
El principito, escrito por Antoine de Saint-Exupéry, es el libro más traducido del mundo, solo superado por la Biblia y el Corán. Lo atestigua la Unesco en su base datos Index Translationum, donde registra un total de mil doscientos veinte volúmenes editados con este título en trescientos veintiún idiomas. La cualidad de esta obra para reflejar lo humano de forma universal, que la ha convertido en un clásico de la literatura, justificaría este liderazgo. Pero en realidad no hubiera alcanzado ese primer puesto sin la intermediación del lingüista alemán Walter Sauer, cuya editorial Tintenfass ha realizado ochenta y ocho del total de traducciones, y continúa añadiendo nuevas año tras año.
Walter Sauer es un sabio a la antigua usanza, apasionado por su campo de especialidad, la lengua, y a la vez un idealista que defiende el uso y conservación de lenguajes minoritarios. Su especialización en inglés medio le ha convertido en un profundo conocedor de Los cuentos de Canterbury, escritos en esa versión medieval de la lengua inglesa. En esta reunión de relatos encontramos definidas las características literarias del cuento, análogas a las que aún podemos identificar en clásicos posteriores como los de Perrault y los Hermanos Grimm. Fueron escritos en un lenguaje llano y comprensible por su autor, Geoffrey Chaucer, lo que los hizo muy populares desde su publicación. Sauer ha identificado esa doble sencillez del argumento y la sintaxis como las dos herramientas más útiles para iniciarse en el aprendizaje de cualquier idioma. Y, bajo su personal criterio, no existe libro que mejor recoja estas características en nuestro tiempo que El principito. Es, por tanto, el más idóneo para traducirse a todas las lenguas del mundo.
Con esta intención pedagógica fundó su editorial, que trabaja con apenas una docena de títulos, pero cuyas traducciones suman ya doscientos sesenta y siete volúmenes en su catálogo. En él están incluidas obras de la literatura infantil universal de autores alemanes, como Los cuentos de Hoffman. También Max y Moritz de Wilhelm Busch, uno de los primeros libro-álbumes ilustrados y referencia aún para ilustradores, donde dos hermanos gemelos no paran de hacer divertidas barrabasadas. Tan popular que algunos matrimonios alemanes eligen estos nombres para sus gemelos. También El principito es un libro para niños, aunque haya sido desde su publicación muy popular entre adultos, y por su sintaxis resulta muy asequible al estudiante de una lengua extranjera, tanto si se inicia en ella, como si profundiza en su estudio. Resulta además muy útil a aquellos miembros de comunidades lingüísticas cuyos idiomas se aprenden únicamente de forma oral y en el ámbito doméstico, como el kambaata empleado por medio millón de etíopes, o el dialecto alemán Hunsrücker que se habla en la zona de Río Grande, al sur de Brasil. Las ediciones de Tintenfass ayudan a fijar las normas de transcripción y las reglas sintácticas de estos idiomas, gracias a la colaboración de lingüistas especializados, que suelen hacerlo de forma altruista.
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Lo de Juan Porras es una manía por darle un lustre lingüístico a su dialecto de una zona de Málaga. Y con una intensa intención nacionalista. Un indigenismo como otro cualquiera. Y trotskista o parecido, para rematar.
Desde luego a mí como andaluz ese pastiche no me representa en absoluto y la cuestión no se resuelve despachando que yo me expreso en otra habla andaluza.
Resumiendo, una vergüenza, y nada que ver conque mi/nuestra forma de hablar sea tan digna como cualquier otra y tan rica como la que más.
Bonito artículo, felicidades al autor.
El tema de Mauricio y sus idiomas es tremendo. Idiomas oficiales, dos: Inglés (turismo, papeleos, asuntos oficiales…) y francés (cultura, televisión, radio…). Pero luego, el idioma más hablado es el criollo mauriciano (que no «mauritano» – pequeño desliz en el artículo), lengua bastarda que no se enseña en ningún lado, que se transfiere de generación en generación y que prácticamente todo el mundo habla. Pero es que en cuarto lugar, y ganando terreno, esta el hindi, debido al gran poder de la comunidad india.
Es cierto que hay abundante obra de artistas locales (mucha poesía) en kreol y poca traducción de clásicos, pero hay que entender también que es más sencillo y barato importar traducciones en francés o ingles, que casi todo el mundo es capaz de entender, que traducir a kreol.
En todo caso, como bien indica el artículo, se esta luchando por oficializar el idioma. Con un poco de suerte en muy pocos años se podrá estudiar en las escuelas y garantizar su supervivencia.
En 91 idiomas lo tengo yo ya, y sigue creiendo la colección
Pingback: El Principito traducido al idioma de Star Wars – ERIespacio
Me parece recordar que Google tiene un espacio dedicado al Klingon, con mucho cariño he de suponer, al igual que este señor con Star Wars