
Cuando ella no está, él la llama «el monstruo». Con la cautela de Bruce Banner cuando se refiere a Hulk como «el otro tipo», no sea que la criatura acuda invocada por su nombre. Aunque este monstruo no llegue al mundo con ferocidad, ni siquiera con prisa. Este monstruo llega como llega el gato de Chesire, suavemente y empezando por la sonrisa. Y solo después sus demás contornos se van dibujando en el espejo.
El ritual de su invocación es lento y meticuloso. Normalmente oficia Mathu Andersen, maquillador cotizadísimo e iniciado único en sus misterios. Se dice que el proceso puede durar seis horas. El pelo tiene que ser humano, es uno de los pocos detalles que conocemos. Mejor si se trata de prestigioso pelo mongol. También sabemos que las pestañas no se emplazan directamente, antes se recortan en tres pedacitos, y que la cinta americana es de la marca Duck Tape, extrafuerte y de doble cara, aunque eso quizá sea solamente una bravuconada. Con frecuencia las drag queens presumen de patrimonio genital y de las complicaciones que pasan al hacerlo desaparecer de su anatomía con la sola ayuda de pericia y cinta adhesiva. Hombres, ya sabe. Son todos iguales.
Y que no le sorprenda, mucho menos viniendo de ella. Para eso precisamente cruza hasta nuestro lado del espejo. RuPaul ha venido a quitar el pecado del mundo y piensa hacerlo como los auténticos mesías, escandalizando primero a los propios y ya luego a los extraños. Si le complace a usted el ordenamiento cruel de la vida, amañado para favorecer la naturaleza rústica de los varones, sepa que este hombre de metro noventa ha venido a desbaratarlo con la tizona feroz de su delicadeza. Y si le seduce un relevo femenino en el gobierno de las cosas, la amazona de dos metros diez abrirá las piernas y se rascará los cojones con fuerza. Genderfuck, llaman a esto. Y RuPaul es su profeta en la Tierra. Tanto que ha decretado la universalidad de su nombre y su filiación a los dos géneros gramaticales tanto dentro como fuera del drag, para que nadie pueda acertar. Todo con tal de que no esté usted contento. Todo con tal de que deje usted de amar las cadenas.
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GRAN artículo.
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