Manual de supervivencia para la Navidad

Publicado por
El Grinch (2000). Imagen: United International Pictures.

Las Navidades las carga el diablo. No sé por qué nos empeñamos, con lo que ha avanzado la sociedad, la política, la ciencia, en seguir torturándonos con las cenas familiares, la decoración, los regalos y la masificación de los villancicos. Es una prueba para el espíritu. Solo aquellos boys y girls scouts más preparados son capaces de superarla; e incluso ellos pueden terminar con graves secuelas. Y esto pasa una vez al año.

Para hacer del mundo un lugar mejor, ofrecemos a nuestros lectores una sencilla guía, una clave con ciertas directrices, que puede ser usada como complemento a la preparación de cuerpo y mente para superar estas fiestas con los mínimos daños. Una ayuda para este siglo XXI en que Santa Claus tiene Twitter y viaja por los tejados de las casas seguido de cerca por los drones de Google.

Cómo usar esta guía. Advertencia:

Esta guía está llena de sarcasmo, humor y mala leche. Cualquier parecido con su situación familiar real puede ser susceptible de adaptarse al cine de tarde de Antena 3. Si le molesta algo de lo que lee pruebe a escribir muchos mensajes en Twitter. Si no tiene Twitter, siga siendo feliz.

Siga los pasos al pie de la letra. O no. Usted decide.

El autor de este artículo no se responsabiliza si estas son sus peores Navidades. El espíritu navideño es un misterio todavía en proceso de estudio.

Reconocer la Navidad

Para enfrentarnos a nuestro enemigo, lo primero es reconocerlo. ¿Hay amigos que te llaman después de meses, exparejas incluso, familia cuya relación sanguínea contigo es menos espesa que una sopa de cebolla? Alerta. Es muy posible que se esté acercando la fecha.

Asómate a la ventana (verás al niño en la cuna): ¿están colgando luces en las principales calles de tu ciudad? ¿Hay un gigantesco árbol que no parece un árbol y cuya factura de la luz hace babear a Iberdrola? ¿Lo han colocado en el centro de la plaza y un montón de gente con gorros de lana se hace fotos frente a él? No te alarmes: estos son los primeros síntomas de que se acerca la Navidad. Aún tienes un mes y medio (dependiendo de la comunidad autónoma) para reaccionar a tiempo.

A medida que se acerque la Navidad, es posible que sientas algunas cosas extrañas: una repentina subida en el precio de los langostinos; una inexplicable cantidad de familias felices por la calle. Bar al que entres, te ofrecerán una participación en el Gordo. Respira. Paga tu cerveza y camina con normalidad. Es posible que alguien pretenda que te pongas un gorro de lana: no caigas, sé fuerte. No hace tanto frío.

Cuando veas el anuncio de la Lotería, la Navidad ya es inevitable. No te preocupes, pasaremos por esto juntos. Nosotros nunca te abandonaremos.

Hazte un equipo

Hay gente con tanto complejo de Grinch como tú. Por ejemplo, el que firma estas palabras. La sociedad te llamará un montón de cosas, pero todo es mentira. Tú solo quieres sobrevivir a las fiestas más peligrosas del año. Ríete del verano y las operaciones salida; ríete de la Semana Santa y las procesiones. La Navidad es capaz de volver del revés un año entero de éxitos. Lo primero que tienes que aprender es que esta batalla no la vencerás en soledad: reúnete con gente tan cínica como tú. Seguro que tienes un amigo cuyas Navidades son fuente de desgracia y dolor; ese que apenas sale de casa estas fiestas y se refugia en el trabajo. Pégate a él como una lapa: te resultará muy difícil caer en la empalagosa «ñoñería» del invierno. Si tu pareja es muy navideña, será mejor que te prepares: tendrás al enemigo en casa. Si tienes hijos, estás perdido: tendrás que caer en la Navidad por ellos. Prepárate para Cortilandia, gorritos, paseos por la nieve, bastón de caramelo y un par de palos a la tarjeta que ni te los vas a creer. Para los que os veáis en esta situación, os saludamos, héroes. No podemos hacer nada por vosotros (a menos que queráis privar a vuestros pequeños de la magia de Saturnalia, en cuyo caso sois unos monstruos).

Banda sonora

Te van a salir los villancicos por las orejas. Y no les busques sentido a las letras; esto es como hacer caso a las letras de Kesha: simplemente, no lo tienen. Hay unos cuantos artistas cuyo espíritu navideño es el mismo que el de Charles Manson: Rammstein, Iron Maiden, Die Antwoord o Eminem. Si por tu ventana se cuela una de esas insidiosas letras sobre peces que no dejan de beber (como harán algunos en Nochevieja, ya llegaremos), te propongo que escuches todos estos grupos y artistas. A la vez. Y muy alto. Otra opción es contrarrestar con humor, en lugar de con mala leche, y hacer una retrospectiva de Mojinos Escozíos, Kinder Malo y Def con Dos.

Mejor ayuda menuda que ninguna.

Huye de la tele

Acéptalo: la televisión es tu peor enemiga en esta aventura. Hay un grupo secreto en el Gobierno que se dedica a reunir todos los metrajes de cine basura cuyas dosis de azúcar se escapan a los medidores. Y te los van a poner todos seguidos. No creas que el trabajo o la vida social te salvará: Netflix será tu mejor amigo. En este caso, lo mejor es que huyas en la dirección contraria. Cuando la televisión te ponga Santa Claus y sus renos salvan una festividad capitalista (no es una película de verdad, no la busques), tú contraataca con El exorcista. Si en las cadenas mayoritarias te dan Love Actually, es un buen momento para hacerse una maratón de Evil Dead. Cuando la cosa sea insostenible e incluso tus programas favoritos se vistan de Navidad, la pornografía será lo único que te salve. Existe porno navideño, pero es inocuo: si eso te despierta cualquier sensación de calidez festiva, estás completamente perdido/a.

Como toda buena norma, la Navidad tiene alguna excepción en lo que a entretenimiento se refiere. Las películas de Bill Murray. Ese tipo es la caña, puedes ver las que quieras sin riesgo de caer en el espíritu navideño. Estamos ante un Dickens del humor.

Bill Murray en A Very Murray Christmas, 2015. Imagen: Netflix.

Las cenas

Hemos llegado al peor momento: las cenas. Vas a cenar como si no hubieras cenado en tu vida. Vas a beber gin-tonics como si fueran zumo de melocotón y vas a tener que aguantar a tu familia borracha; a tus compañeros de trabajo borrachos; a tus jefes borrachos. Para mantener la linea y no tener que subir la cuesta de enero en Cabify (perdón, en taxi) deja de comer polvorones, turrón y mantecados. ¡Ja! Este es el mejor momento para hacerse vegano: no solo conservarás la línea, también volverás loca a la gente que quiera salir a cenar contigo (y puede que desistan y te dejen irte a casa a ver cine gore).

Pero si no puedes evitar las cenas, aquí van algunos consejos:

  • En la cena en casa, no hables de política, religión, estudios o tu trabajo. No quieres explicarle a los abuelos que te ganas la vida con un canal de YouTube o que eres el community manager de una gran empresa. Y menos que escribes manuales de cinismo en revistas online.
  • No hables de Cataluña. A menos que estés en Cataluña: en ese caso, no hables de España.
  • No le preguntes a tu prima gótica y siniestra cómo le va la vida. Su respuesta la puedes leer en cualquier relato de Poe.
  • No le preguntes a tu primo de derechas por su opinión sobre nada: su respuesta te la pueden dar en una reunión informativa de Ciudadanos.
  • No entres a hablar con tus padres sobre tus decisiones vitales: todo lo has hecho al revés.
  • Si no tienes pareja, no entres en la provocación: salvo casado por la Iglesia, todo lo demás está mal.
  • Si tienes pareja, no te esfuerces, no va a estar cómoda en esa cena.
  • Si vas a la cena de trabajo (los que tengáis trabajo y no seáis autónomos, freelance y demás), bebe menos que tu jefe. Cuidado con ese compañero tan amable que siempre te ofrece un café: quiere tema. Y se pondrá peor a medida que más beba. Emborráchate cuando vuelvas a casa. Mucho. Con suerte, ya habrá pasado todo cuando te despiertes.

Los regalos y las compras

Para salir a comprar regalos, lo mejor es que dejes atados tus asuntos: testamento, últimas voluntades, historiales de navegación borrados. No dejes nada al azar: salir a comprar en estas fechas es matar o morir. En todos los comercios sonarán villancicos (ver sección Banda sonora); te asaltarán comerciales que quieren venderte hasta a sus madres. Las grandes superficies tienen de todo, pero no puedo prometer que saldrás de allí una vez entres. La solución es simple: Internet. Amazon es tu aliado en esta lucha, aprovéchate. La humanidad lleva siglos perfeccionando el arte de no salir de casa ni para sacarse un título universitario, así que no temas comprar por internet. Fíate solo de las cadenas conocidas: eso sí, si son españolas no confíes en el plazo de entrega. Compra los regalos cuando todo comience (ver sección Reconocer la Navidad).

No vas a acertar en los regalos. Asúmelo. La vas a cagar como todos la vamos a cagar, y solo te darás cuenta si la persona decepcionada por tu objeto innecesario es capaz de disimular mejor que Silvia Charro y Simón Pérez hablando de hipotecas. Así que te voy a descubrir la tierra prometida: los cupones y las cajas de actividades son tus aliados. Es imposible fallar con eso porque, básicamente, le estás regalando a la persona la opción de hacer lo que le dé la gana, pero pagando tú. Un plan perfecto.

Nochevieja

Si te estás preguntando a qué viene la euforia por la Nochevieja, deja que te dé la enhorabuena: has pasado lo peor de la Navidad. Sí, aún quedan los Reyes (práctica que los protagonistas de la fuga de cerebros no van a tener que sufrir) y los churros con chocolate, pero esta segunda parte de la Navidad es más suave. La gente suele volver al trabajo y además todos tenemos demasiada resaca. Si has llegado a la Nochevieja y conservas tu dignidad, tu familia y tu integridad física, has ganado la batalla. Toca celebrar: sal de fiesta, bebe, liga y no cojas el coche. Disfruta del triunfo. Has pasado lo peor y has vivido para contarlo: te mereces una medalla. O un abrazo.

Pero no te relajes: has pasado una batalla, pero la guerra la vas a vivir para siempre. La Navidad es una condena que tenemos que sufrir por tener smartphones, Twitter y aviones. Es el precio que hay que pagar por el Progreso (no confundir con el Proceso, las consecuencias de eso ya las pagaremos). Sin embargo, sé que es una dura batalla. Y que cada año somos más débiles y la tentación de caer y convertirnos en el cuñado en un país de cuñados es una prueba para el espíritu. Por eso, no te juzgaré si decidas abandonar. Para terminar este manual, aquí tienes algunos lugares donde no se celebra la Navidad y puedes elegir como nuevo hogar:

  • Japón (y además mola).
  • Irán (¿cuánto odias la Navidad?).
  • Corea del Norte (ni siquiera tendrás que volver a pensar por ti mismo).
  • Tailandia (¿has visto Resacón 2?).
  • Uzbekistán (y casi todo lo acabado en -istán).
  • Invernalia (pero tu cabeza puede peligrar).

Felices fiestas Saturnales a todos. 

4 comentarios

  1. Este articulo es bueno pero, de los de verdad. Cuando he llegado a la parte de las cenas y sus recomendaciones me he descojonado vivo.

    Felices fiestas a todo el equipo Jot Down!

  2. Buffer

    Uffff….. Qué pedazo de pereza me da esto de la Navidad.
    Viajar la kilometrada, pelar frío estepario en la meseta superior, cerca ya de la cordillera del norte, comer crustáceos congelaos, soportar a toda la peña encabronada con todo…
    Y el inevitable imbécil esférico (perfectamente imbécil lo mires por donde lo mires) que hace acto de presencia en la cena de nochebuena.
    Y encima, te regalan un calendario.
    Ufffff qué pereza…

  3. Francisco García

    No puede ser mejor. Gracias chicos

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies