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Frédéric Beigbeder: «Van a desaparecer el secreto y el azar. Y, con ellos, la literatura»

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Nunca se lo hemos confesado. Lo que más nos sorprendió, la primera vez que tuvimos ocasión de acribillarle a preguntas, fue lo simpático que parecía. En aquel tiempo, hace ya casi una década, Frédéric Beigbeder seguía marcado por su imagen pública de enfant terrible televisivo. De histriónico hasta el hartazgo, de niño bien empeñado en sobreactuar su lado canalla, de espadachín filocomunista con contrato millonario en Young & Rubicam. En las distancias cortas, el escritor se reveló como un hombre sensible y hasta pudoroso, que tal vez protegía su fragilidad tras un vistoso escaparate, igual que dos de sus mejores amigos en el microcosmos literario de París, Michel Houellebecq y Amélie Nothomb.

Por aquellos días, Beigbeder se hallaba en plena metamorfosis. Acababa de ser detenido a las 2:40 de la madrugada por esnifar cocaína sobre el capó de un descapotable. Algo cambió durante su detención. Dice que, en aquella minúscula celda, le vinieron las primeras frases de Una novela francesa. Dejó de escribir a golpe de eslogan y se puso a hacerlo de veranos vascofranceses durante los años de Giscard. Del divorcio de sus padres como herida original. De hermanos con los que no sirve de nada competir, porque uno siempre termina perdiendo. Decir que se ha reformado sería faltar a la verdad, pero Beigbeder, que acaba de estrenar los cincuenta, ya no parece ni la misma persona ni el mismo escritor. La cita es en Chez Georges, un bistró parisino con solera pegado a la Place des Victoires. Encima de la mesa del restaurante, cual imagen religiosa, cuelga un retrato de Jean Cocteau, con el que comparte polifacetismo, gusto irrefrenable por la polémica soft e innegable bulimia creativa.

Desde el año pasado escribes una columna en el suplemento Icon. Sabrás que la última despertó cierta polémica. En ella te metías con los directivos de las tecnológicas. ¿Qué tienes contra ellos?

Lo que decía es que el mundo está controlado por esos geeks de gafas gruesas, que fabrican los algoritmos que nos gobiernan. Los ingenieros informáticos se lo tomaron a pecho y recibí toneladas de mensajes que me recriminaban que los injuriase así. Creo que es una parte de la población que no está nada acostumbrada a la crítica. No han entendido que, cuando uno se vuelve poderoso, siempre le llueven las críticas. Entiendo que, al no tener costumbre, les resulte muy desagradable. Pero debería quedarles claro que, si aspiran a convertirse en los reyes del mundo, la gente se va a mofar de ellos. Es algo que viene en el mismo lote.

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13 comentarios

  1. Le he reconocido alguna vez paseando por Gethary…Ahora que se que no muerde quizá le salude la próxima vez…

  2. Original.
    Un (filo)comunista que no se come a los niños crudos.

    • Ser filocomunista en Francia está tirado, igual que en cualquier democracia liberal,…en Cuba ya debe de ser un poco más complicado y en Corea del Norte, dificilísmo…

  3. les bars s'enchaînaient sous notre déchaînement

    A mi este hombre siempre me ha parecido un patán con grandes momentos de lucidez, como en esta misma entrevista.

    Disfruté mucho con 99f en su momento, pero era muy joven, supongo que ahora no me resultaría tan bueno. Para mi, su mejor obra es «Nouvelles sous ecstasy», justamente porque es un compendio de historias cortas, que es lo que mejor se le da.

    Alguien me recomienda algo interesante que haya escrito desde 2010?

  4. Alguien sabe si sus articulos de ICON estan disponibles en internet?

    Gracias.

  5. aliado ciberfeminista fantas

    «Yo no considero a las feministas como adversarias. He entrevistado a las Femen y a Pussy Riot para la revista»

    50 añazos y no se ha enterado del mundo en el que vive. A la mínima le buscarán un lío y seguirá hablando de Marx, de Le Pen y de Trump… Criaturita

  6. Fernando González

    El «Zafón» francés: un ex-ejecutivo de marketing y mal novelista que se ha forrado gracias su postureo intelectualoide. Lo de «épater le bourgeois» ya es muy rancio.

  7. Divertido y simpático, este «enfant terrible». Nunca lo leí, pero siempre me ha gustado su personaje. Será porque yo podría ser su….abuela? Tengo 89 años.

  8. A mí me dan mucha envidia los franceses,…cuando leo entrevistas tan lúcidas como las de Virginie Despentes, Houellebecq o este mismo señor, me pregunto por qué en este país todo es tan cutre, tan plagado de lugares comunes, tan de odio de camarillas rancias que se disputan no sé muy bien qué…

  9. José González

    Muy buena entrevista la de Alex Vicente.

  10. … mucho,mucho más que eso, pues tendremos dichas gafas como propiedad o capacidad natural de nuestros ojos, veremos a través de los muros y de los cuerpos, etéricamente; por tanto, la ocultación y la privacidad e intimidad irán desapareciendo lentamente; es un enorme paso evolutivo, no una marcha atrás, en absoluto. Salud y saludos.

  11. Pingback: Beigbeder nun aparcadoiro escuro – A PEQUENA NOVELA GALEGA

  12. Pingback: El amor dura tres años , | D LOBOS

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