sobre todo contenido por eso hay tantas formas de hacer poesía. Además hay pocos buenos poetas y precisamente los mejores han hecho uso de la filosofía (que es contenido). Ays. Sólo quería decir eso xD.

  6. Creo que es una peli irregular, con altibajos, aunque los altos son muy altos y la dirección es brillante. Coincido con algún comentario en que le sobra minutaje y sobre la mitad casi se cae. Los números músicales son excelentes aunque para mi gusto las canciones son simplemente correctas. La escena de la audicion final es memorable.
    Puede que el fervor critico tambíen se deba a esa almibarada visión de hollywood que muestra el film. Merece la pena verla y si se hubieran cambiado algunos detalles de estructura y guión podría haber sido una obra maestra, que por desgracia no es.

    • El punto es que el musical clásico es esclavo de su forma, Siempre tiene que haber un romance(heterosexual por supuesto), siempre tiene que haber un mensaje esperanzador, siempre tiene haber un búsqueda por encontrar la fama, siempre tiene que tener un trama superflua, la narración siempre debe ceder a numerito musical de turno, siempre es una exaltación a la juventud y la belleza, siempre tiene que haber un final feliz, y si te pones a analizar las letras de las canciones son del nivel intelectual de una persona consumidora de novelitas rosas o revistas de chismes. Entonces como mierda algo tan frivolo puede ser considerado Gran Cine. Todo es sobreactuacion, saturacion, narrativa plana, ¡por favor! que podría quedarme todo el día desmontando a los grandes musicales del cine y dejarlos a la altura de un betún. Y por favor no compares la POESIA con los musicales, la Poesia no es un no es jarrón bonito y hueco es un cuadro en el esta toda la experiencia de la vida, para más dudas leer Pessoa, Cesar Vallejo o Erra pound.

  7. Mi opinión sobre «La La Land». La cinta crea un metarrelato sobre el cine y su época dorada que somete al argumento y lo transforma en secundario. Por momentos, la historia entre Mia y Sebastian invierte su condición de contenido y se convierte en continente, en un pretexto sobre el que celebrar un excelso homenaje al celuloide. Supongo que la declaración de amor al cine de «La La Land» es la que ha conquistado a sus amantes, crítica y público, y les ha inspirado una actitud complaciente. Por ejemplo, con respecto a las secuencias que tejen la confitada historia de amor de los protagonistas, fértiles en candidez y estériles en originalidad. Quizá sea esta anuencia pública la que nos mueve a aceptar, sin reservas, la falta de un lenguaje propio en la película. Ricas son sus referencias, impecables sus ofrendas, pero más allá de recrear las pinceladas maestras del genero musical, el cine debe crear nuevos registros que extiendan su horizonte. Tal y como sostiene Christopher Alexander: “las decisiones que se adoptan dentro de un estilo están exentas de la enfadosa dificultad de la duda“. En el caso de «La La Land», su confortable militancia estilística le produce algunas contraindicaciones. Lo percibimos en lo difícil que le resulta congeniar la nostalgia musical y estética por los años 30, 40 y 50, con el contexto contemporáneo en el que se ambientan los hechos. Puede que aquí se perdiese una oportunidad, la de crear una propuesta musical y coreográfica actual, tal y como corresponde a una historia moderna. Otro aspecto dudoso es la importancia que se concede al escenario de la trama: la ciudad de Los Ángeles. Tal es su protagonismo que se erige en personaje, afirmándose como uno de los principales actores del elenco. Sin embargo, Los Ángeles no ofrece un atractivo mayúsculo como escenario romántico, pues aunque lo intente, nunca será lo que Roma fue para «La Dolce Vita». Quizá la faceta más estimable de la película la constituya su final, un final capaz de recompensar una espera de más de 120 minutos de metraje. En él se estimula una reflexión turbadora sobre las elecciones, la ambición, la felicidad y el propio amor. Y se ofrece un contrapunto dramático al tono general de la obra. Es este desenlace, y algunas de las piezas carismáticas de su banda sonora como «City of Stars», lo que más entusiasmo me despiertan en «La La Land». Una película a la que acudía con la exigencia de quienes la elevaron a obra maestra, y que pese a todo lo dicho, recomiendo. ¡Larga vida al cine!.

  8. Enhorabuena, te has atribuido la verdad absoluta. Si no comprendes que yo no soporte la poesía, supongo que entenderás que tu opinión sobre los musicales (y La La Land) me importe un pimiento. No entiendo cómo una persona que detesta los musicales pierde el tiempo escribiendo en un post sobre una película musical sin aportar nada nuevo sobre el tema. Tampoco entiendo que yo pierda mi tiempo contestándote. No sólo expresas tu opinión, sino que niegas a los demás tener nuestra propia visión. Bravo, eres lo que suele llamarse una mente privilegiada. Disfruta de lo que te gusta y deja de negar la felicidad de los demás.

  9. Me ha encantado el artículo. Quizá porque no soy ningún experto en cine y por tanto no entro a valorar aspectos técnicos, me quedo con las emociones que me hace sentir una película. Y por eso, respetando todas las opiniones, creo que la primera, la de Francisco Saavedra, resume perfectamente lo que sentí y lo que parecían sentir la mayoría de espectadores. Qué ganas de volver a verla y seguir escuchando su música.

  10. La ví ayer, y puedo decir que me ha gustado, y he pasado un buen rato, sin calificarla de obra maestra.
    Me ha parecido un musical clásico, con todo lo que ello conlleva ( alegría de vivir, optimismo, guapos y guapas, colorines, baile ) que acepta desde el principio todos sus códigos sin avergonzarse de ellos; buenas coreografías y música aceptable.
    No creo que haya un bache a mitad, como se ha dicho por aquí, sino que en algunos momentos, cuando Mia parece condenada al fracaso, tiene unos tintes mas oscuros y sombríos, que se requieren en ese momento, en mi opinión.
    Entiendo que no guste a los no aficionados al musical, aunque mi pareja es de éstos y si le agradó.
    Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, hablemos de cine. Habreis oido las palabras de Trump, diciendo, poco más o menos, consuma productos norteamericanos; a mí me parece muy bien.
    Tan bien, que propongo hacer algo similar, en España y por extensión en Europa: que nadie beba Coca-Cola, ni vea cine yanki, ni oiga música americana, ni coma hamburguesas. ¿ Quién vá a salir perjudicado de todo esto ?
    Está claro lo que quiero decir, ¿ verdad ?

  11. No quiero aguar la fiesta porque entiendo que el cine es magia e ilusión, pero no todo vale para ello si con el objeto de alcanzarlo envolvemos una historia plana y hueca en un celofán llamativo y a eso lo llamamos musical. Primero, esto no es un musical, sino una historia monocorde de chico conoce a chica salpicada por 4 o 5 mediocres e inconexos números musicales metidos con calzador. Lo de cantar y bailar por parte de los actores es otra cosa, no hay que pervertir el significado de esos dos verbos y, por último, ese final metido con calzador para evocar la nostalgia de lo que pudo haber sido y no fue es un agujero de guión tan enorme que Damien Chazelle debería dedicarse a hacer vídeos de Youtube, que es para lo que parece que vale porque, ¿cómo es posible que después de 5 años y en la época de las nuevas tecnologías y redes sociales, no supieran nada el uno del otro?

    • Debo ser el único ser humano en el universo que con alguna de sus ex pierde absolutamente todo el contacto, de forma voluntaria, para poder pasar página y rehacer mi vida

      • No es una relación traumática, ni se ahonda demasiado en las causas más allá de que cada uno persigue su sueño, pero sin profundizar nada. Por tanto no hay motivo para que no se hubieran intercambiado un mísero whatsapp, email o vistazo al muro de Facebook que es lo habitual dado el carácter de los protagonistas como integrantes de un mundo digital.

        • Con esos argumentos, ninguna historia se sostiene. Puede que ni la historia de tu propia vida lo haga. Por otra parte, una de las gracias de la película es cómo combina elementos modernos (móviles, Toyota Prius híbrido…) en un entorno atemporal. Es algo completamente buscado, una mezcla irreal, pero no creo que se pueda decir que los protagonistas forman parte de un mundo digital.

  12. La película me gustó, pero no es para tirar cohetes. No resucita el género ni inventa nada nuevo. Para mi, sencillamente es una película que se apoya en unos números musicales para hacerla más llamativa, pero poco más. La trama no es nada especial, más bien al contrario.

    Sobre la crítica, tampoco aporta nada. Se puede resumir en «me ha encantado porqué sí».

  13. Lo bueno de películas como La La Land es que, de repente, florecen genios, hasta ahora escondidos, capaces de hacer, parece ser, obras maestras del cine, literatura y música (que sepamos) desde el sofá de sus casas.

    • No se trata de eso, sino de evidenciar los fallos de guion que tiene, aunque para muchos el celofán y la purpurina les baste para encumbrar un musical que palidece ante cualquiera de años 50, 60 o 70. Y me parece muy generoso tildar de musical a 4 números mal puestos donde pese a los esfuerzos de los protagonistas, queda bastante claro que eso no es cantar y bailar, sino una performance de youtubers.

      • Jaja, pues eso. Otro más.

        Primero, no se puede ser generoso o rácano tildando de musical una película. Ser musical no es una valoración, no es positivo o negativo. Das a entender que quien la cataloga como musical lo hace para darle más valor. Cosa totalmente sin sentido. Dicho esto, yo también la veo como un drama/comedia arropado por números musicales. Pero lo digo sin entrar a valorar si una cosa es mejor o peor que la otra, son géneros.

        Y por otra parte, con tus críticas poco constructivas vienes a mi terreno. Es fácil decir que el guion tiene fallos, que los actores no saben cantar y bailar y que son youtubers. Pues bien, a mí la verdad es que me gustaría hacer guiones, cantar, bailar y hacer películas la mitad de bien que lo hacen todos en La La Land. Está claro que no buscan la perfección, porque si no te habrían contratado a ti para escribir el guion, cantar y bailar.

        Y más que defender la película, que a mí me parece muy buena, pero no excelente, lo que digo es que un 99 % de la población del planeta sólo sabe hacer bien una cosa, criticar el trabajo de los demás.

        • El musical tiene una connotación romántico lúdica que atrae a mucha gente deseosa de evadirse de la realidad, de ahí que vender esta película como tal es más una estratagema (para engañar) que un lapsus semántico. Invirtiendo esto hasta el extremo sería como vender El Señor De los Anillos como un tratado de bisutería. Cuando uno hace un trabajo para que lo vea gente que paga su dinero por verlo, debe estar expuesto a la crítica buena, mala, extremista o mediopensionista. A mí me gustaría también hacer películas y guiones buenos, pero no es mi campo ni me dedico a ello. Criticar es fácil, por supuesto, pero sin la crítica el mundo funcionaría peor en todos los ámbitos y tendríamos en literatura a Paulo Coelho como escritor de referencia, por ejemplo.

          • Y otra cosa, puedes criticar, pero la crítica no debería ser gratuita. Todos deberíamos pagar el precio de saber lo que cuesta levantar una buena película. No creo que baste con pagar 6 euros por una entrada de cine. Cosa que poca gente hace, que se limita a descargar una película ilegalmente y criticarla como si tuviera algún derecho. En eso sí somos muy buenos.

  14. La peli es maravillosa. El final, de lo más demoledor que he visto. Las canciones, muy bien. Los números musicales, muy bien. Ella, de Oscar.

  15. Obra maestra. Esto es cine en estado puro y me da igual si es un musical (que por cierto no me gustan) o una película de animación. El final es de una belleza indescriptible, a la altura de los grandes.

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