Destinos Ocio y Vicio

La vuelta al mundo en setenta y dos días, seis horas, once minutos y catorce segundos

Nellie Bly, ca. 1890. Fotografía: Library of Congress.

Imaginad a una mujer en el año 1882. Imaginadla con dieciocho años leyendo una columna sexista en el periódico Pittsburgh Dispatch. Ahora imaginadla escribiendo una carta anónima al director de dicho periódico, una réplica a la columna desagradable que ataca los derechos, todavía sin determinar, del sexo supuestamente débil. Imaginad, un último esfuerzo, e insisto en que estamos hablando de una mujer y de 1882 y de dieciocho años, imaginad que el director del periódico pide que la persona que ha mandado esa carta se presente en las oficinas. Estáis imaginando, sin saberlo, porque de personajes así sabemos poco, a Elizabeth Jane Cochran. Cuando al día siguiente de las órdenes del director del periódico apareció una mujer de dieciocho años como la persona que había escrito la excelente carta, quedó contratada como periodista: su primer empleo. Ahora dejad de imaginar a Elizabeth Jane Cochran y cambiadle el nombre, porque aunque la réplica era inteligente y estaba llevándole la contraria a un texto sexista, aun así el director del Pittsburgh Dispatch sabía que era indecoroso que una mujer firmara con su verdadero nombre, bajo su verdadera identidad. Así que ahora reunid todo lo que habéis imaginado y atribuídselo a Nellie Bly, que es el seudónimo con el que firmó todos sus artículos y el nombre de una canción de Stephen Foster.

Nellie Bly fue la pionera en el periodismo encubierto, lo que hoy podríamos entender como una periodista clandestina para algunos y para otros, los afectados, una maldita entrometida. Tras varios artículos de investigación, Nellie se hace pasar por una trabajadora explotada, y habla así con conocimiento de causa, cubriendo la noticia, y digo cubriendo porque parecía arropar con el periodismo las condiciones penosas y extremas a las que se veían sometidas las mujeres. Las empresas afectadas denunciaron al periódico, de modo que se vieron obligados a relegarla a la sección de moda y escritura femenina, para mujeres y, por favor, sin alma, sin escándalos. No contenta con su nueva realidad («Mientras el corazón lata, mientras la carne palpite, no me explico que un ser dotado de voluntad se deje dominar por la desesperación», escribía Julio Verne), decide irse a México como corresponsal, para seguir denunciando desde su periodismo encubierto todo cuanto no cumpliera con lo que después serían derechos humanos. Igual que las empresas afectadas, México la expulsa; hay gente incómoda.

Pero entonces Nellie Bly, que por lo visto no estaba dispuesta a conformarse precisamente porque estaba dotada de voluntad y la carne le palpitaba y el corazón le latía y de qué forma, igual que cuando leyó la columna sexista, coge a Elizabeth Jane Cochran y se la lleva a Nueva York. Después de varios meses sin encontrar trabajo, hace lo imposible por entrevistarse con el director del periódico sensacionalista New York World, donde, tras quedar impresionados, la contratan nuevamente, como la primera vez. Su primer artículo le iba a exigir un gran esfuerzo, un riesgo alto, la iba a poner entre la espada y la pared: se internó de incógnito en un psiquiátrico para mujeres en Blackwell’s Island para denunciar las negligencias del centro, donde quedó indefensa y expuesta a las condiciones en que vivían las internas, que por supuesto eran horribles. Aquello dio como resultado el artículo «Diez días en el manicomio», que podríamos comparar, salvando las muchas distancias, con lo que hoy sería el programa 21 días.

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5 comentarios

  1. Pingback: La vuelta al mundo en setenta y dos días, seis horas, once minutos y catorce segundos – Jot Down Cultural Magazine | METAMORFASE

  2. Qué gran novela.

  3. Agustín Serrano

    »Estáis imaginando, sin saberlo, porque de personajes así sabemos poco…»

    (Ahí está dicho casi todo)

    Hasta ahora mismo, soy un hombre y pienso que, incluso hoy, cuesta responder al porqué el ser humano desarrolló la idea de sexo débil, (no comprendo por qué si uno escribe sexo débil en Wikipedia, su buscador te lleva al artículo Mujer). Qué hay o había en su interior para dar vida al machismo. Supongo, porque no soy experto en el tema, que es más un comportamiento de tribu y no de individuo. Además, si uno expresa este tipo de opinión ante un grupo masculino, inmediatamente es tachado de…»rarito» o, como poco, de querer quedar guay ante las mujeres. Te miran con esa mueca que no es de visible desaprobación, pero sí de deseo que no siga hablando, emitiendo »chorradas de ese tipo» ante sus ojos.

    Por encima de esto, muy buen artículo.

    Felicidades.

  4. No sé de dónde habrás sacado que el «misógino Julio Verne» tuvo una «conversación tensa» con Nellie Bly, desde luego del relato de la propia Nellie sobre su viaje no (La vuelta al mundo en 72 días. Ed. Buck).
    Si lees ese libro podrás comprobar que fue el propio Verne quien solicitó al periódico una cita con Bly aprovechando que esta pasaría relativamente cerca del domicilio del matrimonio Verne. Ella recibió la noticia de esta carta en Londres y accedió encantada, a pesar de que tuvo que desviarse de su ruta planeada perdiendo unas valiosas horas.
    El matrimonio Verne fue a recibirla a la estación de Amiens y después pasaron unas horas charlando (gracias a un traductor, ya que ni él hablaba inglés ni ella francés) en el domicilio de estos. Verne le deseó suerte y comentó que la aplaudiría a rabiar si lo conseguía en menos de 79 días, sin el retintín machista que cuentas en tu artículo.
    Lógicamente no pudo quedarse mucho más debido a su viaje contrarreloj pero posteriormente y en sucesivas ocasiones durante el resto del relato Nellie escribe sobre el matrimonio Verne, resaltando la emoción sentida por estar con ellos, el buen trato recibido y lo agradable que fue la velada.
    Antes de seguir y con el fin de que no se me acuse de nada injustamente, quiero destacar que estoy a favor de la igualdad de géneros y que aplaudo la gesta y el coraje que tuvo Nellie Bly para hacer ese viaje en su época.
    No me parece bien tergiversar las cosas para sacar provecho de sucesos que no ocurrieron, no está bien inventarse las cosas, ni en este campo ni en ningún otro, te haces un flaco favor.

  5. ¡Gracias!

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