Eros Ocio y Vicio

Fisteando a Mrs. Grundy

oie 3ZDQmVDCJapU
Un cliente contempla la sección de pornografía en un sex-shop londinense, 1956. Foto: John Firth / Getty Images.

La pornografía es el canario en la mina de la libertad de expresión: es la primera libertad en morir. Si se permite que un ataque a esta libertad quede sin respuesta, otros derechos caerán como consecuencia.

Myles Jackman.

Desde diciembre de 2014 es ilegal filmar un squirting en el Reino Unido.

Por ser más preciso: la aprobación de la Audiovisual Media Services Regulations ha extendido al mundo de internet las restricciones draconianas de la pornografía en venta en los sex-shops ingleses. Según estas normas la eyaculación femenina resulta aceptable solo si es «bastante breve y aislada». Un hombre puede eyacular donde prefiera, sin restricción, pero el líquido emitido por la mujer no puede ser ingerido ni entrar en contacto con otro cuerpo.

No es la única regla absurda: también queda prohibido, por ejemplo, conectar un dildo con un taladro para fabricar un vibrador casero, aunque se permiten las fucking-machines (así se llaman, lo juro, como en La máquina de follar de Bukowski) diseñadas profesionalmente. También se restringe el facesitting, juego sadomasoquista en que una dómina aposenta el culo sobre la cara de un sumiso. El fisting, introducir un puño por el ano, solo se permite si no llega hasta el último nudillo… Hay más, busquen la lista completa en el blog del abogado Myles Jackman si quieren echarse unas risas. El paternalista razonamiento tras las prohibiciones es que alguien podría imitar las películas, desgarrándose el recto con el dildo-taladro o muriendo asfixiado por una nalga demasiado rotunda. Niños, no hagan esto en casa.

Para comprender el origen de esta pacata actitud censora, acompáñenme en un viaje que empezaremos en 1664 con el mismísimo John Milton, autor de El paraíso perdido. Tras verse en apuros por su defensa del divorcio por incompatibilidad marital, una idea escandalosa en su época, un Milton indignadísimo escribió el encendido panfleto Areopagítica, dirigido al Parlamento de Inglaterra. Ahí podemos leer frases maravillosas: «sobre todas las otras libertades, denme la de investigar, publicar y argumentar libremente, de acuerdo con mi conciencia». Pero no nos entusiasmemos demasiado: también ataca la obscenidad y las blasfemias religiosas, situándolas a la misma altura que las calumnias y afirmando que merecen «el fuego y el verdugo». El canario de la mina no está fuera de peligro.

Un siglo más tarde el encargado de buscarle las cosquillas a la censura fue Edmund Curll, un librero antecesor de Garamond, el editor fullero y oportunista de El péndulo de Foucault. Curll se especializó en publicar textos blasfemos, pornográficos, libelos o lo que se le pusiera por delante mientras le reportara beneficios. En 1723 publicó Un tratado sobre el uso del látigo en asuntos venéreos, traducción de un texto alemán sobre un tema tan genuinamente inglés como el erotismo del azote. Poco después tradujo del francés y publicó Venus en el claustro, un tórrido diálogo entre una monja experimentada y una novicia a la que instruye en los placeres sexuales. Curll fue detenido inmediatamente, pero se libró unos meses más tarde publicando una retractación que logró convertir, de algún modo, en un anuncio de los dos próximos títulos que planeaba editar… Como un gato, siempre logró caer de pie, e incluso su paso por la picota fue más una fiesta que una humillación pública. Curiosamente, sus libros calumniosos le trajeron más problemas que los pornográficos.

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

5 comentarios

  1. Pingback: Fisteando a Mrs. Grundy – Jot Down Cultural Magazine | METAMORFASE

  2. devilinside

    Pues mira que tiene gracia que Cockburn persiguiese el porno

  3. Pingback: Fisteando a Mrs. Grundy

  4. ¡Gracias!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*