Arte y Letras Historia

Un paseo virtual por la historia

oie 15214359oT55cdlS
Bisonte Magdaleniense polícromo. Fotografía: Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira / D. Rodríguez.

Jot Down para Samsung

Pongamos dos niños. Uno de ellos ha nacido a principios de los años 2000. Se ha criado conociendo la red de redes; los videojuegos y los aviones. El otro ha nacido apenas pocos siglos después de que el mono evolucionara hasta el Homo sapiens. Uno vive en un piso en Madrid. El otro, en una cueva de la actual Cantabria. El uno viste ropa sintética; el otro pieles de animales. Uno penetra en la oscuridad de una cueva; los recovecos iluminados por grasa animal prendida. El otro avanza por el pasillo del Museo Arqueológico Nacional. Uno extiende su mano y toca las paredes de la cueva, donde los adultos han dibujado animales. Han usado sangre, arcilla y restos de tuétano. Han plasmado a las bestias que cazan. El otro alarga su mano y coge un objeto: son las gafas Samsung Gear VR, la puerta a otro mundo. Uno sonríe mientras contempla las pinturas y pasa las yemas de sus dedos sobre ellas. El otro se coloca las gafas sobre la cabeza y se deja arrastrar a un mundo pasado, recreado digitalmente. De pronto, ese es el vínculo que les une. Mientras uno acaricia la pared cromática, el otro contempla su recreación digital. Ninguno lo sabe, pero las barreras entre su tiempo acaban de borrarse.

Uno de los más ambiciosos proyectos de Samsung fue desarrollar las gafas de realidad virtual Samsung Gear VR. En la década de los ochenta, capaz de imaginar todo lo imaginable en lo que a futuro se refiere, la realidad virtual era un sueño en cada película, en todo libro de ciencia ficción. En algún momento se hizo realidad. No es baladí el uso de la palabra «realidad» dentro de la connotación que se le ha dado a una tecnología capaz de recrear, tanto mundos imaginarios, como mundos que formaron nuestro día a día y fueron desapareciendo con el inexorable paso de la historia. La unión de dos términos que parecen contradictorios, a priori, la realidad y lo virtual. Sin embargo, si ese niño del futuro nos hablara de su experiencia, nos diría que está recorriendo las cuevas de sus antepasados; después, acompañado de su simpática guía, saltará hasta la protohistoria, donde será testigo de los enseres con que vivían, con los que desarrollaban la agricultura y la ganadería que les permitía vivir. Un salto más y se verá a sí mismo recorriendo las calles de una ciudad de Al-Ándalus. El Madrid de principios del siglo XX, la Hispania romana. No hay límites. El niño podrá estar donde quiera, gracias a la tecnología que nos ha llevado milenios desarrollar.

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

6 comentarios

  1. Pero, las pinturas rupestres tengo idea de que las pintaban las mujeres. Eran las que estaban en las cuevas, las que controlaban las plantas y los pigmentos, las que estaban el tiempo suficiente en ellas para poder hacerlo.

  2. Diablos! No lo había pensando antes, Ana. Es una significativa y normalísima posibilidad. Por qué no? Si se llegara a comprobar cientificamente que fue así, madre mía! Que avispero se alzaría. Yendome por las ramas compruebo cuán sumergido estoy en el pensamiento masculino dominante. Fue normal designar como el «maestro» de Altamira al autor de esas bellezas. No había y ni era necesario otra razón. Brava, Ana. Tiempos difíciles se aproximan para mi género.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*