
La Navidad es un gran invento. Sirve para que la gente se gaste el dinero que no tiene en el noble empeño de odiar más a sus familias y llenar sus arterias con colesterol. Ya de paso, la época perinavideña suele implicar que el mundo de las series se adormece. Ya saben, el espectador sale a la calle buscando qué hacer mientras regresan The Boring Dead y Juego de Plomos porque, no importa lo embarazoso que sea el declive de estas megaseries, hay que seguir viéndolas para averiguar cómo terminan. Es lo que hago yo, a mi pesar. Bueno, seamos sinceros: no tan a mi pesar. Me pongo a despotricar y me lo paso bomba. ¿Cuántas escenas de llorera tendrá Rick Grimes en este nuevo episodio? ¿Con cuántos minutos de mueca obtusa nos obsequiará Jon Snow esta vez? Entiéndanme: uno, en su ancianidad, necesita su conveniente dosis de imprecaciones ante la pantalla. Por lo menos hasta que estrenen el nuevo buñuelo de Star Wars.
Este invierno, sin embargo, ha estado muy poblado de estrenos. Supongo que la inflación de la ficción televisiva requiere buscar nuevos huecos en el calendario y aunque vivamos en la edad dorada de las series (¿aún?) cada vez hay más y, como es lógico, resulta imposible mantener el nivel. Últimamente vengo notando tres cosas. Una, que el desempeño técnico es cada vez más alto como producto de la competencia y también de la experiencia acumulada. Dos, que los guionistas y showrunners tienen cada vez más problemas para rellenar unas temporadas que, sobre todo en Estados Unidos, suelen tener un número predefinido de episodios a los que amoldarse. Y tres, que las interpretaciones son casi siempre lo mejor de las series; está claro que hay mayor número de buenos actores que de buenos guionistas y que, hoy en día, el proceso de casting es probablemente el ámbito en el que más triunfos artísticos se consigue. En cualquier caso, aquí van algunas nuevas series a las que me he enfrentado últimamente (algunas en realidad son de finales del 2017, lo digo por si hay alguien con TOC por ahí) y que suelen seguir ese patrón: grandes interpretaciones, guionistas que se las ven y se las desean para rellenar episodios.
Waco

Los lectores más veteranos recordarán perfectamente aquellos días de 1993 en que los noticiarios hablaban constantemente de lo que estaba sucediendo en la localidad tejana de Waco. Ya saben: la policía estadounidense intentó tomar por la fuerza el edificio que ocupaba una secta evangélica llamada la Rama Davidiana, liderada por un sujeto llamado David Koresh, el Jim Jones de los años noventa. Los davidianos se olieron que la redada era inminente y rechazaron el asalto policial a tiro limpio. Varios agentes y sectarios murieron durante el tiroteo. Después, los davidianos se atrincheraron durante semanas, cercados por decenas de policías armados e incluso tanques y helicópteros del ejército, mientras los medios de todo el mundo cubrían la historia. Hubo negociaciones entre las autoridades y el líder de la secta para que todo acabase de manera pacífica, pero también hubo, como sabemos hoy, serios desencuentros entre varios departamentos de las fuerzas de seguridad acerca de cómo enfocar el asunto. Al final, después de casi dos meses, el Gobierno perdió la paciencia y ordenó un asalto definitivo al edificio. Mientras los tanques intentaban derribar la estructura de madera, se produjo un incendio provocado, parece ser, por los propios davidianos. Todos pudimos contemplar boquiabiertos las imágenes del fuego cubriendo el edificio entero en cuestión de minutos. Aunque los miembros de la secta trataron de protegerse en un búnker, casi ochenta de ellos murieron entre las llamas, incluidos unos cuantos niños. Las autopsias revelaron que los davidianos, al entender que no iban a poder escapar del fuego, habían sacrificado a varios de los niños con un disparo de gracia. Incluso, en algún caso, con una puñalada. Una historia tremenda.
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A ver cómo evoluciona ‘The looming tower’. Estamos escasos de buenas series.
Le dedicaré atención a “Waco” en cuanto pueda. “El alienista” la disfruté como libro hace veinte años o más y lo pasé de miedo. La veré por eso y porque trabaja Daniel Brühl que me gusta mucho como lo hace, además de conocerle y tratarle en persona; es sobrino de una cuñada y un tío simpatiquísimo.
“The end of the fucking world”, muy forzado todo, apto para adolescentes que se creen el no va más y que no saben aún la que les espera, así que no pude acabar ni el segundo episodio; eso sí, el chaval está cumbre. Ya lo estaba en Black Mirror en el episodio “Jódete y baila”. ¿O era “Cállate y baila”?
Taylor Kitsch YA estaba muy bien en “True detective II”, ¿lo recuerda, no…? Lo digo porque como olvidó usted mencionarlo en su breve curriculum…
¿Seguro que esto es lo mejor que podemos ver? No sé, no lo veo claro.
Muy de acuerdo. Parece que el articulista está tratando por todos los medios de encontrar elementos positivos en estas series con demasiado ahínco. Si ni él se lo cree, mal vamos.
Aprovecho a recomendar una serie muy desconocida al estilo de Corporate pero muchisimo mejor: Better off ted! MUY recomendable